PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Miembros que presentan un mal ejemplo al llegar tarde a los servicios de la Iglesia por Willie A. Alvarenga

Una de las prácticas que debemos considerar dentro de aquellas cosas que pueden lastimar a la iglesia del Señor es la de miembros que constantemente llegan tarde a los servicios y actividades de la iglesia, presentando así un mal ejemplo delante de los demás.

Este problema puede parecer pequeño para algunos, pero cuando se convierte en una práctica habitual, revela algo que puede ser mucho más profundo: una actitud incorrecta hacia Dios, Su iglesia, Su Palabra y las cosas espirituales. No estamos hablando simplemente de llegar cinco o diez minutos tarde en una ocasión excepcional debido a una emergencia o circunstancia que estaba fuera de nuestro control. Estamos hablando de aquellos que constantemente llegan tarde, aun cuando tienen la capacidad y los medios para llegar a tiempo.

La puntualidad, por sí sola, no es el centro de nuestra relación con Dios. Sin embargo, nuestra manera de administrar el tiempo y nuestra disposición para estar presentes cuando la iglesia se reúne pueden revelar mucho acerca de nuestras prioridades espirituales.

DIOS MERECE LO MEJOR DE NOSOTROS

La Biblia enseña claramente que Dios merece lo mejor de cada uno de nosotros. El Señor Jesús dijo:

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mr. 12:30).

Observe las palabras “todo” y “todas”. Dios no desea solamente una parte de nuestro corazón, de nuestro tiempo, de nuestras fuerzas o de nuestra atención. Él merece nuestra completa devoción.

Pablo también escribió:

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31).

Si todo lo que hacemos debe hacerse para la gloria de Dios, entonces debemos preguntarnos: ¿Estoy dando a Dios lo mejor de mi tiempo, de mi energía y de mi disposición?

Es interesante observar que muchas personas pueden ser extremadamente puntuales para aquellas cosas que consideran importantes. Llegan temprano a su trabajo, a una cita médica, a un viaje, a un evento deportivo o a cualquier actividad que consideran prioritaria. Sin embargo, cuando llega el momento de reunirse con la iglesia para adorar a Dios, algunos llegan constantemente tarde.

Esto debería hacernos reflexionar seriamente.

Si puedo llegar a tiempo al trabajo porque considero importante mi trabajo, ¿por qué no puedo hacer el mismo esfuerzo para llegar a tiempo a la adoración de mi Dios?

No debemos olvidar que nuestro trabajo secular es temporal, pero nuestro servicio a Dios tiene consecuencias eternas.

Jesús dijo:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6:33).

El reino debe ocupar el primer lugar.

NO DEBEMOS DARLE A DIOS LAS SOBRAS

En el Antiguo Testamento encontramos un principio que nos ayuda a entender la importancia de ofrecer a Dios lo mejor. Dios reprendió a Su pueblo porque le estaban ofreciendo animales defectuosos y de menor calidad.

Malaquías 1:6-8 muestra claramente la actitud incorrecta del pueblo. Ellos ofrecían a Dios animales enfermos, cojos y defectuosos.

El principio es muy importante: Dios no merece nuestras sobras; Dios merece lo mejor.

Aunque nosotros no ofrecemos sacrificios de animales como los israelitas bajo la antigua ley, sí ofrecemos a Dios nuestra vida, nuestro tiempo, nuestras fuerzas y nuestro servicio.

Pablo exhortó:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Ro. 12:1).

Nuestra vida entera debe ser presentada como un sacrificio a Dios.

Por lo tanto, debemos preguntarnos:

¿Estoy ofreciendo a Dios lo mejor de mi tiempo?

¿Estoy ofreciendo a Dios lo mejor de mis fuerzas?

¿Estoy ofreciendo a Dios lo mejor de mi disposición?

¿Estoy haciendo todo lo posible por estar presente y participar fielmente cuando la iglesia se reúne?

LLEGAR TARDE CONSTANTEMENTE PUEDE REVELAR UN PROBLEMA DE PRIORIDADES

Debemos tener mucho cuidado de no juzgar el corazón de una persona simplemente porque ocasionalmente llega tarde. Hay circunstancias legítimas que pueden impedir que alguien llegue a tiempo.

Una emergencia, un accidente, una situación familiar inesperada, un problema con el vehículo o alguna otra circunstancia fuera de nuestro control puede ocasionar que una persona llegue tarde. En tales casos, debemos mostrar comprensión.

El problema que estamos señalando aquí es la tardanza habitual y voluntaria, aquella que ocurre porque la persona no organiza adecuadamente su tiempo, no se prepara con anticipación o simplemente no considera importante llegar a tiempo.

Jesús enseñó:

“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:21).

Nuestros hábitos frecuentemente revelan nuestras prioridades. Si constantemente encontramos tiempo para todo lo demás, pero nunca encontramos suficiente tiempo para las cosas de Dios, debemos examinarnos cuidadosamente.

Pablo escribió:

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15-16).

La palabra “diligencia” implica cuidado, atención y seriedad. El cristiano debe aprender a administrar sabiamente el tiempo que Dios le ha dado.

EL EJEMPLO HABLA MÁS FUERTE DE LO QUE PENSAMOS

Otro aspecto muy importante es el poder de nuestro ejemplo.

Jesús dijo:

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5:16).

Pablo le dijo a Timoteo:

“Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Ti. 4:12).

Nuestro ejemplo importa.

El miembro que constantemente llega tarde quizá piense:

“No estoy haciendo nada malo; simplemente llegué unos minutos tarde”.

Pero debemos considerar cómo su comportamiento puede afectar a los demás.

El nuevo convertido observa.

Los jóvenes observan.

Los niños observan.

Los visitantes observan.

Los miembros que están tratando de desarrollar buenos hábitos observan.

Y, aunque no queramos admitirlo, nuestro comportamiento puede enseñar a otros que llegar tarde a las cosas de Dios no es un asunto importante.

Esto es especialmente peligroso cuando los padres constantemente llegan tarde con sus hijos. Los hijos pueden aprender que la puntualidad es importante para la escuela y para el trabajo, pero no necesariamente para la iglesia.

¿Qué estamos enseñando con nuestro ejemplo?

EL MAL EJEMPLO PUEDE DESANIMAR A OTROS

Pablo dijo:

“Ninguno ponga tropiezo u ocasión de caer a su hermano” (Ro. 14:13).

También escribió:

“No seamos tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Co. 10:32).

El cristiano debe pensar no solamente en sí mismo, sino también en cómo sus acciones afectan a los demás. Es posible que una persona llegue tarde y piense que su tardanza no afecta a nadie. Pero cuando esto sucede repetidamente, puede convertirse en una influencia negativa. Además, cuando una persona entra tarde durante la oración, la predicación, la Cena del Señor o algún otro acto de adoración, puede distraer innecesariamente a quienes ya están participando.

Esto no significa que la persona que llega tarde deba quedarse afuera o que no deba participar. Es mejor llegar tarde que no llegar. Pero precisamente por eso debemos hacer todo lo posible para evitar que la tardanza se convierta en una costumbre.

¿QUÉ ESTAMOS COMUNICANDO CON NUESTRA TARDANZA?

Debemos ser cuidadosos con nuestras acciones porque estas comunican mensajes, aun cuando no pronunciemos una sola palabra.

La tardanza constante puede comunicar:

  • “La iglesia no es una prioridad”
  • “No necesito prepararme con anticipación”
  • “Los demás pueden esperarme”
  • “No considero importante participar desde el principio”
  • “Puedo darle a Dios el tiempo que me sobre”

Tal vez esa no sea nuestra intención, pero nuestras acciones pueden transmitir ese mensaje. Santiago 2:18 nos recuerda que nuestra fe se demuestra por nuestras obras:

“Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”.

Nuestra actitud hacia las reuniones de la iglesia también puede demostrar cuánto valoramos las cosas espirituales.

LA IGLESIA ES PRECIOSA PARA DIOS

Debemos recordar que la iglesia no es simplemente una organización humana a la cual asistimos cuando nos conviene.

Cristo murió por ella.

Pablo dijo:

“La cual él ganó por su propia sangre” (Hch. 20:28).

Pablo también enseñó:

“Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25).

Si Cristo amó tanto a la iglesia que estuvo dispuesto a morir por ella, ¿no deberíamos nosotros mostrar un profundo amor y respeto por ella?

La iglesia es el cuerpo de Cristo (Ef. 1:22-23), y Cristo es su Salvador (Ef. 5:23).

Por esta razón, cuando la iglesia se reúne para adorar a Dios, debemos considerar ese momento como algo sumamente importante.

Hebreos 10:24-25 dice:

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos”.

La reunión de la iglesia no solamente tiene que ver con nuestra relación vertical con Dios; también tiene que ver con nuestra responsabilidad horizontal hacia nuestros hermanos.

Mi presencia puede animar a alguien. Mi ausencia puede desanimar a alguien. Mi puntualidad puede ser un buen ejemplo. Mi tardanza constante puede ser una mala influencia.

“PERO DIOS CONOCE MI CORAZÓN”

Alguien podría decir: “Dios conoce mi corazón; Él sabe que lo amo aunque llegue tarde”.

Es verdad que Dios conoce nuestro corazón.

1 Samuel 16:7 dice:

“Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.

Pero precisamente porque Dios conoce nuestro corazón, debemos preocuparnos por lo que nuestra conducta revela. No podemos utilizar el hecho de que Dios conoce nuestro corazón como una excusa para vivir descuidadamente.

Jesús dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn. 14:15).

El verdadero amor hacia Dios se manifiesta en obediencia, sacrificio, diligencia y fidelidad.

¿CÓMO PODEMOS CORREGIR ESTE PROBLEMA?

Si reconocemos que constantemente estamos llegando tarde, ¿qué podemos hacer?

1. Examine sinceramente sus prioridades

Pregúntese:

¿Realmente estoy poniendo a Dios en primer lugar?

Mateo 6:33 nos recuerda:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”.

No podemos corregir un problema que no estamos dispuestos a reconocer.

2. Cultive un amor más profundo por Dios

El amor verdadero produce sacrificio.

Marcos 12:30 nos manda amar a Dios con todo nuestro ser.

Cuando realmente amamos a Dios, no vemos la adoración como una carga, sino como un privilegio.

El salmista dijo:

“Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos” (Sal. 122:1).

¿Es esa nuestra actitud?

3. Planee con anticipación

La puntualidad no ocurre por accidente. Generalmente requiere preparación.

Prepare la ropa con anticipación.

Organice las cosas que necesitará.

Prepare a los niños con tiempo.

Considere el tráfico.

Salga de casa con suficiente margen.

No planee llegar exactamente a la hora de inicio. Procure llegar unos minutos antes.

Proverbios 21:5 dice:

“Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza”.

La diligencia incluye una buena planificación.

4. No permita que las actividades secundarias controlen su vida espiritual

Debemos aprender a decir “no” a algunas cosas.

No podemos hacer todo.

Si una actividad regularmente nos impide participar fielmente en la obra del Señor, debemos reconsiderar nuestras prioridades.

Colosenses 3:1-2 dice:

“Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”.

5. Recuerde que usted es un ejemplo

Especialmente los padres deben recordar esto. Sus hijos están aprendiendo de ellos constantemente. Si los padres llegan temprano, los hijos aprenden diligencia. Si los padres llegan constantemente tarde, los hijos pueden aprender que la iglesia y sus actividades no son una prioridad.

Pablo dijo:

“Sé ejemplo de los creyentes” (1 Ti. 4:12).

Pregúntese:

¿Qué clase de ejemplo estoy dejando para la próxima generación?

6. Considere a los demás

Filipenses 2:3-4 dice:

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”.

Llegar a tiempo también puede ser una manera de demostrar consideración por nuestros hermanos.

7. Recuerde el sacrificio de Cristo

Cuando consideramos lo que Cristo hizo por nosotros, nuestra actitud cambia.

Él dejó la gloria del cielo.

Tomó forma de siervo.

Vivió una vida perfecta.

Sufrió rechazo.

Fue azotado.

Fue crucificado.

Derramó Su sangre por nosotros.

Pablo dijo:

“Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co. 5:15).

Cristo lo dio todo por nosotros.

¿No deberíamos nosotros estar dispuestos a darle lo mejor de nuestro tiempo a Él?

UNA EXHORTACIÓN FINAL

Hermanos, no debemos permitir que una práctica aparentemente pequeña se convierta en un hábito que perjudique nuestra vida espiritual y nuestro ejemplo delante de otros.

No estoy diciendo que una persona que ocasionalmente llega tarde sea infiel. Tampoco estoy diciendo que la puntualidad sea el criterio por el cual Dios determina nuestra salvación. La salvación depende de nuestra obediencia fiel al evangelio de Cristo y de nuestra perseverancia en Él. Pero sí debemos reconocer que la negligencia constante, la falta de preparación y la indiferencia hacia las reuniones de la iglesia pueden revelar problemas espirituales que necesitamos corregir.

Pablo escribió:

“Por tanto, amados hermanos míos, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre” (1 Co. 15:58).

La palabra “siempre” nos recuerda la importancia de la constancia.

También escribió:

“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” (Ro. 12:11).

La iglesia necesita miembros diligentes.

Necesita miembros responsables.

Necesita miembros que amen al Señor.

Necesita miembros que amen Su iglesia.

Necesita miembros que sean buenos ejemplos.

Necesita miembros en quienes se pueda confiar.

Y necesita miembros que comprendan que servir a Dios no es algo que hacemos cuando nos sobra tiempo; es una prioridad de nuestra vida.

Recordemos las palabras de Jesús:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6:33).

Que Dios nos ayude a examinar nuestras prioridades, administrar sabiamente nuestro tiempo, amar profundamente Su iglesia y darle siempre lo mejor de nosotros.

No lleguemos tarde a las cosas de Dios porque Él nunca ha llegado tarde a nosotros.

Sus misericordias son nuevas cada mañana (Lm. 3:22-23).

Él ha sido fiel.

Él ha sido bueno.

Él nos ha dado lo mejor.

Ahora nosotros debemos preguntarnos: ¿Le estamos dando a Él lo mejor de nosotros?

Que nuestra respuesta, por medio de nuestra vida y nuestras acciones, siempre sea: “Sí, Señor”.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Predicadores que no utilizan sabiamente su tiempo en la obra del Señor por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la de predicadores que no utilizan sabiamente su tiempo en la obra del Señor.

Hace varios años escuché a un predicador decir lo siguiente: “Es un asunto de conciencia para el predicador el no levantarse temprano para trabajar en la obra del Señor”. He tratado de encontrar la fuente original de esta declaración, pero hasta este momento no he podido identificar con certeza quién la dijo originalmente. Por esta razón, no deseo atribuirla a ningún predicador sin tener evidencia suficiente. Sin embargo, el principio que la declaración intenta comunicar merece nuestra seria consideración.

No estoy diciendo que la Biblia establezca una hora específica a la cual todo predicador debe levantarse cada mañana. Tampoco estoy diciendo que descansar sea pecado. El descanso es necesario y hay momentos legítimos para descansar. Nuestro Señor Jesucristo mismo tomó tiempo para descansar (Mr. 6:31). El problema, por lo tanto, no es simplemente levantarse tarde; el problema es la negligencia, la pereza, la falta de disciplina y el desperdicio del tiempo que Dios nos ha concedido para servirle.

Un predicador que recibe apoyo económico de la iglesia para dedicar su tiempo al ministerio debe recordar que ese privilegio viene acompañado de una gran responsabilidad. Si la congregación confía en él para dedicar su tiempo al estudio de la Palabra, la predicación del Evangelio, la enseñanza, el evangelismo, la visitación, la consejería y la edificación de los santos, entonces debe procurar cumplir estas responsabilidades con diligencia, integridad y excelencia.

El peligro de la falta de supervisión

En algunas congregaciones, los predicadores trabajan sin una supervisión cercana de parte de los ancianos. Esto no significa que los ancianos deban convertirse en supervisores de cada minuto del día del predicador. Más bien, significa que debe existir una relación saludable de confianza, responsabilidad y comunicación entre los ancianos y el predicador.

Cuando no existe una buena supervisión, lamentablemente algunos pueden aprovecharse de esa libertad para disminuir su nivel de trabajo. Hay predicadores que se levantan muy tarde, no porque hayan estado trabajando arduamente hasta altas horas de la noche, sino simplemente porque no han desarrollado una disciplina adecuada para administrar su tiempo.

Otros permiten que buena parte de su día sea absorbida por actividades que no tienen relación con las responsabilidades que aceptaron cuando comenzaron a trabajar con una congregación como predicadores de tiempo completo.

Algunos pasan demasiado tiempo en las redes sociales. Otros dedican horas excesivas a entretenimiento, deportes, juegos electrónicos u otras actividades personales. Algunos pasan más tiempo en el gimnasio que estudiando la Palabra de Dios. Otros ocupan gran parte del día atendiendo asuntos personales que podrían realizarse en otro momento. Y, tristemente, existen quienes llegan al púlpito utilizando constantemente sermones preparados por otras personas porque ellos mismos no han dedicado el tiempo necesario al estudio y a la preparación.

Esto es especialmente preocupante porque un predicador no fue llamado simplemente para ocupar un púlpito, sino para ser un estudiante diligente de la Palabra y un siervo dedicado de Cristo.

Pablo le dijo a Timoteo:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

La palabra “obrero” nos recuerda que el ministerio requiere trabajo. Y el verbo “procura con diligencia” demanda esfuerzo, disciplina y dedicación.

Cuando el tiempo no se administra correctamente

Cuando un predicador no utiliza sabiamente su tiempo, eventualmente comienzan a faltar oportunidades para realizar importantes responsabilidades del ministerio.

No habrá suficiente tiempo para:

  • estudiar profundamente la Palabra de Dios
  • preparar buenos sermones
  • preparar clases Bíblicas
  • evangelizar
  • visitar a los miembros
  • estudiar la Biblia con inconversos
  • animar a los débiles
  • aconsejar a las familias
  • capacitar a otros hermanos para servir
  • planear actividades espirituales
  • desarrollar clases especiales para el crecimiento de la congregación
  • escribir material Bíblico
  • preparar estudios para jóvenes
  • visitar a los enfermos
  • trabajar con nuevos conversos
  • fortalecer a los miembros débiles
  • y cumplir muchas otras responsabilidades que forman parte del trabajo de un evangelista.

El problema es que el tiempo perdido no puede recuperarse.

Por eso Pablo exhortó a los cristianos de Éfeso:

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15-16).

Aunque este texto no fue dirigido exclusivamente a predicadores, ciertamente contiene un principio que todo siervo de Dios debe tomar seriamente. El cristiano debe aprender a utilizar sabiamente el tiempo que Dios le ha concedido.

Pablo: un excelente ejemplo de diligencia

El Nuevo Testamento nos presenta ejemplo tras ejemplo de hombres que tomaron muy en serio su servicio al Señor. Uno de los ejemplos más sobresalientes es el apóstol Pablo.

En 1 Corintios 15:10, Pablo escribió:

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

Pablo no utilizó la gracia de Dios como una excusa para trabajar menos. La gracia de Dios produjo en él un mayor deseo de trabajar para el Señor.

En 1 Corintios 15:58 exhortó:

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Observe algunas palabras importantes:

“Firmes”
“Constantes”
“Creciendo”
“Siempre”
“Trabajo”

Estas palabras difícilmente describen a una persona perezosa o negligente en el servicio del Señor.

Pablo también le dijo a los ancianos de Éfeso:

“Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hch. 20:31). ¡Qué ejemplo de diligencia!

Pablo no solamente predicaba desde un púlpito. Enseñaba públicamente y por las casas (Hch. 20:20). Predicaba, enseñaba, visitaba, exhortaba, evangelizaba y fortalecía a los hermanos.

En Hechos 20:24 encontramos una de las declaraciones más poderosas acerca de sus prioridades:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”

Pablo tenía una meta: terminar fielmente el ministerio que Cristo le había encomendado.

Al final de su vida pudo decir:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7).

Pablo no solamente comenzó bien; terminó bien.

Pablo aprovechaba las oportunidades

En Colosenses 4:5 encontramos otro principio importante:

“Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo”.

Pablo entendía que las oportunidades para enseñar y evangelizar eran preciosas. Por eso exhortó a los cristianos a aprovecharlas.

En 2 Timoteo 4:2, le dio a Timoteo una responsabilidad solemne:

“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.

El predicador fiel no trabaja únicamente cuando tiene deseos de trabajar. Su compromiso es con Cristo, no simplemente con su estado de ánimo.

Por supuesto, esto no significa que un predicador nunca pueda descansar, pasar tiempo con su familia, hacer ejercicio o atender asuntos personales. Todas estas cosas pueden tener un lugar apropiado. El punto es que ninguna de estas actividades debe convertirse en una excusa para descuidar las responsabilidades espirituales que Dios ha puesto delante de nosotros.

Jesús: nuestro Supremo ejemplo de diligencia

Por encima de Pablo encontramos a nuestro Señor Jesucristo, quien es nuestro Supremo ejemplo de servicio diligente.

Jesús dijo:

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4). ¡Qué perspectiva tan poderosa del tiempo!

Jesús entendía que había una obra que debía realizar y que las oportunidades no durarían para siempre.

En otra ocasión, sus discípulos le dijeron que comiera, pero Jesús respondió:

“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Jn. 4:34).

Jesús tenía una profunda convicción acerca de la misión que había recibido del Padre.

Marcos 3:20 muestra hasta qué punto las demandas de Su ministerio podían llegar:

“Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan”.

Sin embargo, Jesús también entendía la necesidad del descanso y de apartarse por momentos para descansar (Mr. 6:31). Esto nos enseña algo importante: la diligencia no significa irresponsabilidad con nuestro cuerpo o nuestra familia; significa administrar sabiamente nuestro tiempo para cumplir la obra que Dios nos ha encomendado.

El predicador debe ser un estudiante diligente

Una de las tragedias más grandes es cuando un predicador deja de estudiar porque piensa que ya sabe suficiente.

La experiencia es valiosa, pero la experiencia nunca reemplaza el estudio.

Pablo le dijo a Timoteo:

“Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello…” (1 Ti. 4:15-16).

El predicador debe continuar creciendo.

Debe estudiar el texto Bíblico.
Debe estudiar su contexto.
Debe examinar cuidadosamente las palabras.
Debe conocer el contexto histórico y cultural.
Debe comparar Escritura con Escritura.
Debe preparar sus lecciones cuidadosamente.
Debe asegurarse de que lo que predica es verdaderamente la Palabra de Dios.

No es correcto que un predicador pase horas en entretenimiento y luego, a última hora, prepare apresuradamente el sermón que presentará delante de la iglesia.

El púlpito merece nuestra preparación. Las almas merecen nuestra preparación. La Palabra de Dios merece nuestra preparación. Y Dios merece nuestro mejor esfuerzo.

No se trata simplemente de trabajar más, sino de trabajar sabiamente

También debemos tener equilibrio. Un predicador puede estar ocupado todo el día y, sin embargo, no estar haciendo las cosas que realmente necesita hacer.

Por eso no se trata simplemente de decir: “Tengo que trabajar más horas”.

Se trata de preguntarnos:

¿Estoy utilizando sabiamente las horas que Dios me ha dado?

¿Estoy estudiando?
¿Estoy evangelizando?
¿Estoy visitando?
¿Estoy preparando sermones?
¿Estoy fortaleciendo a los miembros?
¿Estoy capacitando a otros?
¿Estoy buscando oportunidades para enseñar?
¿Estoy ayudando a la congregación a crecer espiritualmente?
¿Estoy cumpliendo responsablemente con aquello para lo cual fui contratado?

Estas son preguntas que todo predicador debería hacerse periódicamente.

El peligro de convertirse en un predicador perezoso

La pereza es condenada repetidamente en las Escrituras (Pr. 6:6-11; 13:4; 24:30-34). Aunque estos textos no hablan específicamente del predicador, los principios sobre diligencia y trabajo son aplicables.

El predicador debe tener cuidado de no desarrollar una mentalidad de comodidad.

Cuando la iglesia sostiene económicamente a un hombre para que dedique su tiempo al ministerio, no le está pagando simplemente por predicar dos o tres sermones cada semana. El ministerio incluye mucho más.

El predicador debe ser un obrero del Señor.

Debe recordar las palabras de Pablo:

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23).

Si predicamos, debemos predicar como para el Señor.
Si estudiamos, debemos estudiar como para el Señor.
Si evangelizamos, debemos evangelizar como para el Señor.
Si visitamos, debemos visitar como para el Señor.
Si enseñamos, debemos enseñar como para el Señor.

Hermanos predicadores, nuestro tiempo es un regalo de Dios y nuestra oportunidad de servirle no durará para siempre.

No sabemos cuántos años tendremos para predicar. No sabemos cuántas oportunidades más tendremos para enseñar a una persona el Evangelio. No sabemos cuántas almas más podremos alcanzar. Por esta razón, debemos aprovechar cada oportunidad que Dios pone delante de nosotros.

Pablo dijo:

“Porque si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Co. 9:16).

Ese debe ser el espíritu de todo predicador fiel.

No desperdiciemos el tiempo.

No desperdiciemos nuestras oportunidades.

No desperdiciemos el privilegio de predicar el Evangelio.

No permitamos que el entretenimiento, la comodidad, la pereza o los intereses personales ocupen el lugar que le pertenece a la obra del Señor.

Imitemos a Pablo, quien trabajó abundantemente (1 Co. 15:10), aprovechó el tiempo (Ef. 5:16), enseñó de noche y de día (Hch. 20:31), y consideró un privilegio terminar el ministerio que había recibido del Señor (Hch. 20:24).

Sobre todo, imitemos a nuestro Señor Jesucristo, quien dijo:

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura” (Jn. 9:4).

Que nunca lleguemos al final de nuestro ministerio lamentándonos por el tiempo que desperdiciamos, las oportunidades que dejamos pasar o las almas que pudimos haber alcanzado.

Más bien, que algún día podamos decir con Pablo:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7).

Dios y Su iglesia merecen nuestro mejor y mayor esfuerzo.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Comenzar a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más importantes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es comenzar, desde una temprana edad, a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel. Aunque muchos jóvenes invierten tiempo pensando en sus estudios, su carrera profesional y sus metas personales, también deben recordar que una de las decisiones más importantes de toda la vida será la elección de la persona con quien compartirán el resto de sus días.

El matrimonio es una institución divina establecida por Dios desde el principio de la creación. Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Dios diseñó el matrimonio para ser una relación permanente, santa y bendecida.

Por esta razón, los jóvenes deben prepararse espiritualmente para este importante compromiso.

CÓMO PREPARARSE PARA EL MATRIMONIO

La preparación para el matrimonio no comienza el día del compromiso ni el día de la boda. Comienza durante la juventud.

1. Desarrolla una relación sólida con Dios

Antes de amar a otra persona, debes aprender a amar a Dios sobre todas las cosas.

Jesús enseñó:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37).

Un joven que ama a Dios estará mejor preparado para amar a su futuro esposo o esposa.

2. Aprende a orar constantemente

El joven cristiano debe pedirle a Dios sabiduría para tomar decisiones correctas.

Santiago escribió:

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5).

La oración debe incluir peticiones como:

  • Señor, ayúdame a ser una mejor persona
  • Dame sabiduría para escoger correctamente
  • Prepara mi corazón para el matrimonio
  • Ayúdame a encontrar una persona fiel
  • Guíame siempre por el camino correcto

3. Fortalece tu carácter cristiano

Pablo exhortó a Timoteo:

“Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

El matrimonio requiere:

  • Responsabilidad
  • Paciencia
  • Dominio propio
  • Humildad
  • Amor
  • Compromiso
  • Sacrificio

4. Aprende principios Bíblicos sobre el matrimonio

Muchos matrimonios fracasan porque las personas desconocen lo que Dios enseña acerca del hogar.

Los jóvenes deben estudiar pasajes como:

  • Génesis 2:24
  • Proverbios 31
  • Efesios 5:22-33
  • Colosenses 3:18-19
  • 1 Pedro 3:1-7

CÓMO ESCOGER CORRECTAMENTE

La sociedad moderna enseña que la apariencia física, el dinero y la popularidad son las características más importantes. La Biblia enseña algo completamente diferente.

1. Busca a una persona que ame a Dios

La prioridad debe ser encontrar a alguien que ponga a Dios en primer lugar.

Mateo 6:33 dice:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”.

2. Busca una persona fiel y obediente

La futura esposa o el futuro esposo debe ser una persona:

  • Fiel a Dios (Apocalipsis 2:10)
  • Obediente a Su Palabra (Juan 14:15)
  • Comprometida con la iglesia (Hebreos 10:24-25)
  • Humilde (Filipenses 2:3)
  • Paciente y bondadosa (Colosenses 3:12-14)

Proverbios 31:30 afirma:

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”.

3. Busca consejo sabio

Proverbios 11:14 dice:

“En la multitud de consejeros hay seguridad”.

Los padres, los ancianos y los cristianos maduros pueden brindar orientación importante.

4. Aprende de los ejemplos Bíblicos

Ejemplos positivos

Isaac y Rebeca (Génesis 24): una relación basada en la oración y la confianza en Dios.

Aquila y Priscila (Hechos 18:1-3): un matrimonio dedicado al servicio del Señor.

Ejemplos negativos

Sansón (Jueces 14:1-3): tomó decisiones impulsivas guiadas por la apariencia.

Salomón (1 Reyes 11:1-4): permitió que personas equivocadas apartaran su corazón de Dios.

CÓMO MANTENER UN MATRIMONIO FELIZ SEGÚN LA BIBLIA

Escoger correctamente es importante, pero mantener un matrimonio fuerte requiere trabajo constante.

1. Pongan a Dios en el centro del hogar

Eclesiastés 4:12 declara:

“Cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

Un matrimonio fuerte está formado por el esposo, la esposa y Dios.

2. Practiquen el amor Bíblico

Pablo escribió:

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Efesios 5:25).

El amor Bíblico implica:

  • Paciencia
  • Sacrificio
  • Perdón
  • Respeto
  • Servicio

1 Corintios 13:4-8 describe el verdadero amor.

3. Practiquen la comunicación

Proverbios 15:1 dice:

“La blanda respuesta quita la ira”.

Los esposos deben aprender a dialogar con respeto, honestidad y amor.

4. Oren juntos

La oración fortalece la relación matrimonial.

Filipenses 4:6 dice:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”.

5. Sean fieles el uno al otro

Hebreos 13:4 enseña:

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla”.

La fidelidad es indispensable para la felicidad matrimonial.

6. Practiquen el perdón

Colosenses 3:13 dice:

“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros”.

Ningún matrimonio es perfecto; por lo tanto, el perdón debe formar parte del hogar cristiano.

El joven cristiano debe comenzar desde temprano a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel. Debe prepararse espiritualmente, escoger sabiamente y esforzarse por mantener un matrimonio centrado en Cristo.

Que cada joven recuerde las palabras del salmista:

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmo 37:5).

Si ponemos a Dios en primer lugar, podremos disfrutar de matrimonios fuertes, hogares felices y familias que glorifiquen Su nombre.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La predicación de la falsa doctrina por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado gravemente a la iglesia del Señor a través de los siglos, es la predicación de la falsa doctrina. Desde los días del Nuevo Testamento, las congregaciones han sufrido grandes consecuencias debido a hombres que no han mostrado respeto por la sana enseñanza revelada por Dios. El apóstol Pablo advirtió repetidamente acerca del peligro de aquellos que introducirían doctrinas extrañas y apartarían a los discípulos de la verdad (Hechos 20:28-30).

Cuando hablamos de la falsa doctrina, nos referimos a cualquier enseñanza que se encuentre en conflicto con la voluntad de Dios revelada en las Escrituras. Toda doctrina que contradiga el mensaje divino, altere el plan de salvación o menosprecie la autoridad de la Palabra de Dios debe ser considerada falsa doctrina (Gálatas 1:6-9).

La falsa doctrina siempre lastimará a la iglesia porque impide que los creyentes sean alimentados con el mensaje puro del evangelio. En lugar de edificar el alma y fortalecer la fe, produce confusión, división y alejamiento de Dios. Pablo enseñó que “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16-17). Cuando el hombre sustituye la verdad divina por opiniones humanas, la iglesia sufre graves consecuencias espirituales.

Existen personas que enseñan error porque no han estudiado correctamente las Escrituras. No han aprendido los principios fundamentales de la interpretación Bíblica y, por consiguiente, transmiten aquello que desconocen. Pablo exhortó a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

Lamentablemente, también existen quienes enseñan falsa doctrina aun sabiendo que contradice la Palabra de Dios. Algunos simplemente repiten las enseñanzas de predicadores favoritos, familiares o amigos, colocando la lealtad humana por encima de la autoridad divina. Jesús condenó esta actitud cuando dijo: “En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Mateo 15:9).

Por lo tanto, surge una pregunta importante: ¿De qué manera lastima la falsa doctrina a la iglesia del Señor? Consideremos algunas respuestas.

1. La falsa doctrina contradice el mandamiento de enseñar únicamente la sana doctrina

Pablo ordenó: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1). También exhortó a Timoteo a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Dios nunca autorizó la enseñanza del error.

2. La falsa doctrina desvía a las personas del camino correcto

Jesús declaró: “Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:14). Los falsos maestros conducen a las almas lejos del camino de la salvación.

3. La falsa doctrina engaña a las personas sinceras e ingenuas

Romanos 16:17-18 enseña que los falsos maestros engañan “con suaves palabras y lisonjas”. Pedro también advirtió que muchos seguirían sus enseñanzas destructoras (2 Pedro 2:1-2).

4. La falsa doctrina reemplaza la predicación de la verdad

Pedro escribió: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11). Cuando el error ocupa el púlpito, la iglesia deja de escuchar el mensaje que salva.

5. La falsa doctrina aparta a los creyentes de la fidelidad a Dios

Pablo reprendió a los gálatas porque estaban abandonando el verdadero evangelio (Gálatas 1:6-9). Asimismo, Himeneo y Fileto trastornaron la fe de algunos con sus falsas enseñanzas (2 Timoteo 2:16-18).

6. La falsa doctrina impide el crecimiento espiritual

Dios estableció hermanos espirituales para perfeccionar a los santos y llevarlos a la madurez (Efesios 4:11-16). La falsa doctrina produce inmadurez y hace que los cristianos sean “llevados por doquiera de todo viento de doctrina”.

7. La falsa doctrina produce confusión y división

“Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). Las enseñanzas equivocadas generan disputas, divisiones y conflictos dentro de la congregación (Romanos 16:17).

8. La falsa doctrina separa al hombre de Dios

Juan escribió: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios” (2 Juan 9). El error doctrinal rompe la comunión con el Padre y con el Hijo.

9. La falsa doctrina trae condenación sobre quienes la enseñan

Pedro afirmó que los falsos maestros introducirán herejías destructoras y atraerán sobre sí mismos perdición (2 Pedro 2:1-3). Santiago también advirtió que los maestros recibirán una condenación/juicio más severa (Santiago 3:1).

10. La falsa doctrina contamina toda la congregación

Pablo declaró: “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9). El error doctrinal rara vez permanece aislado; con el tiempo, afecta a toda la iglesia.

11. La falsa doctrina fomenta la apostasía

El Espíritu Santo anunció que “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe” (1 Timoteo 4:1). La apostasía siempre comienza cuando las personas abandonan la verdad revelada.

12. La falsa doctrina endurece el corazón y produce resistencia a la verdad

Pablo habló de aquellos que “no sufrirán la sana doctrina” y preferirán maestros conforme a sus propios deseos (2 Timoteo 4:3-4). El error lleva al hombre a rechazar la voluntad de Dios.

13. La falsa doctrina destruye la unidad espiritual de la iglesia

Cristo oró para que sus discípulos fueran uno (Juan 17:20-21). La unidad verdadera solo puede existir cuando todos permanecen en la misma doctrina (Efesios 4:4-6).

14. La falsa doctrina deshonra el nombre de Cristo

Pedro enseñó que, por causa de los falsos maestros, “el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pedro 2:2). El mundo observa las divisiones y los errores religiosos y llega a despreciar el evangelio.

Las iglesias que toleran la falsa doctrina se encuentran en un grave peligro espiritual. El crecimiento numérico, por sí solo, no constituye una evidencia de aprobación divina. Una congregación puede crecer en cantidad y, al mismo tiempo, alejarse de la verdad revelada. La fidelidad a Dios siempre debe tener prioridad sobre la popularidad y el éxito aparente.

La única manera de mantener una iglesia pura y obediente es mediante la exposición fiel y constante de la Palabra de Dios. Los cristianos deben desarrollar un profundo respeto por la autoridad de las Escrituras y examinar cuidadosamente toda enseñanza a la luz de la Biblia (Hechos 17:11).

Los ancianos tienen la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual del rebaño y de protegerlo de los falsos maestros (Hechos 20:28-31; Tito 1:9). Asimismo, la congregación debe exigir que desde el púlpito se predique únicamente el consejo de Dios (Hch. 20:27).

Que cada uno de nosotros imite la actitud del salmista cuando declaró: “La suma de tu palabra es verdad” (Salmo 119:160). Que nuestro Padre celestial nos ayude a amar, respetar y defender siempre la sana doctrina revelada en Su santa Palabra.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Adorar a Dios conforme a Su voluntad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es no dejarse convencer de que a Dios se le puede adorar de cualquier manera. Este desafío es muy real porque vivimos en una época en la que muchas personas enseñan que lo único importante es tener buenas intenciones o ser sinceros en la adoración. Sin embargo, la sinceridad por sí sola no hace aceptable una adoración delante de Dios. La pregunta no es únicamente a quién adoramos, sino también cómo debemos adorarlo conforme a Su voluntad.

En cierta ocasión un ministro de jóvenes afirmó: “La pregunta no es cómo adorar sino a quién adorar”. Aunque esta declaración puede parecer razonable, se encuentra en conflicto con la enseñanza clara de las Escrituras. El joven cristiano debe desarrollar el hábito de evaluar toda enseñanza a la luz de la Palabra de Dios (Hch. 17:11; 1 Ts. 5:21; 1 Jn. 4:1).

La Biblia enseña claramente que Dios espera ser adorado conforme a Su voluntad y no según las preferencias del hombre. Jesús declaró:

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

Esta declaración de Jesús elimina toda idea de que el hombre tiene libertad para establecer la forma de adorar a Dios. La palabra “necesario” indica una obligación divina, algo indispensable y no una sugerencia opcional. Además, la expresión “en verdad” señala que la adoración debe estar de acuerdo con la verdad revelada por Dios. Jesús enseñó que la Palabra de Dios es la verdad (Jn. 17:17). Por lo tanto, cualquier práctica religiosa que no tenga autorización en las Escrituras no puede considerarse una adoración aceptable.

La Biblia contiene numerosos ejemplos que muestran que Dios siempre ha esperado obediencia exacta en la adoración. Caín ofreció un sacrificio que Dios no aceptó (Gn. 4:3-7; Heb. 11:4). Nadab y Abiú ofrecieron fuego extraño que Jehová nunca les mandó, y fueron castigados por ello (Lv. 10:1-3). El rey Saúl perdió el favor de Dios porque pensó que podía modificar las instrucciones divinas (1 S. 15:22-23). Estos ejemplos nos recuerdan que Dios no acepta la adoración basada en los deseos humanos.

Asimismo, el apóstol Pablo advirtió contra una religión basada en mandamientos de hombres y en una aparente humildad que carece de autoridad divina (Col. 2:20-23). Jesús también reprendió a quienes enseñaban doctrinas y mandamientos de hombres, diciendo:

“Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:7-9).

La iglesia del Nuevo Testamento practicó una adoración sencilla, espiritual y autorizada por Dios. En las Escrituras encontramos cinco actos de adoración realizados por la iglesia reunida:

  1. El canto (Ef. 5:19; Col. 3:16).
  2. La oración (Hch. 2:42; 1 Ts. 5:17).
  3. La predicación y enseñanza de la Palabra (Hch. 20:7; 2 Tim. 4:2).
  4. La participación de la Cena del Señor (Hch. 20:7; 1 Cor. 11:23-26).
  5. La ofrenda voluntaria (1 Cor. 16:1-2; 2 Cor. 9:6-7).

Fuera de estos actos autorizados, el Nuevo Testamento no presenta otras prácticas realizadas por la iglesia como parte de su adoración colectiva. Por esta razón, el cristiano fiel no tiene autoridad para añadir, quitar o modificar lo que Dios ha revelado (Dt. 4:2; Pr. 30:5-6; Gá. 1:6-9; Ap. 22:18-19).

Lamentablemente, muchos consideran que la adoración Bíblica es demasiado sencilla o poco atractiva. Como consecuencia, introducen innovaciones para hacerla más entretenida o emocional. Sin embargo, el propósito de la adoración nunca ha sido satisfacer los gustos del hombre, sino agradar a Dios. Él sigue buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Jn. 4:23-24).

El joven cristiano debe permanecer firme en la doctrina de Cristo (2 Jn. 9), contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Jud. 3). Debe rechazar toda enseñanza que contradiga la autoridad de las Escrituras y recordar siempre que todo cuanto hagamos, ya sea en palabra o en obra, debe hacerse en el nombre del Señor Jesús, es decir, por Su autoridad (Col. 3:17).

Cuando el joven aprende desde temprano a respetar la autoridad de la Palabra de Dios en la adoración, desarrollará una fe sólida que lo protegerá del error y le permitirá glorificar a Dios de la manera que Él ha establecido.

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: Desarrollar el hábito de leer la Biblia con regularidad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es desarrollar el hábito de leer la Biblia con regularidad. Este desafío es significativo, ya que muchos prefieren dedicar su tiempo a libros de ficción, las redes sociales, los videojuegos o diversas formas de entretenimiento, en lugar de leer la Palabra de Dios, la cual tiene el poder de transformar sus vidas, fortalecer su fe y guiarlos por el camino de la salvación (Ro. 1:16; Sal. 19:7-11). En una sociedad saturada de información, el joven cristiano necesita escuchar diariamente la voz de Dios por medio de las Sagradas Escrituras.

Los autores inspirados exhortaron constantemente al pueblo de Dios a ser lectores diligentes de la Palabra. El apóstol Pablo animó al evangelista Timoteo diciendo: “Ocúpate en la lectura” (1 Tim. 4:13). También le recordó que desde su niñez conocía “las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 3:15). Jesús mismo acostumbraba leer las Escrituras en la sinagoga (Lc. 4:16), dejándonos un ejemplo digno de imitar. En repetidas ocasiones preguntó a sus oyentes: “¿No habéis leído?” (Mt. 12:3, 5; 19:4; 21:42), enfatizando la importancia de conocer la Palabra de Dios. Asimismo, exhortó a los judíos: “Escudriñad las Escrituras” (Jn. 5:39), pues ellas dan testimonio de Él.

Desde el Antiguo Testamento, Dios enfatizó la importancia de una lectura constante de Su Palabra. Ordenó a Josué meditar en el libro de la ley “de día y de noche” para prosperar espiritualmente y actuar con sabiduría (Jos. 1:8). Los reyes de Israel debían escribir una copia de la ley y leerla todos los días de su vida para aprender a temer a Dios y obedecer Sus mandamientos (Deut. 17:18-20). El salmista declaró bienaventurado al hombre que se deleita en la ley de Jehová y medita en ella de día y de noche (Sal. 1:1-3). De igual manera expresó: “¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal. 119:97).

Todos estos pasajes animan al joven cristiano a dedicar tiempo cada día a la lectura de la Biblia. La Palabra de Dios le ayudará a mantenerse limpio delante del Señor (Sal. 119:9, 11), a fortalecer su fe (Ro. 10:17), a vencer las tentaciones siguiendo el ejemplo de Jesús (Mt. 4:1-11), a discernir entre el bien y el mal (Heb. 5:14), a crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo (2 P. 3:18), a renovar su mente (Ro. 12:2), a ser sabio para la salvación (2 Tim. 3:15) y a estar enteramente preparado para toda buena obra (2 Tim. 3:16-17). Además, la Palabra de Dios es “viva y eficaz” (Heb. 4:12), ilumina el camino (Sal. 119:105), produce gozo en el corazón (Jer. 15:16) y tiene poder para salvar el alma (Stg. 1:21).

Mientras más tiempo dediques a la lectura de la Biblia, mayor será tu amor por ella y más profundo será tu deseo de obedecer a Dios. Sin embargo, no basta con leerla; también es indispensable meditar en ella, creerla y ponerla en práctica cada día (Stg. 1:22-25). Jesús declaró: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lc. 11:28). De igual manera, el salmista afirmó que son bienaventurados los que guardan los testimonios del Señor y le buscan de todo corazón (Sal. 119:2). Que el Señor fortalezca siempre en ti un profundo amor, respeto y reverencia por las Sagradas Escrituras, para que ellas sean la guía de tu vida y te conduzcan fielmente hasta la vida eterna (Jn. 17:17; 1 Tim. 4:16).

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “MEMORIZAR TEXTOS ACERCA DE NO HABLAR MALAS PALABRAS” por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de memorizar textos Bíblicos que nos advierten acerca del peligro de hablar malas palabras. Este es un reto muy importante porque no solamente ejercita la mente y fortalece la memoria, sino que también ayuda a recordar constantemente la clase de palabras que no deben salir de nuestra boca. La Biblia enseña que nuestras palabras tienen un gran impacto en nuestra vida espiritual y en la vida de quienes nos rodean.

Jesús enseñó que las palabras son una manifestación de lo que hay en el corazón. Él dijo: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Por esta razón, el Cristiano debe esforzarse por mantener un corazón puro para que sus palabras también sean agradables delante de Dios. El joven que memoriza y medita en la Palabra de Dios tendrá una mayor capacidad para controlar su lengua y evitar expresiones que deshonren a Dios.

Observemos algunos pasajes que merecen ser memorizados:

Efesios 4:29 – No hablar palabras corrompidas, sino solamente aquellas que puedan edificar y dar gracia a los oyentes.

Colosenses 3:9 y Proverbios 12:22 – No pronunciar mentiras, porque Dios aborrece los labios mentirosos.

Colosenses 4:6 – Hablar solamente palabras con gracia y sazonadas con sal.

Mateo 12:36-37 – Las palabras que hablamos pueden justificarnos o condenarnos delante de Dios.

Efesios 5:4 y Colosenses 3:8 – No hablar palabras deshonestas, obscenas o vergonzosas.

Proverbios 15:1 – Evitar las palabras ásperas que provocan conflictos y aprender a responder con mansedumbre.

Santiago 3:9-10 – No usar la lengua para maldecir a los hombres creados a la imagen de Dios.

Proverbios 4:24 – Alejar de nuestra boca toda perversidad y corrupción.

Proverbios 10:19 – Aprender a controlar la lengua, recordando que en las muchas palabras no falta pecado.

Salmo 19:14 – Procurar que los dichos de nuestra boca sean agradables delante de Dios.

Proverbios 21:23 – Guardar nuestra boca y nuestra lengua para evitar muchos problemas y angustias.

Santiago 1:26 – Recordar que una religión que no controla la lengua es una religión vana.

Proverbios 13:3 – Entender que quien guarda su boca guarda su vida.

Efesios 4:31-32 – Desechar toda amargura, ira y malicia, hablando con bondad y misericordia.

El joven Cristiano debe comprender que las malas palabras, los insultos, las burlas, las mentiras, los chismes y las expresiones ofensivas no tienen lugar en la vida de aquellos que desean agradar a Dios. La lengua puede ser utilizada para bendecir o para destruir. Por lo tanto, debemos usarla para animar, enseñar, consolar y glorificar a Dios.

La memorización de estos textos ayudará al joven a resistir las influencias negativas del mundo, a fortalecer su carácter Cristiano y a desarrollar un lenguaje digno del evangelio de Cristo. Cuando la Palabra de Dios habita abundantemente en nuestro corazón, tendremos mayor facilidad para hablar de una manera que honre a nuestro Padre celestial.

Estos versículos pueden ayudarte a evitar palabras que pongan en peligro tu influencia Cristiana y tu salvación eterna. Procuremos siempre hablar palabras que edifiquen, animen y sean de gran bendición para quienes las escuchan. Recordemos las palabras de Pablo: “Sea vuestra palabra siempre con gracia” (Colosenses 4:6).

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: Memorizar los textos que hablan sobre la santidad por Willie A. Alvarenga

“MEMORIZAR LOS TEXTOS QUE HABLAN DE LA SANTIDAD”

Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de memorizar los textos que hablan de la santidad. Este es un desafío de gran importancia, ya que vivimos en un mundo donde la inmoralidad, la impureza y las tentaciones están presentes en todas partes. Los jóvenes cristianos necesitan tener la Palabra de Dios guardada en sus corazones para poder resistir al pecado y mantenerse fieles al Señor.

El salmista declaró: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Este pasaje muestra claramente el valor de la memorización Bíblica. Cuando la Palabra de Dios está grabada en nuestra mente y corazón, tendremos acceso inmediato a la voluntad divina en los momentos de prueba, tentación y decisión.

Jesús mismo nos dio el ejemplo. Cuando fue tentado por Satanás en el desierto, respondió a cada tentación con las palabras: “Escrito está” (Mt. 4:4, 7, 10). Nuestro Señor utilizó las Escrituras como un arma espiritual para vencer al enemigo. De igual manera, los jóvenes de hoy pueden vencer las tentaciones si conocen y recuerdan la Palabra de Dios.

La santidad no es una opción para el cristiano; es un mandato divino. Dios desea que Su pueblo refleje Su carácter santo en cada aspecto de la vida. Por esta razón, se anima a todos los jóvenes a memorizar y meditar en los siguientes textos:

Textos sobre la Santidad

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14).

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Tim. 2:22).

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 P. 2:11).

“No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gén. 39:9).

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb. 13:4).

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Sal. 119:9).

“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Ts. 4:3).

“Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Ts. 4:7).

“Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18).

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1 Co. 6:19).

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1).

“Absteneos de toda especie de mal” (1 Ts. 5:22).

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca” (Ef. 4:29).

“No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas” (Ef. 5:11).

“Todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro… en esto pensad” (Fil. 4:8).

Beneficios de Memorizar Textos sobre la Santidad

  1. Ayudan a resistir las tentaciones del pecado.
  2. Fortalecen nuestra comunión con Dios.
  3. Nos recuerdan constantemente la voluntad divina.
  4. Protegen nuestra mente de pensamientos impuros.
  5. Nos ayudan a tomar decisiones sabias.
  6. Nos preparan para enseñar y exhortar a otros.
  7. Nos motivan a vivir una vida que glorifique a Dios.

El joven cristiano que dedica tiempo a memorizar las Escrituras estará mejor preparado para enfrentar las pruebas espirituales de la vida. Cuando las tentaciones lleguen, la Palabra de Dios actuará como una luz que guía sus pasos y como una espada espiritual que le ayudará a vencer al enemigo (Sal. 119:105; Ef. 6:17).

Se anima a cada joven a memorizar estos textos, meditarlos diariamente y ponerlos en práctica. No basta solamente con conocerlos; es necesario obedecerlos. De esta manera, podrán mantenerse puros delante de Dios, ser ejemplos para otros y glorificar a Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 P. 2:9).

Que cada joven pueda decir junto con el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”(Sal. 119:11).

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La ausencia de la oración en la vida cristiana por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la ausencia de la oración en la vida cristiana. No hay duda de que la Biblia exhorta a hombres, mujeres y jóvenes a ser personas de oración. Esta debe ocupar un lugar esencial en la vida del cristiano (1 Tes. 5:17; Ef. 6:18). Además de los mandamientos relacionados con la oración, Dios nos ha dejado numerosos ejemplos de siervos fieles para quienes la oración fue una prioridad. Entre ellos encontramos a Daniel (Dan. 6:10), Jesús (Mr. 1:35; Lc. 5:16), la iglesia del primer siglo (Hch. 2:42; 12:5, 12), Ana (1 Sam. 1:10-18), Nehemías (Neh. 1:4-11), y Pablo y Silas (Hch. 16:25), entre muchos otros.

La oración constituye uno de los privilegios más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Por medio de ella podemos acercarnos al trono de la gracia para hallar oportuno socorro (Heb. 4:16), presentar nuestras peticiones delante de Dios (Fil. 4:6), agradecer Sus bendiciones (Col. 4:2) y buscar Su dirección en los asuntos de la vida. Cuando la oración está ausente, el cristiano pierde una fuente invaluable de fortaleza espiritual y la iglesia sufre las consecuencias.

¿Por qué es tan grave la ausencia de la oración en la vida cristiana? Considere lo siguiente:

1. Produce desobediencia a Dios

La oración es un mandato divino que debe obedecerse (1 Tes. 5:17; Mt. 26:41). Descuidarla constituye pecado delante de Dios (1 Jn. 3:4). Dios espera que Sus hijos dependan de Él y le busquen constantemente.

2. Impide el crecimiento espiritual

Dios concede sabiduría y fortaleza a quienes la piden con fe (Stg. 1:5-6). Sin oración, el desarrollo espiritual se ve afectado y la madurez cristiana se retrasa.

3. Proyecta un mal ejemplo a la familia

Un hogar que sirve a Dios debe también buscarle en oración (Jos. 24:15). Los hijos aprenden la importancia de la oración al observar a sus padres practicarla diariamente.

4. Debilita el amor fraternal

La Biblia nos exhorta a orar unos por otros (Ef. 6:18; Stg. 5:16). La oración es una expresión práctica del amor cristiano y de la preocupación genuina por nuestros hermanos.

5. Nos expone a la tentación

Jesús enseñó que debemos velar y orar para no caer en tentación (Mt. 26:41). La oración fortalece nuestra fidelidad en tiempos difíciles y nos ayuda a resistir los ataques del enemigo.

6. Nos aleja de las necesidades de la familia espiritual

La iglesia debe perseverar en oración por sus miembros (Hch. 12:5, 12). Cuando dejamos de orar por otros, perdemos sensibilidad hacia sus luchas y necesidades.

7. Debilita los esfuerzos evangelísticos

Debemos orar para que Dios abra puertas a la predicación del evangelio (Col. 4:2-3; 2 Tes. 3:1). Cuando dejamos de hacerlo, descuidamos una responsabilidad importante relacionada con la salvación de las almas.

8. Limita nuestra dependencia de Dios

La ausencia de oración puede llevarnos a confiar más en nuestras capacidades que en el poder de Dios (Prov. 3:5-6). La oración nos recuerda que dependemos completamente de Él.

9. Reduce nuestra gratitud

La oración incluye la acción de gracias (Fil. 4:6; 1 Tes. 5:18). Cuando no oramos, corremos el riesgo de olvidar las bendiciones que Dios derrama diariamente sobre nuestras vidas.

10. Debilita la unidad de la iglesia

Las congregaciones que oran juntas desarrollan una mayor unidad y compañerismo espiritual. La iglesia primitiva perseveraba unánime en oración (Hch. 1:14), y Dios bendecía grandemente su trabajo.

11. Impide recibir la paz de Dios

La oración ayuda al cristiano a depositar sus cargas en el Señor. Sin ella, la ansiedad, la preocupación y el temor pueden dominar el corazón (Fil. 4:6-7; 1 Ped. 5:7).

12. Apaga el celo espiritual

Cuando la oración desaparece, el entusiasmo por la obra del Señor disminuye. La iglesia pierde vigor espiritual y se vuelve vulnerable a la apatía y al conformismo (Rom. 12:11).

La historia Bíblica demuestra que los grandes momentos de victoria espiritual estuvieron acompañados por la oración. Cuando el pueblo de Dios oró, recibió dirección, protección, fortaleza y bendición. Por el contrario, cuando dejó de depender de Dios, sufrió las consecuencias de su debilidad espiritual.

No existe justificación válida para que los miembros de la iglesia descuiden la oración. Seamos cristianos que oren constantemente para cumplir la voluntad de Dios y contribuir al fortalecimiento de Su obra. La oración siempre será una gran bendición para la iglesia del Señor. Por lo tanto, cultivemos una profunda pasión por la oración para que nunca esté ausente de nuestras vidas. Que Dios, por medio de Su Palabra, continúe exhortándonos a ser hombres, mujeres y jóvenes dedicados a la oración, recordando siempre las palabras de nuestro Señor: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento” (Mt. 6:6), y el mandato inspirado: “Perseverad en la oración” (Col. 4:2).

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: “NO DEJARSE VENCER POR LOS JUEGOS DE VIDEO” por Willie A. Alvarenga

Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es no dejarse vencer por los juegos de video. Este es un desafío que merece seria consideración, ya que vivimos en una época donde el entretenimiento digital ocupa gran parte del tiempo y la atención de muchas personas. Aunque los videojuegos no son inherentemente pecaminosos, pueden convertirse en un problema cuando consumen excesivamente el tiempo, afectan las responsabilidades diarias o desplazan las prioridades espirituales.

El tiempo excesivo dedicado a los videojuegos puede ser peligroso, ya que con frecuencia reemplaza actividades verdaderamente importantes como la oración, el estudio de la Palabra de Dios, la asistencia a las reuniones de la iglesia, las responsabilidades académicas, el trabajo y la convivencia familiar. Cuando una persona pierde el control sobre el uso de los videojuegos, corre el riesgo de permitir que estos se conviertan en una influencia dominante en su vida.

En cierta ocasión, un joven cristiano perdió la oportunidad de continuar en una escuela de predicación debido a su dependencia de los videojuegos, los cuales afectaron negativamente su desempeño académico. Dicho joven dedicaba más tiempo a jugar que a estudiar. Lamentablemente, esta situación no es única. Muchos jóvenes han visto disminuir sus calificaciones, afectar sus relaciones familiares y debilitar su vida espiritual debido al uso descontrolado de los videojuegos.

La Biblia nos exhorta a ser sabios administradores del tiempo que Dios nos ha dado. El apóstol Pablo escribió: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16). Cada día es un regalo de Dios, y cada cristiano dará cuenta de cómo utilizó su tiempo (Romanos 14:12).

Además, los jóvenes deben recordar que cualquier actividad que controle su vida puede convertirse en una forma de esclavitud. Pablo declaró: “Todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6:12). Un cristiano debe ser gobernado por Cristo y no por sus pasatiempos o deseos personales.

La Palabra de Dios también nos enseña la importancia de mantener nuestras prioridades en orden. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Cuando los videojuegos ocupan el primer lugar en el corazón, Dios deja de ocupar el lugar que le corresponde.

Por lo tanto, ¿qué pueden hacer los jóvenes para no dejarse vencer por los videojuegos? Considere las siguientes recomendaciones:

  1. Procure cultivar el dominio propio en su vida (2 Timoteo 1:7; 2 Pedro 1:5-6; Gálatas 5:22-23). El cristiano debe aprender a controlar sus deseos y hábitos.
  2. Aprenda a utilizar su tiempo sabiamente (Colosenses 4:5; Salmo 90:12; Eclesiastés 3:1). Organice su tiempo de manera que las responsabilidades y las actividades espirituales tengan prioridad.
  3. Pídale a Dios sabiduría por medio de la oración (Santiago 1:5-6; Filipenses 4:6-7). Dios puede ayudarle a tomar decisiones sabias respecto al uso de su tiempo.
  4. Procure emplear su tiempo en la voluntad de Dios (Mateo 6:33; Colosenses 3:1-2; Romanos 12:1-2). Invierta más tiempo en aquellas cosas que fortalecen su relación con Dios.
  5. Esfuércese por amar más a Dios (Marcos 12:30; Deuteronomio 6:5). Cuando el amor por Dios crece, las cosas materiales ocupan el lugar correcto en nuestra vida.
  6. Dedique más tiempo a la lectura de la Biblia (1 Timoteo 4:13; Salmo 119:97, 105). La Palabra de Dios fortalece la fe y guía nuestros pasos.
  7. Dedique más tiempo al estudio diligente de la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:15; Colosenses 3:16; 2 Pedro 3:18). El crecimiento espiritual requiere esfuerzo y dedicación constante.
  8. Rodéese de buenas influencias espirituales (1 Corintios 15:33; Proverbios 13:20). Las amistades correctas pueden ayudarle a mantener un equilibrio saludable.
  9. Recuerde que su juventud debe ser usada para glorificar a Dios (Eclesiastés 12:1; 1 Timoteo 4:12). Los mejores años de la vida deben ser dedicados al servicio del Señor.
  10. Pregúntese constantemente si la actividad que realiza le acerca más a Dios o le aleja de Él (1 Corintios 10:31; Colosenses 3:17).

Los videojuegos pueden ser una forma de entretenimiento, pero jamás deben convertirse en el centro de la vida del cristiano. El joven sabio entiende que el tiempo es precioso y limitado. Por esta razón, procura usarlo de manera que honre a Dios y produzca fruto para la eternidad. Recordemos las palabras de Jesús: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Las actividades temporales tienen su lugar, pero las cosas espirituales poseen un valor eterno.

¡Dedicar tiempo a Dios, a Su Palabra y a Su servicio siempre producirá un provecho mucho mayor que cualquier entretenimiento pasajero!

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RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Ser Luz en la Oscuridad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es ser una luz en medio de la oscuridad. Vivimos en un mundo donde el pecado es promovido, la inmoralidad es celebrada y los valores Bíblicos son rechazados cada vez más. Ante esta realidad, Dios llama a los jóvenes cristianos a vivir de manera diferente y a influir positivamente en quienes les rodean. El apóstol Pablo escribió a los santos en Filipos: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15). Estas palabras muestran claramente la responsabilidad que tiene cada cristiano de reflejar el carácter de Cristo en su vida diaria.

Jesús también exhortó a Sus discípulos a ser luz en el mundo cuando dijo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14-16). La luz tiene la capacidad de disipar las tinieblas, mostrar el camino correcto y servir de guía para quienes están perdidos. De la misma manera, el joven cristiano debe dejar que su conducta, palabras y acciones reflejen la voluntad de Dios. Pedro escribió: “Mas vosotros sois linaje escogido… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).

¿Cómo pueden los jóvenes ser una luz en la oscuridad? Considere las siguientes maneras:

(1) Amando a Dios con todo su ser (Mr. 12:30). El amor genuino por Dios motiva la obediencia y la fidelidad (Jn. 14:15).

(2) Siendo un ejemplo de fidelidad (Tit. 2:6-8). Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).

(3) Siendo un ejemplo de santidad (1 Cor. 6:18-20; Heb. 12:14). Dios llama a Sus hijos a ser santos en toda su manera de vivir (1 P. 1:15-16).

(4) No hablando palabras corrompidas (Ef. 4:29; Col. 4:6). Las palabras del cristiano deben edificar y mostrar gracia a quienes las escuchan.

(5) Obedeciendo a sus padres (Ef. 6:1-3). La obediencia y el respeto a los padres agradan a Dios y constituyen una poderosa influencia para otros jóvenes.

(6) Amando a su prójimo (Mr. 12:31). El amor cristiano demuestra al mundo que somos discípulos de Cristo (Jn. 13:34-35).

(7) No imitando los malos ejemplos (3 Jn. 11; Rom. 12:1-2). El joven fiel no sigue las modas pecaminosas ni las prácticas contrarias a la voluntad de Dios.

(8) Hablando a otros de Cristo (Mr. 16:15). Compartir el evangelio es una de las formas más efectivas de iluminar un mundo perdido (Rom. 1:16).

(9) Manteniéndose puro en pensamiento y conducta (Fil. 4:8). La pureza moral es cada vez más necesaria en una sociedad llena de corrupción e impureza.

(10) Escogiendo buenas amistades (1 Cor. 15:33). Las compañías influyen grandemente en el carácter y en las decisiones espirituales.

(11) Perseverando en la oración (1 Tes. 5:17). La oración fortalece la fe y ayuda al cristiano a mantenerse firme frente a las tentaciones (Mt. 26:41).

(12) Estudiando diligentemente la palabra de Dios (2 Tim. 2:15). La luz espiritual aumenta cuando el cristiano conoce y aplica las Escrituras en su vida.

Estas son solamente algunas maneras en las que los jóvenes pueden dejar que la luz de Cristo brille en sus vidas. Cuando un joven vive conforme a la voluntad de Dios, puede convertirse en una influencia positiva para sus amigos, compañeros de escuela, familiares y comunidad. Su ejemplo puede motivar a otros a buscar a Dios y obedecer el evangelio de Cristo.

Nunca subestimes el impacto que una vida fiel puede tener en los demás. Daniel fue una luz en medio de una nación pagana (Dan. 1:8; 6:10), José permaneció fiel a Dios en Egipto (Gen. 39:7-12), y Timoteo fue un ejemplo para los creyentes desde su juventud (1 Tim. 4:12). Estos hombres demostraron que es posible mantenerse fiel a Dios aun cuando la mayoría decide seguir otro camino. Ellos son un ejemplo de cómo ser luz en la oscuridad. 

Por lo tanto, le animamos a todo joven a ser una luz en la oscuridad para que Dios sea glorificado. Recuerda que tienes el potencial para lograrlo porque Dios te ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad (2 P. 1:3). También te ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio (2 Tim. 1:7). Permite que la luz de Cristo brille constantemente en tu vida para que otros vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos (Mt. 5:16).

A Dios sea la gloria por medio de tu vida y servicio fiel al Señor.

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “IMITAR LA VIDA DE JESÚS” por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy en día es el de imitar la vida de Jesús. Vivimos en una sociedad donde muchos jóvenes toman como modelo a artistas, deportistas, cantantes o personajes famosos, olvidando que el único ejemplo perfecto digno de imitación es Cristo Jesús. El apóstol Pablo escribió a los santos en Corinto: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). El verbo “sed” se encuentra en modo imperativo y tiempo presente, indicando que imitar a Pablo y a Cristo no es una sugerencia opcional, sino un mandato continuo para todos los cristianos.

La Biblia enseña claramente que el cristiano no debe conformarse a los caminos de este mundo. Pablo exhortó: “Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2). Lamentablemente, muchos jóvenes permiten que las modas, las redes sociales, las amistades incorrectas y los deseos carnales influyan más en sus vidas que la Palabra de Dios. El apóstol Juan advirtió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Todo lo que el mundo ofrece es temporal y puede apartar al joven de Dios. Moisés comprendió esta verdad cuando prefirió sufrir con el pueblo de Dios antes que gozar “de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25).

El joven fiel debe esforzarse diariamente por imitar las virtudes y el carácter de Cristo. Jesús mismo declaró: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15). El discípulo de Cristo debe reflejar Su vida en cada aspecto de su conducta.

El joven cristiano debe imitar de Jesús:

  1. Su obediencia al Padre.
    Jesús siempre hizo la voluntad de Dios. Él dijo: “Porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). Aun en medio del sufrimiento, Cristo obedeció perfectamente al Padre (Heb. 5:8-9; 10:7-9). El joven que desea agradar a Dios debe aprender a obedecer Su Palabra sin reservas (Jn. 14:15).
  2. Su perseverancia en las pruebas.
    Jesús sufrió rechazo, burlas y persecución, pero nunca abandonó Su misión. Pedro escribió: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 P. 2:21-25). Muchos jóvenes enfrentan presión social, críticas o tentaciones, pero deben permanecer firmes en la fe (Stg. 1:12).
  3. Su amor por los demás.
    Cristo mostró un amor incomparable hacia todos. Él enseñó: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Jn. 13:34-35). El amor cristiano se demuestra con acciones, servicio, paciencia y compasión (1 Cor. 13:4-7).
  4. Su vida de oración.
    Jesús dedicaba tiempo constante a la oración. Marcos 1:35 declara que muy de mañana buscaba lugares solitarios para orar. En Getsemaní también mostró dependencia total del Padre (Mt. 26:36-46). El joven necesita desarrollar una vida espiritual fuerte mediante la oración constante (1 Tes. 5:17).
  5. Su compasión por las almas perdidas.
    Jesús tuvo compasión de las multitudes porque estaban “como ovejas que no tienen pastor” (Mt. 9:36-38). Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10). El joven cristiano debe preocuparse por compartir el evangelio con sus amigos y familiares (Mr. 16:15-16).
  6. Su disposición para perdonar.
    Aun estando en la cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). El joven debe evitar el rencor y practicar el perdón (Ef. 4:31-32; Col. 3:13).
  7. Su dominio propio frente a la tentación.
    Jesús venció las tentaciones de Satanás usando la Palabra de Dios (Mt. 4:1-11). Hoy en día los jóvenes enfrentan tentaciones relacionadas con la inmoralidad, las malas amistades, las drogas, el lenguaje corrupto y el entretenimiento pecaminoso. Sin embargo, Dios provee la salida para vencer (1 Cor. 10:13). El dominio propio es una característica esencial del cristiano fiel (Gál. 5:22-23).
  8. Su humildad y espíritu de servicio.
    Jesús, siendo el Hijo de Dios, vino para servir y no para ser servido (Mr. 10:45). Lavó los pies de Sus discípulos como ejemplo de humildad y servicio a los demás (Jn. 13:3-5). El joven cristiano debe rechazar el orgullo y aprender a servir a los demás con sencillez y amor (Fil. 2:3-5).
  9. Su pureza de vida.
    Cristo vivió sin pecado (1 P. 2:22). En un mundo lleno de corrupción moral, el joven debe mantenerse limpio en pensamiento, palabra y conducta. Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).
  10. Su fidelidad a la verdad.
    Jesús siempre enseñó la verdad divina sin comprometerla (Jn. 17:17). Hoy muchos cambian la verdad para agradar al mundo, pero el joven cristiano debe permanecer firme en la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Judas 3).

Los jóvenes que deciden imitar la vida de Jesús serán una luz en medio de las tinieblas (Mt. 5:14-16). Sus vidas influirán positivamente en otros y glorificarán a Dios. Aunque el camino cristiano no siempre es fácil, vale la pena seguir las pisadas del Salvador. Pedro preguntó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

Se anima a todos los jóvenes a buscar a Dios diariamente por medio de la oración, el estudio diligente de las Escrituras y la obediencia fiel. Si permiten que Cristo viva en ellos, entonces el mundo podrá ver reflejado el carácter de Jesús en sus vidas (Gál. 2:20). El joven que imita a Cristo encontrará propósito, fortaleza y esperanza eterna.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ESPOSAS MALTRATANDO A SUS ESPOSOS por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor, es la de esposas maltratando a sus esposos. Este ha sido un problema muy grave por mucho tiempo y, lamentablemente, continúa afectando muchos hogares Cristianos. Dios diseñó el matrimonio para ser una relación de amor, respeto, ayuda mutua y edificación espiritual (Gen. 2:18; Ef. 5:22-33). Cuando una esposa no cumple con las responsabilidades que Dios le ha dado, no solamente afecta su matrimonio, sino también la estabilidad espiritual del hogar y el bienestar de la iglesia.

El maltrato de esposas hacia sus esposos puede observarse de muchas maneras: (1) No mostrando respeto hacia sus esposos (Ef. 5:33; 1 P. 3:1-6), (2) No sujetándose a ellos conforme al orden establecido por Dios (Ef. 5:22-24; Col. 3:18), (3) Siendo rencillosas y contenciosas con sus maridos (Prov. 21:9; 27:15), (4) Siendo iracundas y dominadas por el enojo (Prov. 21:19), (5) Hablando mal de sus maridos delante de los demás (Ef. 4:29; Mt. 12:36-37), (6) Rehusando vivir como la mujer virtuosa descrita en Proverbios 31, (7) Siendo mujeres necias que destruyen su hogar con sus propias manos (Prov. 14:1), (8) No respetando la fidelidad matrimonial (Heb. 13:4; Mt. 5:28), (9) Descuidando el hogar y las responsabilidades familiares (Tit. 2:4-5), (10) Siendo piedra de tropiezo para sus esposos al no animarles espiritualmente (Job 2:9), (11) Negándose a mostrar un espíritu afable y apacible, el cual es de grande estima delante de Dios (1 P. 3:4) y (12) No cumpliendo con sus deberes conyugales (1 Cor. 7:1-5).

En algunos casos, el comportamiento de ciertas esposas ha sido uno de los obstáculos por los cuales muchos maridos no viven felizmente con ellas. También impide que los esposos cumplan adecuadamente con los deberes que tienen dentro del matrimonio. Esto nunca debería ser el caso; sin embargo, lamentablemente lo es. Muchos maridos sufren emocional y espiritualmente a causa del maltrato recibido por parte de sus esposas. Ellas no siempre consideran el gran daño que causan cuando su comportamiento no está conforme a la voluntad de Dios.

La Biblia enseña claramente que el hogar debe caracterizarse por la paz, el amor y la edificación mutua. Colosenses 3:19 manda a los esposos amar a sus esposas y no ser ásperos con ellas; de igual manera, las esposas deben procurar un comportamiento que ayude y fortalezca a sus maridos. El matrimonio no fue diseñado para ser una relación de competencia, manipulación o menosprecio, sino una unión donde ambos glorifiquen a Dios (Ecl. 4:9-12).

¿De qué manera afecta a la iglesia el maltrato de esposas hacia sus esposos? Observe las siguientes consecuencias:

  1. Los esposos son obstaculizados en cumplir las responsabilidades que Dios les ha encomendado.
  2. Algunos esposos no llegan a ser predicadores porque sus esposas no desean apoyarles en la obra del Señor.
  3. Algunos no pueden servir como ancianos debido a la conducta infiel o desordenada de sus esposas delante de Dios (1 Tim. 3:1-7; Tit. 1:6-9).
  4. Otros no pueden llegar a ser diáconos por falta de apoyo espiritual en el hogar (1 Tim. 3:12).
  5. Muchos no pueden participar plenamente en ciertos ministerios por causa de conflictos constantes dentro del matrimonio.
  6. La iglesia recibe reproche del mundo al observar el comportamiento infiel de algunas esposas.
  7. La Palabra de Dios llega a ser blasfemada por causa de esposas que no cumplen sus deberes asignados (Tit. 2:5).
  8. Los hijos son afectados negativamente al crecer en hogares llenos de conflicto y falta de respeto.
  9. El ambiente espiritual del hogar se debilita, afectando la oración, el estudio Bíblico y la fidelidad a Dios.
  10. Satanás aprovecha estas dificultades para dividir hogares y debilitar a la iglesia (1 P. 5:8).

Este es un asunto muy serio y con consecuencias dolorosas. La iglesia es lastimada cuando hermanas casadas no se comportan como Dios manda en Su Palabra. Siempre debe ser el caso que el pueblo de Dios se esfuerce por vivir de tal manera que Él sea glorificado en la vida de todos los miembros de la iglesia (Mt. 5:16; 1 Cor. 10:31).

Gracias a Dios, el cambio sí es posible. Nuestro Padre celestial ha provisto todo lo necesario para que las esposas puedan desarrollar un carácter piadoso y agradable delante de Él. Por medio del estudio de la Palabra, la oración, la humildad y el deseo sincero de obedecer a Dios, toda esposa puede llegar a ser una bendición para su esposo, su hogar y la iglesia. Se anima a todas las esposas a esforzarse cada día por ser la clase de esposa que Dios manda. ¡Esto sí se puede lograr!

Willie A. Alvarenga | btsop2004@gmail.com

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: NO CEDER A LA PRESIÓN DEL MUNDO por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que los jóvenes enfrentan hoy en día es el de no ceder a la presión del mundo. Vivimos en una sociedad donde constantemente se promueve el pecado, la inmoralidad, la desobediencia a Dios y el rechazo de los valores Bíblicos. Los jóvenes son bombardeados diariamente por medio de las redes sociales, amistades, entretenimiento y la cultura moderna, los cuales muchas veces buscan alejarlos de Dios y de Su voluntad.

El proverbista escribió: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10). El término “consientas” denota el acto de dejarse seducir o influenciar por alguien; ceder ante sus demandas o aceptar voluntariamente cierto curso de acción como señal de obediencia o sumisión. Dios desea que los jóvenes tengan el valor de decir “no” al pecado y mantenerse firmes en medio de una generación corrompida (Fil. 2:15).

La presión del mundo puede manifestarse de muchas maneras: presión para participar en conversaciones impuras, consumir entretenimiento pecaminoso, vestir de manera indecente, practicar el bullying, consumir drogas o alcohol, participar en inmoralidad sexual, mentir para ser aceptado o abandonar la fidelidad a Dios con tal de encajar entre los demás. Muchos jóvenes han cedido a esta presión porque desean ser aceptados por otros. Sin embargo, la Biblia enseña claramente que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33).

Moisés entendió que los placeres del pecado son temporales. Hebreos 11:25 dice que él prefirió “ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado”. El mundo ofrece placer momentáneo; sin embargo, este placer siempre trae consecuencias dolorosas. Romanos 6:23 enseña que “la paga del pecado es muerte”, y Santiago 1:13-15 explica que el pecado, después que ha sido consumado, da a luz la muerte espiritual.

El joven cristiano debe recordar que no puede amar al mundo y agradar a Dios al mismo tiempo. El apóstol Juan escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Santiago también declara que “la amistad del mundo es enemistad contra Dios” (Stg. 4:4). Por esta razón, el joven fiel debe esforzarse por vivir una vida santa y apartada del pecado (1 Ped. 1:14-16).

¿Qué puede hacer el joven cristiano para no ceder a la presión del mundo? La Biblia ofrece principios prácticos que ayudarán a permanecer firmes:

  1. Orar constantemente a Dios para no caer en tentación y pedir sabiduría (Mt. 26:41; Stg. 1:5-6; Fil. 4:6-7).
  2. Utilizar toda la armadura de Dios para resistir las asechanzas del diablo (Ef. 6:10-18).
  3. Imitar el ejemplo de jóvenes fieles como José, quien huyó de la inmoralidad (Gen. 39:7-12), y Daniel, quien decidió no contaminarse (Dan. 1:8).
  4. Llenar la mente con la Palabra de Dios, ya que ésta ayuda a vencer el pecado (Sal. 119:9-11; Col. 3:16).
  5. Escoger amistades sabias y espirituales que ayuden a acercarse más a Dios (Prov. 13:20).
  6. Recordar que las cosas del mundo son temporales y pronto pasarán (1 Jn. 2:15-17; 2 Cor. 4:18).
  7. Cultivar un amor profundo por Dios con todo el corazón (Mr. 12:30), pues quien ama verdaderamente a Dios procurará obedecerle (Jn. 14:15).
  8. Mantenerse ocupado en las cosas espirituales, participando fielmente en la adoración, el estudio Bíblico y las buenas obras (Heb. 10:24-25).
  9. Pensar antes de actuar, recordando que cada decisión tiene consecuencias (Gál. 6:7-8).
  10. Confiar en que Dios siempre dará la salida ante la tentación (1 Cor. 10:13).

El joven cristiano no está solo en esta lucha. Dios promete fortalecer a aquellos que permanecen fieles. Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Aunque la presión del mundo sea grande, el poder de Dios es mucho mayor. Por lo tanto, el joven debe mantenerse firme, valiente y fiel, recordando siempre que en Cristo “somos más que vencedores” (Rom. 8:37-39). Así que, nunca cedas a la presión el mundo. 

btsop2004@gmail.com

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ESPOSOS MALTRATANDO A SUS ESPOSAS por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que podemos añadir a la lista y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de esposos maltratando a sus esposas. Este ha sido un problema muy grave por mucho tiempo y uno que continúa causando dolor, tristeza y división en muchos hogares. El maltrato de esposos para con sus esposas se puede observar de las siguientes maneras: (1) Fallando en amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25), (2) Tratando a sus esposas de una manera áspera (Col. 3:19), (3) Fallando en proveer para las necesidades físicas y espirituales del hogar (1 Tim. 5:8), (4) Fallando en ser la cabeza espiritual del hogar (Ef. 5:23), (5) No tratando a sus esposas como a vaso más frágil (1 P. 3:7), (6) Utilizando palabras que lastiman y destruyen emocionalmente (Ef. 4:29), (7) Siendo infieles a ellas (Mt. 5:28; Heb. 13:4), (8) Descuidando el tiempo y la atención que deben brindarles (Ecl. 9:9), (9) Actuando con egoísmo y orgullo (Fil. 2:3-4), y (10) Maltratando físicamente a sus esposas por medio de la violencia doméstica. Estas son solamente algunas de las formas en las que el esposo puede maltratar a su esposa. Tales prácticas constituyen pecado delante de Dios y son completamente contrarias al diseño divino para el matrimonio.

Tristemente, el maltrato de los esposos para con sus esposas es algo que se ha podido observar aun en algunas iglesias del Señor. Amados hermanos, esto nunca debe ser el caso en nuestros matrimonios. El hogar cristiano debe ser un lugar donde reine el amor, el respeto, la comprensión y la paz. La voluntad de Dios nunca ha sido que la esposa viva con temor, tristeza o inseguridad. El matrimonio fue establecido por Dios para bendición y compañía (Gen. 2:18, 24), no para sufrimiento ni abuso.

El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los santos en Éfeso: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, así mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Ef. 5:25-30).

A través de esta sección se puede observar cómo el apóstol instruye a los maridos a: (1) Amar a sus esposas con un amor profundo y sacrificial que imita el amor de Cristo por Su iglesia, (2) Buscar siempre el bienestar físico, emocional y espiritual de su esposa, (3) Amar y cuidar de sus esposas como a sus mismos cuerpos, y (4) Tratar a sus esposas con ternura, paciencia y consideración. Todo esposo que obedezca estas directivas logrará mantenerse alejado de maltratar a su esposa. Sin embargo, todo esposo que ignore los mandamientos que Dios ha establecido para el matrimonio terminará destruyendo su propio hogar y alejándose de la voluntad divina.

La Biblia enseña claramente que el carácter del cristiano debe reflejar mansedumbre, dominio propio y amor. Pablo escribió: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Ef. 4:31). También escribió: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros” (Ef. 4:32). Un esposo que constantemente vive en ira, gritos, amenazas y violencia está actuando de una manera incompatible con la vida cristiana.

El apóstol Pedro también instruyó a los maridos diciendo: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 P. 3:7). Este pasaje enfatiza que el esposo debe honrar y respetar a su esposa. El hombre que humilla, desprecia o maltrata a su esposa pone en peligro su relación con Dios, ya que sus oraciones serán estorbadas.

También es importante recordar que los hijos sufren grandemente cuando observan violencia y maltrato dentro del hogar. Un hogar lleno de gritos, amenazas y agresión deja heridas emocionales profundas. Los padres cristianos deben criar a sus hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4), mostrando con su ejemplo cómo luce un matrimonio piadoso y agradable delante de Dios.

Por ende, ¿Qué más se puede hacer para evitar el maltrato de las esposas? Considere lo siguiente: (1) Recuerde que su esposa es una gran bendición en su vida (Prov. 18:22), (2) Recuerde que su esposa debe ser tratada con amor, dignidad y respeto (1 P. 3:7), (3) Recuerde que el no tratar bien a su esposa resultará en que sus oraciones no sean escuchadas ni respondidas por Dios (1 P. 3:7), (4) Recuerde que el amor verdadero “no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita” (1 Cor. 13:4-7), (5) Recuerde que usted dará cuentas a Dios por la manera en que trató a su familia (Rom. 14:12; 2 Cor. 5:10), y (6) Recuerde que maltratar a su esposa puede resultar en la pérdida de su esperanza de vida eterna si no hay arrepentimiento genuino (Rom. 6:23).

Es imperativo recordar que maltratar a su esposa impedirá que usted pueda experimentar un crecimiento espiritual conforme a la voluntad de Dios. El matrimonio es una institución establecida por Dios y, como tal, debe ser respetada y tenida en alta estima (Heb. 13:4). Dios ya ha provisto suficiente instrucción para poder gozar de una relación hermosa y estable en el matrimonio. Por lo tanto, esforcémonos siempre por mostrar amor, paciencia, respeto y fidelidad hacia nuestras esposas. Solamente así podremos tener hogares fuertes, matrimonios saludables y congregaciones agradables delante de Dios.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: APRENDER A ORAR COMO JESÚS ORABA por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que los jóvenes enfrentan hoy es aprender a orar como Jesús oraba. La oración es una parte esencial de la vida del cristiano (Fil. 4:6-7; Heb. 4:16). No se puede vivir la voluntad de Dios en nuestras vidas a menos que se tome muy en serio la práctica de la oración (Mt. 26:41). La Biblia enseña mucho acerca de nuestra comunicación con Dios, mostrando que la oración fortalece la fe, trae paz al corazón y nos acerca más al Padre (Sal. 55:17; Jer. 33:3). El apóstol Pablo enfatizó el mandato de orar sin cesar (1 Tes. 5:17; Col. 4:2; Rom. 12:12), recordándonos que la oración debe ser constante, perseverante y llena de gratitud.

Esta práctica de la oración estuvo muy cerca del corazón de Jesús. Él es, en verdad, nuestro mejor y supremo ejemplo a seguir respecto a la oración (1 P. 2:21). A través de los evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, vemos que Jesús practicó la oración en distintos contextos y momentos clave de su vida. Por ejemplo, oró en su bautismo (Lc. 3:21), mostrando dependencia del Padre desde el inicio de Su ministerio; oraba muy temprano por las mañanas (Mr. 1:35), evidenciando disciplina espiritual; oraba largamente antes de tomar decisiones importantes (Lc. 6:12), enseñándonos a buscar la dirección divina; oraba antes de comer (Jn. 6:11), manifestando gratitud; oraba por sus discípulos (Jn. 17), demostrando amor e intercesión; y oraba en los momentos más difíciles de su vida (Mt. 26:36-46; Heb. 5:7), revelando su completa sumisión a la voluntad de Dios.

Además, Jesús no solo practicó la oración, sino que también enseñó cómo orar correctamente. En el Sermón del Monte, instruyó a sus discípulos sobre la actitud correcta en la oración (Mt. 6:5-15), enfatizando sinceridad, humildad y confianza en Dios. También enseñó la importancia de la perseverancia mediante parábolas como la del amigo importuno y la viuda persistente (Lc. 11:5-13; 18:1-8). De igual manera, mostró que la oración debe hacerse con fe (Mr. 11:24), conforme a la voluntad de Dios (Mt. 6:10), y con un corazón limpio (Sal. 66:18).

Esta es la vida de oración que cada joven cristiano debe imitar de Jesús. Es un reto vivir de esta manera en medio de un mundo lleno de distracciones, pero no es imposible (Fil. 4:13). Requiere disciplina, deseo espiritual y un corazón dispuesto a agradar a Dios (Col. 3:17). La oración constante ayudará al joven a vencer la tentación, fortalecer su fe y mantenerse firme en el camino del Señor (Ef. 6:18).

Por lo tanto, se te anima a que ores a Dios para pedir sabiduría (Stg. 1:5) y aprender a orar como Él desea. Haz de la oración una prioridad diaria en tu vida. Las bendiciones que recibirás al hacerlo serán grandes, pues Dios escucha a sus hijos y responde conforme a su perfecta voluntad (1 Jn. 5:14-15).

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR – Padres ignorando la educación Bíblica de sus hijos por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que, a través de los siglos, ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de padres que ignoran la educación Bíblica de sus hijos. Este ha sido un problema grave por mucho tiempo. Desde los días del Antiguo Testamento, Dios ha enfatizado la responsabilidad de los padres en instruir a sus hijos en Su Palabra (Deut. 6:6-7; 11:18-19). Sin embargo, a pesar de esta clara enseñanza, existen congregaciones que han sido afectadas profundamente debido a padres que han fallado en educar a sus hijos en el conocimiento de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, hay padres que se conforman solamente con enviar a sus hijos a las clases de los domingos y miércoles, pero fallan en impartir enseñanza en sus propios hogares, olvidando que la responsabilidad principal recae sobre ellos y no exclusivamente sobre la iglesia (Ef. 6:4; Prov. 22:6). Hay padres que, cuando sus hijos cometen errores, no los corrigen apropiadamente, es decir, conforme a la Palabra de Dios (Prov. 13:24; 29:15). También hay padres que no creen en la disciplina para ayudar a sus hijos; tales han adoptado los caminos del mundo en lugar de lo que Dios enseña por medio de Su Palabra (Heb. 12:5-11).

Asimismo, algunos padres no hablan de Dios en el hogar, no leen las Escrituras con sus hijos, ni fomentan conversaciones espirituales, descuidando así una de las herramientas más importantes para formar corazones fieles (Deut. 6:7; Sal. 78:4-7). Otros permiten que las influencias del mundo —como malas compañías o entretenimiento inapropiado— moldeen el carácter de sus hijos más que la Palabra de Dios (1 Cor. 15:33; Rom. 12:2). Todo esto, de una forma u otra, afecta la obra del Señor en gran manera.

Debemos recordar que los hijos son el presente y el futuro de la iglesia. Ellos son quienes continuarán con la obra del Señor una vez que los padres ya no estén vivos (Sal. 127:3-5). Por ello, los padres deben preocuparse por la educación Bíblica de sus hijos, ya que esto les ayudará en su vida personal y espiritual, guiándolos por el camino correcto (Prov. 3:5-6; Ecl. 12:1).

¿Cuáles son las formas en las cuales podemos tomar una parte activa en la educación Bíblica de nuestros hijos? A continuación, se presentan algunas maneras en que esto se puede lograr.

Educamos a nuestros hijos:

  1. A través de presentarles un buen ejemplo de fidelidad a Dios (1 Tim. 4:12; Mt. 5:16; Fil. 3:17).
  2. A través de tomar el tiempo para aconsejarles en el camino del Señor (Tito 2:6-8; Sal. 119:24; Prov. 4:1-4).
  3. A través de orar juntos en familia (Ef. 6:18; Col. 4:2; 1 Tes. 5:17).
  4. A través de animarles a memorizar las Escrituras (Sal. 119:9, 11; Prov. 7:1-3; Col. 3:16).
  5. A través de animarles a estar presentes en los servicios de adoración de la iglesia (Heb. 10:24-25; Mt. 6:33; Sal. 122:1).
  6. A través de animarles a ser estudiantes diligentes de la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15; Hch. 17:11; 2 Tim. 3:14-15).
  7. A través de animarles a amar a Dios con todo su ser (Mr. 12:30; Deut. 10:12; Jos. 24:15).
  8. A través de corregirlos y disciplinarlos con amor conforme a la voluntad de Dios (Ef. 6:4; Prov. 22:15; Heb. 12:7).
  9. A través de protegerlos de influencias negativas y guiarlos a escoger buenas compañías (Prov. 1:10; 1 Cor. 15:33; Sal. 1:1-2).
  10. A través de enseñarles a temer a Dios y guardar Sus mandamientos (Ecl. 12:13; Prov. 1:7).

Estas son solamente algunas formas de cómo podemos ocuparnos en la educación Bíblica de nuestros hijos. Estoy más que seguro de que todos los padres desean que sus hijos estén bien y que un día puedan estar en el cielo con Dios (3 Jn. 4). Sin embargo, para que esto sea una realidad, como padres debemos preocuparnos constantemente porque nuestros hijos conozcan a Dios y le sean fieles en todo (Jn. 17:3; Ap. 2:10).

Si esto no se hace, sufriremos al ver una generación que no conoce a Dios ni las grandes obras que Él ha hecho a través de los tiempos (Jueces 2:10-11; Oseas 4:6). Que sea Dios quien nos dé la sabiduría para preocuparnos diligentemente por la educación Bíblica de nuestros hijos (Stg. 1:5).

Retos que enfrentan los jóvenes: Convertirse en una «Biblia Andante» por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que los jóvenes enfrentan hoy en día es llegar a ser una “Biblia andante”. Esta expresión se ha utilizado por años para describir a cristianos—tanto jóvenes como adultos—que han dedicado tiempo, esfuerzo y disciplina a memorizar las Escrituras y a familiarizarse profundamente con las enseñanzas de la Palabra de Dios. Una “Biblia andante” no es simplemente alguien que puede citar muchos versículos de memoria, sino una persona que vive fielmente, aplica y enseña lo que Dios ha revelado. Es alguien cuya vida refleja el conocimiento bíblico en su conducta diaria (cf. Santiago 1:22).

Los jóvenes poseen un gran potencial para alcanzar esta meta. Sus mentes y corazones pueden compararse con una “esponja” que absorbe fácilmente el conocimiento. La Escritura misma reconoce el potencial espiritual de la juventud. Eclesiastés 12:1 exhorta: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”, mientras que 1 Timoteo 4:12 anima: “Ninguno tenga en poco tu juventud…”. Muchos jóvenes fieles a lo largo de la historia bíblica demostraron que es posible conocer profundamente la voluntad de Dios desde temprana edad, como Timoteo, quien desde la niñez conocía las Sagradas Escrituras (2 Timoteo 3:15).

Memorizar las Escrituras es una herramienta poderosa para la vida cristiana. No solo fortalece la fe, sino que también capacita a los jóvenes para enfrentar la tentación y enseñar a otros. La Biblia enseña claramente: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”, y “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:9, 11). Además, la Palabra de Dios es descrita como luz y guía (Salmo 119:105), viva y eficaz (Hebreos 4:12), y capaz de equiparnos para toda buena obra (2 Timoteo 3:16–17).

Cuando un joven decide llenarse de la Palabra de Dios, experimenta muchas bendiciones. Obtiene fortaleza contra el pecado, siguiendo el ejemplo de Jesús, quien usó la Escritura para resistir la tentación (Mateo 4:1–11). Está preparado para enseñar a otros, como instruye 1 Pedro 3:15, estando siempre listo para presentar defensa. También experimenta crecimiento espiritual continuo, deseando “la leche espiritual no adulterada” (1 Pedro 2:2), y adquiere verdadera sabiduría, ya que “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” (Salmo 19:7). Además, su obediencia se convierte en evidencia de su amor por Dios: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Convertirse en una “Biblia andante” requiere disciplina y compromiso. Los jóvenes pueden cultivar esta meta mediante la lectura diaria de la Biblia (Josué 1:8), la memorización constante de versículos, la meditación en la Palabra (Salmo 1:1–2), el escuchar enseñanza bíblica sana y la aplicación de lo aprendido en la vida cotidiana. Estas prácticas ayudan a transformar el conocimiento en una vida fiel.

El joven cristiano enfrenta muchos retos en el mundo actual, pero uno de los más importantes es llenarse de la Palabra de Dios (Colosenses 3:16). Llegar a ser una “Biblia andante” no es opcional para el crecimiento espiritual; es esencial. Al hacerlo, el joven no solo agradará a Dios, sino que también estará mejor preparado para enfrentar la vida, ayudar a otros y, finalmente, alcanzar la vida eterna. Como declaró el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). ¡Que Dios nos ayude a ser “Biblias andantes” en nuestra vida!