PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La predicación de la falsa doctrina por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado gravemente a la iglesia del Señor a través de los siglos, es la predicación de la falsa doctrina. Desde los días del Nuevo Testamento, las congregaciones han sufrido grandes consecuencias debido a hombres que no han mostrado respeto por la sana enseñanza revelada por Dios. El apóstol Pablo advirtió repetidamente acerca del peligro de aquellos que introducirían doctrinas extrañas y apartarían a los discípulos de la verdad (Hechos 20:28-30).

Cuando hablamos de la falsa doctrina, nos referimos a cualquier enseñanza que se encuentre en conflicto con la voluntad de Dios revelada en las Escrituras. Toda doctrina que contradiga el mensaje divino, altere el plan de salvación o menosprecie la autoridad de la Palabra de Dios debe ser considerada falsa doctrina (Gálatas 1:6-9).

La falsa doctrina siempre lastimará a la iglesia porque impide que los creyentes sean alimentados con el mensaje puro del evangelio. En lugar de edificar el alma y fortalecer la fe, produce confusión, división y alejamiento de Dios. Pablo enseñó que “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16-17). Cuando el hombre sustituye la verdad divina por opiniones humanas, la iglesia sufre graves consecuencias espirituales.

Existen personas que enseñan error porque no han estudiado correctamente las Escrituras. No han aprendido los principios fundamentales de la interpretación Bíblica y, por consiguiente, transmiten aquello que desconocen. Pablo exhortó a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

Lamentablemente, también existen quienes enseñan falsa doctrina aun sabiendo que contradice la Palabra de Dios. Algunos simplemente repiten las enseñanzas de predicadores favoritos, familiares o amigos, colocando la lealtad humana por encima de la autoridad divina. Jesús condenó esta actitud cuando dijo: “En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Mateo 15:9).

Por lo tanto, surge una pregunta importante: ¿De qué manera lastima la falsa doctrina a la iglesia del Señor? Consideremos algunas respuestas.

1. La falsa doctrina contradice el mandamiento de enseñar únicamente la sana doctrina

Pablo ordenó: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1). También exhortó a Timoteo a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Dios nunca autorizó la enseñanza del error.

2. La falsa doctrina desvía a las personas del camino correcto

Jesús declaró: “Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:14). Los falsos maestros conducen a las almas lejos del camino de la salvación.

3. La falsa doctrina engaña a las personas sinceras e ingenuas

Romanos 16:17-18 enseña que los falsos maestros engañan “con suaves palabras y lisonjas”. Pedro también advirtió que muchos seguirían sus enseñanzas destructoras (2 Pedro 2:1-2).

4. La falsa doctrina reemplaza la predicación de la verdad

Pedro escribió: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11). Cuando el error ocupa el púlpito, la iglesia deja de escuchar el mensaje que salva.

5. La falsa doctrina aparta a los creyentes de la fidelidad a Dios

Pablo reprendió a los gálatas porque estaban abandonando el verdadero evangelio (Gálatas 1:6-9). Asimismo, Himeneo y Fileto trastornaron la fe de algunos con sus falsas enseñanzas (2 Timoteo 2:16-18).

6. La falsa doctrina impide el crecimiento espiritual

Dios estableció hermanos espirituales para perfeccionar a los santos y llevarlos a la madurez (Efesios 4:11-16). La falsa doctrina produce inmadurez y hace que los cristianos sean “llevados por doquiera de todo viento de doctrina”.

7. La falsa doctrina produce confusión y división

“Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). Las enseñanzas equivocadas generan disputas, divisiones y conflictos dentro de la congregación (Romanos 16:17).

8. La falsa doctrina separa al hombre de Dios

Juan escribió: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios” (2 Juan 9). El error doctrinal rompe la comunión con el Padre y con el Hijo.

9. La falsa doctrina trae condenación sobre quienes la enseñan

Pedro afirmó que los falsos maestros introducirán herejías destructoras y atraerán sobre sí mismos perdición (2 Pedro 2:1-3). Santiago también advirtió que los maestros recibirán una condenación/juicio más severa (Santiago 3:1).

10. La falsa doctrina contamina toda la congregación

Pablo declaró: “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9). El error doctrinal rara vez permanece aislado; con el tiempo, afecta a toda la iglesia.

11. La falsa doctrina fomenta la apostasía

El Espíritu Santo anunció que “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe” (1 Timoteo 4:1). La apostasía siempre comienza cuando las personas abandonan la verdad revelada.

12. La falsa doctrina endurece el corazón y produce resistencia a la verdad

Pablo habló de aquellos que “no sufrirán la sana doctrina” y preferirán maestros conforme a sus propios deseos (2 Timoteo 4:3-4). El error lleva al hombre a rechazar la voluntad de Dios.

13. La falsa doctrina destruye la unidad espiritual de la iglesia

Cristo oró para que sus discípulos fueran uno (Juan 17:20-21). La unidad verdadera solo puede existir cuando todos permanecen en la misma doctrina (Efesios 4:4-6).

14. La falsa doctrina deshonra el nombre de Cristo

Pedro enseñó que, por causa de los falsos maestros, “el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pedro 2:2). El mundo observa las divisiones y los errores religiosos y llega a despreciar el evangelio.

Las iglesias que toleran la falsa doctrina se encuentran en un grave peligro espiritual. El crecimiento numérico, por sí solo, no constituye una evidencia de aprobación divina. Una congregación puede crecer en cantidad y, al mismo tiempo, alejarse de la verdad revelada. La fidelidad a Dios siempre debe tener prioridad sobre la popularidad y el éxito aparente.

La única manera de mantener una iglesia pura y obediente es mediante la exposición fiel y constante de la Palabra de Dios. Los cristianos deben desarrollar un profundo respeto por la autoridad de las Escrituras y examinar cuidadosamente toda enseñanza a la luz de la Biblia (Hechos 17:11).

Los ancianos tienen la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual del rebaño y de protegerlo de los falsos maestros (Hechos 20:28-31; Tito 1:9). Asimismo, la congregación debe exigir que desde el púlpito se predique únicamente el consejo de Dios (Hch. 20:27).

Que cada uno de nosotros imite la actitud del salmista cuando declaró: “La suma de tu palabra es verdad” (Salmo 119:160). Que nuestro Padre celestial nos ayude a amar, respetar y defender siempre la sana doctrina revelada en Su santa Palabra.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Predicadores que no predican la Palabra de Dios por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado gravemente a la iglesia del Señor, es la de aquellos predicadores que no proclaman fielmente la Palabra de Dios. Este problema ha perjudicado la obra del Señor durante muchos años. En muchos lugares, la iglesia sufre por causa de predicadores que no presentan el mensaje divino. Son expertos en historias, anécdotas, política, deportes y chistes, pero no en la exposición de las Sagradas Escrituras. Algunos han olvidado que el poder para transformar y edificar la vida de las personas se encuentra únicamente en la predicación del mensaje de Dios, y no en el entretenimiento ni en la sabiduría humana.

Repetidas veces encontramos exhortaciones claras a predicar la Palabra de Dios. Por ejemplo, el apóstol Pablo animó al evangelista Timoteo a retener la sana doctrina (2 Tim. 1:13) y a predicar la Palabra (2 Tim. 4:2). Asimismo, exhortó a Tito a enseñar todo lo que está de acuerdo con la sana doctrina (Tit. 2:1). El apóstol Pedro, quien nos dejó un extraordinario ejemplo de predicación saturada de Escritura en el día de Pentecostés, escribió: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 P. 4:11). Solo de esta manera Dios será glorificado, como lo afirma la parte final de este mismo pasaje.

El Hijo de Dios, Jesucristo, también enfatizó que una de las razones por las cuales recorría diferentes lugares era para predicar la Palabra de Dios (Mr. 1:38). En el Antiguo Testamento observamos claramente cómo los profetas comprendieron la necesidad y la importancia de proclamar únicamente el mensaje divino (1 Rey. 22:14). Dios les ordenó predicar exclusivamente las palabras que Él les comunicaba (Jonás 3:2; Jer. 26:1-2). La expresión “Así dice el Señor” aparece repetidas veces en los escritos proféticos y nos recuerda la responsabilidad que tenemos de anunciar solamente lo que Dios revela en Su Palabra. Estos y muchos otros pasajes deberían ser memorizados por aquellos predicadores que no están edificando a la iglesia mediante la proclamación fiel de las Escrituras. Cierto predicador afirmó: “Los chistes y las largas ilustraciones e historias deben ocupar un lugar importante en la predicación porque a la gente le gustan y la hacen reír”. Tal declaración contradice claramente la enseñanza de la Palabra de Dios respecto a la clase de predicación que Él demanda de Sus siervos (cf. 2 Tim. 4:1-2; 1 P. 4:11).

¿De qué manera es lastimada la iglesia del Señor cuando la Palabra de Dios no se predica? Consideremos las siguientes consecuencias:

  1. La iglesia del Señor no es edificada cuando la Palabra de Dios no se predica (Hch. 20:32).
  2. Los predicadores desobedecen el mandato divino de proclamar fielmente Su Palabra (2 Tim. 4:2; Jonás 3:2; 1 P. 4:11; Tit. 2:1).
  3. A la iglesia se le priva del conocimiento de la Palabra de Dios (Oseas 4:6).
  4. La iglesia permanece en la ignorancia Bíblica, lo cual puede conducirla al cautiverio espiritual y a las falsas doctrinas (Isa. 5:13; Ef. 4:14).
  5. Los miembros no son preparados ni equipados para la obra del ministerio (Ef. 4:11-16).
  6. La iglesia puede perder el respeto por la autoridad de las Sagradas Escrituras (Col. 3:17).
  7. La iglesia deja de crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios (2 P. 3:18; Col. 3:16; 1 P. 2:2).

La iglesia del Señor tiene el derecho y la responsabilidad de exigir que la Palabra de Dios sea predicada desde el púlpito. Los ancianos, quienes velan por el bienestar espiritual del rebaño (Heb. 13:17), deben asegurarse de que el predicador proclame la Palabra de Dios y no sus opiniones personales. Hoy más que nunca es indispensable regresar a la predicación completamente Bíblica que encontramos en las páginas de las Sagradas Escrituras.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Adorar a Dios conforme a Su voluntad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es no dejarse convencer de que a Dios se le puede adorar de cualquier manera. Este desafío es muy real porque vivimos en una época en la que muchas personas enseñan que lo único importante es tener buenas intenciones o ser sinceros en la adoración. Sin embargo, la sinceridad por sí sola no hace aceptable una adoración delante de Dios. La pregunta no es únicamente a quién adoramos, sino también cómo debemos adorarlo conforme a Su voluntad.

En cierta ocasión un ministro de jóvenes afirmó: “La pregunta no es cómo adorar sino a quién adorar”. Aunque esta declaración puede parecer razonable, se encuentra en conflicto con la enseñanza clara de las Escrituras. El joven cristiano debe desarrollar el hábito de evaluar toda enseñanza a la luz de la Palabra de Dios (Hch. 17:11; 1 Ts. 5:21; 1 Jn. 4:1).

La Biblia enseña claramente que Dios espera ser adorado conforme a Su voluntad y no según las preferencias del hombre. Jesús declaró:

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

Esta declaración de Jesús elimina toda idea de que el hombre tiene libertad para establecer la forma de adorar a Dios. La palabra “necesario” indica una obligación divina, algo indispensable y no una sugerencia opcional. Además, la expresión “en verdad” señala que la adoración debe estar de acuerdo con la verdad revelada por Dios. Jesús enseñó que la Palabra de Dios es la verdad (Jn. 17:17). Por lo tanto, cualquier práctica religiosa que no tenga autorización en las Escrituras no puede considerarse una adoración aceptable.

La Biblia contiene numerosos ejemplos que muestran que Dios siempre ha esperado obediencia exacta en la adoración. Caín ofreció un sacrificio que Dios no aceptó (Gn. 4:3-7; Heb. 11:4). Nadab y Abiú ofrecieron fuego extraño que Jehová nunca les mandó, y fueron castigados por ello (Lv. 10:1-3). El rey Saúl perdió el favor de Dios porque pensó que podía modificar las instrucciones divinas (1 S. 15:22-23). Estos ejemplos nos recuerdan que Dios no acepta la adoración basada en los deseos humanos.

Asimismo, el apóstol Pablo advirtió contra una religión basada en mandamientos de hombres y en una aparente humildad que carece de autoridad divina (Col. 2:20-23). Jesús también reprendió a quienes enseñaban doctrinas y mandamientos de hombres, diciendo:

“Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:7-9).

La iglesia del Nuevo Testamento practicó una adoración sencilla, espiritual y autorizada por Dios. En las Escrituras encontramos cinco actos de adoración realizados por la iglesia reunida:

  1. El canto (Ef. 5:19; Col. 3:16).
  2. La oración (Hch. 2:42; 1 Ts. 5:17).
  3. La predicación y enseñanza de la Palabra (Hch. 20:7; 2 Tim. 4:2).
  4. La participación de la Cena del Señor (Hch. 20:7; 1 Cor. 11:23-26).
  5. La ofrenda voluntaria (1 Cor. 16:1-2; 2 Cor. 9:6-7).

Fuera de estos actos autorizados, el Nuevo Testamento no presenta otras prácticas realizadas por la iglesia como parte de su adoración colectiva. Por esta razón, el cristiano fiel no tiene autoridad para añadir, quitar o modificar lo que Dios ha revelado (Dt. 4:2; Pr. 30:5-6; Gá. 1:6-9; Ap. 22:18-19).

Lamentablemente, muchos consideran que la adoración Bíblica es demasiado sencilla o poco atractiva. Como consecuencia, introducen innovaciones para hacerla más entretenida o emocional. Sin embargo, el propósito de la adoración nunca ha sido satisfacer los gustos del hombre, sino agradar a Dios. Él sigue buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Jn. 4:23-24).

El joven cristiano debe permanecer firme en la doctrina de Cristo (2 Jn. 9), contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Jud. 3). Debe rechazar toda enseñanza que contradiga la autoridad de las Escrituras y recordar siempre que todo cuanto hagamos, ya sea en palabra o en obra, debe hacerse en el nombre del Señor Jesús, es decir, por Su autoridad (Col. 3:17).

Cuando el joven aprende desde temprano a respetar la autoridad de la Palabra de Dios en la adoración, desarrollará una fe sólida que lo protegerá del error y le permitirá glorificar a Dios de la manera que Él ha establecido.

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: Desarrollar el hábito de leer la Biblia con regularidad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es desarrollar el hábito de leer la Biblia con regularidad. Este desafío es significativo, ya que muchos prefieren dedicar su tiempo a libros de ficción, las redes sociales, los videojuegos o diversas formas de entretenimiento, en lugar de leer la Palabra de Dios, la cual tiene el poder de transformar sus vidas, fortalecer su fe y guiarlos por el camino de la salvación (Ro. 1:16; Sal. 19:7-11). En una sociedad saturada de información, el joven cristiano necesita escuchar diariamente la voz de Dios por medio de las Sagradas Escrituras.

Los autores inspirados exhortaron constantemente al pueblo de Dios a ser lectores diligentes de la Palabra. El apóstol Pablo animó al evangelista Timoteo diciendo: “Ocúpate en la lectura” (1 Tim. 4:13). También le recordó que desde su niñez conocía “las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 3:15). Jesús mismo acostumbraba leer las Escrituras en la sinagoga (Lc. 4:16), dejándonos un ejemplo digno de imitar. En repetidas ocasiones preguntó a sus oyentes: “¿No habéis leído?” (Mt. 12:3, 5; 19:4; 21:42), enfatizando la importancia de conocer la Palabra de Dios. Asimismo, exhortó a los judíos: “Escudriñad las Escrituras” (Jn. 5:39), pues ellas dan testimonio de Él.

Desde el Antiguo Testamento, Dios enfatizó la importancia de una lectura constante de Su Palabra. Ordenó a Josué meditar en el libro de la ley “de día y de noche” para prosperar espiritualmente y actuar con sabiduría (Jos. 1:8). Los reyes de Israel debían escribir una copia de la ley y leerla todos los días de su vida para aprender a temer a Dios y obedecer Sus mandamientos (Deut. 17:18-20). El salmista declaró bienaventurado al hombre que se deleita en la ley de Jehová y medita en ella de día y de noche (Sal. 1:1-3). De igual manera expresó: “¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal. 119:97).

Todos estos pasajes animan al joven cristiano a dedicar tiempo cada día a la lectura de la Biblia. La Palabra de Dios le ayudará a mantenerse limpio delante del Señor (Sal. 119:9, 11), a fortalecer su fe (Ro. 10:17), a vencer las tentaciones siguiendo el ejemplo de Jesús (Mt. 4:1-11), a discernir entre el bien y el mal (Heb. 5:14), a crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo (2 P. 3:18), a renovar su mente (Ro. 12:2), a ser sabio para la salvación (2 Tim. 3:15) y a estar enteramente preparado para toda buena obra (2 Tim. 3:16-17). Además, la Palabra de Dios es “viva y eficaz” (Heb. 4:12), ilumina el camino (Sal. 119:105), produce gozo en el corazón (Jer. 15:16) y tiene poder para salvar el alma (Stg. 1:21).

Mientras más tiempo dediques a la lectura de la Biblia, mayor será tu amor por ella y más profundo será tu deseo de obedecer a Dios. Sin embargo, no basta con leerla; también es indispensable meditar en ella, creerla y ponerla en práctica cada día (Stg. 1:22-25). Jesús declaró: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lc. 11:28). De igual manera, el salmista afirmó que son bienaventurados los que guardan los testimonios del Señor y le buscan de todo corazón (Sal. 119:2). Que el Señor fortalezca siempre en ti un profundo amor, respeto y reverencia por las Sagradas Escrituras, para que ellas sean la guía de tu vida y te conduzcan fielmente hasta la vida eterna (Jn. 17:17; 1 Tim. 4:16).

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Predicadores que no viven lo que predican por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la de aquellos predicadores que no practican lo que predican. A través de los siglos, esta inconsistencia entre la enseñanza y la conducta ha causado tropiezos, desánimo y una pérdida de credibilidad tanto dentro como fuera de la iglesia. Dios siempre ha esperado que quienes proclaman Su Palabra sean también ejemplos dignos de imitar.

La Biblia exhorta claramente a los predicadores y maestros a vivir de acuerdo con el mensaje que proclaman. El apóstol Pablo exhortó a Timoteo a ser “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12). Más adelante añadió: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Tim. 4:16). Observe que Pablo menciona primero la vida del predicador (“ten cuidado de ti mismo”) y después su enseñanza (“y de la doctrina”), indicando que ambas son inseparables.

De igual manera, Tito recibió la exhortación de presentarse “en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, palabra sana e irreprochable” (Tit. 2:6-8). El predicador no solamente debe comunicar correctamente la sana doctrina, sino también adornarla con una vida santa (Tit. 2:10). Sus acciones deben confirmar la veracidad del mensaje que anuncia.

En cierta ocasión alguien expresó: “Prefiero ver un sermón que escuchar uno”. Aunque esta frase no es inspirada, comunica una gran verdad: las personas observan cuidadosamente la vida del predicador antes de aceptar su mensaje. El ejemplo personal constituye uno de los sermones más poderosos que un siervo de Dios puede predicar.

Nuestro supremo ejemplo es Jesucristo. Lucas escribió acerca de “todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar” (Hch. 1:1). El orden de las palabras no es accidental. Jesús primero hacía y luego enseñaba. Nunca existió contradicción entre Sus palabras y Su conducta. Él pudo desafiar a Sus adversarios preguntando: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Jn. 8:46). Su vida respaldó perfectamente Su enseñanza.

En el Antiguo Testamento encontramos otro excelente ejemplo en Esdras. La Escritura declara que “Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esd. 7:10). El orden también es significativo: primero estudió la Palabra, luego la puso en práctica y finalmente la enseñó al pueblo. Este continúa siendo el modelo divino para todo predicador del evangelio.

Lamentablemente, algunos predicadores se concentran en exhortar a los demás, pero ellos mismos no ponen en práctica lo que predican. Esta actitud jamás debería caracterizar a un siervo de Dios. Jesús condenó severamente a los escribas y fariseos porque “dicen, y no hacen” (Mt. 23:3). La hipocresía religiosa siempre ha sido una afrenta para Dios, porque desacredita la verdad y aleja a las personas del evangelio.

La iglesia puede percibir con claridad cuando un predicador se contradice por no vivir conforme a la voluntad de Dios. Aunque la verdad permanece siendo verdad independientemente del carácter del mensajero, la falta de integridad del predicador produce consecuencias lamentables para la obra del Señor. ¿De qué manera puede verse afectada la iglesia?

(1) La iglesia puede desanimarse. Aunque los cristianos debemos poner nuestra mirada en Cristo (Heb. 12:1-2), el mal ejemplo de un predicador puede desalentar especialmente a los creyentes más débiles en la fe. En lugar de fortalecer a los miembros, puede convertirse en una piedra de tropiezo (Ro. 14:13).

(2) Los no cristianos pueden rechazar el evangelio. Muchas personas evalúan el cristianismo observando la conducta de quienes lo predican. Cuando encuentran hipocresía, concluyen equivocadamente que el evangelio carece de poder transformador. Así, el nombre de Dios es blasfemado entre los incrédulos (Ro. 2:21-24).

(3) La credibilidad del predicador queda seriamente cuestionada. Cuando existe una contradicción evidente entre el mensaje y la vida del predicador, sus exhortaciones pierden autoridad moral. La confianza de la congregación disminuye y su influencia espiritual se debilita (Tit. 2:7-8).

(4) Se corre el riesgo de generalizar injustamente. Algunas personas llegan a pensar que todos los predicadores son iguales, desacreditando también a hombres fieles que sirven al Señor con sinceridad e integridad.

(5) El mal ejemplo puede convertirse en una excusa para pecar. Algunos justifican su propia desobediencia diciendo: “Si el predicador lo hace, ¿por qué yo no?” Aunque cada persona dará cuenta de sí misma delante de Dios (Ro. 14:12), los malos ejemplos pueden influir negativamente sobre otros (Mt. 18:6-7).

(6) Se perjudica la reputación de la iglesia. La conducta de un predicador suele asociarse con toda la congregación. Por ello, una vida inconsistente puede afectar el buen nombre de la iglesia delante de la comunidad y disminuir su influencia para el bien (2 Co. 6:3).

(7) Se debilitan los esfuerzos evangelísticos. Es mucho más difícil convencer a otros de la verdad cuando quien la proclama no vive conforme a ella. El evangelismo requiere tanto una proclamación fiel como un testimonio íntegro (Mt. 5:16; Fil. 2:15).

(8) Los cristianos más débiles pueden apartarse del Señor. Algunos creyentes inmaduros depositan demasiada confianza en los hombres. Cuando un predicador fracasa moralmente, su fe puede tambalearse y, en algunos casos, abandonar la congregación. Esto resalta la enorme responsabilidad que tienen quienes enseñan la Palabra (Stg. 3:1).

(9) El nombre de Cristo es deshonrado. El predicador representa públicamente la causa de Cristo. Cuando vive en contradicción con el evangelio, el nombre del Señor es desacreditado y la gloria que debía rendirse a Dios se ve empañada (Col. 3:17; Tit. 2:10).

Todo predicador debe esforzarse por ser un ejemplo de integridad, fidelidad, humildad, pureza, constancia y perseverancia delante de todos los que observan su vida. Debe poder decir, como el apóstol Pablo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1). El propósito nunca será alcanzar una perfección absoluta, sino vivir una vida caracterizada por el arrepentimiento, la obediencia y una sincera determinación de agradar a Dios en todas las cosas.

La luz del predicador debe brillar delante de los hombres para que, al ver sus buenas obras, glorifiquen al Padre que está en los cielos (Mt. 5:16). La iglesia necesita hombres que no solamente sepan predicar sermones, sino que también los vivan cada día. Cuando el mensaje proclamado y la vida del predicador marchan en perfecta armonía, la iglesia es fortalecida, los creyentes son edificados, los inconversos son impactados y Dios recibe toda la gloria.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Prestar mucha atención a las predicaciones en la iglesia por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de prestar mucha atención a las predicaciones en la iglesia.Cada semana se presentan sermones cuyo propósito es ayudarnos a crecer espiritualmente y presentarnos maduros en Cristo Jesús (Col. 1:28). La predicación fiel de la Palabra fortalece nuestra fe, aumenta nuestro conocimiento de Dios y nos equipa para vivir conforme a Su voluntad (Rom. 10:17; 2 Tim. 3:16-17; 2 P. 3:18). Dios ha establecido la predicación como uno de los principales medios para instruir, exhortar, corregir y edificar a Su pueblo.

Sin embargo, aunque este es el propósito de la predicación, muchos jóvenes no prestan la debida atención a las lecciones que se presentan desde el púlpito. Esta falta de atención se manifiesta cuando algunos se distraen con sus teléfonos móviles, escriben mensajes a quienes están sentados a su lado, leen material ajeno al sermón, conversan durante la predicación o simplemente permiten que su mente divague mientras se expone el mensaje de Dios. Estas distracciones les impiden aprovechar el alimento espiritual que Dios ha preparado para ellos.

Menciono estas cosas porque las he observado repetidamente durante la predicación de mis sermones y, también, porque yo mismo cometí esos errores cuando era joven. Con el paso de los años comprendí cuánto había perdido por no escuchar con mayor atención la enseñanza de la Palabra de Dios. Muchos jóvenes llegan a la edad adulta lamentando no haber aprovechado mejor las oportunidades que tuvieron para aprender las Escrituras desde temprana edad.

La Biblia presenta excelentes ejemplos de personas que escuchaban atentamente la Palabra de Dios. En los días de Nehemías, el pueblo permaneció atento mientras Esdras leía y explicaba las Escrituras (Neh. 8:3, 8). En Troas, los discípulos se reunieron para escuchar la predicación del apóstol Pablo (Hch. 20:7). Jesús mismo enseñó repetidamente: «El que tiene oídos para oír, oiga» (Mt. 11:15), enfatizando la importancia de escuchar con un corazón dispuesto a obedecer.

Por esta razón, animamos a todos los jóvenes a no abrir la puerta a la distracción. Antes de comenzar el servicio de adoración, oren para que Dios les conceda un corazón receptivo. Mantengan su Biblia abierta, sigan cuidadosamente los pasajes que el predicador presenta, tomen notas cuando sea posible y procuren identificar las lecciones prácticas que pueden aplicar a su vida diaria. Estas sencillas acciones les ayudarán a concentrarse mejor y a recordar con mayor facilidad las enseñanzas recibidas.

También es importante recordar que escuchar no es suficiente; debemos obedecer lo que hemos aprendido. Santiago escribió: «Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores» (Stg. 1:22). La verdadera bendición no consiste únicamente en asistir a los servicios, sino en permitir que la Palabra transforme nuestra manera de pensar, hablar y vivir.

La Palabra de Dios tiene poder para salvar nuestras almas (Stg. 1:21), fortalecer nuestra fe (Rom. 10:17), hacernos sabios para la salvación (2 Tim. 3:15) y guiarnos por el camino de la justicia (Sal. 119:105). Sin embargo, si no prestamos atención al mensaje, difícilmente podremos disfrutar de estos grandes beneficios. Cada sermón constituye una oportunidad para aprender algo nuevo, corregir un error, fortalecer nuestra fe o recibir el ánimo que tanto necesitamos.

Joven, recuerda que la predicación de la Palabra de Dios no es un tiempo para distraerse, sino un momento sagrado en el que Dios nos instruye por medio de las Escrituras. Escucha con respeto, atención y reverencia. Haz del sermón una prioridad y no una pausa para revisar tu teléfono o pensar en otras cosas. Si desarrollas el hábito de escuchar atentamente la Palabra de Dios desde tu juventud, estarás construyendo un fundamento espiritual sólido que te acompañará durante toda la vida y te ayudará a permanecer fiel al Señor. Cuando escuchamos con un corazón dispuesto a obedecer, crecemos espiritualmente y Dios es glorificado.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Predicadores que no se preparan adecuadamente para la predicación de la Palabra De Dios por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la de aquellos predicadores que no se preparan adecuadamente para la predicación de la Palabra de Dios. Esta deficiencia no es un problema reciente, sino una realidad que ha perjudicado la obra del Señor a través de los tiempos. Cuando el predicador descuida su preparación espiritual y Bíblica, la iglesia deja de recibir el alimento espiritual que Dios desea comunicar por medio de Su Palabra.

La Biblia presenta un estándar elevado para quienes tienen la responsabilidad de enseñar. Pablo exhortó a Timoteo diciendo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la Palabra de verdad” (2 Tim. 2:15). El predicador debe estudiar diligentemente para interpretar correctamente las Escrituras y comunicar fielmente el mensaje inspirado por Dios. No basta con hablar acerca de la Biblia; es indispensable predicar la Biblia.

Además, el evangelista debe prestar cuidadosa atención tanto a su vida como a la doctrina que enseña. Pablo escribió: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Tim. 4:16). La vida del predicador y la pureza de su enseñanza ejercen una influencia directa sobre la iglesia. Un mensaje correcto respaldado por una vida piadosa fortalece a la congregación; una enseñanza descuidada o una vida inconsistente producen confusión y desaliento.

El apóstol Pablo también recordó a Timoteo que la predicación es una responsabilidad que se ejerce delante de Dios y de Cristo Jesús, quien juzgará a vivos y muertos (2 Tim. 4:1-5). Esta solemne exhortación nos recuerda que el púlpito no es un lugar para expresar opiniones personales, entretener al auditorio o compartir ideas humanas, sino para proclamar con fidelidad la voluntad de Dios. El mandato es claro: “Predica la Palabra”.

Predicar la Palabra de Dios requiere mucha diligencia, preparación y cuidado, pues estamos tratando con las almas de las personas. El propósito del ministerio de la predicación es presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre (Col. 1:28). Por consiguiente, el predicador que expone continuamente la Palabra de Dios debe dedicar tiempo suficiente al estudio, la oración y la meditación. Esdras constituye un excelente ejemplo, pues “había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar” (Esd. 7:10). El orden es significativo: primero estudió, luego obedeció y finalmente enseñó.

Esta preparación diligente requiere que el predicador haga, entre otras cosas, lo siguiente:

  1. Debe orar continuamente por sabiduría y dirección antes de preparar y presentar el mensaje (Stg. 1:5; Col. 4:2-4).
  2. Debe esforzarse por predicar solamente la Palabra de Dios y no sus opiniones personales (1 P. 4:11).
  3. Debe procurar que cada sermón esté en completa armonía con la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Tito 2:1).
  4. Debe examinar cuidadosamente el texto Bíblico, meditando en él día y noche (Sal. 1:2; Jos. 1:8).
  5. Debe procurar una exégesis correcta, explicando el verdadero significado del texto conforme a su contexto histórico, gramatical y literario (Neh. 8:8; 2 Tim. 2:15).
  6. Debe evitar imponer al texto sus ideas preconcebidas o preferencias personales, permitiendo que sea la Palabra de Dios la que hable (2 P. 1:20-21).
  7. Debe declarar todo el consejo de Dios y no solamente aquellos temas que le resulten cómodos o populares (Hch. 20:27).
  8. Debe preparar mensajes relevantes que edifiquen, exhorten, consuelen y fortalezcan espiritualmente a la iglesia (Rom. 15:4; 2 Tim. 3:16-17).
  9. Debe predicar con convicción, amor, humildad y profundo respeto por la autoridad de las Escrituras (1 Tes. 2:13).
  10. Debe tener un profundo amor por la Palabra de Dios (Sal. 119:97)..

¿De qué manera es lastimada la iglesia del Señor cuando el predicador no se prepara adecuadamente para predicar? Considere algunas de las consecuencias:

  1. La iglesia puede dejar de recibir el mensaje que Dios desea comunicar porque el texto Bíblico no fue estudiado correctamente.
  2. Una preparación deficiente puede conducir a interpretaciones equivocadas y, por consiguiente, a la propagación del error doctrinal (2 Ped. 3:15-16).
  3. La congregación puede permanecer espiritualmente inmadura por falta del alimento sólido de la Palabra (Heb. 5:12-14).
  4. El predicador puede dejar de anunciar todo el consejo de Dios, privando a la iglesia de enseñanzas esenciales (Hch. 20:27).
  5. Los hermanos estarán menos preparados para identificar y refutar la falsa doctrina (Ef. 4:11-14; Tito 1:9).
  6. La fe de algunos puede debilitarse al escuchar sermones superficiales, desorganizados o carentes de fundamento Bíblico (Rom. 10:17).
  7. El predicador desperdicia oportunidades para exhortar, convencer y restaurar a quienes necesitan corrección espiritual (2 Tim. 4:2).
  8. La iglesia puede perder el entusiasmo por el estudio serio de las Escrituras cuando observa falta de diligencia desde el púlpito.
  9. La obra evangelística y el crecimiento espiritual de la congregación pueden verse seriamente afectados, ya que una iglesia bien instruida es una iglesia más fuerte y preparada para servir al Señor.

El predicador, al igual que los ancianos, tiene la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual de la iglesia del Señor. Aunque los ancianos son los pastores del rebaño (Hch. 20:28; 1 Ped. 5:1-4), el evangelista desempeña una función indispensable al alimentar al pueblo mediante la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. Por ello, jamás debe tomar a la ligera la preparación de sus lecciones.

Que cada predicador recuerde siempre que el púlpito exige reverencia, diligencia y fidelidad. El tiempo invertido en la oración, el estudio y la preparación jamás será tiempo perdido. Por el contrario, será una inversión eterna en la edificación de la iglesia, la salvación de las almas y la gloria de Dios. Como escribió Pablo: “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Tim. 4:15). Que Dios nos conceda predicadores diligentes, profundamente comprometidos con la verdad y decididos a proclamar fielmente “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27).

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La irreverencia en el culto de adoración por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la irreverencia durante los servicios de adoración. Este problema ha perjudicado la obra del Señor a través de los años y continúa siendo una realidad en muchas congregaciones. Jóvenes, adultos e incluso predicadores del evangelio han sido culpables de esta práctica. En cierta ocasión, un predicador interrumpió su clase para responder a una publicación en Facebook. Otro contestó su teléfono mientras predicaba un sermón. Aunque estas acciones pudieran parecer insignificantes para algunos, reflejan una falta de respeto hacia Dios y hacia el propósito sagrado de la adoración congregacional.

La Biblia enseña claramente que Dios merece nuestra más profunda reverencia. El escritor de Hebreos exhorta: “sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12:28-29). Salomón también escribió: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie” (Eclesiastés 5:1). Estas palabras nos recuerdan que la adoración no es un asunto común, sino una actividad espiritual en la que nos presentamos delante del Creador del universo.

Los miembros de la iglesia, en ocasiones, muestran irreverencia en los servicios de adoración de las siguientes maneras: (1) Revisando sus teléfonos durante la adoración, (2) Actualizando fotos de perfil en redes sociales, (3) Enviando mensajes de texto a familiares o amigos, (4) Buscando lugares para comer después del servicio, (5) Usando vestimenta inapropiada para una ocasión tan solemne, (6) Mostrando una actitud indiferente hacia la predicación de la Palabra de Dios, (7) Ausentándose de la clase Bíblica y llegando solamente al servicio último, (8) No participando de la Cena del Señor, (9) No ofrendando conforme han prosperado durante la semana, (10) Conversando con la persona a su lado, (11) Participando sin haberse preparado adecuadamente para el privilegio asignado, (12) No trayendo su Biblia a los servicios, (13) Saliendo repetidamente al baño sin una razón justificable, (14) No enseñando a sus hijos a comportarse respetuosamente en la adoración, (15) Llegando desvelados al servicio sin justificación alguna, (16) Criticando constantemente a quienes participan en la adoración, (17) Llegando sin el deseo de adorar a Dios en espíritu y en verdad, (18) No adorando conforme a Su Palabra, (19) Predicando falsa doctrina, (20) No estando concentrados durante las oraciones, (21) Permitiendo pensamientos mundanos durante la adoración, (22) Haciendo las cosas para recibir reconocimiento humano, (23) Participando mecánicamente en los servicios, (24) No mostrando gozo al adorar a Dios, y (25) No participando en el canto congregacional.

La irreverencia también se manifiesta cuando se participa de los actos de adoración sin reflexión espiritual. Algunos cantan sin pensar en las palabras que expresan; otros oran sin concentrarse en las peticiones elevadas a Dios. Pablo enseñó que los cristianos deben cantar “con gracia en vuestros corazones al Señor” (Colosenses 3:16). Asimismo, Jesús enseñó que los verdaderos adoradores deben adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). Esto requiere una mente enfocada y un corazón comprometido.

Ser culpable de estas cosas constituye una adoración vana delante de Dios. Jesús habló de una adoración en vano cuando las cosas no se hacen conforme a la voluntad divina (Mateo 15:7-9). También reprendió a aquellos que honraban a Dios con los labios mientras su corazón estaba lejos de Él. La adoración aceptable no consiste solamente en estar físicamente presentes en un edificio; requiere una disposición espiritual correcta y una obediencia sincera a la voluntad de Dios.

La irreverencia en la adoración afecta seriamente a la iglesia del Señor. Primero, impide que Dios reciba la honra que merece. Segundo, comunica a otros que la adoración no ocupa un lugar importante en nuestras vidas. Tercero, nos convierte en un mal ejemplo para los visitantes, los nuevos convertidos y nuestros propios hijos. Cuarto, obstaculiza nuestro crecimiento espiritual, pues dejamos de aprovechar plenamente las bendiciones de la adoración. Quinto, pone en peligro nuestra relación con Dios y, por consiguiente, nuestra salvación eterna.

Recordemos que los primeros cristianos perseveraban fielmente en la adoración y en las actividades espirituales de la iglesia (Hechos 2:42). Su ejemplo debe motivarnos a valorar cada oportunidad que tenemos para reunirnos con los santos y glorificar a Dios. Cuando comprendemos quién es Dios y lo que Él ha hecho por nosotros mediante Jesucristo, nuestra actitud hacia la adoración cambia por completo.

Que Dios nos conceda la sabiduría necesaria para nunca ser culpables de una adoración irreverente, sino de una adoración que le glorifique, le honre y sea aceptable delante de Sus ojos. Procuremos siempre acercarnos a Él con humildad, respeto, gratitud y un sincero deseo de hacer Su voluntad.

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: Memorizar los textos que hablan sobre la santidad por Willie A. Alvarenga

“MEMORIZAR LOS TEXTOS QUE HABLAN DE LA SANTIDAD”

Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de memorizar los textos que hablan de la santidad. Este es un desafío de gran importancia, ya que vivimos en un mundo donde la inmoralidad, la impureza y las tentaciones están presentes en todas partes. Los jóvenes cristianos necesitan tener la Palabra de Dios guardada en sus corazones para poder resistir al pecado y mantenerse fieles al Señor.

El salmista declaró: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Este pasaje muestra claramente el valor de la memorización Bíblica. Cuando la Palabra de Dios está grabada en nuestra mente y corazón, tendremos acceso inmediato a la voluntad divina en los momentos de prueba, tentación y decisión.

Jesús mismo nos dio el ejemplo. Cuando fue tentado por Satanás en el desierto, respondió a cada tentación con las palabras: “Escrito está” (Mt. 4:4, 7, 10). Nuestro Señor utilizó las Escrituras como un arma espiritual para vencer al enemigo. De igual manera, los jóvenes de hoy pueden vencer las tentaciones si conocen y recuerdan la Palabra de Dios.

La santidad no es una opción para el cristiano; es un mandato divino. Dios desea que Su pueblo refleje Su carácter santo en cada aspecto de la vida. Por esta razón, se anima a todos los jóvenes a memorizar y meditar en los siguientes textos:

Textos sobre la Santidad

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14).

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Tim. 2:22).

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 P. 2:11).

“No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gén. 39:9).

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb. 13:4).

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Sal. 119:9).

“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Ts. 4:3).

“Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Ts. 4:7).

“Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18).

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1 Co. 6:19).

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1).

“Absteneos de toda especie de mal” (1 Ts. 5:22).

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca” (Ef. 4:29).

“No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas” (Ef. 5:11).

“Todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro… en esto pensad” (Fil. 4:8).

Beneficios de Memorizar Textos sobre la Santidad

  1. Ayudan a resistir las tentaciones del pecado.
  2. Fortalecen nuestra comunión con Dios.
  3. Nos recuerdan constantemente la voluntad divina.
  4. Protegen nuestra mente de pensamientos impuros.
  5. Nos ayudan a tomar decisiones sabias.
  6. Nos preparan para enseñar y exhortar a otros.
  7. Nos motivan a vivir una vida que glorifique a Dios.

El joven cristiano que dedica tiempo a memorizar las Escrituras estará mejor preparado para enfrentar las pruebas espirituales de la vida. Cuando las tentaciones lleguen, la Palabra de Dios actuará como una luz que guía sus pasos y como una espada espiritual que le ayudará a vencer al enemigo (Sal. 119:105; Ef. 6:17).

Se anima a cada joven a memorizar estos textos, meditarlos diariamente y ponerlos en práctica. No basta solamente con conocerlos; es necesario obedecerlos. De esta manera, podrán mantenerse puros delante de Dios, ser ejemplos para otros y glorificar a Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 P. 2:9).

Que cada joven pueda decir junto con el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”(Sal. 119:11).

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La ausencia de la oración en la vida cristiana por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la ausencia de la oración en la vida cristiana. No hay duda de que la Biblia exhorta a hombres, mujeres y jóvenes a ser personas de oración. Esta debe ocupar un lugar esencial en la vida del cristiano (1 Tes. 5:17; Ef. 6:18). Además de los mandamientos relacionados con la oración, Dios nos ha dejado numerosos ejemplos de siervos fieles para quienes la oración fue una prioridad. Entre ellos encontramos a Daniel (Dan. 6:10), Jesús (Mr. 1:35; Lc. 5:16), la iglesia del primer siglo (Hch. 2:42; 12:5, 12), Ana (1 Sam. 1:10-18), Nehemías (Neh. 1:4-11), y Pablo y Silas (Hch. 16:25), entre muchos otros.

La oración constituye uno de los privilegios más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Por medio de ella podemos acercarnos al trono de la gracia para hallar oportuno socorro (Heb. 4:16), presentar nuestras peticiones delante de Dios (Fil. 4:6), agradecer Sus bendiciones (Col. 4:2) y buscar Su dirección en los asuntos de la vida. Cuando la oración está ausente, el cristiano pierde una fuente invaluable de fortaleza espiritual y la iglesia sufre las consecuencias.

¿Por qué es tan grave la ausencia de la oración en la vida cristiana? Considere lo siguiente:

1. Produce desobediencia a Dios

La oración es un mandato divino que debe obedecerse (1 Tes. 5:17; Mt. 26:41). Descuidarla constituye pecado delante de Dios (1 Jn. 3:4). Dios espera que Sus hijos dependan de Él y le busquen constantemente.

2. Impide el crecimiento espiritual

Dios concede sabiduría y fortaleza a quienes la piden con fe (Stg. 1:5-6). Sin oración, el desarrollo espiritual se ve afectado y la madurez cristiana se retrasa.

3. Proyecta un mal ejemplo a la familia

Un hogar que sirve a Dios debe también buscarle en oración (Jos. 24:15). Los hijos aprenden la importancia de la oración al observar a sus padres practicarla diariamente.

4. Debilita el amor fraternal

La Biblia nos exhorta a orar unos por otros (Ef. 6:18; Stg. 5:16). La oración es una expresión práctica del amor cristiano y de la preocupación genuina por nuestros hermanos.

5. Nos expone a la tentación

Jesús enseñó que debemos velar y orar para no caer en tentación (Mt. 26:41). La oración fortalece nuestra fidelidad en tiempos difíciles y nos ayuda a resistir los ataques del enemigo.

6. Nos aleja de las necesidades de la familia espiritual

La iglesia debe perseverar en oración por sus miembros (Hch. 12:5, 12). Cuando dejamos de orar por otros, perdemos sensibilidad hacia sus luchas y necesidades.

7. Debilita los esfuerzos evangelísticos

Debemos orar para que Dios abra puertas a la predicación del evangelio (Col. 4:2-3; 2 Tes. 3:1). Cuando dejamos de hacerlo, descuidamos una responsabilidad importante relacionada con la salvación de las almas.

8. Limita nuestra dependencia de Dios

La ausencia de oración puede llevarnos a confiar más en nuestras capacidades que en el poder de Dios (Prov. 3:5-6). La oración nos recuerda que dependemos completamente de Él.

9. Reduce nuestra gratitud

La oración incluye la acción de gracias (Fil. 4:6; 1 Tes. 5:18). Cuando no oramos, corremos el riesgo de olvidar las bendiciones que Dios derrama diariamente sobre nuestras vidas.

10. Debilita la unidad de la iglesia

Las congregaciones que oran juntas desarrollan una mayor unidad y compañerismo espiritual. La iglesia primitiva perseveraba unánime en oración (Hch. 1:14), y Dios bendecía grandemente su trabajo.

11. Impide recibir la paz de Dios

La oración ayuda al cristiano a depositar sus cargas en el Señor. Sin ella, la ansiedad, la preocupación y el temor pueden dominar el corazón (Fil. 4:6-7; 1 Ped. 5:7).

12. Apaga el celo espiritual

Cuando la oración desaparece, el entusiasmo por la obra del Señor disminuye. La iglesia pierde vigor espiritual y se vuelve vulnerable a la apatía y al conformismo (Rom. 12:11).

La historia Bíblica demuestra que los grandes momentos de victoria espiritual estuvieron acompañados por la oración. Cuando el pueblo de Dios oró, recibió dirección, protección, fortaleza y bendición. Por el contrario, cuando dejó de depender de Dios, sufrió las consecuencias de su debilidad espiritual.

No existe justificación válida para que los miembros de la iglesia descuiden la oración. Seamos cristianos que oren constantemente para cumplir la voluntad de Dios y contribuir al fortalecimiento de Su obra. La oración siempre será una gran bendición para la iglesia del Señor. Por lo tanto, cultivemos una profunda pasión por la oración para que nunca esté ausente de nuestras vidas. Que Dios, por medio de Su Palabra, continúe exhortándonos a ser hombres, mujeres y jóvenes dedicados a la oración, recordando siempre las palabras de nuestro Señor: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento” (Mt. 6:6), y el mandato inspirado: “Perseverad en la oración” (Col. 4:2).

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: “NO DEJARSE VENCER POR LOS JUEGOS DE VIDEO” por Willie A. Alvarenga

Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es no dejarse vencer por los juegos de video. Este es un desafío que merece seria consideración, ya que vivimos en una época donde el entretenimiento digital ocupa gran parte del tiempo y la atención de muchas personas. Aunque los videojuegos no son inherentemente pecaminosos, pueden convertirse en un problema cuando consumen excesivamente el tiempo, afectan las responsabilidades diarias o desplazan las prioridades espirituales.

El tiempo excesivo dedicado a los videojuegos puede ser peligroso, ya que con frecuencia reemplaza actividades verdaderamente importantes como la oración, el estudio de la Palabra de Dios, la asistencia a las reuniones de la iglesia, las responsabilidades académicas, el trabajo y la convivencia familiar. Cuando una persona pierde el control sobre el uso de los videojuegos, corre el riesgo de permitir que estos se conviertan en una influencia dominante en su vida.

En cierta ocasión, un joven cristiano perdió la oportunidad de continuar en una escuela de predicación debido a su dependencia de los videojuegos, los cuales afectaron negativamente su desempeño académico. Dicho joven dedicaba más tiempo a jugar que a estudiar. Lamentablemente, esta situación no es única. Muchos jóvenes han visto disminuir sus calificaciones, afectar sus relaciones familiares y debilitar su vida espiritual debido al uso descontrolado de los videojuegos.

La Biblia nos exhorta a ser sabios administradores del tiempo que Dios nos ha dado. El apóstol Pablo escribió: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16). Cada día es un regalo de Dios, y cada cristiano dará cuenta de cómo utilizó su tiempo (Romanos 14:12).

Además, los jóvenes deben recordar que cualquier actividad que controle su vida puede convertirse en una forma de esclavitud. Pablo declaró: “Todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6:12). Un cristiano debe ser gobernado por Cristo y no por sus pasatiempos o deseos personales.

La Palabra de Dios también nos enseña la importancia de mantener nuestras prioridades en orden. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Cuando los videojuegos ocupan el primer lugar en el corazón, Dios deja de ocupar el lugar que le corresponde.

Por lo tanto, ¿qué pueden hacer los jóvenes para no dejarse vencer por los videojuegos? Considere las siguientes recomendaciones:

  1. Procure cultivar el dominio propio en su vida (2 Timoteo 1:7; 2 Pedro 1:5-6; Gálatas 5:22-23). El cristiano debe aprender a controlar sus deseos y hábitos.
  2. Aprenda a utilizar su tiempo sabiamente (Colosenses 4:5; Salmo 90:12; Eclesiastés 3:1). Organice su tiempo de manera que las responsabilidades y las actividades espirituales tengan prioridad.
  3. Pídale a Dios sabiduría por medio de la oración (Santiago 1:5-6; Filipenses 4:6-7). Dios puede ayudarle a tomar decisiones sabias respecto al uso de su tiempo.
  4. Procure emplear su tiempo en la voluntad de Dios (Mateo 6:33; Colosenses 3:1-2; Romanos 12:1-2). Invierta más tiempo en aquellas cosas que fortalecen su relación con Dios.
  5. Esfuércese por amar más a Dios (Marcos 12:30; Deuteronomio 6:5). Cuando el amor por Dios crece, las cosas materiales ocupan el lugar correcto en nuestra vida.
  6. Dedique más tiempo a la lectura de la Biblia (1 Timoteo 4:13; Salmo 119:97, 105). La Palabra de Dios fortalece la fe y guía nuestros pasos.
  7. Dedique más tiempo al estudio diligente de la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:15; Colosenses 3:16; 2 Pedro 3:18). El crecimiento espiritual requiere esfuerzo y dedicación constante.
  8. Rodéese de buenas influencias espirituales (1 Corintios 15:33; Proverbios 13:20). Las amistades correctas pueden ayudarle a mantener un equilibrio saludable.
  9. Recuerde que su juventud debe ser usada para glorificar a Dios (Eclesiastés 12:1; 1 Timoteo 4:12). Los mejores años de la vida deben ser dedicados al servicio del Señor.
  10. Pregúntese constantemente si la actividad que realiza le acerca más a Dios o le aleja de Él (1 Corintios 10:31; Colosenses 3:17).

Los videojuegos pueden ser una forma de entretenimiento, pero jamás deben convertirse en el centro de la vida del cristiano. El joven sabio entiende que el tiempo es precioso y limitado. Por esta razón, procura usarlo de manera que honre a Dios y produzca fruto para la eternidad. Recordemos las palabras de Jesús: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Las actividades temporales tienen su lugar, pero las cosas espirituales poseen un valor eterno.

¡Dedicar tiempo a Dios, a Su Palabra y a Su servicio siempre producirá un provecho mucho mayor que cualquier entretenimiento pasajero!

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RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Ser Luz en la Oscuridad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es ser una luz en medio de la oscuridad. Vivimos en un mundo donde el pecado es promovido, la inmoralidad es celebrada y los valores Bíblicos son rechazados cada vez más. Ante esta realidad, Dios llama a los jóvenes cristianos a vivir de manera diferente y a influir positivamente en quienes les rodean. El apóstol Pablo escribió a los santos en Filipos: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15). Estas palabras muestran claramente la responsabilidad que tiene cada cristiano de reflejar el carácter de Cristo en su vida diaria.

Jesús también exhortó a Sus discípulos a ser luz en el mundo cuando dijo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14-16). La luz tiene la capacidad de disipar las tinieblas, mostrar el camino correcto y servir de guía para quienes están perdidos. De la misma manera, el joven cristiano debe dejar que su conducta, palabras y acciones reflejen la voluntad de Dios. Pedro escribió: “Mas vosotros sois linaje escogido… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).

¿Cómo pueden los jóvenes ser una luz en la oscuridad? Considere las siguientes maneras:

(1) Amando a Dios con todo su ser (Mr. 12:30). El amor genuino por Dios motiva la obediencia y la fidelidad (Jn. 14:15).

(2) Siendo un ejemplo de fidelidad (Tit. 2:6-8). Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).

(3) Siendo un ejemplo de santidad (1 Cor. 6:18-20; Heb. 12:14). Dios llama a Sus hijos a ser santos en toda su manera de vivir (1 P. 1:15-16).

(4) No hablando palabras corrompidas (Ef. 4:29; Col. 4:6). Las palabras del cristiano deben edificar y mostrar gracia a quienes las escuchan.

(5) Obedeciendo a sus padres (Ef. 6:1-3). La obediencia y el respeto a los padres agradan a Dios y constituyen una poderosa influencia para otros jóvenes.

(6) Amando a su prójimo (Mr. 12:31). El amor cristiano demuestra al mundo que somos discípulos de Cristo (Jn. 13:34-35).

(7) No imitando los malos ejemplos (3 Jn. 11; Rom. 12:1-2). El joven fiel no sigue las modas pecaminosas ni las prácticas contrarias a la voluntad de Dios.

(8) Hablando a otros de Cristo (Mr. 16:15). Compartir el evangelio es una de las formas más efectivas de iluminar un mundo perdido (Rom. 1:16).

(9) Manteniéndose puro en pensamiento y conducta (Fil. 4:8). La pureza moral es cada vez más necesaria en una sociedad llena de corrupción e impureza.

(10) Escogiendo buenas amistades (1 Cor. 15:33). Las compañías influyen grandemente en el carácter y en las decisiones espirituales.

(11) Perseverando en la oración (1 Tes. 5:17). La oración fortalece la fe y ayuda al cristiano a mantenerse firme frente a las tentaciones (Mt. 26:41).

(12) Estudiando diligentemente la palabra de Dios (2 Tim. 2:15). La luz espiritual aumenta cuando el cristiano conoce y aplica las Escrituras en su vida.

Estas son solamente algunas maneras en las que los jóvenes pueden dejar que la luz de Cristo brille en sus vidas. Cuando un joven vive conforme a la voluntad de Dios, puede convertirse en una influencia positiva para sus amigos, compañeros de escuela, familiares y comunidad. Su ejemplo puede motivar a otros a buscar a Dios y obedecer el evangelio de Cristo.

Nunca subestimes el impacto que una vida fiel puede tener en los demás. Daniel fue una luz en medio de una nación pagana (Dan. 1:8; 6:10), José permaneció fiel a Dios en Egipto (Gen. 39:7-12), y Timoteo fue un ejemplo para los creyentes desde su juventud (1 Tim. 4:12). Estos hombres demostraron que es posible mantenerse fiel a Dios aun cuando la mayoría decide seguir otro camino. Ellos son un ejemplo de cómo ser luz en la oscuridad. 

Por lo tanto, le animamos a todo joven a ser una luz en la oscuridad para que Dios sea glorificado. Recuerda que tienes el potencial para lograrlo porque Dios te ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad (2 P. 1:3). También te ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio (2 Tim. 1:7). Permite que la luz de Cristo brille constantemente en tu vida para que otros vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos (Mt. 5:16).

A Dios sea la gloria por medio de tu vida y servicio fiel al Señor.

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: El Problema de los Cristianos Calienta Bancas por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor, es el problema de los cristianos “calienta bancas”. ¿Qué significa esta expresión? La idea detrás de ella describe a miembros de la iglesia que solamente asisten a los servicios de adoración, pero tienen poca o ninguna participación activa en la obra del Señor. Por obra del Señor nos referimos a responsabilidades tales como el evangelismo personal, la enseñanza de clases Bíblicas para diferentes edades, la preparación o compra de alimentos para los convivios de la iglesia, la limpieza después de eventos congregacionales, la ayuda con decoraciones para ocasiones especiales, la participación en los servicios de adoración, la bienvenida a los visitantes, la promoción de actividades de la iglesia en las redes sociales, el ofrecimiento de ayuda a los ancianos y diáconos, la visita a los enfermos, el ánimo a los desanimados, la ayuda a los nuevos convertidos para que crezcan espiritualmente, y muchas otras oportunidades de servicio. Esta lista cubre solamente algunas de las muchas maneras en que los cristianos pueden contribuir activamente a la obra del Señor.

Tristemente, muchos miembros de la iglesia se conforman con simplemente asistir a los servicios y luego regresar a sus hogares sin mayor participación. Otros ni siquiera asisten regularmente y, cuando lo hacen, su única contribución es ocupar un asiento. Algunos asisten fielmente, pero dedican su tiempo a criticar a la congregación en lugar de animarla. Hermanos, esto no debería ser así.

Los miembros fieles de la iglesia del Señor deben asistir regularmente a los servicios de adoración (Hebreos 10:25; Mateo 6:33; Colosenses 3:1-4). Sin embargo, nuestro servicio a Dios va mucho más allá de simplemente estar presentes. El cristianismo nunca tuvo la intención de ser una religión de espectadores. Cada cristiano ha sido llamado a servir, crecer y contribuir al bienestar espiritual de la congregación. El Nuevo Testamento enseña que cada miembro tiene una función dentro del cuerpo de Cristo (Romanos 12:4-8; 1 Corintios 12:12-27). Así como cada parte del cuerpo humano tiene un propósito, cada cristiano posee habilidades y oportunidades que pueden ser utilizadas para la gloria de Dios.

Los cristianos del primer siglo procuraban ser útiles tanto dentro como fuera de la asamblea de adoración. Su dedicación fue extraordinaria, dando como resultado crecimiento espiritual y numérico para la gloria de Dios. Esto es exactamente lo que observamos a lo largo del libro de los Hechos. Vemos cristianos enseñando a otros (Hechos 8:4), animando a los creyentes (Hechos 11:22-24), ayudando a los necesitados (Hechos 2:44-47) y trabajando juntos para esparcir el evangelio por todo el mundo (Hechos 17:6). La iglesia primitiva estaba compuesta por obreros activos, no por observadores pasivos.

Uno de los mayores peligros de convertirse en un cristiano calienta bancas es el estancamiento espiritual. Un cristiano que no sirve frecuentemente deja de crecer. Dios espera que Su pueblo madure espiritualmente y produzca fruto en Su reino. Jesús enseñó: “En esto es glorificado Mi Padre, en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). Cuando los cristianos no participan activamente en la obra del Señor, se privan de oportunidades para crecer, animar a otros y glorificar a Dios.

Además, las Escrituras condenan repetidamente la pereza espiritual. El siervo que enterró su talento en lugar de utilizarlo fue reprendido por su señor (Mateo 25:24-30). La iglesia necesita obreros dispuestos a dedicar su tiempo, talentos y recursos a la causa de Cristo. El apóstol Pablo exhortó a los cristianos a estar “firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre” (1 Corintios 15:58). Observe que Pablo no animó a una participación ocasional, sino a una dedicación continua a la obra del Señor.

¿Qué pueden hacer los cristianos para evitar caer en el error de simplemente calentar una banca en la iglesia del Señor? Considere lo siguiente:

  1. Cultive un profundo amor por Dios (Marcos 12:30). El amor genuino por Dios motivará un servicio activo y una obediencia fiel.
  2. Recuerde que Dios desea un crecimiento continuo en Su obra (1 Corintios 15:58; 2 Pedro 3:18).
  3. Tenga presente que la ociosidad en la obra del Señor no produce fruto para la gloria de Dios (2 Pedro 1:5-11; Tito 3:14).
  4. Recuerde que la falta de crecimiento espiritual puede impedir la entrada al cielo (2 Pedro 1:10-11; 2 Timoteo 4:7-8).
  5. Cultive un profundo amor por la iglesia del Señor, recordando que Cristo murió por ella (Hechos 20:28; Efesios 5:25).
  6. Descubra y desarrolle las habilidades que Dios le ha dado para ponerlas al servicio de los demás (1 Pedro 4:10-11).
  7. Propóngase animar al menos a una persona cada semana (Hebreos 3:13; 10:24-25).
  8. Involúcrese activamente en el evangelismo y en compartir el evangelio con otros (Mateo 28:19-20; Hechos 8:4).
  9. Ore regularmente por oportunidades para servir y por la sabiduría necesaria para reconocerlas (Colosenses 4:2-6).
  10. Recuerde que un día todos daremos cuenta de nuestra mayordomía delante de Dios (Romanos 14:12; 2 Corintios 5:10).

Dios no quiere cristianos que simplemente calienten bancas. Él desea siervos fieles que glorifiquen Su nombre mediante vidas de dedicación, servicio y crecimiento espiritual. La iglesia es más fuerte cuando cada miembro participa activamente en la obra del Señor. Por lo tanto, esforcémonos cada día por darle a Dios lo mejor de nosotros, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15:58). Que nunca nos conformemos con simplemente ocupar un asiento cuando Dios nos ha llamado a ocupar un lugar de servicio en Su reino.

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ARRASTRAR A LA HIPOCRESÍA A LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista de cosas que perjudican a la iglesia del Señor es la de arrastrar a otros hermanos a la hipocresía y al error. Este problema no es nuevo; ha existido desde los tiempos del cristianismo primitivo y ha causado grandes divisiones, tropiezos y daños espirituales dentro del cuerpo de Cristo. Cuando hermanos con influencia, liderazgo o reputación espiritual practican conductas contrarias a la voluntad de Dios, muchas veces terminan influyendo negativamente en otros miembros de la congregación. Por esta razón, la Biblia exhorta a cada cristiano a vivir con integridad y cuidado, reconociendo que nuestras acciones afectan a quienes nos rodean.

El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los hermanos en Galacia:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gálatas 2:11-13).

Muchos conocemos lo que sucedió en este contexto. El apóstol Pedro, por temor a ciertos judíos, comenzó a actuar con hipocresía al apartarse de los cristianos gentiles. Pablo tuvo que resistirlo públicamente porque su conducta no estaba conforme a la verdad del evangelio (Gál. 2:14). El propósito de este artículo no es analizar todos los detalles del contexto, sino considerar una de las consecuencias más peligrosas de la hipocresía: la influencia negativa que puede ejercer sobre otros cristianos.

El texto declara que “aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gál. 2:13). La palabra “arrastrado” implica ser llevado juntamente con otros hacia una conducta equivocada. El término “simulación” denota actuar hipócritamente junto con otros, fingir o participar colectivamente en una práctica incorrecta. Esto nos enseña una lección muy seria: el pecado y la hipocresía pueden propagarse rápidamente dentro de una congregación cuando no son confrontados Bíblicamente.

El caso de Bernabé hace aún más impactante este incidente. Bernabé era conocido como un cristiano ejemplar. La Biblia lo presenta como un hombre generoso que ayudó a los necesitados (Hch. 4:36-37), un hermano que apoyó al apóstol Pablo cuando muchos le tenían temor (Hch. 9:26-27), un “varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (Hch. 11:24), y un fiel defensor del evangelio (Hch. 15). Sin embargo, aun un hombre tan espiritual como Bernabé pudo ser influenciado negativamente por la conducta de otros. Esto demuestra que ningún cristiano debe pensar que está completamente inmune al peligro de ser arrastrado al error (1 Cor. 10:12).

Hoy en día sucede lo mismo en muchas congregaciones. Hay hermanos que poseen gran influencia debido a su antigüedad, conocimiento Bíblico, amistad cercana o posición dentro de la iglesia. Cuando tales hermanos comienzan a practicar actitudes pecaminosas o promueven ideas contrarias a la sana doctrina, otros terminan siguiéndolos ciegamente. Algunos arrastran a otros al desánimo, la crítica constante, la división, el liberalismo doctrinal, la mundanalidad, el favoritismo, la rebeldía contra la autoridad Bíblica o la apatía espiritual.

La Biblia advierte repetidamente acerca del peligro de las malas influencias:

  • “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33).
  • “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gál. 5:9).
  • “No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11).
  • “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Heb. 12:15).

Es triste observar cómo algunas congregaciones han sufrido divisiones y conflictos porque ciertos hermanos influyentes persuaden a otros a seguir caminos incorrectos. En ocasiones, hermanos respetados utilizan su influencia para sembrar descontento, hablar mal de otros, cuestionar decisiones Bíblicas, o promover actitudes carnales. Tales acciones dañan profundamente la unidad y la espiritualidad de la iglesia. Pablo exhortó a los hermanos: “Os ruego, pues, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Rom. 16:17).

También debemos reconocer que la hipocresía no solamente perjudica al que la practica, sino también a los nuevos convertidos y a los débiles en la fe. Jesús habló severamente acerca de aquellos que hacen tropezar a otros:

“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera si se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mt. 18:6).

Cada cristiano debe examinar cuidadosamente el impacto de su ejemplo. Nuestras palabras, actitudes y acciones pueden fortalecer o destruir la fe de otros. Por esta razón, Pablo escribió: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). Todo cristiano debe procurar ser una influencia piadosa y no un tropiezo para la iglesia.

¿Qué lecciones podemos aprender de Gálatas 2:13 respecto al peligro de arrastrar a otros a la hipocresía?

  1. Aun hermanos fieles pueden ser arrastrados al error.
    Nadie debe confiar excesivamente en sí mismo (1 Cor. 10:12).
  2. Los hermanos con influencia pueden afectar positiva o negativamente a otros.
    El ejemplo tiene un enorme poder dentro de la congregación (1 Tim. 4:12).
  3. No debemos seguir ciegamente a ningún hombre.
    Nuestra lealtad suprema debe ser siempre hacia Cristo y Su Palabra (Hch. 5:29).
  4. Cuando un hermano anda desordenadamente, debe ser exhortado con amor y firmeza.
    Pablo corrigió públicamente a Pedro porque el daño era público (Gál. 2:11-14).
  5. La hipocresía puede extenderse rápidamente dentro de la iglesia.
    El pecado tolerado termina contaminando a otros (1 Cor. 5:6).
  6. Cada cristiano debe cuidar su influencia.
    Jesús enseñó que somos luz del mundo y sal de la tierra (Mt. 5:13-16).
  7. La unidad verdadera solamente puede existir cuando todos andamos conforme a la verdad del evangelio.
    La unidad sin verdad no agrada a Dios (Jn. 17:17; Ef. 4:1-6).

La iglesia del Señor en muchos lugares ha sido lastimada y obstaculizada en su trabajo espiritual por causa de hermanos que no se conducen conforme a la voluntad de Dios y que además influyen negativamente sobre otros. Por esta razón, cada cristiano debe orar constantemente a Dios para nunca convertirse en instrumento de división, hipocresía o tropiezo dentro de la congregación.

Procuremos más bien ser cristianos fieles que animen a otros a permanecer firmes en la verdad, el amor y la pureza espiritual. Que nuestro ejemplo siempre conduzca a otros más cerca de Cristo y nunca lejos de Él.

Willie A. Alvarenga | (817) 681 4543 | btsop2004@gmail.com

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “IMITAR LA VIDA DE JESÚS” por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy en día es el de imitar la vida de Jesús. Vivimos en una sociedad donde muchos jóvenes toman como modelo a artistas, deportistas, cantantes o personajes famosos, olvidando que el único ejemplo perfecto digno de imitación es Cristo Jesús. El apóstol Pablo escribió a los santos en Corinto: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). El verbo “sed” se encuentra en modo imperativo y tiempo presente, indicando que imitar a Pablo y a Cristo no es una sugerencia opcional, sino un mandato continuo para todos los cristianos.

La Biblia enseña claramente que el cristiano no debe conformarse a los caminos de este mundo. Pablo exhortó: “Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2). Lamentablemente, muchos jóvenes permiten que las modas, las redes sociales, las amistades incorrectas y los deseos carnales influyan más en sus vidas que la Palabra de Dios. El apóstol Juan advirtió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Todo lo que el mundo ofrece es temporal y puede apartar al joven de Dios. Moisés comprendió esta verdad cuando prefirió sufrir con el pueblo de Dios antes que gozar “de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25).

El joven fiel debe esforzarse diariamente por imitar las virtudes y el carácter de Cristo. Jesús mismo declaró: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15). El discípulo de Cristo debe reflejar Su vida en cada aspecto de su conducta.

El joven cristiano debe imitar de Jesús:

  1. Su obediencia al Padre.
    Jesús siempre hizo la voluntad de Dios. Él dijo: “Porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). Aun en medio del sufrimiento, Cristo obedeció perfectamente al Padre (Heb. 5:8-9; 10:7-9). El joven que desea agradar a Dios debe aprender a obedecer Su Palabra sin reservas (Jn. 14:15).
  2. Su perseverancia en las pruebas.
    Jesús sufrió rechazo, burlas y persecución, pero nunca abandonó Su misión. Pedro escribió: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 P. 2:21-25). Muchos jóvenes enfrentan presión social, críticas o tentaciones, pero deben permanecer firmes en la fe (Stg. 1:12).
  3. Su amor por los demás.
    Cristo mostró un amor incomparable hacia todos. Él enseñó: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Jn. 13:34-35). El amor cristiano se demuestra con acciones, servicio, paciencia y compasión (1 Cor. 13:4-7).
  4. Su vida de oración.
    Jesús dedicaba tiempo constante a la oración. Marcos 1:35 declara que muy de mañana buscaba lugares solitarios para orar. En Getsemaní también mostró dependencia total del Padre (Mt. 26:36-46). El joven necesita desarrollar una vida espiritual fuerte mediante la oración constante (1 Tes. 5:17).
  5. Su compasión por las almas perdidas.
    Jesús tuvo compasión de las multitudes porque estaban “como ovejas que no tienen pastor” (Mt. 9:36-38). Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10). El joven cristiano debe preocuparse por compartir el evangelio con sus amigos y familiares (Mr. 16:15-16).
  6. Su disposición para perdonar.
    Aun estando en la cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). El joven debe evitar el rencor y practicar el perdón (Ef. 4:31-32; Col. 3:13).
  7. Su dominio propio frente a la tentación.
    Jesús venció las tentaciones de Satanás usando la Palabra de Dios (Mt. 4:1-11). Hoy en día los jóvenes enfrentan tentaciones relacionadas con la inmoralidad, las malas amistades, las drogas, el lenguaje corrupto y el entretenimiento pecaminoso. Sin embargo, Dios provee la salida para vencer (1 Cor. 10:13). El dominio propio es una característica esencial del cristiano fiel (Gál. 5:22-23).
  8. Su humildad y espíritu de servicio.
    Jesús, siendo el Hijo de Dios, vino para servir y no para ser servido (Mr. 10:45). Lavó los pies de Sus discípulos como ejemplo de humildad y servicio a los demás (Jn. 13:3-5). El joven cristiano debe rechazar el orgullo y aprender a servir a los demás con sencillez y amor (Fil. 2:3-5).
  9. Su pureza de vida.
    Cristo vivió sin pecado (1 P. 2:22). En un mundo lleno de corrupción moral, el joven debe mantenerse limpio en pensamiento, palabra y conducta. Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).
  10. Su fidelidad a la verdad.
    Jesús siempre enseñó la verdad divina sin comprometerla (Jn. 17:17). Hoy muchos cambian la verdad para agradar al mundo, pero el joven cristiano debe permanecer firme en la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Judas 3).

Los jóvenes que deciden imitar la vida de Jesús serán una luz en medio de las tinieblas (Mt. 5:14-16). Sus vidas influirán positivamente en otros y glorificarán a Dios. Aunque el camino cristiano no siempre es fácil, vale la pena seguir las pisadas del Salvador. Pedro preguntó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

Se anima a todos los jóvenes a buscar a Dios diariamente por medio de la oración, el estudio diligente de las Escrituras y la obediencia fiel. Si permiten que Cristo viva en ellos, entonces el mundo podrá ver reflejado el carácter de Jesús en sus vidas (Gál. 2:20). El joven que imita a Cristo encontrará propósito, fortaleza y esperanza eterna.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ESPOSAS MALTRATANDO A SUS ESPOSOS por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor, es la de esposas maltratando a sus esposos. Este ha sido un problema muy grave por mucho tiempo y, lamentablemente, continúa afectando muchos hogares Cristianos. Dios diseñó el matrimonio para ser una relación de amor, respeto, ayuda mutua y edificación espiritual (Gen. 2:18; Ef. 5:22-33). Cuando una esposa no cumple con las responsabilidades que Dios le ha dado, no solamente afecta su matrimonio, sino también la estabilidad espiritual del hogar y el bienestar de la iglesia.

El maltrato de esposas hacia sus esposos puede observarse de muchas maneras: (1) No mostrando respeto hacia sus esposos (Ef. 5:33; 1 P. 3:1-6), (2) No sujetándose a ellos conforme al orden establecido por Dios (Ef. 5:22-24; Col. 3:18), (3) Siendo rencillosas y contenciosas con sus maridos (Prov. 21:9; 27:15), (4) Siendo iracundas y dominadas por el enojo (Prov. 21:19), (5) Hablando mal de sus maridos delante de los demás (Ef. 4:29; Mt. 12:36-37), (6) Rehusando vivir como la mujer virtuosa descrita en Proverbios 31, (7) Siendo mujeres necias que destruyen su hogar con sus propias manos (Prov. 14:1), (8) No respetando la fidelidad matrimonial (Heb. 13:4; Mt. 5:28), (9) Descuidando el hogar y las responsabilidades familiares (Tit. 2:4-5), (10) Siendo piedra de tropiezo para sus esposos al no animarles espiritualmente (Job 2:9), (11) Negándose a mostrar un espíritu afable y apacible, el cual es de grande estima delante de Dios (1 P. 3:4) y (12) No cumpliendo con sus deberes conyugales (1 Cor. 7:1-5).

En algunos casos, el comportamiento de ciertas esposas ha sido uno de los obstáculos por los cuales muchos maridos no viven felizmente con ellas. También impide que los esposos cumplan adecuadamente con los deberes que tienen dentro del matrimonio. Esto nunca debería ser el caso; sin embargo, lamentablemente lo es. Muchos maridos sufren emocional y espiritualmente a causa del maltrato recibido por parte de sus esposas. Ellas no siempre consideran el gran daño que causan cuando su comportamiento no está conforme a la voluntad de Dios.

La Biblia enseña claramente que el hogar debe caracterizarse por la paz, el amor y la edificación mutua. Colosenses 3:19 manda a los esposos amar a sus esposas y no ser ásperos con ellas; de igual manera, las esposas deben procurar un comportamiento que ayude y fortalezca a sus maridos. El matrimonio no fue diseñado para ser una relación de competencia, manipulación o menosprecio, sino una unión donde ambos glorifiquen a Dios (Ecl. 4:9-12).

¿De qué manera afecta a la iglesia el maltrato de esposas hacia sus esposos? Observe las siguientes consecuencias:

  1. Los esposos son obstaculizados en cumplir las responsabilidades que Dios les ha encomendado.
  2. Algunos esposos no llegan a ser predicadores porque sus esposas no desean apoyarles en la obra del Señor.
  3. Algunos no pueden servir como ancianos debido a la conducta infiel o desordenada de sus esposas delante de Dios (1 Tim. 3:1-7; Tit. 1:6-9).
  4. Otros no pueden llegar a ser diáconos por falta de apoyo espiritual en el hogar (1 Tim. 3:12).
  5. Muchos no pueden participar plenamente en ciertos ministerios por causa de conflictos constantes dentro del matrimonio.
  6. La iglesia recibe reproche del mundo al observar el comportamiento infiel de algunas esposas.
  7. La Palabra de Dios llega a ser blasfemada por causa de esposas que no cumplen sus deberes asignados (Tit. 2:5).
  8. Los hijos son afectados negativamente al crecer en hogares llenos de conflicto y falta de respeto.
  9. El ambiente espiritual del hogar se debilita, afectando la oración, el estudio Bíblico y la fidelidad a Dios.
  10. Satanás aprovecha estas dificultades para dividir hogares y debilitar a la iglesia (1 P. 5:8).

Este es un asunto muy serio y con consecuencias dolorosas. La iglesia es lastimada cuando hermanas casadas no se comportan como Dios manda en Su Palabra. Siempre debe ser el caso que el pueblo de Dios se esfuerce por vivir de tal manera que Él sea glorificado en la vida de todos los miembros de la iglesia (Mt. 5:16; 1 Cor. 10:31).

Gracias a Dios, el cambio sí es posible. Nuestro Padre celestial ha provisto todo lo necesario para que las esposas puedan desarrollar un carácter piadoso y agradable delante de Él. Por medio del estudio de la Palabra, la oración, la humildad y el deseo sincero de obedecer a Dios, toda esposa puede llegar a ser una bendición para su esposo, su hogar y la iglesia. Se anima a todas las esposas a esforzarse cada día por ser la clase de esposa que Dios manda. ¡Esto sí se puede lograr!

Willie A. Alvarenga | btsop2004@gmail.com

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: NO CEDER A LA PRESIÓN DEL MUNDO por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que los jóvenes enfrentan hoy en día es el de no ceder a la presión del mundo. Vivimos en una sociedad donde constantemente se promueve el pecado, la inmoralidad, la desobediencia a Dios y el rechazo de los valores Bíblicos. Los jóvenes son bombardeados diariamente por medio de las redes sociales, amistades, entretenimiento y la cultura moderna, los cuales muchas veces buscan alejarlos de Dios y de Su voluntad.

El proverbista escribió: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10). El término “consientas” denota el acto de dejarse seducir o influenciar por alguien; ceder ante sus demandas o aceptar voluntariamente cierto curso de acción como señal de obediencia o sumisión. Dios desea que los jóvenes tengan el valor de decir “no” al pecado y mantenerse firmes en medio de una generación corrompida (Fil. 2:15).

La presión del mundo puede manifestarse de muchas maneras: presión para participar en conversaciones impuras, consumir entretenimiento pecaminoso, vestir de manera indecente, practicar el bullying, consumir drogas o alcohol, participar en inmoralidad sexual, mentir para ser aceptado o abandonar la fidelidad a Dios con tal de encajar entre los demás. Muchos jóvenes han cedido a esta presión porque desean ser aceptados por otros. Sin embargo, la Biblia enseña claramente que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33).

Moisés entendió que los placeres del pecado son temporales. Hebreos 11:25 dice que él prefirió “ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado”. El mundo ofrece placer momentáneo; sin embargo, este placer siempre trae consecuencias dolorosas. Romanos 6:23 enseña que “la paga del pecado es muerte”, y Santiago 1:13-15 explica que el pecado, después que ha sido consumado, da a luz la muerte espiritual.

El joven cristiano debe recordar que no puede amar al mundo y agradar a Dios al mismo tiempo. El apóstol Juan escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Santiago también declara que “la amistad del mundo es enemistad contra Dios” (Stg. 4:4). Por esta razón, el joven fiel debe esforzarse por vivir una vida santa y apartada del pecado (1 Ped. 1:14-16).

¿Qué puede hacer el joven cristiano para no ceder a la presión del mundo? La Biblia ofrece principios prácticos que ayudarán a permanecer firmes:

  1. Orar constantemente a Dios para no caer en tentación y pedir sabiduría (Mt. 26:41; Stg. 1:5-6; Fil. 4:6-7).
  2. Utilizar toda la armadura de Dios para resistir las asechanzas del diablo (Ef. 6:10-18).
  3. Imitar el ejemplo de jóvenes fieles como José, quien huyó de la inmoralidad (Gen. 39:7-12), y Daniel, quien decidió no contaminarse (Dan. 1:8).
  4. Llenar la mente con la Palabra de Dios, ya que ésta ayuda a vencer el pecado (Sal. 119:9-11; Col. 3:16).
  5. Escoger amistades sabias y espirituales que ayuden a acercarse más a Dios (Prov. 13:20).
  6. Recordar que las cosas del mundo son temporales y pronto pasarán (1 Jn. 2:15-17; 2 Cor. 4:18).
  7. Cultivar un amor profundo por Dios con todo el corazón (Mr. 12:30), pues quien ama verdaderamente a Dios procurará obedecerle (Jn. 14:15).
  8. Mantenerse ocupado en las cosas espirituales, participando fielmente en la adoración, el estudio Bíblico y las buenas obras (Heb. 10:24-25).
  9. Pensar antes de actuar, recordando que cada decisión tiene consecuencias (Gál. 6:7-8).
  10. Confiar en que Dios siempre dará la salida ante la tentación (1 Cor. 10:13).

El joven cristiano no está solo en esta lucha. Dios promete fortalecer a aquellos que permanecen fieles. Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Aunque la presión del mundo sea grande, el poder de Dios es mucho mayor. Por lo tanto, el joven debe mantenerse firme, valiente y fiel, recordando siempre que en Cristo “somos más que vencedores” (Rom. 8:37-39). Así que, nunca cedas a la presión el mundo. 

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “APRENDER A MANTENERSE OCUPADOS EN LA OBRA DEL SEÑOR” por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que los jóvenes enfrentan hoy en día es aprender a mantenerse ocupados en la obra del Señor. Las distracciones que este mundo presenta al joven Cristiano son muchas. En la mayoría de los casos, estas distracciones impiden que los jóvenes permanezcan activos en el servicio a Dios. La Biblia nos recuerda que los Cristianos no deben permitir que el mundo los aparte de su fidelidad a Dios. 1 Juan enseña que no debemos amar al mundo ni las cosas que están en el mundo, porque el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:15-17). Los jóvenes Cristianos deben recordar que Satanás constantemente busca oportunidades para desanimarlos de servir fielmente a Dios. Por esta razón, deben permanecer espiritualmente alertas y firmes en su compromiso con Cristo.

¿Cuáles son algunas actividades en las que los jóvenes deberían participar, pero muchas veces no lo hacen a causa de las distracciones? Las siguientes son dignas de seria consideración: (1) Participar en los diferentes privilegios durante la adoración a Dios, tales como cantar, dirigir oraciones, lecturas Bíblicas, asistir en la Cena del Señor, devocionales y otras áreas de servicio, (2) Participar en actividades juveniles que fortalezcan la comunión Cristiana y el crecimiento espiritual, (3) Participar en el evangelismo personal compartiendo el evangelio con amigos, compañeros de escuela, vecinos y familiares, (4) Ayudar en eventos congregacionales tales como conferencias, campañas evangelísticas, seminarios, escuelas Bíblicas de vacaciones y reuniones evangelísticas, y (5) Animar a otros jóvenes a ser miembros activos y fieles de la congregación. Eclesiastés recuerda a los jóvenes: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Eclesiastés 12:1). Asimismo, 1 Timoteo enseña que los jóvenes Cristianos pueden ser ejemplos “en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

Dios siempre se ha agradado de los jóvenes que toman muy en serio el trabajo de Su reino. A través de las Escrituras leemos acerca de jóvenes fieles como José, Daniel y Timoteo, quienes permanecieron fieles a Dios a pesar de circunstancias difíciles y presiones mundanas. Joven, tú tienes un gran potencial para servir fielmente a nuestro Dios. Nunca subestimes el valor de tu servicio en el reino de Cristo. Por lo tanto, se te anima a hacer todo esfuerzo para evitar que las distracciones de este mundo te aparten de ofrecer un servicio agradable a Dios. Colosenses exhorta a los Cristianos: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23). A todos los jóvenes que ya están activos en la obra del Señor, muchas gracias por su fiel servicio a Dios y por su ejemplo para otros. Sigan adelante, “firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre” (1 Corintios 15:58).

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ESPOSOS MALTRATANDO A SUS ESPOSAS por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que podemos añadir a la lista y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de esposos maltratando a sus esposas. Este ha sido un problema muy grave por mucho tiempo y uno que continúa causando dolor, tristeza y división en muchos hogares. El maltrato de esposos para con sus esposas se puede observar de las siguientes maneras: (1) Fallando en amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25), (2) Tratando a sus esposas de una manera áspera (Col. 3:19), (3) Fallando en proveer para las necesidades físicas y espirituales del hogar (1 Tim. 5:8), (4) Fallando en ser la cabeza espiritual del hogar (Ef. 5:23), (5) No tratando a sus esposas como a vaso más frágil (1 P. 3:7), (6) Utilizando palabras que lastiman y destruyen emocionalmente (Ef. 4:29), (7) Siendo infieles a ellas (Mt. 5:28; Heb. 13:4), (8) Descuidando el tiempo y la atención que deben brindarles (Ecl. 9:9), (9) Actuando con egoísmo y orgullo (Fil. 2:3-4), y (10) Maltratando físicamente a sus esposas por medio de la violencia doméstica. Estas son solamente algunas de las formas en las que el esposo puede maltratar a su esposa. Tales prácticas constituyen pecado delante de Dios y son completamente contrarias al diseño divino para el matrimonio.

Tristemente, el maltrato de los esposos para con sus esposas es algo que se ha podido observar aun en algunas iglesias del Señor. Amados hermanos, esto nunca debe ser el caso en nuestros matrimonios. El hogar cristiano debe ser un lugar donde reine el amor, el respeto, la comprensión y la paz. La voluntad de Dios nunca ha sido que la esposa viva con temor, tristeza o inseguridad. El matrimonio fue establecido por Dios para bendición y compañía (Gen. 2:18, 24), no para sufrimiento ni abuso.

El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los santos en Éfeso: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, así mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Ef. 5:25-30).

A través de esta sección se puede observar cómo el apóstol instruye a los maridos a: (1) Amar a sus esposas con un amor profundo y sacrificial que imita el amor de Cristo por Su iglesia, (2) Buscar siempre el bienestar físico, emocional y espiritual de su esposa, (3) Amar y cuidar de sus esposas como a sus mismos cuerpos, y (4) Tratar a sus esposas con ternura, paciencia y consideración. Todo esposo que obedezca estas directivas logrará mantenerse alejado de maltratar a su esposa. Sin embargo, todo esposo que ignore los mandamientos que Dios ha establecido para el matrimonio terminará destruyendo su propio hogar y alejándose de la voluntad divina.

La Biblia enseña claramente que el carácter del cristiano debe reflejar mansedumbre, dominio propio y amor. Pablo escribió: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Ef. 4:31). También escribió: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros” (Ef. 4:32). Un esposo que constantemente vive en ira, gritos, amenazas y violencia está actuando de una manera incompatible con la vida cristiana.

El apóstol Pedro también instruyó a los maridos diciendo: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 P. 3:7). Este pasaje enfatiza que el esposo debe honrar y respetar a su esposa. El hombre que humilla, desprecia o maltrata a su esposa pone en peligro su relación con Dios, ya que sus oraciones serán estorbadas.

También es importante recordar que los hijos sufren grandemente cuando observan violencia y maltrato dentro del hogar. Un hogar lleno de gritos, amenazas y agresión deja heridas emocionales profundas. Los padres cristianos deben criar a sus hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4), mostrando con su ejemplo cómo luce un matrimonio piadoso y agradable delante de Dios.

Por ende, ¿Qué más se puede hacer para evitar el maltrato de las esposas? Considere lo siguiente: (1) Recuerde que su esposa es una gran bendición en su vida (Prov. 18:22), (2) Recuerde que su esposa debe ser tratada con amor, dignidad y respeto (1 P. 3:7), (3) Recuerde que el no tratar bien a su esposa resultará en que sus oraciones no sean escuchadas ni respondidas por Dios (1 P. 3:7), (4) Recuerde que el amor verdadero “no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita” (1 Cor. 13:4-7), (5) Recuerde que usted dará cuentas a Dios por la manera en que trató a su familia (Rom. 14:12; 2 Cor. 5:10), y (6) Recuerde que maltratar a su esposa puede resultar en la pérdida de su esperanza de vida eterna si no hay arrepentimiento genuino (Rom. 6:23).

Es imperativo recordar que maltratar a su esposa impedirá que usted pueda experimentar un crecimiento espiritual conforme a la voluntad de Dios. El matrimonio es una institución establecida por Dios y, como tal, debe ser respetada y tenida en alta estima (Heb. 13:4). Dios ya ha provisto suficiente instrucción para poder gozar de una relación hermosa y estable en el matrimonio. Por lo tanto, esforcémonos siempre por mostrar amor, paciencia, respeto y fidelidad hacia nuestras esposas. Solamente así podremos tener hogares fuertes, matrimonios saludables y congregaciones agradables delante de Dios.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR – Padres ignorando la educación Bíblica de sus hijos por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que, a través de los siglos, ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de padres que ignoran la educación Bíblica de sus hijos. Este ha sido un problema grave por mucho tiempo. Desde los días del Antiguo Testamento, Dios ha enfatizado la responsabilidad de los padres en instruir a sus hijos en Su Palabra (Deut. 6:6-7; 11:18-19). Sin embargo, a pesar de esta clara enseñanza, existen congregaciones que han sido afectadas profundamente debido a padres que han fallado en educar a sus hijos en el conocimiento de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, hay padres que se conforman solamente con enviar a sus hijos a las clases de los domingos y miércoles, pero fallan en impartir enseñanza en sus propios hogares, olvidando que la responsabilidad principal recae sobre ellos y no exclusivamente sobre la iglesia (Ef. 6:4; Prov. 22:6). Hay padres que, cuando sus hijos cometen errores, no los corrigen apropiadamente, es decir, conforme a la Palabra de Dios (Prov. 13:24; 29:15). También hay padres que no creen en la disciplina para ayudar a sus hijos; tales han adoptado los caminos del mundo en lugar de lo que Dios enseña por medio de Su Palabra (Heb. 12:5-11).

Asimismo, algunos padres no hablan de Dios en el hogar, no leen las Escrituras con sus hijos, ni fomentan conversaciones espirituales, descuidando así una de las herramientas más importantes para formar corazones fieles (Deut. 6:7; Sal. 78:4-7). Otros permiten que las influencias del mundo —como malas compañías o entretenimiento inapropiado— moldeen el carácter de sus hijos más que la Palabra de Dios (1 Cor. 15:33; Rom. 12:2). Todo esto, de una forma u otra, afecta la obra del Señor en gran manera.

Debemos recordar que los hijos son el presente y el futuro de la iglesia. Ellos son quienes continuarán con la obra del Señor una vez que los padres ya no estén vivos (Sal. 127:3-5). Por ello, los padres deben preocuparse por la educación Bíblica de sus hijos, ya que esto les ayudará en su vida personal y espiritual, guiándolos por el camino correcto (Prov. 3:5-6; Ecl. 12:1).

¿Cuáles son las formas en las cuales podemos tomar una parte activa en la educación Bíblica de nuestros hijos? A continuación, se presentan algunas maneras en que esto se puede lograr.

Educamos a nuestros hijos:

  1. A través de presentarles un buen ejemplo de fidelidad a Dios (1 Tim. 4:12; Mt. 5:16; Fil. 3:17).
  2. A través de tomar el tiempo para aconsejarles en el camino del Señor (Tito 2:6-8; Sal. 119:24; Prov. 4:1-4).
  3. A través de orar juntos en familia (Ef. 6:18; Col. 4:2; 1 Tes. 5:17).
  4. A través de animarles a memorizar las Escrituras (Sal. 119:9, 11; Prov. 7:1-3; Col. 3:16).
  5. A través de animarles a estar presentes en los servicios de adoración de la iglesia (Heb. 10:24-25; Mt. 6:33; Sal. 122:1).
  6. A través de animarles a ser estudiantes diligentes de la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15; Hch. 17:11; 2 Tim. 3:14-15).
  7. A través de animarles a amar a Dios con todo su ser (Mr. 12:30; Deut. 10:12; Jos. 24:15).
  8. A través de corregirlos y disciplinarlos con amor conforme a la voluntad de Dios (Ef. 6:4; Prov. 22:15; Heb. 12:7).
  9. A través de protegerlos de influencias negativas y guiarlos a escoger buenas compañías (Prov. 1:10; 1 Cor. 15:33; Sal. 1:1-2).
  10. A través de enseñarles a temer a Dios y guardar Sus mandamientos (Ecl. 12:13; Prov. 1:7).

Estas son solamente algunas formas de cómo podemos ocuparnos en la educación Bíblica de nuestros hijos. Estoy más que seguro de que todos los padres desean que sus hijos estén bien y que un día puedan estar en el cielo con Dios (3 Jn. 4). Sin embargo, para que esto sea una realidad, como padres debemos preocuparnos constantemente porque nuestros hijos conozcan a Dios y le sean fieles en todo (Jn. 17:3; Ap. 2:10).

Si esto no se hace, sufriremos al ver una generación que no conoce a Dios ni las grandes obras que Él ha hecho a través de los tiempos (Jueces 2:10-11; Oseas 4:6). Que sea Dios quien nos dé la sabiduría para preocuparnos diligentemente por la educación Bíblica de nuestros hijos (Stg. 1:5).

Prácticas que lastiman la iglesia: La ignorancia Bíblica por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que, a través de los siglos, ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la ignorancia Bíblica. Este ha sido un problema grave desde tiempos antiguos y continúa siendo una amenaza en nuestros días. Una lectura cuidadosa del Antiguo Testamento muestra cómo el pueblo de Dios, en diversas ocasiones, abrió la puerta al desconocimiento de Su voluntad, con consecuencias devastadoras.

Por ejemplo, en Isaías 5:13, el profeta escribió: “Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed”. Este pasaje demuestra claramente que la falta de conocimiento bíblico conduce a una cautividad espiritual. De igual manera, el profeta Oseas advirtió sobre las terribles consecuencias de ignorar la Palabra de Dios: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Oseas 4:6). La ignorancia no es simplemente una debilidad; es una condición peligrosa que puede llevar a la destrucción espiritual.

La Biblia también enseña que Dios desea que Su pueblo crezca en conocimiento. En Proverbios 1:7 leemos que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová”, mientras que en Proverbios 2:1-6 se nos exhorta a buscar la sabiduría como un tesoro. Asimismo, el profeta Jeremías lamentó que el pueblo no conocía a Dios (Jeremías 9:3-6), lo cual evidencia que la ignorancia espiritual es señal de alejamiento de Él.

Ahora bien, ¿de qué manera puede el pueblo de Dios caer en esta ignorancia?
(1) Siendo negligente en crecer en el conocimiento de la Palabra (2 Pedro 3:18),
(2) No permitiendo que la Palabra de Cristo habite en abundancia en el corazón (Colosenses 3:16),
(3) Fallando en poner en práctica lo aprendido (Santiago 1:22-25),
(4) Descuidando la lectura constante de las Escrituras (1 Timoteo 4:13),
(5) No enseñando correctamente la doctrina (2 Timoteo 2:15; 1 Pedro 4:11),
(6) No guardando la Palabra en el corazón (Salmo 119:11),
(7) Fallando en obedecer lo que Dios manda (Juan 14:15),
(8) Dejándose llevar por falsas enseñanzas (Efesios 4:14),
(9) Rechazando el amor por la verdad (2 Tesalonicenses 2:10-12).

La ignorancia Bíblica ha sido una de las causas principales por las cuales el pueblo de Dios ha fallado en cumplir Su voluntad. Esta voluntad no puede llevarse a cabo si abrimos la puerta a la insensatez y al desconocimiento de las Escrituras. El apóstol Pablo exhortó: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:17). Asimismo, en Romanos 10:2-3, Pablo describe a aquellos que tienen celo por Dios, pero no conforme a ciencia, mostrando que el entusiasmo sin conocimiento también puede llevar al error.

La única manera de mantenernos firmes en el camino del Señor es prestando diligente atención a la Palabra de Dios. Ella es la lámpara que guía nuestros pasos (Salmo 119:105), el consejo seguro para nuestras decisiones (Salmo 119:24), y el medio por el cual nuestra fe crece (Romanos 10:17). Jesús mismo declaró: “Erráis, ignorando las Escrituras” (Mateo 22:29), indicando que el error doctrinal muchas veces tiene su raíz en la ignorancia Bíblica.

Además, la Palabra de Dios tiene el poder de salvar nuestras almas (Santiago 1:21), hacernos sabios para la salvación (2 Timoteo 3:15), y transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2). Es la Palabra inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16), útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia, y capaz de equiparnos completamente para toda buena obra (2 Timoteo 3:17).

Hermanos, la ignorancia Bíblica puede llegar a ser tan peligrosa que incluso puede impedir nuestra entrada al cielo (Oseas 4:6; Mateo 7:21-23). Por esta razón, se anima al pueblo de Dios a tomar con mayor seriedad el crecimiento espiritual. Es necesario escudriñar las Escrituras diariamente, como lo hacían los de Berea (Hechos 17:11), y desear la Palabra como niños recién nacidos desean la leche espiritual (1 Pedro 2:2).

Se nos exhorta a cultivar un profundo amor por la Palabra de Dios (Salmo 119:97), a meditar en ella día y noche (Josué 1:8), y a perseverar en su estudio y obediencia. De esta manera, no solo seremos conocedores, sino también hacedores de la Palabra (Santiago 1:22).

Debemos reconocer que un pueblo instruido en la Palabra de Dios será útil y de gran bendición para la obra del Señor. La sabiduría y la inteligencia que la Palabra produce en nuestras vidas (Deuteronomio 4:6) nos ayudarán a vivir de tal manera que glorifiquemos a Dios en todo. No solamente esto, sino que también nos dará la bendición de, un día, estar en el cielo con nuestro Dios, habiendo permanecido fieles a Su verdad.

Retos que enfrentan los jóvenes: Convertirse en una «Biblia Andante» por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que los jóvenes enfrentan hoy en día es llegar a ser una “Biblia andante”. Esta expresión se ha utilizado por años para describir a cristianos—tanto jóvenes como adultos—que han dedicado tiempo, esfuerzo y disciplina a memorizar las Escrituras y a familiarizarse profundamente con las enseñanzas de la Palabra de Dios. Una “Biblia andante” no es simplemente alguien que puede citar muchos versículos de memoria, sino una persona que vive fielmente, aplica y enseña lo que Dios ha revelado. Es alguien cuya vida refleja el conocimiento bíblico en su conducta diaria (cf. Santiago 1:22).

Los jóvenes poseen un gran potencial para alcanzar esta meta. Sus mentes y corazones pueden compararse con una “esponja” que absorbe fácilmente el conocimiento. La Escritura misma reconoce el potencial espiritual de la juventud. Eclesiastés 12:1 exhorta: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”, mientras que 1 Timoteo 4:12 anima: “Ninguno tenga en poco tu juventud…”. Muchos jóvenes fieles a lo largo de la historia bíblica demostraron que es posible conocer profundamente la voluntad de Dios desde temprana edad, como Timoteo, quien desde la niñez conocía las Sagradas Escrituras (2 Timoteo 3:15).

Memorizar las Escrituras es una herramienta poderosa para la vida cristiana. No solo fortalece la fe, sino que también capacita a los jóvenes para enfrentar la tentación y enseñar a otros. La Biblia enseña claramente: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra”, y “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:9, 11). Además, la Palabra de Dios es descrita como luz y guía (Salmo 119:105), viva y eficaz (Hebreos 4:12), y capaz de equiparnos para toda buena obra (2 Timoteo 3:16–17).

Cuando un joven decide llenarse de la Palabra de Dios, experimenta muchas bendiciones. Obtiene fortaleza contra el pecado, siguiendo el ejemplo de Jesús, quien usó la Escritura para resistir la tentación (Mateo 4:1–11). Está preparado para enseñar a otros, como instruye 1 Pedro 3:15, estando siempre listo para presentar defensa. También experimenta crecimiento espiritual continuo, deseando “la leche espiritual no adulterada” (1 Pedro 2:2), y adquiere verdadera sabiduría, ya que “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” (Salmo 19:7). Además, su obediencia se convierte en evidencia de su amor por Dios: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Convertirse en una “Biblia andante” requiere disciplina y compromiso. Los jóvenes pueden cultivar esta meta mediante la lectura diaria de la Biblia (Josué 1:8), la memorización constante de versículos, la meditación en la Palabra (Salmo 1:1–2), el escuchar enseñanza bíblica sana y la aplicación de lo aprendido en la vida cotidiana. Estas prácticas ayudan a transformar el conocimiento en una vida fiel.

El joven cristiano enfrenta muchos retos en el mundo actual, pero uno de los más importantes es llenarse de la Palabra de Dios (Colosenses 3:16). Llegar a ser una “Biblia andante” no es opcional para el crecimiento espiritual; es esencial. Al hacerlo, el joven no solo agradará a Dios, sino que también estará mejor preparado para enfrentar la vida, ayudar a otros y, finalmente, alcanzar la vida eterna. Como declaró el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). ¡Que Dios nos ayude a ser “Biblias andantes” en nuestra vida!

La Nueva Hermenéutica por Willie Alvarenga

A través de los tiempos  Satanás se ha esforzado a lo máximo por engañar a todos aquellos que se preocupan por estudiar la Biblia. Las artimañas que éste enemigo utiliza son muy eficaces y, por consiguiente, es imperativo que mantengamos los ojos de nuestro entendimiento muy abiertos para no caer en su error.  Una de las áreas en las cuales Satanás se enfoca es en el estudio de la Palabra de Dios. Si este adversario tiene éxito  en hacer que muchos crean contrario a lo que Dios pide, entonces tendrá éxito y varias personas serán guiadas por el camino del error.

Una de las herramientas que en estos momentos Satanás utiliza es la llamada “Nueva Hermenéutica”.  Pero bueno, en primer lugar hacemos la pregunta, ¿Qué es hermenéutica? Simple y sencillamente, la palabra hermenéutica denota el arte o la ciencia de la interpretación. En nuestro contexto, nos referimos al arte de interpretar las Escrituras que Dios ha hecho disponible para el hombre.  Ahora, la frase “nueva hermenéutica” simplemente denota la ciencia de interpretar la Biblia de una manera nueva y diferente.  Los proponentes de este nuevo método de interpretar la Biblia han llegado a la conclusión de que la manera de cómo la antigua hermenéutica interpreta la Biblia no es lo que les conviene, y por lo tanto, se debe inventar o establecer un nuevo método de ver las cosas, no como Dios quiere, sino como el hombre desea, algo que está en completa contradicción con lo que Dios dice en Su Palabra (Proverbios 14:12; 16:25; Jeremías 10:23).

Por muchos años se ha interpretado la Palabra de Dios utilizando tres métodos de suma importancia: (1)  El mandamiento directo, (2) La inferencia necesaria o implicación y (3)  El ejemplo apostólico  aprobado. Todas las prácticas que la Iglesia de Cristo ha llevado a cabo desde su inicio han sido tomadas siguiendo estos tres métodos de interpretación Bíblica.  Nuestro Señor Jesucristo utilizó los primeros dos métodos, el mandamiento directo y la inferencia necesaria.  Para ello le invito a que considere los siguientes pasajes de la Escritura: Mateo 12:1-8; Mateo 22:23-33. En estos dos pasajes, Jesús utilizó los ejemplos de eventos en el pasado para establecer Su autoridad y de esta manera, refutar el razonamiento erróneo de aquellos que se oponían a lo que Él practicaba y enseñaba.

Los 5 actos de adoración que la Iglesia observa se derivan del mandamiento directo, inferencia necesaria y ejemplo apostólico aprobado.  Por ejemplo, la Cena del Señor sabemos que se debe observar el primer día de la semana (domingo). El ejemplo apostólico aprobado que encontramos en Hechos 20:7 muestra que éste es el caso.  Pasajes como Hechos 2:42 y 1 Corintios 11 hablan de la frecuencia con la cual se debe observar este acto de adoración y el mandamiento que se presenta para el tal. Los defensores de la nueva hermenéutica argumentan que la Cena del Señor se puede observar en cualquier otro día, y no necesariamente el domingo, que es el primer día de la semana. Su manera de interpretar la Biblia incorrectamente los lleva por el sendero equivocado.

¿Cuáles son algunos de los puntos relacionados a la “nueva hermenéutica”? Observemos algunos puntos relacionados a esta doctrina:

  1. La nueva hermenéutica ataca la autoridad de las Escrituras y da lugar para que la Biblia se interprete de una manera incorrecta y de acuerdo a lo que al hombre le conviene y no lo que Dios manda
  2. La nueva hermenéutica interpreta la Biblia de tal manera que pervierte la manera de cómo adoramos a nuestro Dios, permitiendo que los instrumentos mecánicos se introduzcan en la adoración, cambiando el día en el cual la Santa Cena se debe observar, permitiendo que las mujeres participen en la adoración predicando y enseñando, cambiando el nombre por el cual se identifica la Iglesia, etc. Debe haber un cambio de la manera de interpretar la Biblia para que estas prácticas encuentren una puerta abierta en las Iglesias de Cristo; de otra manera no lo podrán hacer, ya que la Biblia en ninguna parte autoriza dichas prácticas
  3. La nueva hermenéutica, por medio de sus erróneas interpretaciones, abre la puerta para que el denominacionalismo se penetre en la Iglesia pura de nuestro Señor Jesucristo, enseñando que los miembros de las denominaciones son nuestros hermanos en Cristo y que en el día final, tales serán salvos. Nuevamente, debe haber un cambio de la doctrina de Cristo para que esta falsa doctrina, pueda ser aceptada en la Iglesia
  4. La nueva hermenéutica considera las interpretaciones correctas de la Biblia como algo legalista y extremista. Para los proponentes de la nueva hermenéutica, los que la interpretan correctamente la Biblia están equivocados y son de una mente cerrada y no abierta. Tales son catalogados como “fariseos”, “legalistas” o “extremistas”.
  5. La nueva hermenéutica propone presentar un Dios que aprueba el pecado bajo la excusa de que lo más importante es el amor y no la doctrina.
  6. La nueva hermenéutica establece la doctrina de que los falsos maestros pueden tener comunión con la Iglesia de Cristo.
  7. La nueva hermenéutica le da la espalda a la lógica, es decir, al razonamiento correcto.

Estos son solamente algunos de las puntos en los cuales usted puede darse cuenta que Satanás está trabajando para pervertir lo que Dios ya ha establecido por medio de Su Palabra. Hermanos, esto no es nada nuevo. Desde el principio de los tiempos Satanás ha tratado de cambiar la Palabra de Dios para engañar al hombre. Cuando usted escuche de alguien que está cambiando lo que Dios ya ha estipulado en la Biblia, usted puede darse cuenta que tal persona está apoyando la nueva hermenéutica.

Hermanos en Cristo, es imperativo que tengamos mucho cuidado de no caer en el error de Satanás.  Los que defienden la necesidad de una nueva hermenéutica, es decir, una nueva manera de interpretar las Escrituras, están tratando de cambiar las cosas para que de esta manera, el hombre pueda hacer lo que él quiera, y no lo que Dios manda por medio de Su Palabra.  Así que, con esto en mente, le animo en el nombre del Señor a que no permita que esta práctica de la nueva hermenéutica llegue a su congregación. Lamentablemente muchas congregaciones han abierto la puerta a este error.  Si usted desea que la Iglesia de Cristo permanezca firme en la sana doctrina, le animo  que por favor se mantenga despierto para que no permita que las artimañas del error le hagan caer en las garras del enemigo.

Recuerde que hay serias consecuencias cuando no permanecemos en lo que Dios nos manda por medio de Su Palabra.  Le invito que por favor considere los siguientes pasajes de la Escritura, los cuales se aplican a cada uno de nosotros y nos exhortan a tener cuidado (1 Corintios 4:6; 2 Juan 9-11; 1 Pedro 4:11; Deuteronomio 4:2; Proverbios 30:6; Apocalipsis 22:18-19; 1 Timoteo 4:1-4; 1 Juan 4:1; Tito 2:1).  Exhorto a mis hermanos a que seamos estudiantes diligentes de la Biblia para que, estando preparados, podamos refutar el error que hoy en día se presenta en muchos lugares.  El no hacer esto, causará que nuestra alma se pierda por causa de ir en pos de la falsa doctrina. Satanás es muy astuto, y presenta el error como si fuese la verdad de Dios.  Por esto, mis amados hermanos, el conocimiento de la Palabra de Dios es de vital importancia (2 Pedro 3:18; 2 Timoteo 2:15; Oseas 4:6; Isaías 5:13).

Muchas gracias por considerar este breve artículo sobre la nueva hermenéutica. Qué el Dios del cielo nos ayude a no ser engañados por el error de las corrientes del cambio.

 

Willie A. Alvarenga

P.O. Box 210667

Bedford, TX 76095

walvarenga@btsop.com

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www.alvarengapublications.com

Folleto: El Plan de Salvación

Cover El Plan de SalvaciónHermanos, aquí les presento un folleto para ser utilizado en los esfuerzos de evangelismo personal o congregacional. En este folleto la persona es informada sobre el verdadero plan de salvación que Dios, en Su infinita misericordia, ha dejado disponible para ser entendido.

Si usted en realidad está interesado en hacer la voluntad de Dios, le aseguro que usted podrá entender este plan de salvación. Jesús dijo, «El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta» (Juan 7:17). Basado en este texto, Jesús asegura que usted puede entender la voluntad de Dios, si tan solamente desea hacerla.

Existe mucha confusión en el mundo religioso respecto a la manera de cómo se obtiene la salvación. Si usted es honesto con la enseñanza bíblica de este folleto, entonces usted comprenderá lo que Dios pide de usted para ser salvo.

Recuerde que la salvación es condicional, es decir, usted debe hacer la voluntad de Dios para ser salvo (Mateo 7:21).

Es mi oración que este folleto sea una gran bendición para alcanzar las almas de este mundo. Dios les bendiga.

 

El Plan de Salvación PDF

Se concede el permiso para que este folleto sea utilizado para la honra y gloria de nuestro Dios y para beneficio de aquellos que todavía no han alcanzado la salvación.

Archivo en audio sobre la historia de la iglesia de Cristo en México por Humberto Rivas

Hermanos, aquí les comparto un archivo en audio de la historia de la iglesia de Cristo en México. Espero les sea de mucha ayuda. Dios les bendiga.

La Iglesia de Cristo en Mexico por Humberto Rivas

Revista Instruyendo a la Hermandad # 77 (marzo-abril)

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Instruyendo a la Hermandad Marzo–Abril 2016

El Diezmo Conforme a la Biblia por Douglas Alvarenga

EL DIEZMO CONFORME A LA BIBLIA por Douglas Alvarenga

Douglas Alvarenga

El “Diezmo” es uno de los temas más abusados en el mundo religioso.  Muchos llamados “líderes” religiosos han tergiversado las Escrituras para su propia destrucción (2 Pedro 3:16) y demandan de sus congregaciones un diezmo totalmente anti-Bíblico.  Es el propósito de este escrito informar detalladamente a las personas acerca del “Diezmo Bíblico” para que puedan ellas darse cuenta que el diezmo que se pide hoy no es igual al que está mencionado en la Palabra de Dios y que por lo tanto no están obligados a darlo, sino al contrario, deben oponerse totalmente a el y a los que lo piden para no ser participes de algo que va en contra de la Voluntad de Dios.

    Antes de que usted continúe leyendo este escrito, le animamos a que tenga su Biblia abierta para que usted pueda darse cuenta por sí mismo si lo que está escrito en este artículo es cierto o no (Hechos 17:11).  Le animamos a que lo examine todo y retenga solo lo bueno (1 Tesalonicenses 5:21) y a que pruebe los espíritus para saber si son de Dios ya que muchos falsos profetas han salido al mundo (1 Juan 4:1).  Le garantizamos que lo que usted leerá en este escrito será todo conforme a la Palabra de Dios, ya que Ella nos amonesta diciendo que “el que habla, que hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11).  Con esto en mente, procedamos a estudiar el tema de: “El Diezmo Bíblico.”

El diezmo: significado y antecedentes

    Muchos quizás se estarán preguntando qué significa la palabra “diezmo.” Para ser breves, la palabra diezmo viene del término Hebreo עָשַׂר [˓aśar – H6237] y significa, “cobrar o entregar la décima parte de.”[1] El término Griego para “Diezmar” es  ἀποδεκατόω [apodekatoo – G586].[2]  La Palabra de Dios menciona el diezmo por primera vez en Génesis 14:20 donde nos dice que Abraham, después de haber rescatado a su sobrino Lot de las manos de Quedorlaomer, le dio el diezmo del botín a Melquisedec rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo (Génesis 14:17-20; cf. Hebreos 7:1-4).  Después del relato de Abraham y Melquisedec, el segundo lugar donde aparece el diezmo es en Génesis 28:20-22 donde Jacob le prometió a Dios darle el diezmo de todo lo que Él le diese.  Estos dos instantes tomaron lugar bajo la Era Patriarcal y no bajo la ley de Moisés.  Tal parece ser que bajo la Era Patriarcal era una costumbre y no un mandamiento de Dios ofrecer el diezmo ya que este era practicado por otras culturas en el antiguo Próximo Oriente.[3]

El diezmo bajo la ley de Moisés

    Como observamos brevemente, el diezmo se daba bajo la Era Patriarcal pero no hay ningún versículo que indique que Dios impuso el diezmo como un mandamiento para los patriarcas, sino que simplemente fue dado como una práctica cultural que prevalecía en aquellos tiempos.  No obstante, durante la Era Mosaica bajo la ley de Moisés Dios sí impuso el diezmo como un mandamiento que los Israelitas debían guardar.  Observe lo que la Palabra de Dios dice en Levítico 27:34, dentro del contexto del diezmo, “Estos son los mandamientos que el Señor ordenó a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí.” Como podemos observar este mandamiento fue exclusivo para los hijos de Israel y por lo tanto no se aplica al cristiano.

¿De qué consistía el diezmo?

    El diezmo Bíblico consistía 1) de la semilla de la tierra o del fruto del árbol (Levítico 27:30), 2) del ganado o del rebaño (Levítico 27:32), y 3) de todo el producto del grano, de vino, de aceite, de primogénitos de vacas y de ovejas (Deuteronomio 14:22-23).  Como podemos observar ninguno de estos pasajes aquí o en otro lugar de la Biblia habla de diezmar dinero, sino al contrario, habla de diezmar productos comestibles.  Este es el diezmo Bíblico que le fue impuesto a los hijos de Israel y que se guardó bajo la ley de Moisés.  Por lo tanto, podemos concluir que el diezmo de dinero es anti-Bíblico y no encuentra ningún apoyo en la Palabra de Dios.

El diezmo y sus regulaciones

    Ahora que sabemos un poco acerca del diezmo Bíblico y de qué consistía, procedamos a ver las regulaciones que gobernaban este mandamiento.  A continuación observemos estas regulaciones:

El diezmo no consistía de dinero sino de productos comestibles (Levítico 27:30-34; Deuteronomio 14:22-29).

El diezmo debía darse fielmente (Deuteronomio 14:22).

El diezmo debía darse cada año; i.e., una vez al año (Deuteronomio 14:22).  La pregunta sería: ¿De dónde sacan la autoridad Bíblica los llamados “pastores” para pedir el diezmo cada semana o cada dos semanas o cada mes? La Biblia es clara acerca del diezmo Bíblico, Ella dice que debía darse cada año.  Es fácil darse cuenta de donde ellos sacan su autoridad y por eso debemos tener mucho cuidado con ellos porque la misma Palabra de Dios nos advierte diciendo, “Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrina preceptos de hombres” (Mateo 15:9).

El diezmo se debía comer en presencia del Señor en el lugar que El mismo escogía y no en cualquier lugar (Deuteronomio 14:23).

Los primeros dos años los Israelitas comían su diezmo, pero el diezmo del tercer año iba para los Levitas porque ellos no tenían heredad.  En otras palabras, los Levitas solo recibían diezmos cada tres años; y es interesante notar que aun así, el diezmo no era todo para ellos, sino que lo compartían con el forastero, el huérfano y la viuda que vivían en medio de ellos (Deuteronomio 14:28-29; 26:12; cf. Números 18:21).[4]

Si un Israelita vivía muy lejos del lugar que el Señor escogía él debía hacer lo siguiente: “Mas si el camino es tan largo para ti, que seas incapaz de llevar el diezmo por estar lejos el lugar donde el Señor tu Dios escoja para poner allí su nombre, cuando el Señor tu Dios te haya bendecido, entonces lo cambiarás por dinero, y atarás el dinero en tu mano e irás al lugar que el Señor tu Dios escoja. Y podrás gastar el dinero en todo lo que tu corazón apetezca: en vacas u ovejas, en vino o sidra, o en cualquier otra cosa que tu corazón desee; allí comerás en presencia del Señor tu Dios, y te alegrarás tú y tu casa” (Deuteronomio 14:24–26, LBLA).  Observemos que después de vender el diezmo que uno no podía llevar al lugar que Dios escogía debido a la distancia, uno no le daba el dinero a los Levitas, al contrario, uno iba y gastaba el dinero en lo que a uno le apeteciere.

Si algún Israelita quería rescatar parte de su diezmo debía calcular su valor, luego añadir por encima de su precio justo la quinta parte de dicho precio (Levítico 27:31).  Por ejemplo, si parte del diezmo que la persona quería rescatar tenía un valor total de $100.00 dólares, entonces debía añadir la quinta parte (20%);[5] i.e. $20.00 dólares y en vez de pagar $100.00 dólares para rescatar parte del diezmo la persona iba a pagar $120.00 dólares.  Esto solo tiene sentido con el diezmo Bíblico que consistía de las cosas ya mencionadas y no de dinero.  Sería absurdo que una persona quisiera redimir un billete de $100.00 dólares y pagar $120.00 por ese billete.

Los diezmos eran guardados en los almacenes (alfolíes) de las ciudades de Israel (Deuteronomio 14:28; Nehemías 12:44; cf. Malaquías 3:10).  De ahí o fueron repartidos directamente entre los que tenían derecho de recibirlos (Deuteronomio 26:12) o fueron llevados almacenados en las cámaras del templo en Jerusalén (2 Crónicas 31:4-13; Nehemías 12:44; 13:12). También los mayordomos nombrados sobre los almacenes repartían los diezmos entre sus hermanos (2 Crónicas 31:11-13; Nehemías 13:12,13).

Los Levitas también debían diezmar (Números 18:26-32).  Me pregunto si los llamados “pastores” que piden el diezmo anti-Bíblico de dinero diezman de lo que ellos “reciben.”

Los Israelitas comían el diezmo para que aprendieran a temer a Jehová siempre (Deuteronomio 14:23).

    Como hemos observado, estas son las regulaciones en cuanto al diezmo Bíblico se refiere.  La razón por la cual no encontramos regulaciones para el diezmo anti-Bíblico de dinero que los “pastores” religiosos piden hoy es porque no existe ninguna regulación, ya que este fue inventado por hombres (Mateo 15:9).

Refutando argumentos de pastores que piden diezmo de dinero

    A continuación, estaremos refutando algunos de los argumentos que los pastores usan para justificar la práctica anti-Bíblica de pedir diezmo de dinero.

Argumento # 1: En los tiempos de Moisés no había dinero, por eso diezmaban del fruto de la tierra y del ganado, pero ahora como ya hay dinero lo lógico es que la gente diezme dinero.

Refutación: Esta es una de las artimañas que utilizan los pastores para hacerle creer a la gente sus mentiras.  Sin embargo, cuando analizamos lo que la Palabra de Dios dice podemos darnos cuenta que el dinero sí existía en los tiempos de Moisés.  Observemos lo que debían hacer las personas si no podían llevar el diezmo al lugar que Dios había escogido debido a problemas de distancia: “Mas si el camino es tan largo para ti, que seas incapaz de llevar el diezmo por estar lejos el lugar donde el Señor tu Dios escoja para poner allí su nombre, cuando el Señor tu Dios te haya bendecido, entonces lo cambiarás por dinero, y atarás el dinero en tu mano e irás al lugar que el Señor tu Dios escoja. Y podrás gastar el dinero en todo lo que tu corazón apetezca: en vacas u ovejas, en vino o sidra, o en cualquier otra cosa que tu corazón desee; allí comerás en presencia del Señor tu Dios, y te alegrarás tú y tu casa,” (Deuteronomio 14:24-26). Observemos que Dios mismo les dijo a los israelitas que si la distancia era un problema para llevar el diezmo que Él les había pedido que entonces lo cambiaran… ¿por qué?…Por dinero.  En los tiempos de Moisés la plata era lo que comúnmente se usaba como dinero.[6] Por lo tanto, el argumento de que no había dinero y que por eso los israelitas no diezmaban dinero no es válido.

Argumento #2: Jesús enseñó en Mateo 23:23 que debemos diezmar.

Refutación: Jesús nunca dijo que los cristianos debemos diezmar.  Cuando Jesús habló acerca del diezmo Él les habló a los judíos que estaban aun bajo la ley y que estaban guardando el diezmo mientras que descuidaban otras cosas de más peso de la ley.  Observemos lo que el texto dice: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas,” (Mateo 23:23).  Ahora, nótese que a pesar de que Jesús mencionó el diezmo; no obstante, Él nunca dijo que éste consistía de dinero.  Jesús dijo, “pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino,” lo cual es consistente con la enseñanza de la ley, ya que son productos de la tierra (cf. Levítico 27:30).  Por lo tanto, el hecho de que Jesús haya mencionado el diezmo no significa que por eso los cristianos debamos diezmar.  Recordemos que Jesús nació de mujer y bajo la ley (Gálatas 4:4).  También recordemos que nosotros los cristianos no vivimos bajo la ley (Romanos 7:4, 6; Gálatas 5:18).

Argumento # 3: La Biblia enseña en Malaquías 3:8-10 que si no diezmamos le estamos robando a Dios y que debemos diezmar para que Él nos bendiga.

Refutación: En Malaquías 3:8-10 el profeta le está profetizando al pueblo de Israel el cual vivió bajo la ley; además, Malaquías está discutiendo asuntos de la ley.  Observemos lo que dice el pasaje: “8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me estáis robando. Pero decís: “¿En qué te hemos robado?” En los diezmos y en las ofrendas. 9 Con maldición estáis malditos, porque vosotros, la nación entera, me estáis robando. 10 Traed todo el diezmo al alfolí, para que haya alimento en mi casa; y ponedme ahora a prueba en esto—dice el Señor de los ejércitos—si no os abriré las ventanas del cielo, y derramaré para vosotros bendición hasta que sobreabunde.” Usualmente, los pastores le dicen a sus miembros: “¿quiere usted robarle a Dios?” y, obviamente, la respuesta de la gente es: “No, no quiero robarle a Dios.” A lo cual el pastor dice, “¡Entonces, dé el diezmo! A eso, estimado amigo y hermano, se le llama “controlar la mente de las personas,” lo cual es típico de muchas sectas religiosas.  Lo triste del caso es que la gente se deja intimidar por las palabras de su pastor y no se dan cuenta que el texto claramente dice, “Traed todo el diezmo al alfolí…” la pregunta es ¿para qué? La respuesta es: “para que haya alimento en mi casa.” Como podemos observar, el pueblo debía diezmar del fruto de la tierra para que hubiese alimento ya que de eso consistía el diezmo – ¡Alimento, no dinero!

Por lo tanto, no se trata si alguien le está robando a Dios o no, se trata de aplicar la Palabra de Dios correctamente (2 Timoteo 2:15) y no aplicarla de una manera que sea conveniente para nosotros y con el fin de estafar y engañar a las personas (1 Pedro 4:11).

Argumento # 4: En la parábola del fariseo y el publicano el fariseo dijo: “doy el diezmo de todo lo que gano” lo que implica que él daba dinero.

Refutación: Solo porque el fariseo dijo que daba el diezmo de todo lo que ganaba no significa que por eso él daba dinero.  El verbo “ganar” viene del griego “ktaomai” (κτάομαι, G2932) y significa, “conseguir, i.e. adquirir (por cualquier medio; poseer):—adquirir, ganar.”[7] En esencia, lo que el fariseo estaba diciendo fue: “doy el diezmo de todo lo que poseo, consigo, etc.” que de acuerdo a la ley debía ser productos comestibles y no dinero (Mateo 23:23; Levítico 27:30; Deuteronomio 14:22-23).  Además, no debemos olvidar que el fariseo aun vivía bajo la ley y estaba sujeto a ella.

Argumento # 5: Jacob le prometió a Dios darle el diezmo de todo lo que Él le diera.

Refutación: Como se observó en la introducción, el diezmo es una práctica muy antigua;[8] tan antigua que era practicada antes de que la nación de Israel fuese fundada.[9] El diezmo, antes de la Era Mosaica, en muchas ocasiones era algo voluntario como en el caso de Jacob (Génesis 28:20-22).  Observemos que Jacob hace un voto condicional a Dios; Jacob dice: “Si Dios está conmigo y me guarda…entonces Él será mi Dios, etc.;” y es dentro de ese voto condicional que Jacob voluntariamente le dice a Dios: “de todo lo que me des, te daré el diezmo,” (Génesis 28:22).  Además, es interesante observar que todo lo que Dios le dio a Jacob consistió de ganado (cf. Génesis 30:25-43; esp. Génesis 31:9, 40; 33:11); y obviamente, sus hijos, esposas y criados, pero Dios no iba a aceptar diezmos de hijos, criados, etc.  Por lo tanto, el ejemplo de Jacob no se puede usar para justificar la práctica anti Bíblica de pedir diezmo monetario.

Conclusión

    Hermanos y amigos, desafortunadamente hay muchos que creen que la piedad es un medio de ganancia (1 Timoteo 6:5) y por eso usan la Biblia para engañar a la gente.  Estas personas son las que causan divisiones y lo hacen porque a ellos lo único que les interesa es satisfacer sus propios apetitos.  Note lo que dice Pablo en Romanos 16:18, “Porque los tales son esclavos, no de Cristo nuestro Señor, sino de sus propios apetitos, y por medio de palabras suaves y lisonjeras engañan los corazones de los ingenuos.”

La advertencia para todos es: ¡Cuídense de los pastores que piden el diezmo! ¡Cuídense de sus palabras suaves y lisonjeras! Y lo más importante, ¡No sean ingenuos ni se dejen engañar! Tengamos siempre la actitud de los judíos de Berea que “…eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así.” Que Dios nos ayude a ser más diligentes en el estudio de Su Palabra para no ser engañados por el error (1 Juan 4:1; cf. Apocalipsis 2:2).

¡A Dios sea la gloria!

[1] Ortiz, P., V., S.J. (2000). Léxico Hebreo-Español y Arameo-Español. Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas.

[2] Vine, W. (2000). Vine diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo (electronic ed.). Nashville: Editorial Caribe.

[3] Freedman, D. N., Myers, A. C., & Beck, A. B. (2000). Eerdmans dictionary of the Bible (1315). Grand Rapids, Mich.: W.B. Eerdmans.

[4] Elwell, W. A., & Beitzel, B. J. (1988).  Baker encyclopedia of the Bible (2071). Grand Rapids, Mich.: Baker Book House.

[5] Péter-Contesse, R., & Ellington.  (1992).  A handbook on Leviticus.  UBS handbooks; Helps for translating (437). New York: United Bible Societies.

[6] Merrill, E. H. (2001). Vol. 4: Deuteronomy (electronic ed.). Logos Library System; the New American Commentary (240–241). Nashville: Broadman & Holman Publishers.

[7] Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario. Nashville, TN: Caribe.

[8] Freedman, D. N., Myers, A. C., & Beck, A. B. (2000).  Eerdmans dictionary of the Bible (1315). Grand Rapids, Mich.: W.B. Eerdmans.

[9] Myers, A. C. (1987). The Eerdmans Bible dictionary (1008). Grand Rapids, Mich.: Eerdmans.