PRACTICAS QUE LASTIMAN A LA IGLESIA: PROVEER UNA PLATAFORMA PARA QUE PREDICADORES ENSEÑEN EL ERROR por Willie A. Alvarenga

Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista de cosas que lastiman a la iglesia del Señor es proveer una plataforma pública a predicadores y maestros que enseñan el error. Esta práctica se ha llevado a cabo en algunas congregaciones donde hombres que sostienen y promueven enseñanzas contrarias a la Palabra de Dios son invitados a predicar, impartir clases Bíblicas, participar en conferencias, campañas evangelísticas, seminarios y otros eventos públicos.

Este asunto debe ser tomado con mucha seriedad porque Dios siempre ha demandado que Su pueblo tenga cuidado con la falsa enseñanza y con aquellos que la promueven. La iglesia no puede tratar el error doctrinal como si fuera un asunto insignificante.

La iglesia debe distinguir entre la verdad y el error

La Biblia enseña claramente que no toda enseñanza religiosa es aceptable delante de Dios. Jesús advirtió:

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).

Cristo no dijo que simplemente escucháramos a todos y aceptáramos sus enseñanzas. Al contrario, nos exhortó a tener cuidado y a reconocer a los falsos maestros.

Juan también escribió:

“Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

Por lo tanto, la iglesia tiene la responsabilidad de examinar, probar y discernir lo que se enseña. No debemos asumir que un hombre enseña la verdad simplemente porque es un buen predicador, tiene muchos años de experiencia, es muy conocido, posee una excelente educación o habla con mucha elocuencia.

Pablo dijo:

“Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21).

Los bereanos fueron elogiados porque:

“…recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

La autoridad no está en el predicador; la autoridad está en la Palabra de Dios.

Pablo enseñó que debemos apartarnos de quienes enseñan contra la doctrina

El apóstol Pablo escribió a los santos en Roma:

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17).

Observe cuidadosamente las palabras de Pablo:

“Fijaos” — “en contra de la doctrina” — “apartéis de ellos”.

No se trata simplemente de identificar el error. También existe una responsabilidad de apartarse de quienes persistentemente promueven ese error.

Pablo continúa diciendo:

“Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:18).

Aquí encontramos una advertencia muy importante: los falsos maestros pueden utilizar palabras suaves y lisonjas para engañar a personas que no están bien fundamentadas en la Palabra de Dios.

Por esta razón, una iglesia debe tener mucho cuidado con quién invita a ocupar su púlpito.

La iglesia no debe participar en las obras del error

Pablo escribió:

“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Efesios 5:11).

Si un predicador está promoviendo públicamente una doctrina falsa, una congregación no debería convertirse en el medio por el cual esa enseñanza obtiene mayor exposición.

Aquí debemos hacernos una pregunta seria:

¿Puede una iglesia decir que no está de acuerdo con el error, pero al mismo tiempo darle su púlpito, promocionarlo, invitarlo a predicar y presentarlo públicamente como un hombre digno de confianza?

Debemos pensar seriamente en la influencia que estamos proporcionando.

Una cosa es invitar a alguien para confrontar Bíblicamente su error, y otra muy diferente es invitarlo como predicador o maestro aprobado para que exponga sus enseñanzas ante la congregación.

La Biblia enseña que debemos tener cuidado con aquellos que no permanecen en la doctrina de Cristo

El apóstol Juan escribió:

“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios…” (2 Juan 9).

Luego añade:

“Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (2 Juan 10-11).

Este pasaje merece nuestra atención.

Juan no está enseñando que debemos ser descorteses con todas las personas que sostienen alguna idea equivocada. El contexto trata con aquellos que no permanecen en la doctrina de Cristo y que vienen promoviendo el error.

La lección es clara: no debemos proporcionar apoyo, aprobación o una plataforma que ayude a promover la falsa doctrina.

“Pero no va a enseñar el error que sostiene”

Una de las excusas que algunas personas utilizan para justificar la invitación de predicadores que enseñan error es:

“Hermano, él no va a enseñar el tema en el cual está equivocado. Solamente va a predicar el tema que le asignamos”.

Hermanos, debemos tener mucho cuidado con esta manera de pensar.

Si sabemos que un hombre está promoviendo públicamente una doctrina contraria a la Palabra de Dios, ¿por qué debemos darle una plataforma para que sea presentado ante otros como un maestro digno de confianza?

El problema no es solamente qué tema va a predicar esa noche. También debemos considerar qué mensaje estamos comunicando al invitarlo.

Cuando una congregación invita públicamente a un hombre para que predique, muchas personas naturalmente concluyen:

“Esta iglesia confía en este hermano y considera que es un hombre fiel”.

Por eso debemos ser cuidadosos.

Pablo dijo:

“No impongas con ligereza las manos a ninguno…” (1 Timoteo 5:22).

Aunque el contexto inmediato trata de la imposición de manos, el principio de no aprobar o asociarnos precipitadamente con alguien sin una evaluación cuidadosa es igualmente importante.

Un buen predicador no convierte el error en verdad

Algunas veces se escucha:

“Pero hermano, él es un excelente predicador”. “El hermano es experto en los idiomas de la Biblia”. “El hermano es muy reconocido en las iglesias de Cristo”.

Puede ser un excelente orador y, al mismo tiempo, estar equivocado en su doctrina.

La capacidad de hablar bien no determina la verdad de un mensaje.

Pablo dijo:

“Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo” (1 Corintios 1:17).

La elocuencia nunca debe sustituir la verdad.

Pablo también dijo:

“Porque no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Corintios 2:17).

Lo que debe impresionar a la iglesia no es solamente cómo predica un hombre, sino qué predica.

No debemos ser seguidores de hombres

Uno de los grandes peligros dentro de la iglesia es desarrollar lealtad a determinados predicadores en lugar de desarrollar lealtad a Cristo.

Pablo reprendió este espíritu cuando dijo:

“Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos… ¿no sois carnales?” (1 Corintios 3:4).

La pregunta que debemos hacer no es:

“¿Quién lo dijo?”

Sino:

“¿Qué dice la Biblia?”

Pablo mismo dijo:

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).

La autoridad final no pertenece a ningún predicador, anciano, evangelista, profesor o conferencista. La autoridad pertenece a Cristo y a Su Palabra (Mateo 28:18; Colosenses 3:17).

¿Qué clase de errores se están promoviendo?

El problema de proporcionar una plataforma a quienes enseñan el error no es simplemente teórico. Existen doctrinas y prácticas que pueden causar graves consecuencias espirituales.

Por ejemplo, algunos enseñan que una pareja puede simplemente vivir junta y considerarse casada sin respetar las leyes civiles correspondientes, ignorando principios Bíblicos relacionados con el matrimonio, la autoridad civil y la santidad de la relación matrimonial (Romanos 13:1-7; Hebreos 13:4). Tales personas permanecen en esta condición por causa de predicadores que les convencen de que están bien.

Otros han promovido conceptos equivocados acerca de los requisitos para ancianos y diáconos, intentando modificar o minimizar las cualificaciones establecidas por Dios.

Sin embargo, Pablo dijo:

“Es necesario que el obispo sea irreprensible…” (1 Timoteo 3:2).

Y nuevamente:

“Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios…” (Tito 1:7).

No tenemos autoridad para cambiar las cualificaciones que Dios estableció. Se debe razonar correctamente al respecto. Si puedo cambiar un requisito, entonces podré cambiarlos todos. Ningún hermano califica para ser anciano o diácono si no cumple con la totalidad de los requisitos que el Espíritu Santo ha presentado en Su Palabra.

También existen quienes enseñan que algunas partes de la adoración son más importantes que otras, creando una jerarquía que Dios no ha establecido.

Debemos recordar que Jesús dijo:

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

Nuestra adoración debe ser conforme a la verdad de Dios (Juan 17:17), no conforme a preferencias humanas.

Otros enseñan incorrectamente acerca de la salvación y la obediencia al evangelio, haciendo creer a las personas que pueden estar bien delante de Dios sin haber obedecido los mandamientos del evangelio como Dios manda.

Sin embargo, Pablo habló de aquellos:

“…que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:8).

Y el mismo apóstol enseñó que los romanos habían:

“obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados” (Romanos 6:17).

La doctrina Bíblica debe ser creída, enseñada y obedecida.

También debemos tener cuidado de no llamar pecado aquello que Dios no ha llamado pecado. La Biblia enseña que debemos hablar conforme a las palabras de Dios:

“Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios…” (1 Pedro 4:11).

No tenemos derecho de convertir nuestras opiniones, preferencias o tradiciones en leyes divinas. No hay autoridad Bíblica para enseñar que la celebración de un cumpleaños es pecado delante de Dios. Con ello no me estoy refiriendo a un cumpleaños donde se practican prácticas que van en contra de la voluntad de Dios, sino más bien, a una simple observancia de un cumpleaños.

La iglesia tiene la responsabilidad de proteger al rebaño

Los ancianos de la iglesia tienen una responsabilidad especial de proteger a la congregación.

Pablo dijo a los ancianos de Éfeso:

“Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor…” (Hechos 20:28).

Luego les advirtió:

“Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño” (Hechos 20:29).

Y añadió:

“Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:30).

Observe la seriedad de estas palabras.

El rebaño necesita protección.

Una iglesia no debe esperar hasta que muchas almas hayan sido afectadas para comenzar a tomar en serio la falsa doctrina.

Pablo dijo:

“Por tanto, velad…” (Hechos 20:31).

La vigilancia espiritual es parte de la responsabilidad de los líderes de la iglesia.

La iglesia debe contender por la fe

Judas escribió:

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3).

¿Por qué era necesario contender?

Porque:

“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente…” (Judas 4).

La iglesia del Señor debe defender la verdad sin odio, sin arrogancia y sin espíritu carnal, pero también sin cobardía y sin comprometer la verdad.

Pablo dijo:

“No puedo hacer nada contra la verdad, sino a favor de la verdad” (2 Corintios 13:8).

Debemos amar a las personas, pero también amar la verdad

Es importante aclarar algo: rechazar una doctrina falsa no significa odiar a la persona que la enseña.

Pablo dijo:

“No lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano” (2 Tesalonicenses 3:15).

El objetivo de la corrección Bíblica no es destruir personas, sino salvar almas y preservar la pureza de la iglesia.

Santiago escribió:

“Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:20).

Por lo tanto, debemos hablar la verdad con amor (Efesios 4:15), pero nunca sacrificar la verdad para mantener relaciones humanas.

¿Qué debemos hacer entonces?

Las congregaciones deben establecer principios Bíblicos claros al seleccionar a los hombres que serán invitados a predicar.

Antes de invitar a un predicador, debemos preguntarnos:

  1. ¿Es fiel a la doctrina de Cristo? (2 Juan 9).
  2. ¿Qué enseña públicamente sobre temas doctrinales importantes?
  3. ¿Su enseñanza está de acuerdo con las Escrituras? (1 Tesalonicenses 5:21).
  4. ¿Está dispuesto a defender toda la verdad? (Judas 3).
  5. ¿Su vida respalda lo que predica? (Mateo 7:20).
  6. ¿Su influencia ayudará o dañará espiritualmente a la congregación?
  7. ¿Estamos presentando a este hombre como alguien digno de confianza delante de nuestros jóvenes, familias y nuevos convertidos?

No debemos ser ingenuos.

Una congregación puede ser doctrinalmente sana en su declaración de fe, pero debilitarse poco a poco por medio de los hombres a quienes permite enseñar desde su púlpito.

Hermanos, una plataforma es una oportunidad de influencia. Cuando una iglesia invita a un hombre a predicar, no solamente le está dando un micrófono; le está dando acceso a las mentes y corazones de las personas.

Por eso debemos ser extremadamente cuidadosos.

No podemos decir:

“No importa lo que enseñe en otros lugares”

No podemos decir:

“Aquí solamente predicará sobre otro tema”

No podemos decir:

“Es un excelente orador”

No podemos decir:

“Todos lo conocen y lo respetan”

La pregunta que debe determinar nuestra decisión es:

¿Es fiel a la Palabra de Dios?

Pablo dijo:

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17).

Juan dijo:

“Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis…” (2 Juan 10).

Judas dijo:

“…contendáis ardientemente por la fe…” (Judas 3).

Y los apóstoles declararon:

“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

La lealtad de la iglesia debe ser a Cristo, no a los hombres.

No debemos proteger la reputación de un predicador a costa de la verdad. No debemos proteger amistades a costa de la sana doctrina. No debemos proteger eventos, conferencias o campañas a costa de la pureza de la iglesia.

Cristo murió por Su iglesia (Hechos 20:28; Efesios 5:25), y nosotros tenemos la responsabilidad de respetar, defender y preservar la verdad que Él nos ha entregado.

Por tanto, tengamos cuidado de quién invitamos, a quién recomendamos, a quién apoyamos y a quién colocamos delante de la iglesia como maestro de la Palabra de Dios.

Que nunca olvidemos las palabras de Pablo:

“No puedo hacer nada contra la verdad, sino a favor de la verdad” (2 Corintios 13:8).

Y que nuestra resolución siempre sea:

“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

Deja un comentario