RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Prestar mucha atención a las predicaciones en la iglesia por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de prestar mucha atención a las predicaciones en la iglesia.Cada semana se presentan sermones cuyo propósito es ayudarnos a crecer espiritualmente y presentarnos maduros en Cristo Jesús (Col. 1:28). La predicación fiel de la Palabra fortalece nuestra fe, aumenta nuestro conocimiento de Dios y nos equipa para vivir conforme a Su voluntad (Rom. 10:17; 2 Tim. 3:16-17; 2 P. 3:18). Dios ha establecido la predicación como uno de los principales medios para instruir, exhortar, corregir y edificar a Su pueblo.

Sin embargo, aunque este es el propósito de la predicación, muchos jóvenes no prestan la debida atención a las lecciones que se presentan desde el púlpito. Esta falta de atención se manifiesta cuando algunos se distraen con sus teléfonos móviles, escriben mensajes a quienes están sentados a su lado, leen material ajeno al sermón, conversan durante la predicación o simplemente permiten que su mente divague mientras se expone el mensaje de Dios. Estas distracciones les impiden aprovechar el alimento espiritual que Dios ha preparado para ellos.

Menciono estas cosas porque las he observado repetidamente durante la predicación de mis sermones y, también, porque yo mismo cometí esos errores cuando era joven. Con el paso de los años comprendí cuánto había perdido por no escuchar con mayor atención la enseñanza de la Palabra de Dios. Muchos jóvenes llegan a la edad adulta lamentando no haber aprovechado mejor las oportunidades que tuvieron para aprender las Escrituras desde temprana edad.

La Biblia presenta excelentes ejemplos de personas que escuchaban atentamente la Palabra de Dios. En los días de Nehemías, el pueblo permaneció atento mientras Esdras leía y explicaba las Escrituras (Neh. 8:3, 8). En Troas, los discípulos se reunieron para escuchar la predicación del apóstol Pablo (Hch. 20:7). Jesús mismo enseñó repetidamente: «El que tiene oídos para oír, oiga» (Mt. 11:15), enfatizando la importancia de escuchar con un corazón dispuesto a obedecer.

Por esta razón, animamos a todos los jóvenes a no abrir la puerta a la distracción. Antes de comenzar el servicio de adoración, oren para que Dios les conceda un corazón receptivo. Mantengan su Biblia abierta, sigan cuidadosamente los pasajes que el predicador presenta, tomen notas cuando sea posible y procuren identificar las lecciones prácticas que pueden aplicar a su vida diaria. Estas sencillas acciones les ayudarán a concentrarse mejor y a recordar con mayor facilidad las enseñanzas recibidas.

También es importante recordar que escuchar no es suficiente; debemos obedecer lo que hemos aprendido. Santiago escribió: «Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores» (Stg. 1:22). La verdadera bendición no consiste únicamente en asistir a los servicios, sino en permitir que la Palabra transforme nuestra manera de pensar, hablar y vivir.

La Palabra de Dios tiene poder para salvar nuestras almas (Stg. 1:21), fortalecer nuestra fe (Rom. 10:17), hacernos sabios para la salvación (2 Tim. 3:15) y guiarnos por el camino de la justicia (Sal. 119:105). Sin embargo, si no prestamos atención al mensaje, difícilmente podremos disfrutar de estos grandes beneficios. Cada sermón constituye una oportunidad para aprender algo nuevo, corregir un error, fortalecer nuestra fe o recibir el ánimo que tanto necesitamos.

Joven, recuerda que la predicación de la Palabra de Dios no es un tiempo para distraerse, sino un momento sagrado en el que Dios nos instruye por medio de las Escrituras. Escucha con respeto, atención y reverencia. Haz del sermón una prioridad y no una pausa para revisar tu teléfono o pensar en otras cosas. Si desarrollas el hábito de escuchar atentamente la Palabra de Dios desde tu juventud, estarás construyendo un fundamento espiritual sólido que te acompañará durante toda la vida y te ayudará a permanecer fiel al Señor. Cuando escuchamos con un corazón dispuesto a obedecer, crecemos espiritualmente y Dios es glorificado.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Predicadores que no se preparan adecuadamente para la predicación de la Palabra De Dios por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la de aquellos predicadores que no se preparan adecuadamente para la predicación de la Palabra de Dios. Esta deficiencia no es un problema reciente, sino una realidad que ha perjudicado la obra del Señor a través de los tiempos. Cuando el predicador descuida su preparación espiritual y Bíblica, la iglesia deja de recibir el alimento espiritual que Dios desea comunicar por medio de Su Palabra.

La Biblia presenta un estándar elevado para quienes tienen la responsabilidad de enseñar. Pablo exhortó a Timoteo diciendo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la Palabra de verdad” (2 Tim. 2:15). El predicador debe estudiar diligentemente para interpretar correctamente las Escrituras y comunicar fielmente el mensaje inspirado por Dios. No basta con hablar acerca de la Biblia; es indispensable predicar la Biblia.

Además, el evangelista debe prestar cuidadosa atención tanto a su vida como a la doctrina que enseña. Pablo escribió: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Tim. 4:16). La vida del predicador y la pureza de su enseñanza ejercen una influencia directa sobre la iglesia. Un mensaje correcto respaldado por una vida piadosa fortalece a la congregación; una enseñanza descuidada o una vida inconsistente producen confusión y desaliento.

El apóstol Pablo también recordó a Timoteo que la predicación es una responsabilidad que se ejerce delante de Dios y de Cristo Jesús, quien juzgará a vivos y muertos (2 Tim. 4:1-5). Esta solemne exhortación nos recuerda que el púlpito no es un lugar para expresar opiniones personales, entretener al auditorio o compartir ideas humanas, sino para proclamar con fidelidad la voluntad de Dios. El mandato es claro: “Predica la Palabra”.

Predicar la Palabra de Dios requiere mucha diligencia, preparación y cuidado, pues estamos tratando con las almas de las personas. El propósito del ministerio de la predicación es presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre (Col. 1:28). Por consiguiente, el predicador que expone continuamente la Palabra de Dios debe dedicar tiempo suficiente al estudio, la oración y la meditación. Esdras constituye un excelente ejemplo, pues “había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar” (Esd. 7:10). El orden es significativo: primero estudió, luego obedeció y finalmente enseñó.

Esta preparación diligente requiere que el predicador haga, entre otras cosas, lo siguiente:

  1. Debe orar continuamente por sabiduría y dirección antes de preparar y presentar el mensaje (Stg. 1:5; Col. 4:2-4).
  2. Debe esforzarse por predicar solamente la Palabra de Dios y no sus opiniones personales (1 P. 4:11).
  3. Debe procurar que cada sermón esté en completa armonía con la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Tito 2:1).
  4. Debe examinar cuidadosamente el texto Bíblico, meditando en él día y noche (Sal. 1:2; Jos. 1:8).
  5. Debe procurar una exégesis correcta, explicando el verdadero significado del texto conforme a su contexto histórico, gramatical y literario (Neh. 8:8; 2 Tim. 2:15).
  6. Debe evitar imponer al texto sus ideas preconcebidas o preferencias personales, permitiendo que sea la Palabra de Dios la que hable (2 P. 1:20-21).
  7. Debe declarar todo el consejo de Dios y no solamente aquellos temas que le resulten cómodos o populares (Hch. 20:27).
  8. Debe preparar mensajes relevantes que edifiquen, exhorten, consuelen y fortalezcan espiritualmente a la iglesia (Rom. 15:4; 2 Tim. 3:16-17).
  9. Debe predicar con convicción, amor, humildad y profundo respeto por la autoridad de las Escrituras (1 Tes. 2:13).
  10. Debe tener un profundo amor por la Palabra de Dios (Sal. 119:97)..

¿De qué manera es lastimada la iglesia del Señor cuando el predicador no se prepara adecuadamente para predicar? Considere algunas de las consecuencias:

  1. La iglesia puede dejar de recibir el mensaje que Dios desea comunicar porque el texto Bíblico no fue estudiado correctamente.
  2. Una preparación deficiente puede conducir a interpretaciones equivocadas y, por consiguiente, a la propagación del error doctrinal (2 Ped. 3:15-16).
  3. La congregación puede permanecer espiritualmente inmadura por falta del alimento sólido de la Palabra (Heb. 5:12-14).
  4. El predicador puede dejar de anunciar todo el consejo de Dios, privando a la iglesia de enseñanzas esenciales (Hch. 20:27).
  5. Los hermanos estarán menos preparados para identificar y refutar la falsa doctrina (Ef. 4:11-14; Tito 1:9).
  6. La fe de algunos puede debilitarse al escuchar sermones superficiales, desorganizados o carentes de fundamento Bíblico (Rom. 10:17).
  7. El predicador desperdicia oportunidades para exhortar, convencer y restaurar a quienes necesitan corrección espiritual (2 Tim. 4:2).
  8. La iglesia puede perder el entusiasmo por el estudio serio de las Escrituras cuando observa falta de diligencia desde el púlpito.
  9. La obra evangelística y el crecimiento espiritual de la congregación pueden verse seriamente afectados, ya que una iglesia bien instruida es una iglesia más fuerte y preparada para servir al Señor.

El predicador, al igual que los ancianos, tiene la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual de la iglesia del Señor. Aunque los ancianos son los pastores del rebaño (Hch. 20:28; 1 Ped. 5:1-4), el evangelista desempeña una función indispensable al alimentar al pueblo mediante la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. Por ello, jamás debe tomar a la ligera la preparación de sus lecciones.

Que cada predicador recuerde siempre que el púlpito exige reverencia, diligencia y fidelidad. El tiempo invertido en la oración, el estudio y la preparación jamás será tiempo perdido. Por el contrario, será una inversión eterna en la edificación de la iglesia, la salvación de las almas y la gloria de Dios. Como escribió Pablo: “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Tim. 4:15). Que Dios nos conceda predicadores diligentes, profundamente comprometidos con la verdad y decididos a proclamar fielmente “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27).

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “MEMORIZAR TEXTOS ACERCA DE NO HABLAR MALAS PALABRAS” por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de memorizar textos Bíblicos que nos advierten acerca del peligro de hablar malas palabras. Este es un reto muy importante porque no solamente ejercita la mente y fortalece la memoria, sino que también ayuda a recordar constantemente la clase de palabras que no deben salir de nuestra boca. La Biblia enseña que nuestras palabras tienen un gran impacto en nuestra vida espiritual y en la vida de quienes nos rodean.

Jesús enseñó que las palabras son una manifestación de lo que hay en el corazón. Él dijo: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Por esta razón, el Cristiano debe esforzarse por mantener un corazón puro para que sus palabras también sean agradables delante de Dios. El joven que memoriza y medita en la Palabra de Dios tendrá una mayor capacidad para controlar su lengua y evitar expresiones que deshonren a Dios.

Observemos algunos pasajes que merecen ser memorizados:

Efesios 4:29 – No hablar palabras corrompidas, sino solamente aquellas que puedan edificar y dar gracia a los oyentes.

Colosenses 3:9 y Proverbios 12:22 – No pronunciar mentiras, porque Dios aborrece los labios mentirosos.

Colosenses 4:6 – Hablar solamente palabras con gracia y sazonadas con sal.

Mateo 12:36-37 – Las palabras que hablamos pueden justificarnos o condenarnos delante de Dios.

Efesios 5:4 y Colosenses 3:8 – No hablar palabras deshonestas, obscenas o vergonzosas.

Proverbios 15:1 – Evitar las palabras ásperas que provocan conflictos y aprender a responder con mansedumbre.

Santiago 3:9-10 – No usar la lengua para maldecir a los hombres creados a la imagen de Dios.

Proverbios 4:24 – Alejar de nuestra boca toda perversidad y corrupción.

Proverbios 10:19 – Aprender a controlar la lengua, recordando que en las muchas palabras no falta pecado.

Salmo 19:14 – Procurar que los dichos de nuestra boca sean agradables delante de Dios.

Proverbios 21:23 – Guardar nuestra boca y nuestra lengua para evitar muchos problemas y angustias.

Santiago 1:26 – Recordar que una religión que no controla la lengua es una religión vana.

Proverbios 13:3 – Entender que quien guarda su boca guarda su vida.

Efesios 4:31-32 – Desechar toda amargura, ira y malicia, hablando con bondad y misericordia.

El joven Cristiano debe comprender que las malas palabras, los insultos, las burlas, las mentiras, los chismes y las expresiones ofensivas no tienen lugar en la vida de aquellos que desean agradar a Dios. La lengua puede ser utilizada para bendecir o para destruir. Por lo tanto, debemos usarla para animar, enseñar, consolar y glorificar a Dios.

La memorización de estos textos ayudará al joven a resistir las influencias negativas del mundo, a fortalecer su carácter Cristiano y a desarrollar un lenguaje digno del evangelio de Cristo. Cuando la Palabra de Dios habita abundantemente en nuestro corazón, tendremos mayor facilidad para hablar de una manera que honre a nuestro Padre celestial.

Estos versículos pueden ayudarte a evitar palabras que pongan en peligro tu influencia Cristiana y tu salvación eterna. Procuremos siempre hablar palabras que edifiquen, animen y sean de gran bendición para quienes las escuchan. Recordemos las palabras de Pablo: “Sea vuestra palabra siempre con gracia” (Colosenses 4:6).

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La irreverencia en el culto de adoración por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la irreverencia durante los servicios de adoración. Este problema ha perjudicado la obra del Señor a través de los años y continúa siendo una realidad en muchas congregaciones. Jóvenes, adultos e incluso predicadores del evangelio han sido culpables de esta práctica. En cierta ocasión, un predicador interrumpió su clase para responder a una publicación en Facebook. Otro contestó su teléfono mientras predicaba un sermón. Aunque estas acciones pudieran parecer insignificantes para algunos, reflejan una falta de respeto hacia Dios y hacia el propósito sagrado de la adoración congregacional.

La Biblia enseña claramente que Dios merece nuestra más profunda reverencia. El escritor de Hebreos exhorta: “sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12:28-29). Salomón también escribió: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie” (Eclesiastés 5:1). Estas palabras nos recuerdan que la adoración no es un asunto común, sino una actividad espiritual en la que nos presentamos delante del Creador del universo.

Los miembros de la iglesia, en ocasiones, muestran irreverencia en los servicios de adoración de las siguientes maneras: (1) Revisando sus teléfonos durante la adoración, (2) Actualizando fotos de perfil en redes sociales, (3) Enviando mensajes de texto a familiares o amigos, (4) Buscando lugares para comer después del servicio, (5) Usando vestimenta inapropiada para una ocasión tan solemne, (6) Mostrando una actitud indiferente hacia la predicación de la Palabra de Dios, (7) Ausentándose de la clase Bíblica y llegando solamente al servicio último, (8) No participando de la Cena del Señor, (9) No ofrendando conforme han prosperado durante la semana, (10) Conversando con la persona a su lado, (11) Participando sin haberse preparado adecuadamente para el privilegio asignado, (12) No trayendo su Biblia a los servicios, (13) Saliendo repetidamente al baño sin una razón justificable, (14) No enseñando a sus hijos a comportarse respetuosamente en la adoración, (15) Llegando desvelados al servicio sin justificación alguna, (16) Criticando constantemente a quienes participan en la adoración, (17) Llegando sin el deseo de adorar a Dios en espíritu y en verdad, (18) No adorando conforme a Su Palabra, (19) Predicando falsa doctrina, (20) No estando concentrados durante las oraciones, (21) Permitiendo pensamientos mundanos durante la adoración, (22) Haciendo las cosas para recibir reconocimiento humano, (23) Participando mecánicamente en los servicios, (24) No mostrando gozo al adorar a Dios, y (25) No participando en el canto congregacional.

La irreverencia también se manifiesta cuando se participa de los actos de adoración sin reflexión espiritual. Algunos cantan sin pensar en las palabras que expresan; otros oran sin concentrarse en las peticiones elevadas a Dios. Pablo enseñó que los cristianos deben cantar “con gracia en vuestros corazones al Señor” (Colosenses 3:16). Asimismo, Jesús enseñó que los verdaderos adoradores deben adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). Esto requiere una mente enfocada y un corazón comprometido.

Ser culpable de estas cosas constituye una adoración vana delante de Dios. Jesús habló de una adoración en vano cuando las cosas no se hacen conforme a la voluntad divina (Mateo 15:7-9). También reprendió a aquellos que honraban a Dios con los labios mientras su corazón estaba lejos de Él. La adoración aceptable no consiste solamente en estar físicamente presentes en un edificio; requiere una disposición espiritual correcta y una obediencia sincera a la voluntad de Dios.

La irreverencia en la adoración afecta seriamente a la iglesia del Señor. Primero, impide que Dios reciba la honra que merece. Segundo, comunica a otros que la adoración no ocupa un lugar importante en nuestras vidas. Tercero, nos convierte en un mal ejemplo para los visitantes, los nuevos convertidos y nuestros propios hijos. Cuarto, obstaculiza nuestro crecimiento espiritual, pues dejamos de aprovechar plenamente las bendiciones de la adoración. Quinto, pone en peligro nuestra relación con Dios y, por consiguiente, nuestra salvación eterna.

Recordemos que los primeros cristianos perseveraban fielmente en la adoración y en las actividades espirituales de la iglesia (Hechos 2:42). Su ejemplo debe motivarnos a valorar cada oportunidad que tenemos para reunirnos con los santos y glorificar a Dios. Cuando comprendemos quién es Dios y lo que Él ha hecho por nosotros mediante Jesucristo, nuestra actitud hacia la adoración cambia por completo.

Que Dios nos conceda la sabiduría necesaria para nunca ser culpables de una adoración irreverente, sino de una adoración que le glorifique, le honre y sea aceptable delante de Sus ojos. Procuremos siempre acercarnos a Él con humildad, respeto, gratitud y un sincero deseo de hacer Su voluntad.

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: Memorizar los textos que hablan sobre la santidad por Willie A. Alvarenga

“MEMORIZAR LOS TEXTOS QUE HABLAN DE LA SANTIDAD”

Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de memorizar los textos que hablan de la santidad. Este es un desafío de gran importancia, ya que vivimos en un mundo donde la inmoralidad, la impureza y las tentaciones están presentes en todas partes. Los jóvenes cristianos necesitan tener la Palabra de Dios guardada en sus corazones para poder resistir al pecado y mantenerse fieles al Señor.

El salmista declaró: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Este pasaje muestra claramente el valor de la memorización Bíblica. Cuando la Palabra de Dios está grabada en nuestra mente y corazón, tendremos acceso inmediato a la voluntad divina en los momentos de prueba, tentación y decisión.

Jesús mismo nos dio el ejemplo. Cuando fue tentado por Satanás en el desierto, respondió a cada tentación con las palabras: “Escrito está” (Mt. 4:4, 7, 10). Nuestro Señor utilizó las Escrituras como un arma espiritual para vencer al enemigo. De igual manera, los jóvenes de hoy pueden vencer las tentaciones si conocen y recuerdan la Palabra de Dios.

La santidad no es una opción para el cristiano; es un mandato divino. Dios desea que Su pueblo refleje Su carácter santo en cada aspecto de la vida. Por esta razón, se anima a todos los jóvenes a memorizar y meditar en los siguientes textos:

Textos sobre la Santidad

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14).

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Tim. 2:22).

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 P. 2:11).

“No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gén. 39:9).

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb. 13:4).

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Sal. 119:9).

“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Ts. 4:3).

“Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Ts. 4:7).

“Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18).

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1 Co. 6:19).

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1).

“Absteneos de toda especie de mal” (1 Ts. 5:22).

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca” (Ef. 4:29).

“No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas” (Ef. 5:11).

“Todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro… en esto pensad” (Fil. 4:8).

Beneficios de Memorizar Textos sobre la Santidad

  1. Ayudan a resistir las tentaciones del pecado.
  2. Fortalecen nuestra comunión con Dios.
  3. Nos recuerdan constantemente la voluntad divina.
  4. Protegen nuestra mente de pensamientos impuros.
  5. Nos ayudan a tomar decisiones sabias.
  6. Nos preparan para enseñar y exhortar a otros.
  7. Nos motivan a vivir una vida que glorifique a Dios.

El joven cristiano que dedica tiempo a memorizar las Escrituras estará mejor preparado para enfrentar las pruebas espirituales de la vida. Cuando las tentaciones lleguen, la Palabra de Dios actuará como una luz que guía sus pasos y como una espada espiritual que le ayudará a vencer al enemigo (Sal. 119:105; Ef. 6:17).

Se anima a cada joven a memorizar estos textos, meditarlos diariamente y ponerlos en práctica. No basta solamente con conocerlos; es necesario obedecerlos. De esta manera, podrán mantenerse puros delante de Dios, ser ejemplos para otros y glorificar a Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 P. 2:9).

Que cada joven pueda decir junto con el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”(Sal. 119:11).

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La ausencia de la oración en la vida cristiana por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la ausencia de la oración en la vida cristiana. No hay duda de que la Biblia exhorta a hombres, mujeres y jóvenes a ser personas de oración. Esta debe ocupar un lugar esencial en la vida del cristiano (1 Tes. 5:17; Ef. 6:18). Además de los mandamientos relacionados con la oración, Dios nos ha dejado numerosos ejemplos de siervos fieles para quienes la oración fue una prioridad. Entre ellos encontramos a Daniel (Dan. 6:10), Jesús (Mr. 1:35; Lc. 5:16), la iglesia del primer siglo (Hch. 2:42; 12:5, 12), Ana (1 Sam. 1:10-18), Nehemías (Neh. 1:4-11), y Pablo y Silas (Hch. 16:25), entre muchos otros.

La oración constituye uno de los privilegios más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Por medio de ella podemos acercarnos al trono de la gracia para hallar oportuno socorro (Heb. 4:16), presentar nuestras peticiones delante de Dios (Fil. 4:6), agradecer Sus bendiciones (Col. 4:2) y buscar Su dirección en los asuntos de la vida. Cuando la oración está ausente, el cristiano pierde una fuente invaluable de fortaleza espiritual y la iglesia sufre las consecuencias.

¿Por qué es tan grave la ausencia de la oración en la vida cristiana? Considere lo siguiente:

1. Produce desobediencia a Dios

La oración es un mandato divino que debe obedecerse (1 Tes. 5:17; Mt. 26:41). Descuidarla constituye pecado delante de Dios (1 Jn. 3:4). Dios espera que Sus hijos dependan de Él y le busquen constantemente.

2. Impide el crecimiento espiritual

Dios concede sabiduría y fortaleza a quienes la piden con fe (Stg. 1:5-6). Sin oración, el desarrollo espiritual se ve afectado y la madurez cristiana se retrasa.

3. Proyecta un mal ejemplo a la familia

Un hogar que sirve a Dios debe también buscarle en oración (Jos. 24:15). Los hijos aprenden la importancia de la oración al observar a sus padres practicarla diariamente.

4. Debilita el amor fraternal

La Biblia nos exhorta a orar unos por otros (Ef. 6:18; Stg. 5:16). La oración es una expresión práctica del amor cristiano y de la preocupación genuina por nuestros hermanos.

5. Nos expone a la tentación

Jesús enseñó que debemos velar y orar para no caer en tentación (Mt. 26:41). La oración fortalece nuestra fidelidad en tiempos difíciles y nos ayuda a resistir los ataques del enemigo.

6. Nos aleja de las necesidades de la familia espiritual

La iglesia debe perseverar en oración por sus miembros (Hch. 12:5, 12). Cuando dejamos de orar por otros, perdemos sensibilidad hacia sus luchas y necesidades.

7. Debilita los esfuerzos evangelísticos

Debemos orar para que Dios abra puertas a la predicación del evangelio (Col. 4:2-3; 2 Tes. 3:1). Cuando dejamos de hacerlo, descuidamos una responsabilidad importante relacionada con la salvación de las almas.

8. Limita nuestra dependencia de Dios

La ausencia de oración puede llevarnos a confiar más en nuestras capacidades que en el poder de Dios (Prov. 3:5-6). La oración nos recuerda que dependemos completamente de Él.

9. Reduce nuestra gratitud

La oración incluye la acción de gracias (Fil. 4:6; 1 Tes. 5:18). Cuando no oramos, corremos el riesgo de olvidar las bendiciones que Dios derrama diariamente sobre nuestras vidas.

10. Debilita la unidad de la iglesia

Las congregaciones que oran juntas desarrollan una mayor unidad y compañerismo espiritual. La iglesia primitiva perseveraba unánime en oración (Hch. 1:14), y Dios bendecía grandemente su trabajo.

11. Impide recibir la paz de Dios

La oración ayuda al cristiano a depositar sus cargas en el Señor. Sin ella, la ansiedad, la preocupación y el temor pueden dominar el corazón (Fil. 4:6-7; 1 Ped. 5:7).

12. Apaga el celo espiritual

Cuando la oración desaparece, el entusiasmo por la obra del Señor disminuye. La iglesia pierde vigor espiritual y se vuelve vulnerable a la apatía y al conformismo (Rom. 12:11).

La historia Bíblica demuestra que los grandes momentos de victoria espiritual estuvieron acompañados por la oración. Cuando el pueblo de Dios oró, recibió dirección, protección, fortaleza y bendición. Por el contrario, cuando dejó de depender de Dios, sufrió las consecuencias de su debilidad espiritual.

No existe justificación válida para que los miembros de la iglesia descuiden la oración. Seamos cristianos que oren constantemente para cumplir la voluntad de Dios y contribuir al fortalecimiento de Su obra. La oración siempre será una gran bendición para la iglesia del Señor. Por lo tanto, cultivemos una profunda pasión por la oración para que nunca esté ausente de nuestras vidas. Que Dios, por medio de Su Palabra, continúe exhortándonos a ser hombres, mujeres y jóvenes dedicados a la oración, recordando siempre las palabras de nuestro Señor: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento” (Mt. 6:6), y el mandato inspirado: “Perseverad en la oración” (Col. 4:2).

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: “NO DEJARSE VENCER POR LOS JUEGOS DE VIDEO” por Willie A. Alvarenga

Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es no dejarse vencer por los juegos de video. Este es un desafío que merece seria consideración, ya que vivimos en una época donde el entretenimiento digital ocupa gran parte del tiempo y la atención de muchas personas. Aunque los videojuegos no son inherentemente pecaminosos, pueden convertirse en un problema cuando consumen excesivamente el tiempo, afectan las responsabilidades diarias o desplazan las prioridades espirituales.

El tiempo excesivo dedicado a los videojuegos puede ser peligroso, ya que con frecuencia reemplaza actividades verdaderamente importantes como la oración, el estudio de la Palabra de Dios, la asistencia a las reuniones de la iglesia, las responsabilidades académicas, el trabajo y la convivencia familiar. Cuando una persona pierde el control sobre el uso de los videojuegos, corre el riesgo de permitir que estos se conviertan en una influencia dominante en su vida.

En cierta ocasión, un joven cristiano perdió la oportunidad de continuar en una escuela de predicación debido a su dependencia de los videojuegos, los cuales afectaron negativamente su desempeño académico. Dicho joven dedicaba más tiempo a jugar que a estudiar. Lamentablemente, esta situación no es única. Muchos jóvenes han visto disminuir sus calificaciones, afectar sus relaciones familiares y debilitar su vida espiritual debido al uso descontrolado de los videojuegos.

La Biblia nos exhorta a ser sabios administradores del tiempo que Dios nos ha dado. El apóstol Pablo escribió: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15-16). Cada día es un regalo de Dios, y cada cristiano dará cuenta de cómo utilizó su tiempo (Romanos 14:12).

Además, los jóvenes deben recordar que cualquier actividad que controle su vida puede convertirse en una forma de esclavitud. Pablo declaró: “Todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6:12). Un cristiano debe ser gobernado por Cristo y no por sus pasatiempos o deseos personales.

La Palabra de Dios también nos enseña la importancia de mantener nuestras prioridades en orden. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Cuando los videojuegos ocupan el primer lugar en el corazón, Dios deja de ocupar el lugar que le corresponde.

Por lo tanto, ¿qué pueden hacer los jóvenes para no dejarse vencer por los videojuegos? Considere las siguientes recomendaciones:

  1. Procure cultivar el dominio propio en su vida (2 Timoteo 1:7; 2 Pedro 1:5-6; Gálatas 5:22-23). El cristiano debe aprender a controlar sus deseos y hábitos.
  2. Aprenda a utilizar su tiempo sabiamente (Colosenses 4:5; Salmo 90:12; Eclesiastés 3:1). Organice su tiempo de manera que las responsabilidades y las actividades espirituales tengan prioridad.
  3. Pídale a Dios sabiduría por medio de la oración (Santiago 1:5-6; Filipenses 4:6-7). Dios puede ayudarle a tomar decisiones sabias respecto al uso de su tiempo.
  4. Procure emplear su tiempo en la voluntad de Dios (Mateo 6:33; Colosenses 3:1-2; Romanos 12:1-2). Invierta más tiempo en aquellas cosas que fortalecen su relación con Dios.
  5. Esfuércese por amar más a Dios (Marcos 12:30; Deuteronomio 6:5). Cuando el amor por Dios crece, las cosas materiales ocupan el lugar correcto en nuestra vida.
  6. Dedique más tiempo a la lectura de la Biblia (1 Timoteo 4:13; Salmo 119:97, 105). La Palabra de Dios fortalece la fe y guía nuestros pasos.
  7. Dedique más tiempo al estudio diligente de la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:15; Colosenses 3:16; 2 Pedro 3:18). El crecimiento espiritual requiere esfuerzo y dedicación constante.
  8. Rodéese de buenas influencias espirituales (1 Corintios 15:33; Proverbios 13:20). Las amistades correctas pueden ayudarle a mantener un equilibrio saludable.
  9. Recuerde que su juventud debe ser usada para glorificar a Dios (Eclesiastés 12:1; 1 Timoteo 4:12). Los mejores años de la vida deben ser dedicados al servicio del Señor.
  10. Pregúntese constantemente si la actividad que realiza le acerca más a Dios o le aleja de Él (1 Corintios 10:31; Colosenses 3:17).

Los videojuegos pueden ser una forma de entretenimiento, pero jamás deben convertirse en el centro de la vida del cristiano. El joven sabio entiende que el tiempo es precioso y limitado. Por esta razón, procura usarlo de manera que honre a Dios y produzca fruto para la eternidad. Recordemos las palabras de Jesús: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36). Las actividades temporales tienen su lugar, pero las cosas espirituales poseen un valor eterno.

¡Dedicar tiempo a Dios, a Su Palabra y a Su servicio siempre producirá un provecho mucho mayor que cualquier entretenimiento pasajero!

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: El peligro de la desmotivaciónón espiritual entre hermanos por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor, es el peligro de la desmotivación espiritual entre hermanos. ¿Cuál es la idea detrás de esta expresión? Por desmotivación espiritual nos referimos a la falta de ánimo, apoyo y aliento entre los miembros del cuerpo de Cristo. Hablamos de hermanos que no toman el tiempo para fortalecer, animar y edificar a su familia espiritual en el Señor. Esta actitud puede parecer insignificante a primera vista; sin embargo, sus consecuencias pueden ser devastadoras para la salud espiritual de una congregación.

Las Escrituras tienen mucho que decir acerca de este asunto. Por ejemplo, el escritor a los Hebreos exhortó a la iglesia diciendo: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Heb. 10:24). Observe cuidadosamente el texto. Dios no solamente nos manda a amarnos unos a otros, sino también a pensar en maneras prácticas de motivarnos espiritualmente. La palabra “considerémonos” implica prestar atención a las necesidades de nuestros hermanos para ayudarles a permanecer fieles al Señor.

El apóstol Pablo escribió a la iglesia en Tesalónica: “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1 Tes. 5:11-14). Esta porción de la Escritura nos recuerda el deber que tenemos de edificarnos mutuamente. También nos enseña que existen hermanos que necesitan ser alentados porque atraviesan momentos de debilidad, tristeza o desánimo.

Lamentablemente, algunos cristianos se han acostumbrado a asistir a los servicios de adoración sin tomar tiempo para animar a nadie. Llegan, adoran y se retiran sin ofrecer una palabra de consuelo, gratitud o motivación. Esta actitud es contraria al espíritu del Nuevo Testamento. Dios desea que seamos instrumentos de ánimo para nuestros hermanos. Bernabé es un excelente ejemplo de esto. Su nombre significa “hijo de consolación” o “hijo de exhortación” (Hechos 4:36). Gracias a su disposición para animar a otros, muchos fueron fortalecidos en la fe y la iglesia fue edificada.

¿Cuánto tiempo toma usted para expresar aprecio y ánimo a los ancianos, diáconos, predicadores y maestros de la congregación? Ellos enfrentan numerosas luchas, responsabilidades y desafíos en su labor para el Señor. Los ancianos velan por las almas como quienes han de dar cuenta (Heb. 13:17). Los predicadores trabajan arduamente en la enseñanza de la Palabra (2 Tim. 4:1-5). Los maestros dedican tiempo y esfuerzo para instruir a la iglesia. Todos ellos necesitan nuestras oraciones, nuestro apoyo y nuestras palabras de ánimo.

Muchas veces nuestros hermanos atraviesan aflicciones, enfermedades, dificultades familiares, problemas económicos y pruebas espirituales. En tales momentos, unas palabras de aliento pueden producir un impacto enorme. Proverbios 12:25 declara: “La congoja en el corazón del hombre lo abate; mas la buena palabra lo alegra”. Asimismo, Proverbios 16:24 enseña: “Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos”. Nunca debemos subestimar el poder de una palabra de ánimo pronunciada en el momento oportuno.

¿Cómo podemos motivarnos unos a otros? Considere las siguientes sugerencias:

(1) Obedeciendo el mandato de animarnos mutuamente (1 Tes. 5:11-14; Heb. 10:24-25).

(2) Haciendo saber a nuestra familia espiritual que oramos por ellos (Ef. 6:18; Col. 4:12).

(3) Evitando acciones, palabras o actitudes que produzcan desánimo en nuestros hermanos (3 Jn. 9-10; 2 Tim. 4:10, 14, 16).

(4) Amando a nuestros hermanos como Cristo nos ha amado (Jn. 13:34-35).

(5) Considerándolos como superiores a nosotros mismos (Fil. 2:1-4).

(6) Haciéndoles saber cuánto los apreciamos y valoramos (Fil. 1:7-8).

(7) Llorando con ellos y gozándonos con ellos (Rom. 12:15; 1 Cor. 12:26).

(8) Hablando palabras que edifiquen y produzcan gracia a los oyentes (Ef. 4:29).

(9) Llevando las cargas los unos de los otros (Gál. 6:2).

(10) Exhortándonos cada día para que ninguno se endurezca por el engaño del pecado (Heb. 3:13).

(11) Mostrando hospitalidad y bondad hacia nuestros hermanos (1 Ped. 4:9; Rom. 12:13).

(12) Expresando gratitud por el trabajo y servicio de los demás (1 Tes. 5:12-13).

Con frecuencia no nos damos cuenta de la influencia positiva que pueden tener unas palabras de ánimo. La fe de muchos es fortalecida cuando comprenden cuánto son amados y apreciados por sus hermanos en Cristo. En ocasiones, un simple mensaje de texto, una llamada telefónica, una visita o un apretón de manos acompañado de palabras sinceras puede marcar una gran diferencia en la vida de alguien que está luchando.

Por lo tanto, se anima al pueblo de Dios a tomar tiempo para fortalecer a su familia espiritual. Tome algunos minutos para enviar un mensaje de ánimo a un hermano o hermana. Haga saber a otros que usted agradece su trabajo y fidelidad al Señor. Le aseguro que sus hermanos en Cristo apreciarán grandemente ese gesto de amor.

Recordemos que juntos corremos la carrera que nos conduce al cielo. Ninguno de nosotros llegará solo. Necesitamos el apoyo, las oraciones y el ánimo de nuestros hermanos. Luchemos unidos y nunca dejemos de motivarnos los unos a los otros. Que cada congregación procure estar llena de “Bernabés”, hombres y mujeres comprometidos con fortalecer la fe de aquellos que les rodean.

En lo personal, agradezco a todos mis hermanos y hermanas en Cristo que a través de los años han tomado el tiempo para brindarme palabras de ánimo. Dios les bendiga por ser verdaderos “hijos de consolación”. Que el Señor nos ayude a todos a ser instrumentos de aliento, esperanza y edificación para Su pueblo.

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RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Ser Luz en la Oscuridad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es ser una luz en medio de la oscuridad. Vivimos en un mundo donde el pecado es promovido, la inmoralidad es celebrada y los valores Bíblicos son rechazados cada vez más. Ante esta realidad, Dios llama a los jóvenes cristianos a vivir de manera diferente y a influir positivamente en quienes les rodean. El apóstol Pablo escribió a los santos en Filipos: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15). Estas palabras muestran claramente la responsabilidad que tiene cada cristiano de reflejar el carácter de Cristo en su vida diaria.

Jesús también exhortó a Sus discípulos a ser luz en el mundo cuando dijo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14-16). La luz tiene la capacidad de disipar las tinieblas, mostrar el camino correcto y servir de guía para quienes están perdidos. De la misma manera, el joven cristiano debe dejar que su conducta, palabras y acciones reflejen la voluntad de Dios. Pedro escribió: “Mas vosotros sois linaje escogido… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).

¿Cómo pueden los jóvenes ser una luz en la oscuridad? Considere las siguientes maneras:

(1) Amando a Dios con todo su ser (Mr. 12:30). El amor genuino por Dios motiva la obediencia y la fidelidad (Jn. 14:15).

(2) Siendo un ejemplo de fidelidad (Tit. 2:6-8). Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).

(3) Siendo un ejemplo de santidad (1 Cor. 6:18-20; Heb. 12:14). Dios llama a Sus hijos a ser santos en toda su manera de vivir (1 P. 1:15-16).

(4) No hablando palabras corrompidas (Ef. 4:29; Col. 4:6). Las palabras del cristiano deben edificar y mostrar gracia a quienes las escuchan.

(5) Obedeciendo a sus padres (Ef. 6:1-3). La obediencia y el respeto a los padres agradan a Dios y constituyen una poderosa influencia para otros jóvenes.

(6) Amando a su prójimo (Mr. 12:31). El amor cristiano demuestra al mundo que somos discípulos de Cristo (Jn. 13:34-35).

(7) No imitando los malos ejemplos (3 Jn. 11; Rom. 12:1-2). El joven fiel no sigue las modas pecaminosas ni las prácticas contrarias a la voluntad de Dios.

(8) Hablando a otros de Cristo (Mr. 16:15). Compartir el evangelio es una de las formas más efectivas de iluminar un mundo perdido (Rom. 1:16).

(9) Manteniéndose puro en pensamiento y conducta (Fil. 4:8). La pureza moral es cada vez más necesaria en una sociedad llena de corrupción e impureza.

(10) Escogiendo buenas amistades (1 Cor. 15:33). Las compañías influyen grandemente en el carácter y en las decisiones espirituales.

(11) Perseverando en la oración (1 Tes. 5:17). La oración fortalece la fe y ayuda al cristiano a mantenerse firme frente a las tentaciones (Mt. 26:41).

(12) Estudiando diligentemente la palabra de Dios (2 Tim. 2:15). La luz espiritual aumenta cuando el cristiano conoce y aplica las Escrituras en su vida.

Estas son solamente algunas maneras en las que los jóvenes pueden dejar que la luz de Cristo brille en sus vidas. Cuando un joven vive conforme a la voluntad de Dios, puede convertirse en una influencia positiva para sus amigos, compañeros de escuela, familiares y comunidad. Su ejemplo puede motivar a otros a buscar a Dios y obedecer el evangelio de Cristo.

Nunca subestimes el impacto que una vida fiel puede tener en los demás. Daniel fue una luz en medio de una nación pagana (Dan. 1:8; 6:10), José permaneció fiel a Dios en Egipto (Gen. 39:7-12), y Timoteo fue un ejemplo para los creyentes desde su juventud (1 Tim. 4:12). Estos hombres demostraron que es posible mantenerse fiel a Dios aun cuando la mayoría decide seguir otro camino. Ellos son un ejemplo de cómo ser luz en la oscuridad. 

Por lo tanto, le animamos a todo joven a ser una luz en la oscuridad para que Dios sea glorificado. Recuerda que tienes el potencial para lograrlo porque Dios te ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad (2 P. 1:3). También te ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio (2 Tim. 1:7). Permite que la luz de Cristo brille constantemente en tu vida para que otros vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos (Mt. 5:16).

A Dios sea la gloria por medio de tu vida y servicio fiel al Señor.

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: El Problema de los Cristianos Calienta Bancas por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor, es el problema de los cristianos “calienta bancas”. ¿Qué significa esta expresión? La idea detrás de ella describe a miembros de la iglesia que solamente asisten a los servicios de adoración, pero tienen poca o ninguna participación activa en la obra del Señor. Por obra del Señor nos referimos a responsabilidades tales como el evangelismo personal, la enseñanza de clases Bíblicas para diferentes edades, la preparación o compra de alimentos para los convivios de la iglesia, la limpieza después de eventos congregacionales, la ayuda con decoraciones para ocasiones especiales, la participación en los servicios de adoración, la bienvenida a los visitantes, la promoción de actividades de la iglesia en las redes sociales, el ofrecimiento de ayuda a los ancianos y diáconos, la visita a los enfermos, el ánimo a los desanimados, la ayuda a los nuevos convertidos para que crezcan espiritualmente, y muchas otras oportunidades de servicio. Esta lista cubre solamente algunas de las muchas maneras en que los cristianos pueden contribuir activamente a la obra del Señor.

Tristemente, muchos miembros de la iglesia se conforman con simplemente asistir a los servicios y luego regresar a sus hogares sin mayor participación. Otros ni siquiera asisten regularmente y, cuando lo hacen, su única contribución es ocupar un asiento. Algunos asisten fielmente, pero dedican su tiempo a criticar a la congregación en lugar de animarla. Hermanos, esto no debería ser así.

Los miembros fieles de la iglesia del Señor deben asistir regularmente a los servicios de adoración (Hebreos 10:25; Mateo 6:33; Colosenses 3:1-4). Sin embargo, nuestro servicio a Dios va mucho más allá de simplemente estar presentes. El cristianismo nunca tuvo la intención de ser una religión de espectadores. Cada cristiano ha sido llamado a servir, crecer y contribuir al bienestar espiritual de la congregación. El Nuevo Testamento enseña que cada miembro tiene una función dentro del cuerpo de Cristo (Romanos 12:4-8; 1 Corintios 12:12-27). Así como cada parte del cuerpo humano tiene un propósito, cada cristiano posee habilidades y oportunidades que pueden ser utilizadas para la gloria de Dios.

Los cristianos del primer siglo procuraban ser útiles tanto dentro como fuera de la asamblea de adoración. Su dedicación fue extraordinaria, dando como resultado crecimiento espiritual y numérico para la gloria de Dios. Esto es exactamente lo que observamos a lo largo del libro de los Hechos. Vemos cristianos enseñando a otros (Hechos 8:4), animando a los creyentes (Hechos 11:22-24), ayudando a los necesitados (Hechos 2:44-47) y trabajando juntos para esparcir el evangelio por todo el mundo (Hechos 17:6). La iglesia primitiva estaba compuesta por obreros activos, no por observadores pasivos.

Uno de los mayores peligros de convertirse en un cristiano calienta bancas es el estancamiento espiritual. Un cristiano que no sirve frecuentemente deja de crecer. Dios espera que Su pueblo madure espiritualmente y produzca fruto en Su reino. Jesús enseñó: “En esto es glorificado Mi Padre, en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). Cuando los cristianos no participan activamente en la obra del Señor, se privan de oportunidades para crecer, animar a otros y glorificar a Dios.

Además, las Escrituras condenan repetidamente la pereza espiritual. El siervo que enterró su talento en lugar de utilizarlo fue reprendido por su señor (Mateo 25:24-30). La iglesia necesita obreros dispuestos a dedicar su tiempo, talentos y recursos a la causa de Cristo. El apóstol Pablo exhortó a los cristianos a estar “firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre” (1 Corintios 15:58). Observe que Pablo no animó a una participación ocasional, sino a una dedicación continua a la obra del Señor.

¿Qué pueden hacer los cristianos para evitar caer en el error de simplemente calentar una banca en la iglesia del Señor? Considere lo siguiente:

  1. Cultive un profundo amor por Dios (Marcos 12:30). El amor genuino por Dios motivará un servicio activo y una obediencia fiel.
  2. Recuerde que Dios desea un crecimiento continuo en Su obra (1 Corintios 15:58; 2 Pedro 3:18).
  3. Tenga presente que la ociosidad en la obra del Señor no produce fruto para la gloria de Dios (2 Pedro 1:5-11; Tito 3:14).
  4. Recuerde que la falta de crecimiento espiritual puede impedir la entrada al cielo (2 Pedro 1:10-11; 2 Timoteo 4:7-8).
  5. Cultive un profundo amor por la iglesia del Señor, recordando que Cristo murió por ella (Hechos 20:28; Efesios 5:25).
  6. Descubra y desarrolle las habilidades que Dios le ha dado para ponerlas al servicio de los demás (1 Pedro 4:10-11).
  7. Propóngase animar al menos a una persona cada semana (Hebreos 3:13; 10:24-25).
  8. Involúcrese activamente en el evangelismo y en compartir el evangelio con otros (Mateo 28:19-20; Hechos 8:4).
  9. Ore regularmente por oportunidades para servir y por la sabiduría necesaria para reconocerlas (Colosenses 4:2-6).
  10. Recuerde que un día todos daremos cuenta de nuestra mayordomía delante de Dios (Romanos 14:12; 2 Corintios 5:10).

Dios no quiere cristianos que simplemente calienten bancas. Él desea siervos fieles que glorifiquen Su nombre mediante vidas de dedicación, servicio y crecimiento espiritual. La iglesia es más fuerte cuando cada miembro participa activamente en la obra del Señor. Por lo tanto, esforcémonos cada día por darle a Dios lo mejor de nosotros, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15:58). Que nunca nos conformemos con simplemente ocupar un asiento cuando Dios nos ha llamado a ocupar un lugar de servicio en Su reino.

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RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “IMITAR LA VIDA DE JESÚS” por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy en día es el de imitar la vida de Jesús. Vivimos en una sociedad donde muchos jóvenes toman como modelo a artistas, deportistas, cantantes o personajes famosos, olvidando que el único ejemplo perfecto digno de imitación es Cristo Jesús. El apóstol Pablo escribió a los santos en Corinto: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). El verbo “sed” se encuentra en modo imperativo y tiempo presente, indicando que imitar a Pablo y a Cristo no es una sugerencia opcional, sino un mandato continuo para todos los cristianos.

La Biblia enseña claramente que el cristiano no debe conformarse a los caminos de este mundo. Pablo exhortó: “Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2). Lamentablemente, muchos jóvenes permiten que las modas, las redes sociales, las amistades incorrectas y los deseos carnales influyan más en sus vidas que la Palabra de Dios. El apóstol Juan advirtió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Todo lo que el mundo ofrece es temporal y puede apartar al joven de Dios. Moisés comprendió esta verdad cuando prefirió sufrir con el pueblo de Dios antes que gozar “de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25).

El joven fiel debe esforzarse diariamente por imitar las virtudes y el carácter de Cristo. Jesús mismo declaró: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15). El discípulo de Cristo debe reflejar Su vida en cada aspecto de su conducta.

El joven cristiano debe imitar de Jesús:

  1. Su obediencia al Padre.
    Jesús siempre hizo la voluntad de Dios. Él dijo: “Porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). Aun en medio del sufrimiento, Cristo obedeció perfectamente al Padre (Heb. 5:8-9; 10:7-9). El joven que desea agradar a Dios debe aprender a obedecer Su Palabra sin reservas (Jn. 14:15).
  2. Su perseverancia en las pruebas.
    Jesús sufrió rechazo, burlas y persecución, pero nunca abandonó Su misión. Pedro escribió: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 P. 2:21-25). Muchos jóvenes enfrentan presión social, críticas o tentaciones, pero deben permanecer firmes en la fe (Stg. 1:12).
  3. Su amor por los demás.
    Cristo mostró un amor incomparable hacia todos. Él enseñó: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Jn. 13:34-35). El amor cristiano se demuestra con acciones, servicio, paciencia y compasión (1 Cor. 13:4-7).
  4. Su vida de oración.
    Jesús dedicaba tiempo constante a la oración. Marcos 1:35 declara que muy de mañana buscaba lugares solitarios para orar. En Getsemaní también mostró dependencia total del Padre (Mt. 26:36-46). El joven necesita desarrollar una vida espiritual fuerte mediante la oración constante (1 Tes. 5:17).
  5. Su compasión por las almas perdidas.
    Jesús tuvo compasión de las multitudes porque estaban “como ovejas que no tienen pastor” (Mt. 9:36-38). Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10). El joven cristiano debe preocuparse por compartir el evangelio con sus amigos y familiares (Mr. 16:15-16).
  6. Su disposición para perdonar.
    Aun estando en la cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). El joven debe evitar el rencor y practicar el perdón (Ef. 4:31-32; Col. 3:13).
  7. Su dominio propio frente a la tentación.
    Jesús venció las tentaciones de Satanás usando la Palabra de Dios (Mt. 4:1-11). Hoy en día los jóvenes enfrentan tentaciones relacionadas con la inmoralidad, las malas amistades, las drogas, el lenguaje corrupto y el entretenimiento pecaminoso. Sin embargo, Dios provee la salida para vencer (1 Cor. 10:13). El dominio propio es una característica esencial del cristiano fiel (Gál. 5:22-23).
  8. Su humildad y espíritu de servicio.
    Jesús, siendo el Hijo de Dios, vino para servir y no para ser servido (Mr. 10:45). Lavó los pies de Sus discípulos como ejemplo de humildad y servicio a los demás (Jn. 13:3-5). El joven cristiano debe rechazar el orgullo y aprender a servir a los demás con sencillez y amor (Fil. 2:3-5).
  9. Su pureza de vida.
    Cristo vivió sin pecado (1 P. 2:22). En un mundo lleno de corrupción moral, el joven debe mantenerse limpio en pensamiento, palabra y conducta. Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).
  10. Su fidelidad a la verdad.
    Jesús siempre enseñó la verdad divina sin comprometerla (Jn. 17:17). Hoy muchos cambian la verdad para agradar al mundo, pero el joven cristiano debe permanecer firme en la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Judas 3).

Los jóvenes que deciden imitar la vida de Jesús serán una luz en medio de las tinieblas (Mt. 5:14-16). Sus vidas influirán positivamente en otros y glorificarán a Dios. Aunque el camino cristiano no siempre es fácil, vale la pena seguir las pisadas del Salvador. Pedro preguntó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

Se anima a todos los jóvenes a buscar a Dios diariamente por medio de la oración, el estudio diligente de las Escrituras y la obediencia fiel. Si permiten que Cristo viva en ellos, entonces el mundo podrá ver reflejado el carácter de Jesús en sus vidas (Gál. 2:20). El joven que imita a Cristo encontrará propósito, fortaleza y esperanza eterna.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ESPOSAS MALTRATANDO A SUS ESPOSOS por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor, es la de esposas maltratando a sus esposos. Este ha sido un problema muy grave por mucho tiempo y, lamentablemente, continúa afectando muchos hogares Cristianos. Dios diseñó el matrimonio para ser una relación de amor, respeto, ayuda mutua y edificación espiritual (Gen. 2:18; Ef. 5:22-33). Cuando una esposa no cumple con las responsabilidades que Dios le ha dado, no solamente afecta su matrimonio, sino también la estabilidad espiritual del hogar y el bienestar de la iglesia.

El maltrato de esposas hacia sus esposos puede observarse de muchas maneras: (1) No mostrando respeto hacia sus esposos (Ef. 5:33; 1 P. 3:1-6), (2) No sujetándose a ellos conforme al orden establecido por Dios (Ef. 5:22-24; Col. 3:18), (3) Siendo rencillosas y contenciosas con sus maridos (Prov. 21:9; 27:15), (4) Siendo iracundas y dominadas por el enojo (Prov. 21:19), (5) Hablando mal de sus maridos delante de los demás (Ef. 4:29; Mt. 12:36-37), (6) Rehusando vivir como la mujer virtuosa descrita en Proverbios 31, (7) Siendo mujeres necias que destruyen su hogar con sus propias manos (Prov. 14:1), (8) No respetando la fidelidad matrimonial (Heb. 13:4; Mt. 5:28), (9) Descuidando el hogar y las responsabilidades familiares (Tit. 2:4-5), (10) Siendo piedra de tropiezo para sus esposos al no animarles espiritualmente (Job 2:9), (11) Negándose a mostrar un espíritu afable y apacible, el cual es de grande estima delante de Dios (1 P. 3:4) y (12) No cumpliendo con sus deberes conyugales (1 Cor. 7:1-5).

En algunos casos, el comportamiento de ciertas esposas ha sido uno de los obstáculos por los cuales muchos maridos no viven felizmente con ellas. También impide que los esposos cumplan adecuadamente con los deberes que tienen dentro del matrimonio. Esto nunca debería ser el caso; sin embargo, lamentablemente lo es. Muchos maridos sufren emocional y espiritualmente a causa del maltrato recibido por parte de sus esposas. Ellas no siempre consideran el gran daño que causan cuando su comportamiento no está conforme a la voluntad de Dios.

La Biblia enseña claramente que el hogar debe caracterizarse por la paz, el amor y la edificación mutua. Colosenses 3:19 manda a los esposos amar a sus esposas y no ser ásperos con ellas; de igual manera, las esposas deben procurar un comportamiento que ayude y fortalezca a sus maridos. El matrimonio no fue diseñado para ser una relación de competencia, manipulación o menosprecio, sino una unión donde ambos glorifiquen a Dios (Ecl. 4:9-12).

¿De qué manera afecta a la iglesia el maltrato de esposas hacia sus esposos? Observe las siguientes consecuencias:

  1. Los esposos son obstaculizados en cumplir las responsabilidades que Dios les ha encomendado.
  2. Algunos esposos no llegan a ser predicadores porque sus esposas no desean apoyarles en la obra del Señor.
  3. Algunos no pueden servir como ancianos debido a la conducta infiel o desordenada de sus esposas delante de Dios (1 Tim. 3:1-7; Tit. 1:6-9).
  4. Otros no pueden llegar a ser diáconos por falta de apoyo espiritual en el hogar (1 Tim. 3:12).
  5. Muchos no pueden participar plenamente en ciertos ministerios por causa de conflictos constantes dentro del matrimonio.
  6. La iglesia recibe reproche del mundo al observar el comportamiento infiel de algunas esposas.
  7. La Palabra de Dios llega a ser blasfemada por causa de esposas que no cumplen sus deberes asignados (Tit. 2:5).
  8. Los hijos son afectados negativamente al crecer en hogares llenos de conflicto y falta de respeto.
  9. El ambiente espiritual del hogar se debilita, afectando la oración, el estudio Bíblico y la fidelidad a Dios.
  10. Satanás aprovecha estas dificultades para dividir hogares y debilitar a la iglesia (1 P. 5:8).

Este es un asunto muy serio y con consecuencias dolorosas. La iglesia es lastimada cuando hermanas casadas no se comportan como Dios manda en Su Palabra. Siempre debe ser el caso que el pueblo de Dios se esfuerce por vivir de tal manera que Él sea glorificado en la vida de todos los miembros de la iglesia (Mt. 5:16; 1 Cor. 10:31).

Gracias a Dios, el cambio sí es posible. Nuestro Padre celestial ha provisto todo lo necesario para que las esposas puedan desarrollar un carácter piadoso y agradable delante de Él. Por medio del estudio de la Palabra, la oración, la humildad y el deseo sincero de obedecer a Dios, toda esposa puede llegar a ser una bendición para su esposo, su hogar y la iglesia. Se anima a todas las esposas a esforzarse cada día por ser la clase de esposa que Dios manda. ¡Esto sí se puede lograr!

Willie A. Alvarenga | btsop2004@gmail.com

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: NO CEDER A LA PRESIÓN DEL MUNDO por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que los jóvenes enfrentan hoy en día es el de no ceder a la presión del mundo. Vivimos en una sociedad donde constantemente se promueve el pecado, la inmoralidad, la desobediencia a Dios y el rechazo de los valores Bíblicos. Los jóvenes son bombardeados diariamente por medio de las redes sociales, amistades, entretenimiento y la cultura moderna, los cuales muchas veces buscan alejarlos de Dios y de Su voluntad.

El proverbista escribió: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10). El término “consientas” denota el acto de dejarse seducir o influenciar por alguien; ceder ante sus demandas o aceptar voluntariamente cierto curso de acción como señal de obediencia o sumisión. Dios desea que los jóvenes tengan el valor de decir “no” al pecado y mantenerse firmes en medio de una generación corrompida (Fil. 2:15).

La presión del mundo puede manifestarse de muchas maneras: presión para participar en conversaciones impuras, consumir entretenimiento pecaminoso, vestir de manera indecente, practicar el bullying, consumir drogas o alcohol, participar en inmoralidad sexual, mentir para ser aceptado o abandonar la fidelidad a Dios con tal de encajar entre los demás. Muchos jóvenes han cedido a esta presión porque desean ser aceptados por otros. Sin embargo, la Biblia enseña claramente que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33).

Moisés entendió que los placeres del pecado son temporales. Hebreos 11:25 dice que él prefirió “ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado”. El mundo ofrece placer momentáneo; sin embargo, este placer siempre trae consecuencias dolorosas. Romanos 6:23 enseña que “la paga del pecado es muerte”, y Santiago 1:13-15 explica que el pecado, después que ha sido consumado, da a luz la muerte espiritual.

El joven cristiano debe recordar que no puede amar al mundo y agradar a Dios al mismo tiempo. El apóstol Juan escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Santiago también declara que “la amistad del mundo es enemistad contra Dios” (Stg. 4:4). Por esta razón, el joven fiel debe esforzarse por vivir una vida santa y apartada del pecado (1 Ped. 1:14-16).

¿Qué puede hacer el joven cristiano para no ceder a la presión del mundo? La Biblia ofrece principios prácticos que ayudarán a permanecer firmes:

  1. Orar constantemente a Dios para no caer en tentación y pedir sabiduría (Mt. 26:41; Stg. 1:5-6; Fil. 4:6-7).
  2. Utilizar toda la armadura de Dios para resistir las asechanzas del diablo (Ef. 6:10-18).
  3. Imitar el ejemplo de jóvenes fieles como José, quien huyó de la inmoralidad (Gen. 39:7-12), y Daniel, quien decidió no contaminarse (Dan. 1:8).
  4. Llenar la mente con la Palabra de Dios, ya que ésta ayuda a vencer el pecado (Sal. 119:9-11; Col. 3:16).
  5. Escoger amistades sabias y espirituales que ayuden a acercarse más a Dios (Prov. 13:20).
  6. Recordar que las cosas del mundo son temporales y pronto pasarán (1 Jn. 2:15-17; 2 Cor. 4:18).
  7. Cultivar un amor profundo por Dios con todo el corazón (Mr. 12:30), pues quien ama verdaderamente a Dios procurará obedecerle (Jn. 14:15).
  8. Mantenerse ocupado en las cosas espirituales, participando fielmente en la adoración, el estudio Bíblico y las buenas obras (Heb. 10:24-25).
  9. Pensar antes de actuar, recordando que cada decisión tiene consecuencias (Gál. 6:7-8).
  10. Confiar en que Dios siempre dará la salida ante la tentación (1 Cor. 10:13).

El joven cristiano no está solo en esta lucha. Dios promete fortalecer a aquellos que permanecen fieles. Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Aunque la presión del mundo sea grande, el poder de Dios es mucho mayor. Por lo tanto, el joven debe mantenerse firme, valiente y fiel, recordando siempre que en Cristo “somos más que vencedores” (Rom. 8:37-39). Así que, nunca cedas a la presión el mundo. 

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ESPOSOS MALTRATANDO A SUS ESPOSAS por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que podemos añadir a la lista y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de esposos maltratando a sus esposas. Este ha sido un problema muy grave por mucho tiempo y uno que continúa causando dolor, tristeza y división en muchos hogares. El maltrato de esposos para con sus esposas se puede observar de las siguientes maneras: (1) Fallando en amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia (Ef. 5:25), (2) Tratando a sus esposas de una manera áspera (Col. 3:19), (3) Fallando en proveer para las necesidades físicas y espirituales del hogar (1 Tim. 5:8), (4) Fallando en ser la cabeza espiritual del hogar (Ef. 5:23), (5) No tratando a sus esposas como a vaso más frágil (1 P. 3:7), (6) Utilizando palabras que lastiman y destruyen emocionalmente (Ef. 4:29), (7) Siendo infieles a ellas (Mt. 5:28; Heb. 13:4), (8) Descuidando el tiempo y la atención que deben brindarles (Ecl. 9:9), (9) Actuando con egoísmo y orgullo (Fil. 2:3-4), y (10) Maltratando físicamente a sus esposas por medio de la violencia doméstica. Estas son solamente algunas de las formas en las que el esposo puede maltratar a su esposa. Tales prácticas constituyen pecado delante de Dios y son completamente contrarias al diseño divino para el matrimonio.

Tristemente, el maltrato de los esposos para con sus esposas es algo que se ha podido observar aun en algunas iglesias del Señor. Amados hermanos, esto nunca debe ser el caso en nuestros matrimonios. El hogar cristiano debe ser un lugar donde reine el amor, el respeto, la comprensión y la paz. La voluntad de Dios nunca ha sido que la esposa viva con temor, tristeza o inseguridad. El matrimonio fue establecido por Dios para bendición y compañía (Gen. 2:18, 24), no para sufrimiento ni abuso.

El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los santos en Éfeso: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, así mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Ef. 5:25-30).

A través de esta sección se puede observar cómo el apóstol instruye a los maridos a: (1) Amar a sus esposas con un amor profundo y sacrificial que imita el amor de Cristo por Su iglesia, (2) Buscar siempre el bienestar físico, emocional y espiritual de su esposa, (3) Amar y cuidar de sus esposas como a sus mismos cuerpos, y (4) Tratar a sus esposas con ternura, paciencia y consideración. Todo esposo que obedezca estas directivas logrará mantenerse alejado de maltratar a su esposa. Sin embargo, todo esposo que ignore los mandamientos que Dios ha establecido para el matrimonio terminará destruyendo su propio hogar y alejándose de la voluntad divina.

La Biblia enseña claramente que el carácter del cristiano debe reflejar mansedumbre, dominio propio y amor. Pablo escribió: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Ef. 4:31). También escribió: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros” (Ef. 4:32). Un esposo que constantemente vive en ira, gritos, amenazas y violencia está actuando de una manera incompatible con la vida cristiana.

El apóstol Pedro también instruyó a los maridos diciendo: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 P. 3:7). Este pasaje enfatiza que el esposo debe honrar y respetar a su esposa. El hombre que humilla, desprecia o maltrata a su esposa pone en peligro su relación con Dios, ya que sus oraciones serán estorbadas.

También es importante recordar que los hijos sufren grandemente cuando observan violencia y maltrato dentro del hogar. Un hogar lleno de gritos, amenazas y agresión deja heridas emocionales profundas. Los padres cristianos deben criar a sus hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Ef. 6:4), mostrando con su ejemplo cómo luce un matrimonio piadoso y agradable delante de Dios.

Por ende, ¿Qué más se puede hacer para evitar el maltrato de las esposas? Considere lo siguiente: (1) Recuerde que su esposa es una gran bendición en su vida (Prov. 18:22), (2) Recuerde que su esposa debe ser tratada con amor, dignidad y respeto (1 P. 3:7), (3) Recuerde que el no tratar bien a su esposa resultará en que sus oraciones no sean escuchadas ni respondidas por Dios (1 P. 3:7), (4) Recuerde que el amor verdadero “no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita” (1 Cor. 13:4-7), (5) Recuerde que usted dará cuentas a Dios por la manera en que trató a su familia (Rom. 14:12; 2 Cor. 5:10), y (6) Recuerde que maltratar a su esposa puede resultar en la pérdida de su esperanza de vida eterna si no hay arrepentimiento genuino (Rom. 6:23).

Es imperativo recordar que maltratar a su esposa impedirá que usted pueda experimentar un crecimiento espiritual conforme a la voluntad de Dios. El matrimonio es una institución establecida por Dios y, como tal, debe ser respetada y tenida en alta estima (Heb. 13:4). Dios ya ha provisto suficiente instrucción para poder gozar de una relación hermosa y estable en el matrimonio. Por lo tanto, esforcémonos siempre por mostrar amor, paciencia, respeto y fidelidad hacia nuestras esposas. Solamente así podremos tener hogares fuertes, matrimonios saludables y congregaciones agradables delante de Dios.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: APRENDER A ORAR COMO JESÚS ORABA por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que los jóvenes enfrentan hoy es aprender a orar como Jesús oraba. La oración es una parte esencial de la vida del cristiano (Fil. 4:6-7; Heb. 4:16). No se puede vivir la voluntad de Dios en nuestras vidas a menos que se tome muy en serio la práctica de la oración (Mt. 26:41). La Biblia enseña mucho acerca de nuestra comunicación con Dios, mostrando que la oración fortalece la fe, trae paz al corazón y nos acerca más al Padre (Sal. 55:17; Jer. 33:3). El apóstol Pablo enfatizó el mandato de orar sin cesar (1 Tes. 5:17; Col. 4:2; Rom. 12:12), recordándonos que la oración debe ser constante, perseverante y llena de gratitud.

Esta práctica de la oración estuvo muy cerca del corazón de Jesús. Él es, en verdad, nuestro mejor y supremo ejemplo a seguir respecto a la oración (1 P. 2:21). A través de los evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, vemos que Jesús practicó la oración en distintos contextos y momentos clave de su vida. Por ejemplo, oró en su bautismo (Lc. 3:21), mostrando dependencia del Padre desde el inicio de Su ministerio; oraba muy temprano por las mañanas (Mr. 1:35), evidenciando disciplina espiritual; oraba largamente antes de tomar decisiones importantes (Lc. 6:12), enseñándonos a buscar la dirección divina; oraba antes de comer (Jn. 6:11), manifestando gratitud; oraba por sus discípulos (Jn. 17), demostrando amor e intercesión; y oraba en los momentos más difíciles de su vida (Mt. 26:36-46; Heb. 5:7), revelando su completa sumisión a la voluntad de Dios.

Además, Jesús no solo practicó la oración, sino que también enseñó cómo orar correctamente. En el Sermón del Monte, instruyó a sus discípulos sobre la actitud correcta en la oración (Mt. 6:5-15), enfatizando sinceridad, humildad y confianza en Dios. También enseñó la importancia de la perseverancia mediante parábolas como la del amigo importuno y la viuda persistente (Lc. 11:5-13; 18:1-8). De igual manera, mostró que la oración debe hacerse con fe (Mr. 11:24), conforme a la voluntad de Dios (Mt. 6:10), y con un corazón limpio (Sal. 66:18).

Esta es la vida de oración que cada joven cristiano debe imitar de Jesús. Es un reto vivir de esta manera en medio de un mundo lleno de distracciones, pero no es imposible (Fil. 4:13). Requiere disciplina, deseo espiritual y un corazón dispuesto a agradar a Dios (Col. 3:17). La oración constante ayudará al joven a vencer la tentación, fortalecer su fe y mantenerse firme en el camino del Señor (Ef. 6:18).

Por lo tanto, se te anima a que ores a Dios para pedir sabiduría (Stg. 1:5) y aprender a orar como Él desea. Haz de la oración una prioridad diaria en tu vida. Las bendiciones que recibirás al hacerlo serán grandes, pues Dios escucha a sus hijos y responde conforme a su perfecta voluntad (1 Jn. 5:14-15).

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR – Padres ignorando la educación Bíblica de sus hijos por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que, a través de los siglos, ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de padres que ignoran la educación Bíblica de sus hijos. Este ha sido un problema grave por mucho tiempo. Desde los días del Antiguo Testamento, Dios ha enfatizado la responsabilidad de los padres en instruir a sus hijos en Su Palabra (Deut. 6:6-7; 11:18-19). Sin embargo, a pesar de esta clara enseñanza, existen congregaciones que han sido afectadas profundamente debido a padres que han fallado en educar a sus hijos en el conocimiento de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, hay padres que se conforman solamente con enviar a sus hijos a las clases de los domingos y miércoles, pero fallan en impartir enseñanza en sus propios hogares, olvidando que la responsabilidad principal recae sobre ellos y no exclusivamente sobre la iglesia (Ef. 6:4; Prov. 22:6). Hay padres que, cuando sus hijos cometen errores, no los corrigen apropiadamente, es decir, conforme a la Palabra de Dios (Prov. 13:24; 29:15). También hay padres que no creen en la disciplina para ayudar a sus hijos; tales han adoptado los caminos del mundo en lugar de lo que Dios enseña por medio de Su Palabra (Heb. 12:5-11).

Asimismo, algunos padres no hablan de Dios en el hogar, no leen las Escrituras con sus hijos, ni fomentan conversaciones espirituales, descuidando así una de las herramientas más importantes para formar corazones fieles (Deut. 6:7; Sal. 78:4-7). Otros permiten que las influencias del mundo —como malas compañías o entretenimiento inapropiado— moldeen el carácter de sus hijos más que la Palabra de Dios (1 Cor. 15:33; Rom. 12:2). Todo esto, de una forma u otra, afecta la obra del Señor en gran manera.

Debemos recordar que los hijos son el presente y el futuro de la iglesia. Ellos son quienes continuarán con la obra del Señor una vez que los padres ya no estén vivos (Sal. 127:3-5). Por ello, los padres deben preocuparse por la educación Bíblica de sus hijos, ya que esto les ayudará en su vida personal y espiritual, guiándolos por el camino correcto (Prov. 3:5-6; Ecl. 12:1).

¿Cuáles son las formas en las cuales podemos tomar una parte activa en la educación Bíblica de nuestros hijos? A continuación, se presentan algunas maneras en que esto se puede lograr.

Educamos a nuestros hijos:

  1. A través de presentarles un buen ejemplo de fidelidad a Dios (1 Tim. 4:12; Mt. 5:16; Fil. 3:17).
  2. A través de tomar el tiempo para aconsejarles en el camino del Señor (Tito 2:6-8; Sal. 119:24; Prov. 4:1-4).
  3. A través de orar juntos en familia (Ef. 6:18; Col. 4:2; 1 Tes. 5:17).
  4. A través de animarles a memorizar las Escrituras (Sal. 119:9, 11; Prov. 7:1-3; Col. 3:16).
  5. A través de animarles a estar presentes en los servicios de adoración de la iglesia (Heb. 10:24-25; Mt. 6:33; Sal. 122:1).
  6. A través de animarles a ser estudiantes diligentes de la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15; Hch. 17:11; 2 Tim. 3:14-15).
  7. A través de animarles a amar a Dios con todo su ser (Mr. 12:30; Deut. 10:12; Jos. 24:15).
  8. A través de corregirlos y disciplinarlos con amor conforme a la voluntad de Dios (Ef. 6:4; Prov. 22:15; Heb. 12:7).
  9. A través de protegerlos de influencias negativas y guiarlos a escoger buenas compañías (Prov. 1:10; 1 Cor. 15:33; Sal. 1:1-2).
  10. A través de enseñarles a temer a Dios y guardar Sus mandamientos (Ecl. 12:13; Prov. 1:7).

Estas son solamente algunas formas de cómo podemos ocuparnos en la educación Bíblica de nuestros hijos. Estoy más que seguro de que todos los padres desean que sus hijos estén bien y que un día puedan estar en el cielo con Dios (3 Jn. 4). Sin embargo, para que esto sea una realidad, como padres debemos preocuparnos constantemente porque nuestros hijos conozcan a Dios y le sean fieles en todo (Jn. 17:3; Ap. 2:10).

Si esto no se hace, sufriremos al ver una generación que no conoce a Dios ni las grandes obras que Él ha hecho a través de los tiempos (Jueces 2:10-11; Oseas 4:6). Que sea Dios quien nos dé la sabiduría para preocuparnos diligentemente por la educación Bíblica de nuestros hijos (Stg. 1:5).

Prácticas que lastiman la iglesia: La ignorancia Bíblica por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que, a través de los siglos, ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la ignorancia Bíblica. Este ha sido un problema grave desde tiempos antiguos y continúa siendo una amenaza en nuestros días. Una lectura cuidadosa del Antiguo Testamento muestra cómo el pueblo de Dios, en diversas ocasiones, abrió la puerta al desconocimiento de Su voluntad, con consecuencias devastadoras.

Por ejemplo, en Isaías 5:13, el profeta escribió: “Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed”. Este pasaje demuestra claramente que la falta de conocimiento bíblico conduce a una cautividad espiritual. De igual manera, el profeta Oseas advirtió sobre las terribles consecuencias de ignorar la Palabra de Dios: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Oseas 4:6). La ignorancia no es simplemente una debilidad; es una condición peligrosa que puede llevar a la destrucción espiritual.

La Biblia también enseña que Dios desea que Su pueblo crezca en conocimiento. En Proverbios 1:7 leemos que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová”, mientras que en Proverbios 2:1-6 se nos exhorta a buscar la sabiduría como un tesoro. Asimismo, el profeta Jeremías lamentó que el pueblo no conocía a Dios (Jeremías 9:3-6), lo cual evidencia que la ignorancia espiritual es señal de alejamiento de Él.

Ahora bien, ¿de qué manera puede el pueblo de Dios caer en esta ignorancia?
(1) Siendo negligente en crecer en el conocimiento de la Palabra (2 Pedro 3:18),
(2) No permitiendo que la Palabra de Cristo habite en abundancia en el corazón (Colosenses 3:16),
(3) Fallando en poner en práctica lo aprendido (Santiago 1:22-25),
(4) Descuidando la lectura constante de las Escrituras (1 Timoteo 4:13),
(5) No enseñando correctamente la doctrina (2 Timoteo 2:15; 1 Pedro 4:11),
(6) No guardando la Palabra en el corazón (Salmo 119:11),
(7) Fallando en obedecer lo que Dios manda (Juan 14:15),
(8) Dejándose llevar por falsas enseñanzas (Efesios 4:14),
(9) Rechazando el amor por la verdad (2 Tesalonicenses 2:10-12).

La ignorancia Bíblica ha sido una de las causas principales por las cuales el pueblo de Dios ha fallado en cumplir Su voluntad. Esta voluntad no puede llevarse a cabo si abrimos la puerta a la insensatez y al desconocimiento de las Escrituras. El apóstol Pablo exhortó: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:17). Asimismo, en Romanos 10:2-3, Pablo describe a aquellos que tienen celo por Dios, pero no conforme a ciencia, mostrando que el entusiasmo sin conocimiento también puede llevar al error.

La única manera de mantenernos firmes en el camino del Señor es prestando diligente atención a la Palabra de Dios. Ella es la lámpara que guía nuestros pasos (Salmo 119:105), el consejo seguro para nuestras decisiones (Salmo 119:24), y el medio por el cual nuestra fe crece (Romanos 10:17). Jesús mismo declaró: “Erráis, ignorando las Escrituras” (Mateo 22:29), indicando que el error doctrinal muchas veces tiene su raíz en la ignorancia Bíblica.

Además, la Palabra de Dios tiene el poder de salvar nuestras almas (Santiago 1:21), hacernos sabios para la salvación (2 Timoteo 3:15), y transformarnos por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2). Es la Palabra inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16), útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia, y capaz de equiparnos completamente para toda buena obra (2 Timoteo 3:17).

Hermanos, la ignorancia Bíblica puede llegar a ser tan peligrosa que incluso puede impedir nuestra entrada al cielo (Oseas 4:6; Mateo 7:21-23). Por esta razón, se anima al pueblo de Dios a tomar con mayor seriedad el crecimiento espiritual. Es necesario escudriñar las Escrituras diariamente, como lo hacían los de Berea (Hechos 17:11), y desear la Palabra como niños recién nacidos desean la leche espiritual (1 Pedro 2:2).

Se nos exhorta a cultivar un profundo amor por la Palabra de Dios (Salmo 119:97), a meditar en ella día y noche (Josué 1:8), y a perseverar en su estudio y obediencia. De esta manera, no solo seremos conocedores, sino también hacedores de la Palabra (Santiago 1:22).

Debemos reconocer que un pueblo instruido en la Palabra de Dios será útil y de gran bendición para la obra del Señor. La sabiduría y la inteligencia que la Palabra produce en nuestras vidas (Deuteronomio 4:6) nos ayudarán a vivir de tal manera que glorifiquemos a Dios en todo. No solamente esto, sino que también nos dará la bendición de, un día, estar en el cielo con nuestro Dios, habiendo permanecido fieles a Su verdad.