PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ESPOSAS MALTRATANDO A SUS ESPOSOS por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor, es la de esposas maltratando a sus esposos. Este ha sido un problema muy grave por mucho tiempo y, lamentablemente, continúa afectando muchos hogares Cristianos. Dios diseñó el matrimonio para ser una relación de amor, respeto, ayuda mutua y edificación espiritual (Gen. 2:18; Ef. 5:22-33). Cuando una esposa no cumple con las responsabilidades que Dios le ha dado, no solamente afecta su matrimonio, sino también la estabilidad espiritual del hogar y el bienestar de la iglesia.

El maltrato de esposas hacia sus esposos puede observarse de muchas maneras: (1) No mostrando respeto hacia sus esposos (Ef. 5:33; 1 P. 3:1-6), (2) No sujetándose a ellos conforme al orden establecido por Dios (Ef. 5:22-24; Col. 3:18), (3) Siendo rencillosas y contenciosas con sus maridos (Prov. 21:9; 27:15), (4) Siendo iracundas y dominadas por el enojo (Prov. 21:19), (5) Hablando mal de sus maridos delante de los demás (Ef. 4:29; Mt. 12:36-37), (6) Rehusando vivir como la mujer virtuosa descrita en Proverbios 31, (7) Siendo mujeres necias que destruyen su hogar con sus propias manos (Prov. 14:1), (8) No respetando la fidelidad matrimonial (Heb. 13:4; Mt. 5:28), (9) Descuidando el hogar y las responsabilidades familiares (Tit. 2:4-5), (10) Siendo piedra de tropiezo para sus esposos al no animarles espiritualmente (Job 2:9), (11) Negándose a mostrar un espíritu afable y apacible, el cual es de grande estima delante de Dios (1 P. 3:4) y (12) No cumpliendo con sus deberes conyugales (1 Cor. 7:1-5).

En algunos casos, el comportamiento de ciertas esposas ha sido uno de los obstáculos por los cuales muchos maridos no viven felizmente con ellas. También impide que los esposos cumplan adecuadamente con los deberes que tienen dentro del matrimonio. Esto nunca debería ser el caso; sin embargo, lamentablemente lo es. Muchos maridos sufren emocional y espiritualmente a causa del maltrato recibido por parte de sus esposas. Ellas no siempre consideran el gran daño que causan cuando su comportamiento no está conforme a la voluntad de Dios.

La Biblia enseña claramente que el hogar debe caracterizarse por la paz, el amor y la edificación mutua. Colosenses 3:19 manda a los esposos amar a sus esposas y no ser ásperos con ellas; de igual manera, las esposas deben procurar un comportamiento que ayude y fortalezca a sus maridos. El matrimonio no fue diseñado para ser una relación de competencia, manipulación o menosprecio, sino una unión donde ambos glorifiquen a Dios (Ecl. 4:9-12).

¿De qué manera afecta a la iglesia el maltrato de esposas hacia sus esposos? Observe las siguientes consecuencias:

  1. Los esposos son obstaculizados en cumplir las responsabilidades que Dios les ha encomendado.
  2. Algunos esposos no llegan a ser predicadores porque sus esposas no desean apoyarles en la obra del Señor.
  3. Algunos no pueden servir como ancianos debido a la conducta infiel o desordenada de sus esposas delante de Dios (1 Tim. 3:1-7; Tit. 1:6-9).
  4. Otros no pueden llegar a ser diáconos por falta de apoyo espiritual en el hogar (1 Tim. 3:12).
  5. Muchos no pueden participar plenamente en ciertos ministerios por causa de conflictos constantes dentro del matrimonio.
  6. La iglesia recibe reproche del mundo al observar el comportamiento infiel de algunas esposas.
  7. La Palabra de Dios llega a ser blasfemada por causa de esposas que no cumplen sus deberes asignados (Tit. 2:5).
  8. Los hijos son afectados negativamente al crecer en hogares llenos de conflicto y falta de respeto.
  9. El ambiente espiritual del hogar se debilita, afectando la oración, el estudio Bíblico y la fidelidad a Dios.
  10. Satanás aprovecha estas dificultades para dividir hogares y debilitar a la iglesia (1 P. 5:8).

Este es un asunto muy serio y con consecuencias dolorosas. La iglesia es lastimada cuando hermanas casadas no se comportan como Dios manda en Su Palabra. Siempre debe ser el caso que el pueblo de Dios se esfuerce por vivir de tal manera que Él sea glorificado en la vida de todos los miembros de la iglesia (Mt. 5:16; 1 Cor. 10:31).

Gracias a Dios, el cambio sí es posible. Nuestro Padre celestial ha provisto todo lo necesario para que las esposas puedan desarrollar un carácter piadoso y agradable delante de Él. Por medio del estudio de la Palabra, la oración, la humildad y el deseo sincero de obedecer a Dios, toda esposa puede llegar a ser una bendición para su esposo, su hogar y la iglesia. Se anima a todas las esposas a esforzarse cada día por ser la clase de esposa que Dios manda. ¡Esto sí se puede lograr!

Willie A. Alvarenga | btsop2004@gmail.com

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: NO CEDER A LA PRESIÓN DEL MUNDO por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que los jóvenes enfrentan hoy en día es el de no ceder a la presión del mundo. Vivimos en una sociedad donde constantemente se promueve el pecado, la inmoralidad, la desobediencia a Dios y el rechazo de los valores Bíblicos. Los jóvenes son bombardeados diariamente por medio de las redes sociales, amistades, entretenimiento y la cultura moderna, los cuales muchas veces buscan alejarlos de Dios y de Su voluntad.

El proverbista escribió: “Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas” (Prov. 1:10). El término “consientas” denota el acto de dejarse seducir o influenciar por alguien; ceder ante sus demandas o aceptar voluntariamente cierto curso de acción como señal de obediencia o sumisión. Dios desea que los jóvenes tengan el valor de decir “no” al pecado y mantenerse firmes en medio de una generación corrompida (Fil. 2:15).

La presión del mundo puede manifestarse de muchas maneras: presión para participar en conversaciones impuras, consumir entretenimiento pecaminoso, vestir de manera indecente, practicar el bullying, consumir drogas o alcohol, participar en inmoralidad sexual, mentir para ser aceptado o abandonar la fidelidad a Dios con tal de encajar entre los demás. Muchos jóvenes han cedido a esta presión porque desean ser aceptados por otros. Sin embargo, la Biblia enseña claramente que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33).

Moisés entendió que los placeres del pecado son temporales. Hebreos 11:25 dice que él prefirió “ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado”. El mundo ofrece placer momentáneo; sin embargo, este placer siempre trae consecuencias dolorosas. Romanos 6:23 enseña que “la paga del pecado es muerte”, y Santiago 1:13-15 explica que el pecado, después que ha sido consumado, da a luz la muerte espiritual.

El joven cristiano debe recordar que no puede amar al mundo y agradar a Dios al mismo tiempo. El apóstol Juan escribió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Santiago también declara que “la amistad del mundo es enemistad contra Dios” (Stg. 4:4). Por esta razón, el joven fiel debe esforzarse por vivir una vida santa y apartada del pecado (1 Ped. 1:14-16).

¿Qué puede hacer el joven cristiano para no ceder a la presión del mundo? La Biblia ofrece principios prácticos que ayudarán a permanecer firmes:

  1. Orar constantemente a Dios para no caer en tentación y pedir sabiduría (Mt. 26:41; Stg. 1:5-6; Fil. 4:6-7).
  2. Utilizar toda la armadura de Dios para resistir las asechanzas del diablo (Ef. 6:10-18).
  3. Imitar el ejemplo de jóvenes fieles como José, quien huyó de la inmoralidad (Gen. 39:7-12), y Daniel, quien decidió no contaminarse (Dan. 1:8).
  4. Llenar la mente con la Palabra de Dios, ya que ésta ayuda a vencer el pecado (Sal. 119:9-11; Col. 3:16).
  5. Escoger amistades sabias y espirituales que ayuden a acercarse más a Dios (Prov. 13:20).
  6. Recordar que las cosas del mundo son temporales y pronto pasarán (1 Jn. 2:15-17; 2 Cor. 4:18).
  7. Cultivar un amor profundo por Dios con todo el corazón (Mr. 12:30), pues quien ama verdaderamente a Dios procurará obedecerle (Jn. 14:15).
  8. Mantenerse ocupado en las cosas espirituales, participando fielmente en la adoración, el estudio Bíblico y las buenas obras (Heb. 10:24-25).
  9. Pensar antes de actuar, recordando que cada decisión tiene consecuencias (Gál. 6:7-8).
  10. Confiar en que Dios siempre dará la salida ante la tentación (1 Cor. 10:13).

El joven cristiano no está solo en esta lucha. Dios promete fortalecer a aquellos que permanecen fieles. Pablo escribió: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Aunque la presión del mundo sea grande, el poder de Dios es mucho mayor. Por lo tanto, el joven debe mantenerse firme, valiente y fiel, recordando siempre que en Cristo “somos más que vencedores” (Rom. 8:37-39). Así que, nunca cedas a la presión el mundo. 

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