RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Ser Luz en la Oscuridad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es ser una luz en medio de la oscuridad. Vivimos en un mundo donde el pecado es promovido, la inmoralidad es celebrada y los valores Bíblicos son rechazados cada vez más. Ante esta realidad, Dios llama a los jóvenes cristianos a vivir de manera diferente y a influir positivamente en quienes les rodean. El apóstol Pablo escribió a los santos en Filipos: “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15). Estas palabras muestran claramente la responsabilidad que tiene cada cristiano de reflejar el carácter de Cristo en su vida diaria.

Jesús también exhortó a Sus discípulos a ser luz en el mundo cuando dijo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14-16). La luz tiene la capacidad de disipar las tinieblas, mostrar el camino correcto y servir de guía para quienes están perdidos. De la misma manera, el joven cristiano debe dejar que su conducta, palabras y acciones reflejen la voluntad de Dios. Pedro escribió: “Mas vosotros sois linaje escogido… para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).

¿Cómo pueden los jóvenes ser una luz en la oscuridad? Considere las siguientes maneras:

(1) Amando a Dios con todo su ser (Mr. 12:30). El amor genuino por Dios motiva la obediencia y la fidelidad (Jn. 14:15).

(2) Siendo un ejemplo de fidelidad (Tit. 2:6-8). Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).

(3) Siendo un ejemplo de santidad (1 Cor. 6:18-20; Heb. 12:14). Dios llama a Sus hijos a ser santos en toda su manera de vivir (1 P. 1:15-16).

(4) No hablando palabras corrompidas (Ef. 4:29; Col. 4:6). Las palabras del cristiano deben edificar y mostrar gracia a quienes las escuchan.

(5) Obedeciendo a sus padres (Ef. 6:1-3). La obediencia y el respeto a los padres agradan a Dios y constituyen una poderosa influencia para otros jóvenes.

(6) Amando a su prójimo (Mr. 12:31). El amor cristiano demuestra al mundo que somos discípulos de Cristo (Jn. 13:34-35).

(7) No imitando los malos ejemplos (3 Jn. 11; Rom. 12:1-2). El joven fiel no sigue las modas pecaminosas ni las prácticas contrarias a la voluntad de Dios.

(8) Hablando a otros de Cristo (Mr. 16:15). Compartir el evangelio es una de las formas más efectivas de iluminar un mundo perdido (Rom. 1:16).

(9) Manteniéndose puro en pensamiento y conducta (Fil. 4:8). La pureza moral es cada vez más necesaria en una sociedad llena de corrupción e impureza.

(10) Escogiendo buenas amistades (1 Cor. 15:33). Las compañías influyen grandemente en el carácter y en las decisiones espirituales.

(11) Perseverando en la oración (1 Tes. 5:17). La oración fortalece la fe y ayuda al cristiano a mantenerse firme frente a las tentaciones (Mt. 26:41).

(12) Estudiando diligentemente la palabra de Dios (2 Tim. 2:15). La luz espiritual aumenta cuando el cristiano conoce y aplica las Escrituras en su vida.

Estas son solamente algunas maneras en las que los jóvenes pueden dejar que la luz de Cristo brille en sus vidas. Cuando un joven vive conforme a la voluntad de Dios, puede convertirse en una influencia positiva para sus amigos, compañeros de escuela, familiares y comunidad. Su ejemplo puede motivar a otros a buscar a Dios y obedecer el evangelio de Cristo.

Nunca subestimes el impacto que una vida fiel puede tener en los demás. Daniel fue una luz en medio de una nación pagana (Dan. 1:8; 6:10), José permaneció fiel a Dios en Egipto (Gen. 39:7-12), y Timoteo fue un ejemplo para los creyentes desde su juventud (1 Tim. 4:12). Estos hombres demostraron que es posible mantenerse fiel a Dios aun cuando la mayoría decide seguir otro camino. Ellos son un ejemplo de cómo ser luz en la oscuridad. 

Por lo tanto, le animamos a todo joven a ser una luz en la oscuridad para que Dios sea glorificado. Recuerda que tienes el potencial para lograrlo porque Dios te ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad (2 P. 1:3). También te ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio (2 Tim. 1:7). Permite que la luz de Cristo brille constantemente en tu vida para que otros vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre que está en los cielos (Mt. 5:16).

A Dios sea la gloria por medio de tu vida y servicio fiel al Señor.

btsop2004@gmail.com

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR – Padres ignorando la educación Bíblica de sus hijos por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que, a través de los siglos, ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de padres que ignoran la educación Bíblica de sus hijos. Este ha sido un problema grave por mucho tiempo. Desde los días del Antiguo Testamento, Dios ha enfatizado la responsabilidad de los padres en instruir a sus hijos en Su Palabra (Deut. 6:6-7; 11:18-19). Sin embargo, a pesar de esta clara enseñanza, existen congregaciones que han sido afectadas profundamente debido a padres que han fallado en educar a sus hijos en el conocimiento de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, hay padres que se conforman solamente con enviar a sus hijos a las clases de los domingos y miércoles, pero fallan en impartir enseñanza en sus propios hogares, olvidando que la responsabilidad principal recae sobre ellos y no exclusivamente sobre la iglesia (Ef. 6:4; Prov. 22:6). Hay padres que, cuando sus hijos cometen errores, no los corrigen apropiadamente, es decir, conforme a la Palabra de Dios (Prov. 13:24; 29:15). También hay padres que no creen en la disciplina para ayudar a sus hijos; tales han adoptado los caminos del mundo en lugar de lo que Dios enseña por medio de Su Palabra (Heb. 12:5-11).

Asimismo, algunos padres no hablan de Dios en el hogar, no leen las Escrituras con sus hijos, ni fomentan conversaciones espirituales, descuidando así una de las herramientas más importantes para formar corazones fieles (Deut. 6:7; Sal. 78:4-7). Otros permiten que las influencias del mundo —como malas compañías o entretenimiento inapropiado— moldeen el carácter de sus hijos más que la Palabra de Dios (1 Cor. 15:33; Rom. 12:2). Todo esto, de una forma u otra, afecta la obra del Señor en gran manera.

Debemos recordar que los hijos son el presente y el futuro de la iglesia. Ellos son quienes continuarán con la obra del Señor una vez que los padres ya no estén vivos (Sal. 127:3-5). Por ello, los padres deben preocuparse por la educación Bíblica de sus hijos, ya que esto les ayudará en su vida personal y espiritual, guiándolos por el camino correcto (Prov. 3:5-6; Ecl. 12:1).

¿Cuáles son las formas en las cuales podemos tomar una parte activa en la educación Bíblica de nuestros hijos? A continuación, se presentan algunas maneras en que esto se puede lograr.

Educamos a nuestros hijos:

  1. A través de presentarles un buen ejemplo de fidelidad a Dios (1 Tim. 4:12; Mt. 5:16; Fil. 3:17).
  2. A través de tomar el tiempo para aconsejarles en el camino del Señor (Tito 2:6-8; Sal. 119:24; Prov. 4:1-4).
  3. A través de orar juntos en familia (Ef. 6:18; Col. 4:2; 1 Tes. 5:17).
  4. A través de animarles a memorizar las Escrituras (Sal. 119:9, 11; Prov. 7:1-3; Col. 3:16).
  5. A través de animarles a estar presentes en los servicios de adoración de la iglesia (Heb. 10:24-25; Mt. 6:33; Sal. 122:1).
  6. A través de animarles a ser estudiantes diligentes de la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15; Hch. 17:11; 2 Tim. 3:14-15).
  7. A través de animarles a amar a Dios con todo su ser (Mr. 12:30; Deut. 10:12; Jos. 24:15).
  8. A través de corregirlos y disciplinarlos con amor conforme a la voluntad de Dios (Ef. 6:4; Prov. 22:15; Heb. 12:7).
  9. A través de protegerlos de influencias negativas y guiarlos a escoger buenas compañías (Prov. 1:10; 1 Cor. 15:33; Sal. 1:1-2).
  10. A través de enseñarles a temer a Dios y guardar Sus mandamientos (Ecl. 12:13; Prov. 1:7).

Estas son solamente algunas formas de cómo podemos ocuparnos en la educación Bíblica de nuestros hijos. Estoy más que seguro de que todos los padres desean que sus hijos estén bien y que un día puedan estar en el cielo con Dios (3 Jn. 4). Sin embargo, para que esto sea una realidad, como padres debemos preocuparnos constantemente porque nuestros hijos conozcan a Dios y le sean fieles en todo (Jn. 17:3; Ap. 2:10).

Si esto no se hace, sufriremos al ver una generación que no conoce a Dios ni las grandes obras que Él ha hecho a través de los tiempos (Jueces 2:10-11; Oseas 4:6). Que sea Dios quien nos dé la sabiduría para preocuparnos diligentemente por la educación Bíblica de nuestros hijos (Stg. 1:5).