RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “IMITAR LA VIDA DE JESÚS” por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy en día es el de imitar la vida de Jesús. Vivimos en una sociedad donde muchos jóvenes toman como modelo a artistas, deportistas, cantantes o personajes famosos, olvidando que el único ejemplo perfecto digno de imitación es Cristo Jesús. El apóstol Pablo escribió a los santos en Corinto: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). El verbo “sed” se encuentra en modo imperativo y tiempo presente, indicando que imitar a Pablo y a Cristo no es una sugerencia opcional, sino un mandato continuo para todos los cristianos.

La Biblia enseña claramente que el cristiano no debe conformarse a los caminos de este mundo. Pablo exhortó: “Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2). Lamentablemente, muchos jóvenes permiten que las modas, las redes sociales, las amistades incorrectas y los deseos carnales influyan más en sus vidas que la Palabra de Dios. El apóstol Juan advirtió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Todo lo que el mundo ofrece es temporal y puede apartar al joven de Dios. Moisés comprendió esta verdad cuando prefirió sufrir con el pueblo de Dios antes que gozar “de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25).

El joven fiel debe esforzarse diariamente por imitar las virtudes y el carácter de Cristo. Jesús mismo declaró: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15). El discípulo de Cristo debe reflejar Su vida en cada aspecto de su conducta.

El joven cristiano debe imitar de Jesús:

  1. Su obediencia al Padre.
    Jesús siempre hizo la voluntad de Dios. Él dijo: “Porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). Aun en medio del sufrimiento, Cristo obedeció perfectamente al Padre (Heb. 5:8-9; 10:7-9). El joven que desea agradar a Dios debe aprender a obedecer Su Palabra sin reservas (Jn. 14:15).
  2. Su perseverancia en las pruebas.
    Jesús sufrió rechazo, burlas y persecución, pero nunca abandonó Su misión. Pedro escribió: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 P. 2:21-25). Muchos jóvenes enfrentan presión social, críticas o tentaciones, pero deben permanecer firmes en la fe (Stg. 1:12).
  3. Su amor por los demás.
    Cristo mostró un amor incomparable hacia todos. Él enseñó: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Jn. 13:34-35). El amor cristiano se demuestra con acciones, servicio, paciencia y compasión (1 Cor. 13:4-7).
  4. Su vida de oración.
    Jesús dedicaba tiempo constante a la oración. Marcos 1:35 declara que muy de mañana buscaba lugares solitarios para orar. En Getsemaní también mostró dependencia total del Padre (Mt. 26:36-46). El joven necesita desarrollar una vida espiritual fuerte mediante la oración constante (1 Tes. 5:17).
  5. Su compasión por las almas perdidas.
    Jesús tuvo compasión de las multitudes porque estaban “como ovejas que no tienen pastor” (Mt. 9:36-38). Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10). El joven cristiano debe preocuparse por compartir el evangelio con sus amigos y familiares (Mr. 16:15-16).
  6. Su disposición para perdonar.
    Aun estando en la cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). El joven debe evitar el rencor y practicar el perdón (Ef. 4:31-32; Col. 3:13).
  7. Su dominio propio frente a la tentación.
    Jesús venció las tentaciones de Satanás usando la Palabra de Dios (Mt. 4:1-11). Hoy en día los jóvenes enfrentan tentaciones relacionadas con la inmoralidad, las malas amistades, las drogas, el lenguaje corrupto y el entretenimiento pecaminoso. Sin embargo, Dios provee la salida para vencer (1 Cor. 10:13). El dominio propio es una característica esencial del cristiano fiel (Gál. 5:22-23).
  8. Su humildad y espíritu de servicio.
    Jesús, siendo el Hijo de Dios, vino para servir y no para ser servido (Mr. 10:45). Lavó los pies de Sus discípulos como ejemplo de humildad y servicio a los demás (Jn. 13:3-5). El joven cristiano debe rechazar el orgullo y aprender a servir a los demás con sencillez y amor (Fil. 2:3-5).
  9. Su pureza de vida.
    Cristo vivió sin pecado (1 P. 2:22). En un mundo lleno de corrupción moral, el joven debe mantenerse limpio en pensamiento, palabra y conducta. Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).
  10. Su fidelidad a la verdad.
    Jesús siempre enseñó la verdad divina sin comprometerla (Jn. 17:17). Hoy muchos cambian la verdad para agradar al mundo, pero el joven cristiano debe permanecer firme en la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Judas 3).

Los jóvenes que deciden imitar la vida de Jesús serán una luz en medio de las tinieblas (Mt. 5:14-16). Sus vidas influirán positivamente en otros y glorificarán a Dios. Aunque el camino cristiano no siempre es fácil, vale la pena seguir las pisadas del Salvador. Pedro preguntó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

Se anima a todos los jóvenes a buscar a Dios diariamente por medio de la oración, el estudio diligente de las Escrituras y la obediencia fiel. Si permiten que Cristo viva en ellos, entonces el mundo podrá ver reflejado el carácter de Jesús en sus vidas (Gál. 2:20). El joven que imita a Cristo encontrará propósito, fortaleza y esperanza eterna.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR – Padres ignorando la educación Bíblica de sus hijos por Willie A. Alvarenga

Otra práctica peligrosa que, a través de los siglos, ha perjudicado seriamente a la iglesia del Señor es la de padres que ignoran la educación Bíblica de sus hijos. Este ha sido un problema grave por mucho tiempo. Desde los días del Antiguo Testamento, Dios ha enfatizado la responsabilidad de los padres en instruir a sus hijos en Su Palabra (Deut. 6:6-7; 11:18-19). Sin embargo, a pesar de esta clara enseñanza, existen congregaciones que han sido afectadas profundamente debido a padres que han fallado en educar a sus hijos en el conocimiento de la Palabra de Dios.

Por ejemplo, hay padres que se conforman solamente con enviar a sus hijos a las clases de los domingos y miércoles, pero fallan en impartir enseñanza en sus propios hogares, olvidando que la responsabilidad principal recae sobre ellos y no exclusivamente sobre la iglesia (Ef. 6:4; Prov. 22:6). Hay padres que, cuando sus hijos cometen errores, no los corrigen apropiadamente, es decir, conforme a la Palabra de Dios (Prov. 13:24; 29:15). También hay padres que no creen en la disciplina para ayudar a sus hijos; tales han adoptado los caminos del mundo en lugar de lo que Dios enseña por medio de Su Palabra (Heb. 12:5-11).

Asimismo, algunos padres no hablan de Dios en el hogar, no leen las Escrituras con sus hijos, ni fomentan conversaciones espirituales, descuidando así una de las herramientas más importantes para formar corazones fieles (Deut. 6:7; Sal. 78:4-7). Otros permiten que las influencias del mundo —como malas compañías o entretenimiento inapropiado— moldeen el carácter de sus hijos más que la Palabra de Dios (1 Cor. 15:33; Rom. 12:2). Todo esto, de una forma u otra, afecta la obra del Señor en gran manera.

Debemos recordar que los hijos son el presente y el futuro de la iglesia. Ellos son quienes continuarán con la obra del Señor una vez que los padres ya no estén vivos (Sal. 127:3-5). Por ello, los padres deben preocuparse por la educación Bíblica de sus hijos, ya que esto les ayudará en su vida personal y espiritual, guiándolos por el camino correcto (Prov. 3:5-6; Ecl. 12:1).

¿Cuáles son las formas en las cuales podemos tomar una parte activa en la educación Bíblica de nuestros hijos? A continuación, se presentan algunas maneras en que esto se puede lograr.

Educamos a nuestros hijos:

  1. A través de presentarles un buen ejemplo de fidelidad a Dios (1 Tim. 4:12; Mt. 5:16; Fil. 3:17).
  2. A través de tomar el tiempo para aconsejarles en el camino del Señor (Tito 2:6-8; Sal. 119:24; Prov. 4:1-4).
  3. A través de orar juntos en familia (Ef. 6:18; Col. 4:2; 1 Tes. 5:17).
  4. A través de animarles a memorizar las Escrituras (Sal. 119:9, 11; Prov. 7:1-3; Col. 3:16).
  5. A través de animarles a estar presentes en los servicios de adoración de la iglesia (Heb. 10:24-25; Mt. 6:33; Sal. 122:1).
  6. A través de animarles a ser estudiantes diligentes de la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15; Hch. 17:11; 2 Tim. 3:14-15).
  7. A través de animarles a amar a Dios con todo su ser (Mr. 12:30; Deut. 10:12; Jos. 24:15).
  8. A través de corregirlos y disciplinarlos con amor conforme a la voluntad de Dios (Ef. 6:4; Prov. 22:15; Heb. 12:7).
  9. A través de protegerlos de influencias negativas y guiarlos a escoger buenas compañías (Prov. 1:10; 1 Cor. 15:33; Sal. 1:1-2).
  10. A través de enseñarles a temer a Dios y guardar Sus mandamientos (Ecl. 12:13; Prov. 1:7).

Estas son solamente algunas formas de cómo podemos ocuparnos en la educación Bíblica de nuestros hijos. Estoy más que seguro de que todos los padres desean que sus hijos estén bien y que un día puedan estar en el cielo con Dios (3 Jn. 4). Sin embargo, para que esto sea una realidad, como padres debemos preocuparnos constantemente porque nuestros hijos conozcan a Dios y le sean fieles en todo (Jn. 17:3; Ap. 2:10).

Si esto no se hace, sufriremos al ver una generación que no conoce a Dios ni las grandes obras que Él ha hecho a través de los tiempos (Jueces 2:10-11; Oseas 4:6). Que sea Dios quien nos dé la sabiduría para preocuparnos diligentemente por la educación Bíblica de nuestros hijos (Stg. 1:5).