RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Prestar mucha atención a las predicaciones en la iglesia por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de prestar mucha atención a las predicaciones en la iglesia.Cada semana se presentan sermones cuyo propósito es ayudarnos a crecer espiritualmente y presentarnos maduros en Cristo Jesús (Col. 1:28). La predicación fiel de la Palabra fortalece nuestra fe, aumenta nuestro conocimiento de Dios y nos equipa para vivir conforme a Su voluntad (Rom. 10:17; 2 Tim. 3:16-17; 2 P. 3:18). Dios ha establecido la predicación como uno de los principales medios para instruir, exhortar, corregir y edificar a Su pueblo.

Sin embargo, aunque este es el propósito de la predicación, muchos jóvenes no prestan la debida atención a las lecciones que se presentan desde el púlpito. Esta falta de atención se manifiesta cuando algunos se distraen con sus teléfonos móviles, escriben mensajes a quienes están sentados a su lado, leen material ajeno al sermón, conversan durante la predicación o simplemente permiten que su mente divague mientras se expone el mensaje de Dios. Estas distracciones les impiden aprovechar el alimento espiritual que Dios ha preparado para ellos.

Menciono estas cosas porque las he observado repetidamente durante la predicación de mis sermones y, también, porque yo mismo cometí esos errores cuando era joven. Con el paso de los años comprendí cuánto había perdido por no escuchar con mayor atención la enseñanza de la Palabra de Dios. Muchos jóvenes llegan a la edad adulta lamentando no haber aprovechado mejor las oportunidades que tuvieron para aprender las Escrituras desde temprana edad.

La Biblia presenta excelentes ejemplos de personas que escuchaban atentamente la Palabra de Dios. En los días de Nehemías, el pueblo permaneció atento mientras Esdras leía y explicaba las Escrituras (Neh. 8:3, 8). En Troas, los discípulos se reunieron para escuchar la predicación del apóstol Pablo (Hch. 20:7). Jesús mismo enseñó repetidamente: «El que tiene oídos para oír, oiga» (Mt. 11:15), enfatizando la importancia de escuchar con un corazón dispuesto a obedecer.

Por esta razón, animamos a todos los jóvenes a no abrir la puerta a la distracción. Antes de comenzar el servicio de adoración, oren para que Dios les conceda un corazón receptivo. Mantengan su Biblia abierta, sigan cuidadosamente los pasajes que el predicador presenta, tomen notas cuando sea posible y procuren identificar las lecciones prácticas que pueden aplicar a su vida diaria. Estas sencillas acciones les ayudarán a concentrarse mejor y a recordar con mayor facilidad las enseñanzas recibidas.

También es importante recordar que escuchar no es suficiente; debemos obedecer lo que hemos aprendido. Santiago escribió: «Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores» (Stg. 1:22). La verdadera bendición no consiste únicamente en asistir a los servicios, sino en permitir que la Palabra transforme nuestra manera de pensar, hablar y vivir.

La Palabra de Dios tiene poder para salvar nuestras almas (Stg. 1:21), fortalecer nuestra fe (Rom. 10:17), hacernos sabios para la salvación (2 Tim. 3:15) y guiarnos por el camino de la justicia (Sal. 119:105). Sin embargo, si no prestamos atención al mensaje, difícilmente podremos disfrutar de estos grandes beneficios. Cada sermón constituye una oportunidad para aprender algo nuevo, corregir un error, fortalecer nuestra fe o recibir el ánimo que tanto necesitamos.

Joven, recuerda que la predicación de la Palabra de Dios no es un tiempo para distraerse, sino un momento sagrado en el que Dios nos instruye por medio de las Escrituras. Escucha con respeto, atención y reverencia. Haz del sermón una prioridad y no una pausa para revisar tu teléfono o pensar en otras cosas. Si desarrollas el hábito de escuchar atentamente la Palabra de Dios desde tu juventud, estarás construyendo un fundamento espiritual sólido que te acompañará durante toda la vida y te ayudará a permanecer fiel al Señor. Cuando escuchamos con un corazón dispuesto a obedecer, crecemos espiritualmente y Dios es glorificado.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Predicadores que no se preparan adecuadamente para la predicación de la Palabra De Dios por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la de aquellos predicadores que no se preparan adecuadamente para la predicación de la Palabra de Dios. Esta deficiencia no es un problema reciente, sino una realidad que ha perjudicado la obra del Señor a través de los tiempos. Cuando el predicador descuida su preparación espiritual y Bíblica, la iglesia deja de recibir el alimento espiritual que Dios desea comunicar por medio de Su Palabra.

La Biblia presenta un estándar elevado para quienes tienen la responsabilidad de enseñar. Pablo exhortó a Timoteo diciendo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la Palabra de verdad” (2 Tim. 2:15). El predicador debe estudiar diligentemente para interpretar correctamente las Escrituras y comunicar fielmente el mensaje inspirado por Dios. No basta con hablar acerca de la Biblia; es indispensable predicar la Biblia.

Además, el evangelista debe prestar cuidadosa atención tanto a su vida como a la doctrina que enseña. Pablo escribió: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Tim. 4:16). La vida del predicador y la pureza de su enseñanza ejercen una influencia directa sobre la iglesia. Un mensaje correcto respaldado por una vida piadosa fortalece a la congregación; una enseñanza descuidada o una vida inconsistente producen confusión y desaliento.

El apóstol Pablo también recordó a Timoteo que la predicación es una responsabilidad que se ejerce delante de Dios y de Cristo Jesús, quien juzgará a vivos y muertos (2 Tim. 4:1-5). Esta solemne exhortación nos recuerda que el púlpito no es un lugar para expresar opiniones personales, entretener al auditorio o compartir ideas humanas, sino para proclamar con fidelidad la voluntad de Dios. El mandato es claro: “Predica la Palabra”.

Predicar la Palabra de Dios requiere mucha diligencia, preparación y cuidado, pues estamos tratando con las almas de las personas. El propósito del ministerio de la predicación es presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre (Col. 1:28). Por consiguiente, el predicador que expone continuamente la Palabra de Dios debe dedicar tiempo suficiente al estudio, la oración y la meditación. Esdras constituye un excelente ejemplo, pues “había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar” (Esd. 7:10). El orden es significativo: primero estudió, luego obedeció y finalmente enseñó.

Esta preparación diligente requiere que el predicador haga, entre otras cosas, lo siguiente:

  1. Debe orar continuamente por sabiduría y dirección antes de preparar y presentar el mensaje (Stg. 1:5; Col. 4:2-4).
  2. Debe esforzarse por predicar solamente la Palabra de Dios y no sus opiniones personales (1 P. 4:11).
  3. Debe procurar que cada sermón esté en completa armonía con la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Tito 2:1).
  4. Debe examinar cuidadosamente el texto Bíblico, meditando en él día y noche (Sal. 1:2; Jos. 1:8).
  5. Debe procurar una exégesis correcta, explicando el verdadero significado del texto conforme a su contexto histórico, gramatical y literario (Neh. 8:8; 2 Tim. 2:15).
  6. Debe evitar imponer al texto sus ideas preconcebidas o preferencias personales, permitiendo que sea la Palabra de Dios la que hable (2 P. 1:20-21).
  7. Debe declarar todo el consejo de Dios y no solamente aquellos temas que le resulten cómodos o populares (Hch. 20:27).
  8. Debe preparar mensajes relevantes que edifiquen, exhorten, consuelen y fortalezcan espiritualmente a la iglesia (Rom. 15:4; 2 Tim. 3:16-17).
  9. Debe predicar con convicción, amor, humildad y profundo respeto por la autoridad de las Escrituras (1 Tes. 2:13).
  10. Debe tener un profundo amor por la Palabra de Dios (Sal. 119:97)..

¿De qué manera es lastimada la iglesia del Señor cuando el predicador no se prepara adecuadamente para predicar? Considere algunas de las consecuencias:

  1. La iglesia puede dejar de recibir el mensaje que Dios desea comunicar porque el texto Bíblico no fue estudiado correctamente.
  2. Una preparación deficiente puede conducir a interpretaciones equivocadas y, por consiguiente, a la propagación del error doctrinal (2 Ped. 3:15-16).
  3. La congregación puede permanecer espiritualmente inmadura por falta del alimento sólido de la Palabra (Heb. 5:12-14).
  4. El predicador puede dejar de anunciar todo el consejo de Dios, privando a la iglesia de enseñanzas esenciales (Hch. 20:27).
  5. Los hermanos estarán menos preparados para identificar y refutar la falsa doctrina (Ef. 4:11-14; Tito 1:9).
  6. La fe de algunos puede debilitarse al escuchar sermones superficiales, desorganizados o carentes de fundamento Bíblico (Rom. 10:17).
  7. El predicador desperdicia oportunidades para exhortar, convencer y restaurar a quienes necesitan corrección espiritual (2 Tim. 4:2).
  8. La iglesia puede perder el entusiasmo por el estudio serio de las Escrituras cuando observa falta de diligencia desde el púlpito.
  9. La obra evangelística y el crecimiento espiritual de la congregación pueden verse seriamente afectados, ya que una iglesia bien instruida es una iglesia más fuerte y preparada para servir al Señor.

El predicador, al igual que los ancianos, tiene la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual de la iglesia del Señor. Aunque los ancianos son los pastores del rebaño (Hch. 20:28; 1 Ped. 5:1-4), el evangelista desempeña una función indispensable al alimentar al pueblo mediante la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. Por ello, jamás debe tomar a la ligera la preparación de sus lecciones.

Que cada predicador recuerde siempre que el púlpito exige reverencia, diligencia y fidelidad. El tiempo invertido en la oración, el estudio y la preparación jamás será tiempo perdido. Por el contrario, será una inversión eterna en la edificación de la iglesia, la salvación de las almas y la gloria de Dios. Como escribió Pablo: “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Tim. 4:15). Que Dios nos conceda predicadores diligentes, profundamente comprometidos con la verdad y decididos a proclamar fielmente “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27).