Otra práctica sumamente dañina que debemos añadir a esta lista es el establecimiento de ancianos que no están calificados para desempeñar esta importante responsabilidad. Lamentablemente, este problema se ha presentado en varias congregaciones de la iglesia del Señor. En algunos casos, el deseo legítimo de contar con la organización Bíblica de la iglesia ha llevado a ciertos hermanos a establecer como ancianos a hombres que todavía no cumplen con los requisitos que Dios ha establecido en Su Palabra. Sin embargo, debemos recordar que el deseo de tener ancianos nunca debe estar por encima del deseo de hacer la voluntad de Dios.
La organización de la iglesia no es un asunto que podamos modificar según nuestras circunstancias, preferencias o necesidades. Cristo es la cabeza de la iglesia (Efesios 1:22-23; Colosenses 1:18), y Él tiene toda autoridad sobre ella (Mateo 28:18). Por lo tanto, la iglesia debe respetar cuidadosamente el patrón que Dios ha establecido en Su Palabra.
Los requisitos para los ancianos vienen de Dios
El Espíritu Santo, por medio de los escritores inspirados del Nuevo Testamento, dejó claramente establecidos los requisitos que debe cumplir un hombre que desea servir como anciano. Estos requisitos se encuentran principalmente en 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9; 1 Pedro 5:1-4 y Hebreos 13:7, 17.
Pablo escribió:
“Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Timoteo 3:1).
Es importante notar que Pablo no solamente habla de la buena obra que desea realizar el hombre que aspira al obispado, sino que inmediatamente presenta una lista de cualidades que este hombre debe poseer. Entre ellas encontramos que debe ser irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, amable, apacible, no avaro, que gobierne bien su casa y que tenga buen testimonio de los de afuera (1 Timoteo 3:2-7).
De igual manera, Tito 1:6-9 presenta requisitos adicionales y paralelos: irreprensible, marido de una sola mujer, tener hijos creyentes, no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo y retenedor de la Palabra fiel.
Estos requisitos no son sugerencias. Son las cualidades que Dios ha establecido para aquellos que desean servir como obispos. Por lo tanto, ningún hombre, predicador, evangelista, anciano, congregación o grupo de hermanos tiene autoridad para eliminar, modificar o minimizar alguno de ellos.
No debemos alterar los requisitos de Dios
En ocasiones, la desesperación por tener ancianos puede llevar a una congregación a buscar maneras de justificar la selección de un hermano que no está calificado. También he escuchado de congregaciones donde un hermano prominente llega, imparte algunas clases sobre la organización de la iglesia y, posteriormente, termina estableciendo ancianos que no cumplen con los requisitos Bíblicos.
También existen casos donde se intenta alterar los requisitos obligatorios para ancianos y diáconos con el propósito de acomodar a ciertos hermanos que no califican. Tal práctica no tiene autorización Bíblica.
Debemos recordar las palabras de Dios:
“No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” (Proverbios 22:28).
Aunque este texto pertenece al Antiguo Testamento y originalmente se refiere a los linderos establecidos, el principio de respetar lo que Dios ha establecido es claramente importante. En el Nuevo Testamento encontramos el mismo principio de respeto a la autoridad Bíblica:
“Para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito” (1 Corintios 4:6).
También Colosenses 3:17 enseña:
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús”.
Hacer algo “en el nombre del Señor” significa hacerlo bajo Su autoridad. Si Dios ha establecido requisitos específicos para los ancianos, nosotros no tenemos derecho de cambiarlos.
La “emergencia” no autoriza a desobedecer a Dios
Algunas veces se argumenta que una congregación necesita ancianos urgentemente. Quizás una iglesia solamente tiene dos ancianos y uno de ellos ya no puede continuar sirviendo. En una situación así, puede existir una gran presión para encontrar rápidamente a otro hermano que ocupe el lugar vacante.
Sin embargo, una emergencia no cambia la voluntad de Dios.
Si solamente queda un anciano calificado, la solución no consiste en establecer apresuradamente a un hombre que no cumple con los requisitos. Si llega el momento en que una congregación ya no cuenta con el número de ancianos necesarios para continuar funcionando como una pluralidad de obispos, entonces debe reconocerse honestamente esa realidad y trabajar diligentemente para preparar y equipar a hermanos que puedan calificar Bíblicamente en el futuro.
Es mucho mejor decir: “Todavía no tenemos ancianos calificados”, que decir: “Tenemos ancianos, aunque sabemos que no cumplen con los requisitos de Dios”.
No podemos hacer el mal para que venga el bien (Romanos 3:8).
La obediencia a Dios siempre debe ocupar el primer lugar:
“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).
Los requisitos tienen un propósito
Debemos entender que los requisitos que el Espíritu Santo estableció para los ancianos tienen un propósito. Dios no los colocó en la Biblia para hacer difícil que una congregación tenga ancianos. Los estableció para asegurarse de que los hombres que supervisan y pastorean a la iglesia tengan el carácter, la madurez espiritual, el conocimiento y la capacidad necesarios para realizar esta obra.
Un anciano debe ser capaz de:
- Gobernar bien su casa (1 Timoteo 3:4-5).
- Ser un ejemplo para la congregación (1 Pedro 5:3).
- Apacentar el rebaño de Dios (1 Pedro 5:2).
- Velar por las almas de los miembros (Hebreos 13:17).
- Exhortar con sana enseñanza (Tito 1:9).
- Convencer a los que contradicen (Tito 1:9).
- Proteger a la iglesia de falsos maestros (Hechos 20:28-31).
- Servir sin enseñorearse de la congregación (1 Pedro 5:3).
- Ser un ejemplo espiritual digno de imitar (1 Pedro 5:3).
Por lo tanto, establecer a un hombre u hombres que no están preparados para estas responsabilidades puede traer consecuencias muy serias para toda la congregación.
El ancianato no es simplemente un título
Otro problema consiste en considerar el ancianato como un título, posición de honor o reconocimiento personal. El trabajo de un anciano no consiste simplemente en participar en reuniones, tomar decisiones administrativas o representar a la congregación.
El anciano es un pastor espiritual que debe cuidar del rebaño de Dios.
Pedro exhortó a los ancianos:
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2).
Y añadió:
“No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:3).
El verdadero anciano no busca autoridad para ser servido, sino oportunidades para servir. No busca controlar a la congregación, sino ayudarla a crecer espiritualmente. No busca reconocimiento personal, sino la gloria de Dios (Gálatas 6:14).
Jesús enseñó este principio cuando dijo:
“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mateo 20:26).
Los ancianos tienen una gran responsabilidad delante de Dios
El trabajo de los ancianos no es cualquier trabajo. Ellos tienen la responsabilidad de velar por las almas de aquellos que están bajo su cuidado.
Hebreos 13:17 dice:
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta”.
La expresión “como quienes han de dar cuenta” debe producir reverencia y seriedad. Los ancianos tendrán que responder delante de Dios por la manera en que realizaron esta responsabilidad.
Pedro también recordó a los ancianos que cuando aparezca el “Príncipe de los pastores”, recibirán la corona incorruptible de gloria (1 Pedro 5:4).
Por esta razón, un hermano no debe aceptar el ancianato simplemente porque otros lo desean. Debe examinar cuidadosamente su vida a la luz de la Palabra de Dios y preguntarse sinceramente si cumple con las cualidades establecidas por el Espíritu Santo.
La iglesia también tiene una responsabilidad
No solamente los hombres que aspiran al ancianato tienen una responsabilidad. La congregación también debe ser diligente al seleccionar a sus ancianos.
Una iglesia no debe elegir a un hombre porque sea popular, tenga dinero, sea empresario, tenga muchos años de ser miembro, sea amigo del predicador o porque la congregación lo estime mucho.
La pregunta principal debe ser:
“¿Cumple este hermano con los requisitos que Dios ha establecido?”
La iglesia debe estudiar cuidadosamente 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9; 1 Pedro 5:1-4; y Hebreos 13:7, 17 antes de considerar a cualquier hermano para el obispado.
Además, debe evitarse el favoritismo. Pablo escribió:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad” (1 Timoteo 5:21).
La selección de ancianos debe hacerse con oración, reverencia, conocimiento Bíblico y absoluta honestidad.
¿Qué debemos hacer cuando no tenemos ancianos calificados?
Si una congregación no tiene hombres que cumplan con los requisitos, no debe sentirse presionada a establecer hombres no calificados. Más bien, debe comenzar a trabajar para preparar a futuros ancianos.
Los hombres deben crecer en:
- conocimiento de la Palabra de Dios;
- carácter Cristiano;
- dominio propio;
- liderazgo espiritual;
- capacidad para enseñar;
- fidelidad a su esposa;
- gobierno apropiado de su hogar;
- hospitalidad;
- servicio a los hermanos;
- defensa de la sana doctrina;
- buen testimonio ante los de afuera.
Pablo le dijo a Tito que debía establecer ancianos en cada ciudad (Tito 1:5), pero esos hombres debían cumplir con las cualidades que inmediatamente aparecen en los versículos siguientes.
De igual manera, Pablo enseñó que hombres fieles debían ser capacitados para enseñar a otros:
“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).
La solución, entonces, no es bajar la norma, sino elevar el nivel de preparación espiritual de los hombres.
Una iglesia fuerte necesita líderes espiritualmente fuertes
Cuando una congregación establece ancianos que verdaderamente cumplen con los requisitos Bíblicos, la iglesia puede recibir grandes beneficios. Los ancianos podrán cumplir mejor su responsabilidad de proteger, alimentar, guiar y cuidar al rebaño.
Hechos 20:28 dice:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor”.
Este texto muestra la enorme responsabilidad que descansa sobre los hombros de quienes sirven como obispos.
Una congregación con ancianos fieles y calificados puede ser grandemente fortalecida. Pero una congregación que establece hombres no calificados puede experimentar conflictos, mala administración, falta de dirección espiritual, tolerancia del error, favoritismo, divisiones y, en algunos casos, apostasía.
Por eso, no debemos apresurarnos a establecer ancianos simplemente para poder decir que tenemos la organización Bíblica de la iglesia. Debemos procurar tener ancianos que realmente sean conforme al patrón que Dios ha establecido.
El establecimiento de ancianos que no están calificados es una práctica que puede lastimar profundamente a la iglesia del Señor. Aunque el deseo de tener ancianos sea correcto, el método para lograrlo también debe ser correcto.
Nunca debemos sacrificar la verdad para alcanzar una meta que consideramos buena. Dios desea que Su iglesia sea gobernada y guiada por hombres que cumplen con Sus requisitos. No debemos agregar requisitos humanos, pero tampoco debemos eliminar o minimizar los requisitos Divinos.
Recordemos que la iglesia pertenece a Cristo (Mateo 16:18), Él es su cabeza (Efesios 1:22-23), y nosotros debemos respetar Su voluntad en todo lo que hacemos.
Si una congregación todavía no tiene hombres calificados para servir como ancianos, que no se desanime. Que enseñe la Palabra, que prepare a los hombres, que fortalezca los hogares y que ayude a futuros líderes a crecer espiritualmente. Con el tiempo, el Señor puede bendecir esos esfuerzos con hombres que lleguen a cumplir los requisitos establecidos en Su Palabra.
Pero mientras tanto, no alteremos el patrón de Dios por causa de la presión, la tradición, la conveniencia o una supuesta emergencia.
Que cada congregación pueda decir como el salmista:
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).
Y que todos recordemos la exhortación de Pablo:
“Pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40).
Dios nos ayude a respetar Su voluntad, a enseñar fielmente Su Palabra y a establecer únicamente a hombres que verdaderamente estén calificados para cuidar y guiar la iglesia que Cristo compró con Su propia sangre (Hechos 20:28).