PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: ARRASTRAR A LA HIPOCRESÍA A LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista de cosas que perjudican a la iglesia del Señor es la de arrastrar a otros hermanos a la hipocresía y al error. Este problema no es nuevo; ha existido desde los tiempos del cristianismo primitivo y ha causado grandes divisiones, tropiezos y daños espirituales dentro del cuerpo de Cristo. Cuando hermanos con influencia, liderazgo o reputación espiritual practican conductas contrarias a la voluntad de Dios, muchas veces terminan influyendo negativamente en otros miembros de la congregación. Por esta razón, la Biblia exhorta a cada cristiano a vivir con integridad y cuidado, reconociendo que nuestras acciones afectan a quienes nos rodean.

El apóstol Pablo escribió lo siguiente a los hermanos en Galacia:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gálatas 2:11-13).

Muchos conocemos lo que sucedió en este contexto. El apóstol Pedro, por temor a ciertos judíos, comenzó a actuar con hipocresía al apartarse de los cristianos gentiles. Pablo tuvo que resistirlo públicamente porque su conducta no estaba conforme a la verdad del evangelio (Gál. 2:14). El propósito de este artículo no es analizar todos los detalles del contexto, sino considerar una de las consecuencias más peligrosas de la hipocresía: la influencia negativa que puede ejercer sobre otros cristianos.

El texto declara que “aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gál. 2:13). La palabra “arrastrado” implica ser llevado juntamente con otros hacia una conducta equivocada. El término “simulación” denota actuar hipócritamente junto con otros, fingir o participar colectivamente en una práctica incorrecta. Esto nos enseña una lección muy seria: el pecado y la hipocresía pueden propagarse rápidamente dentro de una congregación cuando no son confrontados Bíblicamente.

El caso de Bernabé hace aún más impactante este incidente. Bernabé era conocido como un cristiano ejemplar. La Biblia lo presenta como un hombre generoso que ayudó a los necesitados (Hch. 4:36-37), un hermano que apoyó al apóstol Pablo cuando muchos le tenían temor (Hch. 9:26-27), un “varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (Hch. 11:24), y un fiel defensor del evangelio (Hch. 15). Sin embargo, aun un hombre tan espiritual como Bernabé pudo ser influenciado negativamente por la conducta de otros. Esto demuestra que ningún cristiano debe pensar que está completamente inmune al peligro de ser arrastrado al error (1 Cor. 10:12).

Hoy en día sucede lo mismo en muchas congregaciones. Hay hermanos que poseen gran influencia debido a su antigüedad, conocimiento Bíblico, amistad cercana o posición dentro de la iglesia. Cuando tales hermanos comienzan a practicar actitudes pecaminosas o promueven ideas contrarias a la sana doctrina, otros terminan siguiéndolos ciegamente. Algunos arrastran a otros al desánimo, la crítica constante, la división, el liberalismo doctrinal, la mundanalidad, el favoritismo, la rebeldía contra la autoridad Bíblica o la apatía espiritual.

La Biblia advierte repetidamente acerca del peligro de las malas influencias:

  • “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Cor. 15:33).
  • “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gál. 5:9).
  • “No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef. 5:11).
  • “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Heb. 12:15).

Es triste observar cómo algunas congregaciones han sufrido divisiones y conflictos porque ciertos hermanos influyentes persuaden a otros a seguir caminos incorrectos. En ocasiones, hermanos respetados utilizan su influencia para sembrar descontento, hablar mal de otros, cuestionar decisiones Bíblicas, o promover actitudes carnales. Tales acciones dañan profundamente la unidad y la espiritualidad de la iglesia. Pablo exhortó a los hermanos: “Os ruego, pues, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Rom. 16:17).

También debemos reconocer que la hipocresía no solamente perjudica al que la practica, sino también a los nuevos convertidos y a los débiles en la fe. Jesús habló severamente acerca de aquellos que hacen tropezar a otros:

“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera si se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mt. 18:6).

Cada cristiano debe examinar cuidadosamente el impacto de su ejemplo. Nuestras palabras, actitudes y acciones pueden fortalecer o destruir la fe de otros. Por esta razón, Pablo escribió: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). Todo cristiano debe procurar ser una influencia piadosa y no un tropiezo para la iglesia.

¿Qué lecciones podemos aprender de Gálatas 2:13 respecto al peligro de arrastrar a otros a la hipocresía?

  1. Aun hermanos fieles pueden ser arrastrados al error.
    Nadie debe confiar excesivamente en sí mismo (1 Cor. 10:12).
  2. Los hermanos con influencia pueden afectar positiva o negativamente a otros.
    El ejemplo tiene un enorme poder dentro de la congregación (1 Tim. 4:12).
  3. No debemos seguir ciegamente a ningún hombre.
    Nuestra lealtad suprema debe ser siempre hacia Cristo y Su Palabra (Hch. 5:29).
  4. Cuando un hermano anda desordenadamente, debe ser exhortado con amor y firmeza.
    Pablo corrigió públicamente a Pedro porque el daño era público (Gál. 2:11-14).
  5. La hipocresía puede extenderse rápidamente dentro de la iglesia.
    El pecado tolerado termina contaminando a otros (1 Cor. 5:6).
  6. Cada cristiano debe cuidar su influencia.
    Jesús enseñó que somos luz del mundo y sal de la tierra (Mt. 5:13-16).
  7. La unidad verdadera solamente puede existir cuando todos andamos conforme a la verdad del evangelio.
    La unidad sin verdad no agrada a Dios (Jn. 17:17; Ef. 4:1-6).

La iglesia del Señor en muchos lugares ha sido lastimada y obstaculizada en su trabajo espiritual por causa de hermanos que no se conducen conforme a la voluntad de Dios y que además influyen negativamente sobre otros. Por esta razón, cada cristiano debe orar constantemente a Dios para nunca convertirse en instrumento de división, hipocresía o tropiezo dentro de la congregación.

Procuremos más bien ser cristianos fieles que animen a otros a permanecer firmes en la verdad, el amor y la pureza espiritual. Que nuestro ejemplo siempre conduzca a otros más cerca de Cristo y nunca lejos de Él.

Willie A. Alvarenga | (817) 681 4543 | btsop2004@gmail.com

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES – “IMITAR LA VIDA DE JESÚS” por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más grandes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy en día es el de imitar la vida de Jesús. Vivimos en una sociedad donde muchos jóvenes toman como modelo a artistas, deportistas, cantantes o personajes famosos, olvidando que el único ejemplo perfecto digno de imitación es Cristo Jesús. El apóstol Pablo escribió a los santos en Corinto: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Cor. 11:1). El verbo “sed” se encuentra en modo imperativo y tiempo presente, indicando que imitar a Pablo y a Cristo no es una sugerencia opcional, sino un mandato continuo para todos los cristianos.

La Biblia enseña claramente que el cristiano no debe conformarse a los caminos de este mundo. Pablo exhortó: “Y no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2). Lamentablemente, muchos jóvenes permiten que las modas, las redes sociales, las amistades incorrectas y los deseos carnales influyan más en sus vidas que la Palabra de Dios. El apóstol Juan advirtió: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Jn. 2:15-17). Todo lo que el mundo ofrece es temporal y puede apartar al joven de Dios. Moisés comprendió esta verdad cuando prefirió sufrir con el pueblo de Dios antes que gozar “de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25).

El joven fiel debe esforzarse diariamente por imitar las virtudes y el carácter de Cristo. Jesús mismo declaró: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15). El discípulo de Cristo debe reflejar Su vida en cada aspecto de su conducta.

El joven cristiano debe imitar de Jesús:

  1. Su obediencia al Padre.
    Jesús siempre hizo la voluntad de Dios. Él dijo: “Porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29). Aun en medio del sufrimiento, Cristo obedeció perfectamente al Padre (Heb. 5:8-9; 10:7-9). El joven que desea agradar a Dios debe aprender a obedecer Su Palabra sin reservas (Jn. 14:15).
  2. Su perseverancia en las pruebas.
    Jesús sufrió rechazo, burlas y persecución, pero nunca abandonó Su misión. Pedro escribió: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 P. 2:21-25). Muchos jóvenes enfrentan presión social, críticas o tentaciones, pero deben permanecer firmes en la fe (Stg. 1:12).
  3. Su amor por los demás.
    Cristo mostró un amor incomparable hacia todos. Él enseñó: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Jn. 13:34-35). El amor cristiano se demuestra con acciones, servicio, paciencia y compasión (1 Cor. 13:4-7).
  4. Su vida de oración.
    Jesús dedicaba tiempo constante a la oración. Marcos 1:35 declara que muy de mañana buscaba lugares solitarios para orar. En Getsemaní también mostró dependencia total del Padre (Mt. 26:36-46). El joven necesita desarrollar una vida espiritual fuerte mediante la oración constante (1 Tes. 5:17).
  5. Su compasión por las almas perdidas.
    Jesús tuvo compasión de las multitudes porque estaban “como ovejas que no tienen pastor” (Mt. 9:36-38). Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lc. 19:10). El joven cristiano debe preocuparse por compartir el evangelio con sus amigos y familiares (Mr. 16:15-16).
  6. Su disposición para perdonar.
    Aun estando en la cruz, Jesús dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34). El joven debe evitar el rencor y practicar el perdón (Ef. 4:31-32; Col. 3:13).
  7. Su dominio propio frente a la tentación.
    Jesús venció las tentaciones de Satanás usando la Palabra de Dios (Mt. 4:1-11). Hoy en día los jóvenes enfrentan tentaciones relacionadas con la inmoralidad, las malas amistades, las drogas, el lenguaje corrupto y el entretenimiento pecaminoso. Sin embargo, Dios provee la salida para vencer (1 Cor. 10:13). El dominio propio es una característica esencial del cristiano fiel (Gál. 5:22-23).
  8. Su humildad y espíritu de servicio.
    Jesús, siendo el Hijo de Dios, vino para servir y no para ser servido (Mr. 10:45). Lavó los pies de Sus discípulos como ejemplo de humildad y servicio a los demás (Jn. 13:3-5). El joven cristiano debe rechazar el orgullo y aprender a servir a los demás con sencillez y amor (Fil. 2:3-5).
  9. Su pureza de vida.
    Cristo vivió sin pecado (1 P. 2:22). En un mundo lleno de corrupción moral, el joven debe mantenerse limpio en pensamiento, palabra y conducta. Pablo exhortó a Timoteo: “Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).
  10. Su fidelidad a la verdad.
    Jesús siempre enseñó la verdad divina sin comprometerla (Jn. 17:17). Hoy muchos cambian la verdad para agradar al mundo, pero el joven cristiano debe permanecer firme en la sana doctrina (2 Tim. 1:13; Judas 3).

Los jóvenes que deciden imitar la vida de Jesús serán una luz en medio de las tinieblas (Mt. 5:14-16). Sus vidas influirán positivamente en otros y glorificarán a Dios. Aunque el camino cristiano no siempre es fácil, vale la pena seguir las pisadas del Salvador. Pedro preguntó: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn. 6:68).

Se anima a todos los jóvenes a buscar a Dios diariamente por medio de la oración, el estudio diligente de las Escrituras y la obediencia fiel. Si permiten que Cristo viva en ellos, entonces el mundo podrá ver reflejado el carácter de Jesús en sus vidas (Gál. 2:20). El joven que imita a Cristo encontrará propósito, fortaleza y esperanza eterna.