RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: Memorizar los textos que hablan sobre la santidad por Willie A. Alvarenga

“MEMORIZAR LOS TEXTOS QUE HABLAN DE LA SANTIDAD”

Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes hoy es el de memorizar los textos que hablan de la santidad. Este es un desafío de gran importancia, ya que vivimos en un mundo donde la inmoralidad, la impureza y las tentaciones están presentes en todas partes. Los jóvenes cristianos necesitan tener la Palabra de Dios guardada en sus corazones para poder resistir al pecado y mantenerse fieles al Señor.

El salmista declaró: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Este pasaje muestra claramente el valor de la memorización Bíblica. Cuando la Palabra de Dios está grabada en nuestra mente y corazón, tendremos acceso inmediato a la voluntad divina en los momentos de prueba, tentación y decisión.

Jesús mismo nos dio el ejemplo. Cuando fue tentado por Satanás en el desierto, respondió a cada tentación con las palabras: “Escrito está” (Mt. 4:4, 7, 10). Nuestro Señor utilizó las Escrituras como un arma espiritual para vencer al enemigo. De igual manera, los jóvenes de hoy pueden vencer las tentaciones si conocen y recuerdan la Palabra de Dios.

La santidad no es una opción para el cristiano; es un mandato divino. Dios desea que Su pueblo refleje Su carácter santo en cada aspecto de la vida. Por esta razón, se anima a todos los jóvenes a memorizar y meditar en los siguientes textos:

Textos sobre la Santidad

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5:8).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14).

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 P. 1:15-16).

“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Tim. 2:22).

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1 P. 2:11).

“No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gén. 39:9).

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb. 13:4).

“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Sal. 119:9).

“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” (1 Ts. 4:3).

“Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Ts. 4:7).

“Huid de la fornicación” (1 Co. 6:18).

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1 Co. 6:19).

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Co. 7:1).

“Absteneos de toda especie de mal” (1 Ts. 5:22).

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca” (Ef. 4:29).

“No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas” (Ef. 5:11).

“Todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro… en esto pensad” (Fil. 4:8).

Beneficios de Memorizar Textos sobre la Santidad

  1. Ayudan a resistir las tentaciones del pecado.
  2. Fortalecen nuestra comunión con Dios.
  3. Nos recuerdan constantemente la voluntad divina.
  4. Protegen nuestra mente de pensamientos impuros.
  5. Nos ayudan a tomar decisiones sabias.
  6. Nos preparan para enseñar y exhortar a otros.
  7. Nos motivan a vivir una vida que glorifique a Dios.

El joven cristiano que dedica tiempo a memorizar las Escrituras estará mejor preparado para enfrentar las pruebas espirituales de la vida. Cuando las tentaciones lleguen, la Palabra de Dios actuará como una luz que guía sus pasos y como una espada espiritual que le ayudará a vencer al enemigo (Sal. 119:105; Ef. 6:17).

Se anima a cada joven a memorizar estos textos, meditarlos diariamente y ponerlos en práctica. No basta solamente con conocerlos; es necesario obedecerlos. De esta manera, podrán mantenerse puros delante de Dios, ser ejemplos para otros y glorificar a Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 P. 2:9).

Que cada joven pueda decir junto con el salmista: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”(Sal. 119:11).

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PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La ausencia de la oración en la vida cristiana por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la ausencia de la oración en la vida cristiana. No hay duda de que la Biblia exhorta a hombres, mujeres y jóvenes a ser personas de oración. Esta debe ocupar un lugar esencial en la vida del cristiano (1 Tes. 5:17; Ef. 6:18). Además de los mandamientos relacionados con la oración, Dios nos ha dejado numerosos ejemplos de siervos fieles para quienes la oración fue una prioridad. Entre ellos encontramos a Daniel (Dan. 6:10), Jesús (Mr. 1:35; Lc. 5:16), la iglesia del primer siglo (Hch. 2:42; 12:5, 12), Ana (1 Sam. 1:10-18), Nehemías (Neh. 1:4-11), y Pablo y Silas (Hch. 16:25), entre muchos otros.

La oración constituye uno de los privilegios más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Por medio de ella podemos acercarnos al trono de la gracia para hallar oportuno socorro (Heb. 4:16), presentar nuestras peticiones delante de Dios (Fil. 4:6), agradecer Sus bendiciones (Col. 4:2) y buscar Su dirección en los asuntos de la vida. Cuando la oración está ausente, el cristiano pierde una fuente invaluable de fortaleza espiritual y la iglesia sufre las consecuencias.

¿Por qué es tan grave la ausencia de la oración en la vida cristiana? Considere lo siguiente:

1. Produce desobediencia a Dios

La oración es un mandato divino que debe obedecerse (1 Tes. 5:17; Mt. 26:41). Descuidarla constituye pecado delante de Dios (1 Jn. 3:4). Dios espera que Sus hijos dependan de Él y le busquen constantemente.

2. Impide el crecimiento espiritual

Dios concede sabiduría y fortaleza a quienes la piden con fe (Stg. 1:5-6). Sin oración, el desarrollo espiritual se ve afectado y la madurez cristiana se retrasa.

3. Proyecta un mal ejemplo a la familia

Un hogar que sirve a Dios debe también buscarle en oración (Jos. 24:15). Los hijos aprenden la importancia de la oración al observar a sus padres practicarla diariamente.

4. Debilita el amor fraternal

La Biblia nos exhorta a orar unos por otros (Ef. 6:18; Stg. 5:16). La oración es una expresión práctica del amor cristiano y de la preocupación genuina por nuestros hermanos.

5. Nos expone a la tentación

Jesús enseñó que debemos velar y orar para no caer en tentación (Mt. 26:41). La oración fortalece nuestra fidelidad en tiempos difíciles y nos ayuda a resistir los ataques del enemigo.

6. Nos aleja de las necesidades de la familia espiritual

La iglesia debe perseverar en oración por sus miembros (Hch. 12:5, 12). Cuando dejamos de orar por otros, perdemos sensibilidad hacia sus luchas y necesidades.

7. Debilita los esfuerzos evangelísticos

Debemos orar para que Dios abra puertas a la predicación del evangelio (Col. 4:2-3; 2 Tes. 3:1). Cuando dejamos de hacerlo, descuidamos una responsabilidad importante relacionada con la salvación de las almas.

8. Limita nuestra dependencia de Dios

La ausencia de oración puede llevarnos a confiar más en nuestras capacidades que en el poder de Dios (Prov. 3:5-6). La oración nos recuerda que dependemos completamente de Él.

9. Reduce nuestra gratitud

La oración incluye la acción de gracias (Fil. 4:6; 1 Tes. 5:18). Cuando no oramos, corremos el riesgo de olvidar las bendiciones que Dios derrama diariamente sobre nuestras vidas.

10. Debilita la unidad de la iglesia

Las congregaciones que oran juntas desarrollan una mayor unidad y compañerismo espiritual. La iglesia primitiva perseveraba unánime en oración (Hch. 1:14), y Dios bendecía grandemente su trabajo.

11. Impide recibir la paz de Dios

La oración ayuda al cristiano a depositar sus cargas en el Señor. Sin ella, la ansiedad, la preocupación y el temor pueden dominar el corazón (Fil. 4:6-7; 1 Ped. 5:7).

12. Apaga el celo espiritual

Cuando la oración desaparece, el entusiasmo por la obra del Señor disminuye. La iglesia pierde vigor espiritual y se vuelve vulnerable a la apatía y al conformismo (Rom. 12:11).

La historia Bíblica demuestra que los grandes momentos de victoria espiritual estuvieron acompañados por la oración. Cuando el pueblo de Dios oró, recibió dirección, protección, fortaleza y bendición. Por el contrario, cuando dejó de depender de Dios, sufrió las consecuencias de su debilidad espiritual.

No existe justificación válida para que los miembros de la iglesia descuiden la oración. Seamos cristianos que oren constantemente para cumplir la voluntad de Dios y contribuir al fortalecimiento de Su obra. La oración siempre será una gran bendición para la iglesia del Señor. Por lo tanto, cultivemos una profunda pasión por la oración para que nunca esté ausente de nuestras vidas. Que Dios, por medio de Su Palabra, continúe exhortándonos a ser hombres, mujeres y jóvenes dedicados a la oración, recordando siempre las palabras de nuestro Señor: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento” (Mt. 6:6), y el mandato inspirado: “Perseverad en la oración” (Col. 4:2).

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