PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La ausencia de la oración en la vida cristiana por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la ausencia de la oración en la vida cristiana. No hay duda de que la Biblia exhorta a hombres, mujeres y jóvenes a ser personas de oración. Esta debe ocupar un lugar esencial en la vida del cristiano (1 Tes. 5:17; Ef. 6:18). Además de los mandamientos relacionados con la oración, Dios nos ha dejado numerosos ejemplos de siervos fieles para quienes la oración fue una prioridad. Entre ellos encontramos a Daniel (Dan. 6:10), Jesús (Mr. 1:35; Lc. 5:16), la iglesia del primer siglo (Hch. 2:42; 12:5, 12), Ana (1 Sam. 1:10-18), Nehemías (Neh. 1:4-11), y Pablo y Silas (Hch. 16:25), entre muchos otros.

La oración constituye uno de los privilegios más grandes que Dios ha concedido a Sus hijos. Por medio de ella podemos acercarnos al trono de la gracia para hallar oportuno socorro (Heb. 4:16), presentar nuestras peticiones delante de Dios (Fil. 4:6), agradecer Sus bendiciones (Col. 4:2) y buscar Su dirección en los asuntos de la vida. Cuando la oración está ausente, el cristiano pierde una fuente invaluable de fortaleza espiritual y la iglesia sufre las consecuencias.

¿Por qué es tan grave la ausencia de la oración en la vida cristiana? Considere lo siguiente:

1. Produce desobediencia a Dios

La oración es un mandato divino que debe obedecerse (1 Tes. 5:17; Mt. 26:41). Descuidarla constituye pecado delante de Dios (1 Jn. 3:4). Dios espera que Sus hijos dependan de Él y le busquen constantemente.

2. Impide el crecimiento espiritual

Dios concede sabiduría y fortaleza a quienes la piden con fe (Stg. 1:5-6). Sin oración, el desarrollo espiritual se ve afectado y la madurez cristiana se retrasa.

3. Proyecta un mal ejemplo a la familia

Un hogar que sirve a Dios debe también buscarle en oración (Jos. 24:15). Los hijos aprenden la importancia de la oración al observar a sus padres practicarla diariamente.

4. Debilita el amor fraternal

La Biblia nos exhorta a orar unos por otros (Ef. 6:18; Stg. 5:16). La oración es una expresión práctica del amor cristiano y de la preocupación genuina por nuestros hermanos.

5. Nos expone a la tentación

Jesús enseñó que debemos velar y orar para no caer en tentación (Mt. 26:41). La oración fortalece nuestra fidelidad en tiempos difíciles y nos ayuda a resistir los ataques del enemigo.

6. Nos aleja de las necesidades de la familia espiritual

La iglesia debe perseverar en oración por sus miembros (Hch. 12:5, 12). Cuando dejamos de orar por otros, perdemos sensibilidad hacia sus luchas y necesidades.

7. Debilita los esfuerzos evangelísticos

Debemos orar para que Dios abra puertas a la predicación del evangelio (Col. 4:2-3; 2 Tes. 3:1). Cuando dejamos de hacerlo, descuidamos una responsabilidad importante relacionada con la salvación de las almas.

8. Limita nuestra dependencia de Dios

La ausencia de oración puede llevarnos a confiar más en nuestras capacidades que en el poder de Dios (Prov. 3:5-6). La oración nos recuerda que dependemos completamente de Él.

9. Reduce nuestra gratitud

La oración incluye la acción de gracias (Fil. 4:6; 1 Tes. 5:18). Cuando no oramos, corremos el riesgo de olvidar las bendiciones que Dios derrama diariamente sobre nuestras vidas.

10. Debilita la unidad de la iglesia

Las congregaciones que oran juntas desarrollan una mayor unidad y compañerismo espiritual. La iglesia primitiva perseveraba unánime en oración (Hch. 1:14), y Dios bendecía grandemente su trabajo.

11. Impide recibir la paz de Dios

La oración ayuda al cristiano a depositar sus cargas en el Señor. Sin ella, la ansiedad, la preocupación y el temor pueden dominar el corazón (Fil. 4:6-7; 1 Ped. 5:7).

12. Apaga el celo espiritual

Cuando la oración desaparece, el entusiasmo por la obra del Señor disminuye. La iglesia pierde vigor espiritual y se vuelve vulnerable a la apatía y al conformismo (Rom. 12:11).

La historia Bíblica demuestra que los grandes momentos de victoria espiritual estuvieron acompañados por la oración. Cuando el pueblo de Dios oró, recibió dirección, protección, fortaleza y bendición. Por el contrario, cuando dejó de depender de Dios, sufrió las consecuencias de su debilidad espiritual.

No existe justificación válida para que los miembros de la iglesia descuiden la oración. Seamos cristianos que oren constantemente para cumplir la voluntad de Dios y contribuir al fortalecimiento de Su obra. La oración siempre será una gran bendición para la iglesia del Señor. Por lo tanto, cultivemos una profunda pasión por la oración para que nunca esté ausente de nuestras vidas. Que Dios, por medio de Su Palabra, continúe exhortándonos a ser hombres, mujeres y jóvenes dedicados a la oración, recordando siempre las palabras de nuestro Señor: “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento” (Mt. 6:6), y el mandato inspirado: “Perseverad en la oración” (Col. 4:2).

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RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: APRENDER A ORAR COMO JESÚS ORABA por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que los jóvenes enfrentan hoy es aprender a orar como Jesús oraba. La oración es una parte esencial de la vida del cristiano (Fil. 4:6-7; Heb. 4:16). No se puede vivir la voluntad de Dios en nuestras vidas a menos que se tome muy en serio la práctica de la oración (Mt. 26:41). La Biblia enseña mucho acerca de nuestra comunicación con Dios, mostrando que la oración fortalece la fe, trae paz al corazón y nos acerca más al Padre (Sal. 55:17; Jer. 33:3). El apóstol Pablo enfatizó el mandato de orar sin cesar (1 Tes. 5:17; Col. 4:2; Rom. 12:12), recordándonos que la oración debe ser constante, perseverante y llena de gratitud.

Esta práctica de la oración estuvo muy cerca del corazón de Jesús. Él es, en verdad, nuestro mejor y supremo ejemplo a seguir respecto a la oración (1 P. 2:21). A través de los evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, vemos que Jesús practicó la oración en distintos contextos y momentos clave de su vida. Por ejemplo, oró en su bautismo (Lc. 3:21), mostrando dependencia del Padre desde el inicio de Su ministerio; oraba muy temprano por las mañanas (Mr. 1:35), evidenciando disciplina espiritual; oraba largamente antes de tomar decisiones importantes (Lc. 6:12), enseñándonos a buscar la dirección divina; oraba antes de comer (Jn. 6:11), manifestando gratitud; oraba por sus discípulos (Jn. 17), demostrando amor e intercesión; y oraba en los momentos más difíciles de su vida (Mt. 26:36-46; Heb. 5:7), revelando su completa sumisión a la voluntad de Dios.

Además, Jesús no solo practicó la oración, sino que también enseñó cómo orar correctamente. En el Sermón del Monte, instruyó a sus discípulos sobre la actitud correcta en la oración (Mt. 6:5-15), enfatizando sinceridad, humildad y confianza en Dios. También enseñó la importancia de la perseverancia mediante parábolas como la del amigo importuno y la viuda persistente (Lc. 11:5-13; 18:1-8). De igual manera, mostró que la oración debe hacerse con fe (Mr. 11:24), conforme a la voluntad de Dios (Mt. 6:10), y con un corazón limpio (Sal. 66:18).

Esta es la vida de oración que cada joven cristiano debe imitar de Jesús. Es un reto vivir de esta manera en medio de un mundo lleno de distracciones, pero no es imposible (Fil. 4:13). Requiere disciplina, deseo espiritual y un corazón dispuesto a agradar a Dios (Col. 3:17). La oración constante ayudará al joven a vencer la tentación, fortalecer su fe y mantenerse firme en el camino del Señor (Ef. 6:18).

Por lo tanto, se te anima a que ores a Dios para pedir sabiduría (Stg. 1:5) y aprender a orar como Él desea. Haz de la oración una prioridad diaria en tu vida. Las bendiciones que recibirás al hacerlo serán grandes, pues Dios escucha a sus hijos y responde conforme a su perfecta voluntad (1 Jn. 5:14-15).