RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: «ALEJARSE DE LA PRACTICA DE LA MENTIRA» por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes en la actualidad es alejarse de la práctica de la mentira. Este es un grave problema que ha afectado la vida de muchos jóvenes y que, lamentablemente, en ocasiones ha llegado a considerarse algo normal. Algunos jóvenes mienten en la escuela, a sus padres, a sus maestros, a sus amigos, en el trabajo e incluso dentro de la iglesia. Para algunos, mentir se ha convertido en una manera habitual de evitar problemas, esconder errores, conseguir lo que desean o proteger su reputación.

Sin embargo, el joven Cristiano debe entender que la mentira nunca ha sido aceptable delante de Dios. Aunque el mundo la considere algo pequeño o justificado en determinadas circunstancias, Dios continúa considerando la mentira como pecado. Por esta razón, el joven que desea agradar al Señor debe tomar la firme decisión de hablar siempre la verdad.

DIOS ABORRECE LA MENTIRA

La Biblia enseña claramente cuál es la actitud de Dios hacia la mentira. El proverbista escribió:

“Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento” (Proverbios 12:22).

Observe cuidadosamente lo que este texto enseña. Los labios mentirosos son “abominación a Jehová”. La mentira no es simplemente una mala costumbre; es una práctica que Dios aborrece. Por otro lado, Dios se complace en aquellos que hablan y practican la verdad.

Proverbios 6:16-19 también incluye entre las cosas que Jehová aborrece:

“La lengua mentirosa” y “el testigo falso que habla mentiras”.

Esto debería ayudarnos a comprender la seriedad de este pecado. Si Dios aborrece la mentira, entonces el joven Cristiano debe aprender a aborrecerla también.

EL JOVEN CRISTIANO DEBE HABLAR LA VERDAD

La prioridad del joven Cristiano debe ser siempre hablar la verdad. Pablo escribió:

“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo” (Efesios 4:25).

Note la primera parte del mandato: “desechando la mentira”. El Cristiano no debe aprender a controlar la mentira; debe aprender a desecharla, es decir, quitarla de su vida.

También Colosenses 3:9 dice:

“No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”.

La mentira pertenece al “viejo hombre.” Cuando una persona obedece al Evangelio y comienza una nueva vida en Cristo, debe abandonar las prácticas pecaminosas que anteriormente formaban parte de su manera de vivir (2 Corintios 5:17).

Efesios 4:24 nos recuerda que debemos:

“vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

Por lo tanto, la vida del joven Cristiano debe caracterizarse por la verdad, no por la mentira.

LA MENTIRA PUEDE COMENZAR CON COSAS “PEQUEÑAS”

Uno de los peligros más grandes es pensar que existen mentiras “pequeñas” que no tienen importancia. Un joven puede comenzar diciendo algo aparentemente insignificante y, con el tiempo, acostumbrarse a mentir en asuntos cada vez más serios.

Por ejemplo:

  • “No hice nada” cuando sí hizo algo.
  • “No fui yo” cuando sabe que fue él.
  • “Ya hice la tarea” cuando todavía no la ha hecho.
  • “No estaba usando el teléfono” cuando sí lo estaba usando.
  • “No llegué tarde” cuando sabe que llegó tarde.
  • “No conozco a esa persona” cuando sí la conoce.
  • “No vi el mensaje” cuando sí lo vio.
  • “Ya hice lo que me pidieron” cuando todavía no lo ha hecho.
  • “Solo fue una vez” cuando sabe que ha sucedido varias veces.

El problema no es solamente la cantidad de la mentira. El problema es el corazón que ha decidido engañar.

Jesús enseñó:

“Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

La mentira que sale de nuestros labios revela algo que primero ha sucedido en nuestro corazón. Por esta razón, el joven debe trabajar no solamente en su manera de hablar, sino también en la condición de su corazón.

LA MENTIRA NO SOLAMENTE SE HABLA; TAMBIÉN SE PRACTICA

Algunas personas piensan que no están mintiendo porque no pronunciaron una mentira verbalmente. Sin embargo, también podemos engañar por medio de nuestras acciones.

Podemos mentir al:

  • ocultar deliberadamente información;
  • presentar una situación de manera engañosa;
  • alterar los hechos;
  • utilizar excusas falsas;
  • copiar en un examen;
  • falsificar una firma;
  • alterar documentos;
  • manipular información;
  • engañar a nuestros padres;
  • presentar como nuestro un trabajo que pertenece a otra persona.

La Biblia enseña:

“No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro” (Levítico 19:11).

Aunque este texto pertenece al Antiguo Testamento, el principio de honestidad y verdad continúa siendo enseñado en el Nuevo Testamento. El Cristiano debe ser una persona íntegra tanto en sus palabras como en sus acciones.

LA MENTIRA EN LA ESCUELA

Uno de los lugares donde el joven puede enfrentar este reto es la escuela.

Algunos jóvenes pueden sentirse tentados a mentir para evitar una consecuencia, obtener una mejor calificación o esconder una conducta incorrecta. Por ejemplo, copiar en un examen, presentar un trabajo que otra persona hizo, decirle al maestro que terminó una tarea cuando no la terminó o inventar una excusa para justificar una ausencia son prácticas que no corresponden a un joven Cristiano.

La Palabra de Dios enseña:

“El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”(Proverbios 10:9).

Joven, aunque otros estudiantes hagan trampa, tú debes escoger la integridad. Tu meta no debe ser simplemente obtener una buena calificación, sino agradar a Dios.

LA MENTIRA EN EL HOGAR

Otro lugar donde este problema puede manifestarse es en el hogar.

Algunos jóvenes mienten a sus padres para evitar disciplina, esconder amistades, ocultar dónde estuvieron, explicar una mala calificación o justificar algo que hicieron.

Sin embargo, la Biblia enseña a los hijos a obedecer y respetar a sus padres:

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (Efesios 6:1).

También Colosenses 3:20 dice:

“Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”.

Joven, recuerda que una mentira nunca arregla un problema; solamente crea problemas adicionales. Quizás una mentira te permita escapar temporalmente de una consecuencia, pero eventualmente puede destruir la confianza que tus padres tienen en ti.

LA MENTIRA EN EL TRABAJO

El joven Cristiano también debe ser honesto en su lugar de trabajo.

No debe mentir acerca de las horas trabajadas, robar tiempo, falsificar información, esconder errores, culpar a otros por algo que él hizo o decir que realizó una tarea cuando no la realizó.

Pablo enseñó:

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).

Si trabajamos para el Señor, entonces debemos trabajar con honestidad, responsabilidad y excelencia.

LA MENTIRA DESTRUYE LA CONFIANZA

Una de las consecuencias de la mentira es que destruye la confianza.

Cuando un joven miente repetidamente, sus padres, amigos, maestros, compañeros de trabajo y hermanos en Cristo pueden comenzar a dudar de todo lo que dice.

Proverbios 25:19 dice:

“Como diente roto y pie descoyuntado es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia”.

Una reputación de honestidad puede tomar años en construirse, pero puede destruirse rápidamente por causa de la mentira.

Por eso, joven, protege tu buen nombre.

Proverbios 22:1 dice:

“De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas”.

Tu reputación delante de Dios y de los demás vale mucho más que cualquier beneficio temporal que puedas obtener por medio de una mentira.

LA MENTIRA PUEDE TRAER CONSECUENCIAS SERIAS

La mentira puede traerte consecuencias muy dolorosas. Por ejemplo, si te encuentran mintiendo en la escuela, puedes recibir una sanción, perder privilegios, reprobar una clase o incluso ser expulsado. Si te encuentran mintiendo en el trabajo, puedes perder la confianza de tus superiores o incluso tu empleo. Si tus padres descubren que constantemente les mientes, pueden perder la confianza en ti y disciplinarte.

Estas consecuencias son serias; sin embargo, existe una consecuencia mucho más terrible: perder el alma.

La Biblia deja muy claro que los mentirosos que no se arrepienten no heredarán la vida eterna.

Apocalipsis 21:8 dice:

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

Apocalipsis 22:15 también dice:

“Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”.

Estas palabras son fuertes, pero necesitamos escucharlas. Dios no desea que perdamos nuestra alma por ningún pecado, incluyendo la mentira.

LA MENTIRA TAMBIÉN PUEDE DESTRUIR NUESTRA INFLUENCIA

El joven Cristiano debe recordar que otros están observando su conducta.

Jesús enseñó:

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

¿Cómo puede un joven ser una luz si constantemente miente?

Pablo le dijo a Timoteo:

“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

Observe que Pablo menciona específicamente la palabra y la conducta. El joven Cristiano debe ser un ejemplo de honestidad en lo que dice y en lo que hace.

¿QUÉ DEBE HACER EL JOVEN CUANDO HA MENTIDO?

¿Qué sucede si un joven ya ha caído en este pecado? ¿Existe esperanza?

¡Sí!

La Biblia enseña que Dios está dispuesto a perdonar al pecador que se arrepiente sinceramente y busca Su perdón.

Proverbios 28:13 dice:

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.

El joven que ha mentido debe reconocer su pecado, confesarlo, pedir perdón a Dios y, cuando sea necesario, pedir perdón a las personas que ha engañado.

1 Juan 1:9 nos recuerda:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

No debemos permitir que la vergüenza nos lleve a continuar mintiendo. Lo correcto es reconocer el pecado y comenzar nuevamente a caminar en la verdad.

DECIDE HOY SER UNA PERSONA DE VERDAD

Joven, decide hoy que serás una persona conocida por su honestidad, integridad y verdad.

Cuando cometas un error, admítelo.

Cuando hagas algo malo, reconócelo.

Cuando no hayas terminado una tarea, dilo con honestidad.

Cuando llegues tarde, no inventes una excusa.

Cuando tus padres te pregunten algo, diles la verdad.

Cuando tu maestro te pregunte, sé honesto.

Cuando tu jefe te pregunte acerca de tu trabajo, responde con integridad.

Y cuando hayas pecado, no trates de esconderlo. Confiesa tu pecado y busca el perdón de Dios.

Recuerda las palabras de Jesús:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

Joven, no permitas que la mentira se convierta en una práctica normal de tu vida. El mundo puede decir que algunas mentiras son necesarias, convenientes o inofensivas, pero Dios ha hablado claramente acerca de este pecado.

La mentira puede parecer una salida fácil, pero sus consecuencias pueden ser dolorosas. Puede destruir la confianza, dañar relaciones, afectar tu reputación, perjudicar tu futuro y, sobre todo, poner en peligro tu alma.

Recuerda:

Dios aborrece la mentira (Proverbios 12:22).

La mentira pertenece al viejo hombre (Colosenses 3:9).

El Cristiano debe desechar la mentira y hablar verdad (Efesios 4:25).

Dios desea que caminemos en integridad (Proverbios 10:9).

Los mentirosos que no se arrepienten enfrentarán la condenación eterna (Apocalipsis 21:8).

Por lo tanto, joven, no pierdas tu alma por una mentira. No cambies tu integridad por un beneficio temporal. No sacrifiques tu reputación por escapar de una consecuencia. No permitas que una mentira se convierta en otra y luego en otra hasta que se transforme en un estilo de vida.

¡Habla la verdad! ¡Practica la verdad! ¡Ama la verdad! ¡Vive la verdad!

Que Dios te ayude a ser un joven que pueda decir con el salmista:

“He escogido el camino de la verdad” (Salmo 119:30).

Y que cada día puedas vivir de tal manera que otros puedan confiar en tus palabras porque saben que eres un joven que ama a Dios, respeta Su Palabra y siempre procura hablar la verdad.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: El establecimiento de ancianos que no están calificados por Willie A. Alvarenga

Otra práctica sumamente dañina que debemos añadir a esta lista es el establecimiento de ancianos que no están calificados para desempeñar esta importante responsabilidad. Lamentablemente, este problema se ha presentado en varias congregaciones de la iglesia del Señor. En algunos casos, el deseo legítimo de contar con la organización Bíblica de la iglesia ha llevado a ciertos hermanos a establecer como ancianos a hombres que todavía no cumplen con los requisitos que Dios ha establecido en Su Palabra. Sin embargo, debemos recordar que el deseo de tener ancianos nunca debe estar por encima del deseo de hacer la voluntad de Dios.

La organización de la iglesia no es un asunto que podamos modificar según nuestras circunstancias, preferencias o necesidades. Cristo es la cabeza de la iglesia (Efesios 1:22-23; Colosenses 1:18), y Él tiene toda autoridad sobre ella (Mateo 28:18). Por lo tanto, la iglesia debe respetar cuidadosamente el patrón que Dios ha establecido en Su Palabra.

Los requisitos para los ancianos vienen de Dios

El Espíritu Santo, por medio de los escritores inspirados del Nuevo Testamento, dejó claramente establecidos los requisitos que debe cumplir un hombre que desea servir como anciano. Estos requisitos se encuentran principalmente en 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9; 1 Pedro 5:1-4 y Hebreos 13:7, 17.

Pablo escribió:

“Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea” (1 Timoteo 3:1).

Es importante notar que Pablo no solamente habla de la buena obra que desea realizar el hombre que aspira al obispado, sino que inmediatamente presenta una lista de cualidades que este hombre debe poseer. Entre ellas encontramos que debe ser irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, amable, apacible, no avaro, que gobierne bien su casa y que tenga buen testimonio de los de afuera (1 Timoteo 3:2-7).

De igual manera, Tito 1:6-9 presenta requisitos adicionales y paralelos: irreprensible, marido de una sola mujer, tener hijos creyentes, no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo y retenedor de la Palabra fiel.

Estos requisitos no son sugerencias. Son las cualidades que Dios ha establecido para aquellos que desean servir como obispos. Por lo tanto, ningún hombre, predicador, evangelista, anciano, congregación o grupo de hermanos tiene autoridad para eliminar, modificar o minimizar alguno de ellos.

No debemos alterar los requisitos de Dios

En ocasiones, la desesperación por tener ancianos puede llevar a una congregación a buscar maneras de justificar la selección de un hermano que no está calificado. También he escuchado de congregaciones donde un hermano prominente llega, imparte algunas clases sobre la organización de la iglesia y, posteriormente, termina estableciendo ancianos que no cumplen con los requisitos Bíblicos.

También existen casos donde se intenta alterar los requisitos obligatorios para ancianos y diáconos con el propósito de acomodar a ciertos hermanos que no califican. Tal práctica no tiene autorización Bíblica.

Debemos recordar las palabras de Dios:

“No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” (Proverbios 22:28).

Aunque este texto pertenece al Antiguo Testamento y originalmente se refiere a los linderos establecidos, el principio de respetar lo que Dios ha establecido es claramente importante. En el Nuevo Testamento encontramos el mismo principio de respeto a la autoridad Bíblica:

“Para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito” (1 Corintios 4:6).

También Colosenses 3:17 enseña:

“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús”.

Hacer algo “en el nombre del Señor” significa hacerlo bajo Su autoridad. Si Dios ha establecido requisitos específicos para los ancianos, nosotros no tenemos derecho de cambiarlos.

La “emergencia” no autoriza a desobedecer a Dios

Algunas veces se argumenta que una congregación necesita ancianos urgentemente. Quizás una iglesia solamente tiene dos ancianos y uno de ellos ya no puede continuar sirviendo. En una situación así, puede existir una gran presión para encontrar rápidamente a otro hermano que ocupe el lugar vacante.

Sin embargo, una emergencia no cambia la voluntad de Dios.

Si solamente queda un anciano calificado, la solución no consiste en establecer apresuradamente a un hombre que no cumple con los requisitos. Si llega el momento en que una congregación ya no cuenta con el número de ancianos necesarios para continuar funcionando como una pluralidad de obispos, entonces debe reconocerse honestamente esa realidad y trabajar diligentemente para preparar y equipar a hermanos que puedan calificar Bíblicamente en el futuro.

Es mucho mejor decir: “Todavía no tenemos ancianos calificados”, que decir: “Tenemos ancianos, aunque sabemos que no cumplen con los requisitos de Dios”.

No podemos hacer el mal para que venga el bien (Romanos 3:8).

La obediencia a Dios siempre debe ocupar el primer lugar:

“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

Los requisitos tienen un propósito

Debemos entender que los requisitos que el Espíritu Santo estableció para los ancianos tienen un propósito. Dios no los colocó en la Biblia para hacer difícil que una congregación tenga ancianos. Los estableció para asegurarse de que los hombres que supervisan y pastorean a la iglesia tengan el carácter, la madurez espiritual, el conocimiento y la capacidad necesarios para realizar esta obra.

Un anciano debe ser capaz de:

  • Gobernar bien su casa (1 Timoteo 3:4-5).
  • Ser un ejemplo para la congregación (1 Pedro 5:3).
  • Apacentar el rebaño de Dios (1 Pedro 5:2).
  • Velar por las almas de los miembros (Hebreos 13:17).
  • Exhortar con sana enseñanza (Tito 1:9).
  • Convencer a los que contradicen (Tito 1:9).
  • Proteger a la iglesia de falsos maestros (Hechos 20:28-31).
  • Servir sin enseñorearse de la congregación (1 Pedro 5:3).
  • Ser un ejemplo espiritual digno de imitar (1 Pedro 5:3).

Por lo tanto, establecer a un hombre u hombres que no están preparados para estas responsabilidades puede traer consecuencias muy serias para toda la congregación.

El ancianato no es simplemente un título

Otro problema consiste en considerar el ancianato como un título, posición de honor o reconocimiento personal. El trabajo de un anciano no consiste simplemente en participar en reuniones, tomar decisiones administrativas o representar a la congregación.

El anciano es un pastor espiritual que debe cuidar del rebaño de Dios.

Pedro exhortó a los ancianos:

“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2).

Y añadió:

“No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1 Pedro 5:3).

El verdadero anciano no busca autoridad para ser servido, sino oportunidades para servir. No busca controlar a la congregación, sino ayudarla a crecer espiritualmente. No busca reconocimiento personal, sino la gloria de Dios (Gálatas 6:14).

Jesús enseñó este principio cuando dijo:

“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mateo 20:26).

Los ancianos tienen una gran responsabilidad delante de Dios

El trabajo de los ancianos no es cualquier trabajo. Ellos tienen la responsabilidad de velar por las almas de aquellos que están bajo su cuidado.

Hebreos 13:17 dice:

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta”.

La expresión “como quienes han de dar cuenta” debe producir reverencia y seriedad. Los ancianos tendrán que responder delante de Dios por la manera en que realizaron esta responsabilidad.

Pedro también recordó a los ancianos que cuando aparezca el “Príncipe de los pastores”, recibirán la corona incorruptible de gloria (1 Pedro 5:4).

Por esta razón, un hermano no debe aceptar el ancianato simplemente porque otros lo desean. Debe examinar cuidadosamente su vida a la luz de la Palabra de Dios y preguntarse sinceramente si cumple con las cualidades establecidas por el Espíritu Santo.

La iglesia también tiene una responsabilidad

No solamente los hombres que aspiran al ancianato tienen una responsabilidad. La congregación también debe ser diligente al seleccionar a sus ancianos.

Una iglesia no debe elegir a un hombre porque sea popular, tenga dinero, sea empresario, tenga muchos años de ser miembro, sea amigo del predicador o porque la congregación lo estime mucho.

La pregunta principal debe ser:

“¿Cumple este hermano con los requisitos que Dios ha establecido?”

La iglesia debe estudiar cuidadosamente 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9; 1 Pedro 5:1-4; y Hebreos 13:7, 17 antes de considerar a cualquier hermano para el obispado.

Además, debe evitarse el favoritismo. Pablo escribió:

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad” (1 Timoteo 5:21).

La selección de ancianos debe hacerse con oración, reverencia, conocimiento Bíblico y absoluta honestidad.

¿Qué debemos hacer cuando no tenemos ancianos calificados?

Si una congregación no tiene hombres que cumplan con los requisitos, no debe sentirse presionada a establecer hombres no calificados. Más bien, debe comenzar a trabajar para preparar a futuros ancianos.

Los hombres deben crecer en:

  • conocimiento de la Palabra de Dios;
  • carácter Cristiano;
  • dominio propio;
  • liderazgo espiritual;
  • capacidad para enseñar;
  • fidelidad a su esposa;
  • gobierno apropiado de su hogar;
  • hospitalidad;
  • servicio a los hermanos;
  • defensa de la sana doctrina;
  • buen testimonio ante los de afuera.

Pablo le dijo a Tito que debía establecer ancianos en cada ciudad (Tito 1:5), pero esos hombres debían cumplir con las cualidades que inmediatamente aparecen en los versículos siguientes.

De igual manera, Pablo enseñó que hombres fieles debían ser capacitados para enseñar a otros:

“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).

La solución, entonces, no es bajar la norma, sino elevar el nivel de preparación espiritual de los hombres.

Una iglesia fuerte necesita líderes espiritualmente fuertes

Cuando una congregación establece ancianos que verdaderamente cumplen con los requisitos Bíblicos, la iglesia puede recibir grandes beneficios. Los ancianos podrán cumplir mejor su responsabilidad de proteger, alimentar, guiar y cuidar al rebaño.

Hechos 20:28 dice:

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor”.

Este texto muestra la enorme responsabilidad que descansa sobre los hombros de quienes sirven como obispos.

Una congregación con ancianos fieles y calificados puede ser grandemente fortalecida. Pero una congregación que establece hombres no calificados puede experimentar conflictos, mala administración, falta de dirección espiritual, tolerancia del error, favoritismo, divisiones y, en algunos casos, apostasía.

Por eso, no debemos apresurarnos a establecer ancianos simplemente para poder decir que tenemos la organización Bíblica de la iglesia. Debemos procurar tener ancianos que realmente sean conforme al patrón que Dios ha establecido.

El establecimiento de ancianos que no están calificados es una práctica que puede lastimar profundamente a la iglesia del Señor. Aunque el deseo de tener ancianos sea correcto, el método para lograrlo también debe ser correcto.

Nunca debemos sacrificar la verdad para alcanzar una meta que consideramos buena. Dios desea que Su iglesia sea gobernada y guiada por hombres que cumplen con Sus requisitos. No debemos agregar requisitos humanos, pero tampoco debemos eliminar o minimizar los requisitos Divinos.

Recordemos que la iglesia pertenece a Cristo (Mateo 16:18), Él es su cabeza (Efesios 1:22-23), y nosotros debemos respetar Su voluntad en todo lo que hacemos.

Si una congregación todavía no tiene hombres calificados para servir como ancianos, que no se desanime. Que enseñe la Palabra, que prepare a los hombres, que fortalezca los hogares y que ayude a futuros líderes a crecer espiritualmente. Con el tiempo, el Señor puede bendecir esos esfuerzos con hombres que lleguen a cumplir los requisitos establecidos en Su Palabra.

Pero mientras tanto, no alteremos el patrón de Dios por causa de la presión, la tradición, la conveniencia o una supuesta emergencia.

Que cada congregación pueda decir como el salmista:

“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

Y que todos recordemos la exhortación de Pablo:

“Pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40).

Dios nos ayude a respetar Su voluntad, a enseñar fielmente Su Palabra y a establecer únicamente a hombres que verdaderamente estén calificados para cuidar y guiar la iglesia que Cristo compró con Su propia sangre (Hechos 20:28).