RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: «ALEJARSE DE LA PRACTICA DE LA MENTIRA» por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes en la actualidad es alejarse de la práctica de la mentira. Este es un grave problema que ha afectado la vida de muchos jóvenes y que, lamentablemente, en ocasiones ha llegado a considerarse algo normal. Algunos jóvenes mienten en la escuela, a sus padres, a sus maestros, a sus amigos, en el trabajo e incluso dentro de la iglesia. Para algunos, mentir se ha convertido en una manera habitual de evitar problemas, esconder errores, conseguir lo que desean o proteger su reputación.

Sin embargo, el joven Cristiano debe entender que la mentira nunca ha sido aceptable delante de Dios. Aunque el mundo la considere algo pequeño o justificado en determinadas circunstancias, Dios continúa considerando la mentira como pecado. Por esta razón, el joven que desea agradar al Señor debe tomar la firme decisión de hablar siempre la verdad.

DIOS ABORRECE LA MENTIRA

La Biblia enseña claramente cuál es la actitud de Dios hacia la mentira. El proverbista escribió:

“Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento” (Proverbios 12:22).

Observe cuidadosamente lo que este texto enseña. Los labios mentirosos son “abominación a Jehová”. La mentira no es simplemente una mala costumbre; es una práctica que Dios aborrece. Por otro lado, Dios se complace en aquellos que hablan y practican la verdad.

Proverbios 6:16-19 también incluye entre las cosas que Jehová aborrece:

“La lengua mentirosa” y “el testigo falso que habla mentiras”.

Esto debería ayudarnos a comprender la seriedad de este pecado. Si Dios aborrece la mentira, entonces el joven Cristiano debe aprender a aborrecerla también.

EL JOVEN CRISTIANO DEBE HABLAR LA VERDAD

La prioridad del joven Cristiano debe ser siempre hablar la verdad. Pablo escribió:

“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo” (Efesios 4:25).

Note la primera parte del mandato: “desechando la mentira”. El Cristiano no debe aprender a controlar la mentira; debe aprender a desecharla, es decir, quitarla de su vida.

También Colosenses 3:9 dice:

“No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”.

La mentira pertenece al “viejo hombre.” Cuando una persona obedece al Evangelio y comienza una nueva vida en Cristo, debe abandonar las prácticas pecaminosas que anteriormente formaban parte de su manera de vivir (2 Corintios 5:17).

Efesios 4:24 nos recuerda que debemos:

“vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

Por lo tanto, la vida del joven Cristiano debe caracterizarse por la verdad, no por la mentira.

LA MENTIRA PUEDE COMENZAR CON COSAS “PEQUEÑAS”

Uno de los peligros más grandes es pensar que existen mentiras “pequeñas” que no tienen importancia. Un joven puede comenzar diciendo algo aparentemente insignificante y, con el tiempo, acostumbrarse a mentir en asuntos cada vez más serios.

Por ejemplo:

  • “No hice nada” cuando sí hizo algo.
  • “No fui yo” cuando sabe que fue él.
  • “Ya hice la tarea” cuando todavía no la ha hecho.
  • “No estaba usando el teléfono” cuando sí lo estaba usando.
  • “No llegué tarde” cuando sabe que llegó tarde.
  • “No conozco a esa persona” cuando sí la conoce.
  • “No vi el mensaje” cuando sí lo vio.
  • “Ya hice lo que me pidieron” cuando todavía no lo ha hecho.
  • “Solo fue una vez” cuando sabe que ha sucedido varias veces.

El problema no es solamente la cantidad de la mentira. El problema es el corazón que ha decidido engañar.

Jesús enseñó:

“Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34).

La mentira que sale de nuestros labios revela algo que primero ha sucedido en nuestro corazón. Por esta razón, el joven debe trabajar no solamente en su manera de hablar, sino también en la condición de su corazón.

LA MENTIRA NO SOLAMENTE SE HABLA; TAMBIÉN SE PRACTICA

Algunas personas piensan que no están mintiendo porque no pronunciaron una mentira verbalmente. Sin embargo, también podemos engañar por medio de nuestras acciones.

Podemos mentir al:

  • ocultar deliberadamente información;
  • presentar una situación de manera engañosa;
  • alterar los hechos;
  • utilizar excusas falsas;
  • copiar en un examen;
  • falsificar una firma;
  • alterar documentos;
  • manipular información;
  • engañar a nuestros padres;
  • presentar como nuestro un trabajo que pertenece a otra persona.

La Biblia enseña:

“No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro” (Levítico 19:11).

Aunque este texto pertenece al Antiguo Testamento, el principio de honestidad y verdad continúa siendo enseñado en el Nuevo Testamento. El Cristiano debe ser una persona íntegra tanto en sus palabras como en sus acciones.

LA MENTIRA EN LA ESCUELA

Uno de los lugares donde el joven puede enfrentar este reto es la escuela.

Algunos jóvenes pueden sentirse tentados a mentir para evitar una consecuencia, obtener una mejor calificación o esconder una conducta incorrecta. Por ejemplo, copiar en un examen, presentar un trabajo que otra persona hizo, decirle al maestro que terminó una tarea cuando no la terminó o inventar una excusa para justificar una ausencia son prácticas que no corresponden a un joven Cristiano.

La Palabra de Dios enseña:

“El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”(Proverbios 10:9).

Joven, aunque otros estudiantes hagan trampa, tú debes escoger la integridad. Tu meta no debe ser simplemente obtener una buena calificación, sino agradar a Dios.

LA MENTIRA EN EL HOGAR

Otro lugar donde este problema puede manifestarse es en el hogar.

Algunos jóvenes mienten a sus padres para evitar disciplina, esconder amistades, ocultar dónde estuvieron, explicar una mala calificación o justificar algo que hicieron.

Sin embargo, la Biblia enseña a los hijos a obedecer y respetar a sus padres:

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (Efesios 6:1).

También Colosenses 3:20 dice:

“Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”.

Joven, recuerda que una mentira nunca arregla un problema; solamente crea problemas adicionales. Quizás una mentira te permita escapar temporalmente de una consecuencia, pero eventualmente puede destruir la confianza que tus padres tienen en ti.

LA MENTIRA EN EL TRABAJO

El joven Cristiano también debe ser honesto en su lugar de trabajo.

No debe mentir acerca de las horas trabajadas, robar tiempo, falsificar información, esconder errores, culpar a otros por algo que él hizo o decir que realizó una tarea cuando no la realizó.

Pablo enseñó:

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).

Si trabajamos para el Señor, entonces debemos trabajar con honestidad, responsabilidad y excelencia.

LA MENTIRA DESTRUYE LA CONFIANZA

Una de las consecuencias de la mentira es que destruye la confianza.

Cuando un joven miente repetidamente, sus padres, amigos, maestros, compañeros de trabajo y hermanos en Cristo pueden comenzar a dudar de todo lo que dice.

Proverbios 25:19 dice:

“Como diente roto y pie descoyuntado es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia”.

Una reputación de honestidad puede tomar años en construirse, pero puede destruirse rápidamente por causa de la mentira.

Por eso, joven, protege tu buen nombre.

Proverbios 22:1 dice:

“De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas”.

Tu reputación delante de Dios y de los demás vale mucho más que cualquier beneficio temporal que puedas obtener por medio de una mentira.

LA MENTIRA PUEDE TRAER CONSECUENCIAS SERIAS

La mentira puede traerte consecuencias muy dolorosas. Por ejemplo, si te encuentran mintiendo en la escuela, puedes recibir una sanción, perder privilegios, reprobar una clase o incluso ser expulsado. Si te encuentran mintiendo en el trabajo, puedes perder la confianza de tus superiores o incluso tu empleo. Si tus padres descubren que constantemente les mientes, pueden perder la confianza en ti y disciplinarte.

Estas consecuencias son serias; sin embargo, existe una consecuencia mucho más terrible: perder el alma.

La Biblia deja muy claro que los mentirosos que no se arrepienten no heredarán la vida eterna.

Apocalipsis 21:8 dice:

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

Apocalipsis 22:15 también dice:

“Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”.

Estas palabras son fuertes, pero necesitamos escucharlas. Dios no desea que perdamos nuestra alma por ningún pecado, incluyendo la mentira.

LA MENTIRA TAMBIÉN PUEDE DESTRUIR NUESTRA INFLUENCIA

El joven Cristiano debe recordar que otros están observando su conducta.

Jesús enseñó:

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

¿Cómo puede un joven ser una luz si constantemente miente?

Pablo le dijo a Timoteo:

“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

Observe que Pablo menciona específicamente la palabra y la conducta. El joven Cristiano debe ser un ejemplo de honestidad en lo que dice y en lo que hace.

¿QUÉ DEBE HACER EL JOVEN CUANDO HA MENTIDO?

¿Qué sucede si un joven ya ha caído en este pecado? ¿Existe esperanza?

¡Sí!

La Biblia enseña que Dios está dispuesto a perdonar al pecador que se arrepiente sinceramente y busca Su perdón.

Proverbios 28:13 dice:

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.

El joven que ha mentido debe reconocer su pecado, confesarlo, pedir perdón a Dios y, cuando sea necesario, pedir perdón a las personas que ha engañado.

1 Juan 1:9 nos recuerda:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

No debemos permitir que la vergüenza nos lleve a continuar mintiendo. Lo correcto es reconocer el pecado y comenzar nuevamente a caminar en la verdad.

DECIDE HOY SER UNA PERSONA DE VERDAD

Joven, decide hoy que serás una persona conocida por su honestidad, integridad y verdad.

Cuando cometas un error, admítelo.

Cuando hagas algo malo, reconócelo.

Cuando no hayas terminado una tarea, dilo con honestidad.

Cuando llegues tarde, no inventes una excusa.

Cuando tus padres te pregunten algo, diles la verdad.

Cuando tu maestro te pregunte, sé honesto.

Cuando tu jefe te pregunte acerca de tu trabajo, responde con integridad.

Y cuando hayas pecado, no trates de esconderlo. Confiesa tu pecado y busca el perdón de Dios.

Recuerda las palabras de Jesús:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

Joven, no permitas que la mentira se convierta en una práctica normal de tu vida. El mundo puede decir que algunas mentiras son necesarias, convenientes o inofensivas, pero Dios ha hablado claramente acerca de este pecado.

La mentira puede parecer una salida fácil, pero sus consecuencias pueden ser dolorosas. Puede destruir la confianza, dañar relaciones, afectar tu reputación, perjudicar tu futuro y, sobre todo, poner en peligro tu alma.

Recuerda:

Dios aborrece la mentira (Proverbios 12:22).

La mentira pertenece al viejo hombre (Colosenses 3:9).

El Cristiano debe desechar la mentira y hablar verdad (Efesios 4:25).

Dios desea que caminemos en integridad (Proverbios 10:9).

Los mentirosos que no se arrepienten enfrentarán la condenación eterna (Apocalipsis 21:8).

Por lo tanto, joven, no pierdas tu alma por una mentira. No cambies tu integridad por un beneficio temporal. No sacrifiques tu reputación por escapar de una consecuencia. No permitas que una mentira se convierta en otra y luego en otra hasta que se transforme en un estilo de vida.

¡Habla la verdad! ¡Practica la verdad! ¡Ama la verdad! ¡Vive la verdad!

Que Dios te ayude a ser un joven que pueda decir con el salmista:

“He escogido el camino de la verdad” (Salmo 119:30).

Y que cada día puedas vivir de tal manera que otros puedan confiar en tus palabras porque saben que eres un joven que ama a Dios, respeta Su Palabra y siempre procura hablar la verdad.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Obedecer el Evangelio de Cristo por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes en la actualidad es el de obedecer el Evangelio de Cristo. Existen jóvenes dentro de las iglesias del Señor que todavía no han entregado sus vidas a Cristo. Sus padres ya son cristianos y posiblemente algunos de sus hermanos y amigos también lo son, pero ellos todavía no han tomado la decisión personal de obedecer el Evangelio.

Este es un reto muy serio porque estamos hablando de un asunto de vida eterna. Estamos hablando de nuestra relación con Dios, del perdón de nuestros pecados y de dónde pasaremos la eternidad.

La salvación debe ser una decisión personal

Joven, debes entender que el hecho de que tus padres sean cristianos no significa que automáticamente tú seas cristiano. Tampoco significa que porque creciste asistiendo a los servicios de la iglesia ya has obedecido el Evangelio. Cada persona debe tomar su propia decisión delante de Dios.

Ezequiel 18:20 enseña este principio:

“El alma que pecare, esa morirá…”

Dios considera a cada persona responsable de sus propias decisiones.

Josué también presentó esta responsabilidad personal cuando dijo:

“Escogeos hoy a quién sirváis…” (Jos. 24:15).

Tu padre no puede obedecer el Evangelio por ti.
Tu madre no puede obedecer el Evangelio por ti.
Tus hermanos no pueden obedecer el Evangelio por ti.
Tus amigos no pueden obedecer el Evangelio por ti.

Tú debes tomar esa decisión.

No debemos tomar la salvación a la ligera

Es triste observar que algunos jóvenes consideran que obedecer el Evangelio es algo que puede esperar. Algunos piensan:

“Todavía soy joven”

“Más adelante obedeceré”

“Primero quiero disfrutar mi juventud”

“Todavía tengo muchos años por delante”

Pero nadie tiene garantizado el mañana.

Santiago 4:14 nos recuerda:

“…porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”

Proverbios 27:1 dice:

“No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día”.

Joven, la vida física no la tienes comprada. No sabes cuánto tiempo Dios te permitirá vivir. Por esta razón, no debemos jugar con nuestra alma ni posponer una decisión tan importante.

La pregunta no debe ser:

“¿Cuándo quiero obedecer?”

La pregunta debe ser:

“¿Qué debo hacer para estar bien con Dios?”

El Evangelio es poder de Dios para salvar

Pablo escribió:

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…” (Ro. 1:16).

El Evangelio no es simplemente información religiosa. Es el mensaje que Dios ha escogido para llevarnos a la salvación por medio de Cristo.

Por eso Jesús mandó:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo…” (Mr. 16:15–16).

El Evangelio debe ser escuchado, creído y obedecido.

Pablo enseñó que Dios dará:

“…retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Ts. 1:8).

Esto demuestra la seriedad del asunto. No obedecer el Evangelio no es una decisión insignificante.

¿Qué significa obedecer el Evangelio?

El Evangelio es la buena nueva acerca de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo (1 Co. 15:1–4). La persona debe responder a este mensaje con fe y obediencia.

Jesús dijo:

“…si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24).

La persona debe escuchar la Palabra de Dios, porque:

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17).

Debe creer en Cristo (Jn. 8:24), arrepentirse de sus pecados (Hch. 2:38), confesar su fe en Cristo (Ro. 10:9–10),  ser bautizada para el perdón de sus pecados (Hch. 2:38; Hch. 22:16; Mr. 16:16) y vivir fielmente en Cristo (1 Cor. 15:58; Ap. 2:10).

El bautismo Bíblico no es simplemente un acto externo ni una tradición familiar. Es parte de la respuesta obediente al Evangelio.

Pedro dijo:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…” (Hch. 2:38).

Ananías le dijo a Saulo:

“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hch. 22:16).

Obedecer el Evangelio produce grandes bendiciones

Cuando una persona obedece el Evangelio de Cristo, entra en una relación especial con Dios y disfruta de grandes bendiciones espirituales.

1. El perdón de los pecados — Efesios 1:7

“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”.

2. Reconciliación con Dios — Efesios 2:13–16

Por medio de Cristo podemos ser reconciliados con Dios y tener paz con Él.

3. Una nueva vida en Cristo — Romanos 6:4; 2 Corintios 5:17

El bautismo representa nuestra muerte al pecado y nuestra resurrección a una nueva vida.

4. Santificación — Romanos 6:22

Ahora podemos vivir una vida apartada para Dios, produciendo fruto que conduce a la santificación.

5. Justificación — Romanos 5:1–2

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

6. La esperanza de vida eterna — 1 Juan 5:11

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo”.

7. La oportunidad de demostrar nuestro amor a Cristo — Juan 14:15

Jesús dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

La verdadera obediencia nace de un corazón que ama a Cristo.

Joven, no pospongas tu decisión

Quizás todavía estás pensando:

“Algún día lo haré”.

Pero ¿quién te garantiza que tendrás ese “algún día”?

Quizás tus padres te han hablado muchas veces acerca de la salvación. Quizás has escuchado numerosos sermones sobre el plan de Dios para salvar al hombre.

Ahora la decisión está en tus manos.

Dios te ha dado la oportunidad de escuchar Su Palabra. Te ha dado la capacidad de entenderla. Te ha dado la libertad para decidir.

¿Qué harás con esa oportunidad?

Hebreos 2:3 pregunta:

“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”

La salvación no es algo que debemos tratar con indiferencia.

Joven, obedecer el Evangelio de Cristo es una de las decisiones más importantes que jamás tomarás. No lo hagas simplemente porque tus padres son cristianos. No lo hagas solamente porque tus amigos lo han hecho. Hazlo porque amas a Dios, reconoces tu necesidad de salvación y deseas obedecer a Cristo.

No permitas que la presión de tus amigos, el deseo de disfrutar del mundo, el temor o la indiferencia te impidan obedecer al Señor.

Recuerda las palabras de Jesús:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia…” (Mt. 6:33).

Y recuerda también:

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Co. 6:2).

Joven, no pospongas lo que necesitas hacer hoy.

Escucha el Evangelio.

Cree en Cristo.

Arrepiéntete de tus pecados.

Confiesa tu fe en Cristo.

Obedece al Señor en el bautismo.

Comienza una nueva vida de fidelidad a Dios.

Tu juventud es un hermoso regalo de Dios. Úsala para servirle y honrarle.

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud…” (Ec. 12:1).

La mejor decisión que un joven puede tomar es entregar su vida a Cristo y permanecer fiel a Él hasta el final.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Comenzar a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más importantes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es comenzar, desde una temprana edad, a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel. Aunque muchos jóvenes invierten tiempo pensando en sus estudios, su carrera profesional y sus metas personales, también deben recordar que una de las decisiones más importantes de toda la vida será la elección de la persona con quien compartirán el resto de sus días.

El matrimonio es una institución divina establecida por Dios desde el principio de la creación. Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Dios diseñó el matrimonio para ser una relación permanente, santa y bendecida.

Por esta razón, los jóvenes deben prepararse espiritualmente para este importante compromiso.

CÓMO PREPARARSE PARA EL MATRIMONIO

La preparación para el matrimonio no comienza el día del compromiso ni el día de la boda. Comienza durante la juventud.

1. Desarrolla una relación sólida con Dios

Antes de amar a otra persona, debes aprender a amar a Dios sobre todas las cosas.

Jesús enseñó:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37).

Un joven que ama a Dios estará mejor preparado para amar a su futuro esposo o esposa.

2. Aprende a orar constantemente

El joven cristiano debe pedirle a Dios sabiduría para tomar decisiones correctas.

Santiago escribió:

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5).

La oración debe incluir peticiones como:

  • Señor, ayúdame a ser una mejor persona
  • Dame sabiduría para escoger correctamente
  • Prepara mi corazón para el matrimonio
  • Ayúdame a encontrar una persona fiel
  • Guíame siempre por el camino correcto

3. Fortalece tu carácter cristiano

Pablo exhortó a Timoteo:

“Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

El matrimonio requiere:

  • Responsabilidad
  • Paciencia
  • Dominio propio
  • Humildad
  • Amor
  • Compromiso
  • Sacrificio

4. Aprende principios Bíblicos sobre el matrimonio

Muchos matrimonios fracasan porque las personas desconocen lo que Dios enseña acerca del hogar.

Los jóvenes deben estudiar pasajes como:

  • Génesis 2:24
  • Proverbios 31
  • Efesios 5:22-33
  • Colosenses 3:18-19
  • 1 Pedro 3:1-7

CÓMO ESCOGER CORRECTAMENTE

La sociedad moderna enseña que la apariencia física, el dinero y la popularidad son las características más importantes. La Biblia enseña algo completamente diferente.

1. Busca a una persona que ame a Dios

La prioridad debe ser encontrar a alguien que ponga a Dios en primer lugar.

Mateo 6:33 dice:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”.

2. Busca una persona fiel y obediente

La futura esposa o el futuro esposo debe ser una persona:

  • Fiel a Dios (Apocalipsis 2:10)
  • Obediente a Su Palabra (Juan 14:15)
  • Comprometida con la iglesia (Hebreos 10:24-25)
  • Humilde (Filipenses 2:3)
  • Paciente y bondadosa (Colosenses 3:12-14)

Proverbios 31:30 afirma:

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”.

3. Busca consejo sabio

Proverbios 11:14 dice:

“En la multitud de consejeros hay seguridad”.

Los padres, los ancianos y los cristianos maduros pueden brindar orientación importante.

4. Aprende de los ejemplos Bíblicos

Ejemplos positivos

Isaac y Rebeca (Génesis 24): una relación basada en la oración y la confianza en Dios.

Aquila y Priscila (Hechos 18:1-3): un matrimonio dedicado al servicio del Señor.

Ejemplos negativos

Sansón (Jueces 14:1-3): tomó decisiones impulsivas guiadas por la apariencia.

Salomón (1 Reyes 11:1-4): permitió que personas equivocadas apartaran su corazón de Dios.

CÓMO MANTENER UN MATRIMONIO FELIZ SEGÚN LA BIBLIA

Escoger correctamente es importante, pero mantener un matrimonio fuerte requiere trabajo constante.

1. Pongan a Dios en el centro del hogar

Eclesiastés 4:12 declara:

“Cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

Un matrimonio fuerte está formado por el esposo, la esposa y Dios.

2. Practiquen el amor Bíblico

Pablo escribió:

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Efesios 5:25).

El amor Bíblico implica:

  • Paciencia
  • Sacrificio
  • Perdón
  • Respeto
  • Servicio

1 Corintios 13:4-8 describe el verdadero amor.

3. Practiquen la comunicación

Proverbios 15:1 dice:

“La blanda respuesta quita la ira”.

Los esposos deben aprender a dialogar con respeto, honestidad y amor.

4. Oren juntos

La oración fortalece la relación matrimonial.

Filipenses 4:6 dice:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”.

5. Sean fieles el uno al otro

Hebreos 13:4 enseña:

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla”.

La fidelidad es indispensable para la felicidad matrimonial.

6. Practiquen el perdón

Colosenses 3:13 dice:

“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros”.

Ningún matrimonio es perfecto; por lo tanto, el perdón debe formar parte del hogar cristiano.

El joven cristiano debe comenzar desde temprano a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel. Debe prepararse espiritualmente, escoger sabiamente y esforzarse por mantener un matrimonio centrado en Cristo.

Que cada joven recuerde las palabras del salmista:

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmo 37:5).

Si ponemos a Dios en primer lugar, podremos disfrutar de matrimonios fuertes, hogares felices y familias que glorifiquen Su nombre.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Adorar a Dios conforme a Su voluntad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es no dejarse convencer de que a Dios se le puede adorar de cualquier manera. Este desafío es muy real porque vivimos en una época en la que muchas personas enseñan que lo único importante es tener buenas intenciones o ser sinceros en la adoración. Sin embargo, la sinceridad por sí sola no hace aceptable una adoración delante de Dios. La pregunta no es únicamente a quién adoramos, sino también cómo debemos adorarlo conforme a Su voluntad.

En cierta ocasión un ministro de jóvenes afirmó: “La pregunta no es cómo adorar sino a quién adorar”. Aunque esta declaración puede parecer razonable, se encuentra en conflicto con la enseñanza clara de las Escrituras. El joven cristiano debe desarrollar el hábito de evaluar toda enseñanza a la luz de la Palabra de Dios (Hch. 17:11; 1 Ts. 5:21; 1 Jn. 4:1).

La Biblia enseña claramente que Dios espera ser adorado conforme a Su voluntad y no según las preferencias del hombre. Jesús declaró:

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

Esta declaración de Jesús elimina toda idea de que el hombre tiene libertad para establecer la forma de adorar a Dios. La palabra “necesario” indica una obligación divina, algo indispensable y no una sugerencia opcional. Además, la expresión “en verdad” señala que la adoración debe estar de acuerdo con la verdad revelada por Dios. Jesús enseñó que la Palabra de Dios es la verdad (Jn. 17:17). Por lo tanto, cualquier práctica religiosa que no tenga autorización en las Escrituras no puede considerarse una adoración aceptable.

La Biblia contiene numerosos ejemplos que muestran que Dios siempre ha esperado obediencia exacta en la adoración. Caín ofreció un sacrificio que Dios no aceptó (Gn. 4:3-7; Heb. 11:4). Nadab y Abiú ofrecieron fuego extraño que Jehová nunca les mandó, y fueron castigados por ello (Lv. 10:1-3). El rey Saúl perdió el favor de Dios porque pensó que podía modificar las instrucciones divinas (1 S. 15:22-23). Estos ejemplos nos recuerdan que Dios no acepta la adoración basada en los deseos humanos.

Asimismo, el apóstol Pablo advirtió contra una religión basada en mandamientos de hombres y en una aparente humildad que carece de autoridad divina (Col. 2:20-23). Jesús también reprendió a quienes enseñaban doctrinas y mandamientos de hombres, diciendo:

“Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:7-9).

La iglesia del Nuevo Testamento practicó una adoración sencilla, espiritual y autorizada por Dios. En las Escrituras encontramos cinco actos de adoración realizados por la iglesia reunida:

  1. El canto (Ef. 5:19; Col. 3:16).
  2. La oración (Hch. 2:42; 1 Ts. 5:17).
  3. La predicación y enseñanza de la Palabra (Hch. 20:7; 2 Tim. 4:2).
  4. La participación de la Cena del Señor (Hch. 20:7; 1 Cor. 11:23-26).
  5. La ofrenda voluntaria (1 Cor. 16:1-2; 2 Cor. 9:6-7).

Fuera de estos actos autorizados, el Nuevo Testamento no presenta otras prácticas realizadas por la iglesia como parte de su adoración colectiva. Por esta razón, el cristiano fiel no tiene autoridad para añadir, quitar o modificar lo que Dios ha revelado (Dt. 4:2; Pr. 30:5-6; Gá. 1:6-9; Ap. 22:18-19).

Lamentablemente, muchos consideran que la adoración Bíblica es demasiado sencilla o poco atractiva. Como consecuencia, introducen innovaciones para hacerla más entretenida o emocional. Sin embargo, el propósito de la adoración nunca ha sido satisfacer los gustos del hombre, sino agradar a Dios. Él sigue buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Jn. 4:23-24).

El joven cristiano debe permanecer firme en la doctrina de Cristo (2 Jn. 9), contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Jud. 3). Debe rechazar toda enseñanza que contradiga la autoridad de las Escrituras y recordar siempre que todo cuanto hagamos, ya sea en palabra o en obra, debe hacerse en el nombre del Señor Jesús, es decir, por Su autoridad (Col. 3:17).

Cuando el joven aprende desde temprano a respetar la autoridad de la Palabra de Dios en la adoración, desarrollará una fe sólida que lo protegerá del error y le permitirá glorificar a Dios de la manera que Él ha establecido.

RETOS QUE ENFRENTAN LOS JÓVENES: Desarrollar el hábito de leer la Biblia con regularidad por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es desarrollar el hábito de leer la Biblia con regularidad. Este desafío es significativo, ya que muchos prefieren dedicar su tiempo a libros de ficción, las redes sociales, los videojuegos o diversas formas de entretenimiento, en lugar de leer la Palabra de Dios, la cual tiene el poder de transformar sus vidas, fortalecer su fe y guiarlos por el camino de la salvación (Ro. 1:16; Sal. 19:7-11). En una sociedad saturada de información, el joven cristiano necesita escuchar diariamente la voz de Dios por medio de las Sagradas Escrituras.

Los autores inspirados exhortaron constantemente al pueblo de Dios a ser lectores diligentes de la Palabra. El apóstol Pablo animó al evangelista Timoteo diciendo: “Ocúpate en la lectura” (1 Tim. 4:13). También le recordó que desde su niñez conocía “las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 3:15). Jesús mismo acostumbraba leer las Escrituras en la sinagoga (Lc. 4:16), dejándonos un ejemplo digno de imitar. En repetidas ocasiones preguntó a sus oyentes: “¿No habéis leído?” (Mt. 12:3, 5; 19:4; 21:42), enfatizando la importancia de conocer la Palabra de Dios. Asimismo, exhortó a los judíos: “Escudriñad las Escrituras” (Jn. 5:39), pues ellas dan testimonio de Él.

Desde el Antiguo Testamento, Dios enfatizó la importancia de una lectura constante de Su Palabra. Ordenó a Josué meditar en el libro de la ley “de día y de noche” para prosperar espiritualmente y actuar con sabiduría (Jos. 1:8). Los reyes de Israel debían escribir una copia de la ley y leerla todos los días de su vida para aprender a temer a Dios y obedecer Sus mandamientos (Deut. 17:18-20). El salmista declaró bienaventurado al hombre que se deleita en la ley de Jehová y medita en ella de día y de noche (Sal. 1:1-3). De igual manera expresó: “¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal. 119:97).

Todos estos pasajes animan al joven cristiano a dedicar tiempo cada día a la lectura de la Biblia. La Palabra de Dios le ayudará a mantenerse limpio delante del Señor (Sal. 119:9, 11), a fortalecer su fe (Ro. 10:17), a vencer las tentaciones siguiendo el ejemplo de Jesús (Mt. 4:1-11), a discernir entre el bien y el mal (Heb. 5:14), a crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo (2 P. 3:18), a renovar su mente (Ro. 12:2), a ser sabio para la salvación (2 Tim. 3:15) y a estar enteramente preparado para toda buena obra (2 Tim. 3:16-17). Además, la Palabra de Dios es “viva y eficaz” (Heb. 4:12), ilumina el camino (Sal. 119:105), produce gozo en el corazón (Jer. 15:16) y tiene poder para salvar el alma (Stg. 1:21).

Mientras más tiempo dediques a la lectura de la Biblia, mayor será tu amor por ella y más profundo será tu deseo de obedecer a Dios. Sin embargo, no basta con leerla; también es indispensable meditar en ella, creerla y ponerla en práctica cada día (Stg. 1:22-25). Jesús declaró: “Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan” (Lc. 11:28). De igual manera, el salmista afirmó que son bienaventurados los que guardan los testimonios del Señor y le buscan de todo corazón (Sal. 119:2). Que el Señor fortalezca siempre en ti un profundo amor, respeto y reverencia por las Sagradas Escrituras, para que ellas sean la guía de tu vida y te conduzcan fielmente hasta la vida eterna (Jn. 17:17; 1 Tim. 4:16).