PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: Predicadores que no utilizan sabiamente su tiempo en la obra del Señor por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado seriamente a la iglesia del Señor, es la de predicadores que no utilizan sabiamente su tiempo en la obra del Señor.

Hace varios años escuché a un predicador decir lo siguiente: “Es un asunto de conciencia para el predicador el no levantarse temprano para trabajar en la obra del Señor”. He tratado de encontrar la fuente original de esta declaración, pero hasta este momento no he podido identificar con certeza quién la dijo originalmente. Por esta razón, no deseo atribuirla a ningún predicador sin tener evidencia suficiente. Sin embargo, el principio que la declaración intenta comunicar merece nuestra seria consideración.

No estoy diciendo que la Biblia establezca una hora específica a la cual todo predicador debe levantarse cada mañana. Tampoco estoy diciendo que descansar sea pecado. El descanso es necesario y hay momentos legítimos para descansar. Nuestro Señor Jesucristo mismo tomó tiempo para descansar (Mr. 6:31). El problema, por lo tanto, no es simplemente levantarse tarde; el problema es la negligencia, la pereza, la falta de disciplina y el desperdicio del tiempo que Dios nos ha concedido para servirle.

Un predicador que recibe apoyo económico de la iglesia para dedicar su tiempo al ministerio debe recordar que ese privilegio viene acompañado de una gran responsabilidad. Si la congregación confía en él para dedicar su tiempo al estudio de la Palabra, la predicación del Evangelio, la enseñanza, el evangelismo, la visitación, la consejería y la edificación de los santos, entonces debe procurar cumplir estas responsabilidades con diligencia, integridad y excelencia.

El peligro de la falta de supervisión

En algunas congregaciones, los predicadores trabajan sin una supervisión cercana de parte de los ancianos. Esto no significa que los ancianos deban convertirse en supervisores de cada minuto del día del predicador. Más bien, significa que debe existir una relación saludable de confianza, responsabilidad y comunicación entre los ancianos y el predicador.

Cuando no existe una buena supervisión, lamentablemente algunos pueden aprovecharse de esa libertad para disminuir su nivel de trabajo. Hay predicadores que se levantan muy tarde, no porque hayan estado trabajando arduamente hasta altas horas de la noche, sino simplemente porque no han desarrollado una disciplina adecuada para administrar su tiempo.

Otros permiten que buena parte de su día sea absorbida por actividades que no tienen relación con las responsabilidades que aceptaron cuando comenzaron a trabajar con una congregación como predicadores de tiempo completo.

Algunos pasan demasiado tiempo en las redes sociales. Otros dedican horas excesivas a entretenimiento, deportes, juegos electrónicos u otras actividades personales. Algunos pasan más tiempo en el gimnasio que estudiando la Palabra de Dios. Otros ocupan gran parte del día atendiendo asuntos personales que podrían realizarse en otro momento. Y, tristemente, existen quienes llegan al púlpito utilizando constantemente sermones preparados por otras personas porque ellos mismos no han dedicado el tiempo necesario al estudio y a la preparación.

Esto es especialmente preocupante porque un predicador no fue llamado simplemente para ocupar un púlpito, sino para ser un estudiante diligente de la Palabra y un siervo dedicado de Cristo.

Pablo le dijo a Timoteo:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

La palabra “obrero” nos recuerda que el ministerio requiere trabajo. Y el verbo “procura con diligencia” demanda esfuerzo, disciplina y dedicación.

Cuando el tiempo no se administra correctamente

Cuando un predicador no utiliza sabiamente su tiempo, eventualmente comienzan a faltar oportunidades para realizar importantes responsabilidades del ministerio.

No habrá suficiente tiempo para:

  • estudiar profundamente la Palabra de Dios
  • preparar buenos sermones
  • preparar clases Bíblicas
  • evangelizar
  • visitar a los miembros
  • estudiar la Biblia con inconversos
  • animar a los débiles
  • aconsejar a las familias
  • capacitar a otros hermanos para servir
  • planear actividades espirituales
  • desarrollar clases especiales para el crecimiento de la congregación
  • escribir material Bíblico
  • preparar estudios para jóvenes
  • visitar a los enfermos
  • trabajar con nuevos conversos
  • fortalecer a los miembros débiles
  • y cumplir muchas otras responsabilidades que forman parte del trabajo de un evangelista.

El problema es que el tiempo perdido no puede recuperarse.

Por eso Pablo exhortó a los cristianos de Éfeso:

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15-16).

Aunque este texto no fue dirigido exclusivamente a predicadores, ciertamente contiene un principio que todo siervo de Dios debe tomar seriamente. El cristiano debe aprender a utilizar sabiamente el tiempo que Dios le ha concedido.

Pablo: un excelente ejemplo de diligencia

El Nuevo Testamento nos presenta ejemplo tras ejemplo de hombres que tomaron muy en serio su servicio al Señor. Uno de los ejemplos más sobresalientes es el apóstol Pablo.

En 1 Corintios 15:10, Pablo escribió:

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

Pablo no utilizó la gracia de Dios como una excusa para trabajar menos. La gracia de Dios produjo en él un mayor deseo de trabajar para el Señor.

En 1 Corintios 15:58 exhortó:

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Observe algunas palabras importantes:

“Firmes”
“Constantes”
“Creciendo”
“Siempre”
“Trabajo”

Estas palabras difícilmente describen a una persona perezosa o negligente en el servicio del Señor.

Pablo también le dijo a los ancianos de Éfeso:

“Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hch. 20:31). ¡Qué ejemplo de diligencia!

Pablo no solamente predicaba desde un púlpito. Enseñaba públicamente y por las casas (Hch. 20:20). Predicaba, enseñaba, visitaba, exhortaba, evangelizaba y fortalecía a los hermanos.

En Hechos 20:24 encontramos una de las declaraciones más poderosas acerca de sus prioridades:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”

Pablo tenía una meta: terminar fielmente el ministerio que Cristo le había encomendado.

Al final de su vida pudo decir:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7).

Pablo no solamente comenzó bien; terminó bien.

Pablo aprovechaba las oportunidades

En Colosenses 4:5 encontramos otro principio importante:

“Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo”.

Pablo entendía que las oportunidades para enseñar y evangelizar eran preciosas. Por eso exhortó a los cristianos a aprovecharlas.

En 2 Timoteo 4:2, le dio a Timoteo una responsabilidad solemne:

“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”.

El predicador fiel no trabaja únicamente cuando tiene deseos de trabajar. Su compromiso es con Cristo, no simplemente con su estado de ánimo.

Por supuesto, esto no significa que un predicador nunca pueda descansar, pasar tiempo con su familia, hacer ejercicio o atender asuntos personales. Todas estas cosas pueden tener un lugar apropiado. El punto es que ninguna de estas actividades debe convertirse en una excusa para descuidar las responsabilidades espirituales que Dios ha puesto delante de nosotros.

Jesús: nuestro Supremo ejemplo de diligencia

Por encima de Pablo encontramos a nuestro Señor Jesucristo, quien es nuestro Supremo ejemplo de servicio diligente.

Jesús dijo:

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4). ¡Qué perspectiva tan poderosa del tiempo!

Jesús entendía que había una obra que debía realizar y que las oportunidades no durarían para siempre.

En otra ocasión, sus discípulos le dijeron que comiera, pero Jesús respondió:

“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Jn. 4:34).

Jesús tenía una profunda convicción acerca de la misión que había recibido del Padre.

Marcos 3:20 muestra hasta qué punto las demandas de Su ministerio podían llegar:

“Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan”.

Sin embargo, Jesús también entendía la necesidad del descanso y de apartarse por momentos para descansar (Mr. 6:31). Esto nos enseña algo importante: la diligencia no significa irresponsabilidad con nuestro cuerpo o nuestra familia; significa administrar sabiamente nuestro tiempo para cumplir la obra que Dios nos ha encomendado.

El predicador debe ser un estudiante diligente

Una de las tragedias más grandes es cuando un predicador deja de estudiar porque piensa que ya sabe suficiente.

La experiencia es valiosa, pero la experiencia nunca reemplaza el estudio.

Pablo le dijo a Timoteo:

“Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello…” (1 Ti. 4:15-16).

El predicador debe continuar creciendo.

Debe estudiar el texto Bíblico.
Debe estudiar su contexto.
Debe examinar cuidadosamente las palabras.
Debe conocer el contexto histórico y cultural.
Debe comparar Escritura con Escritura.
Debe preparar sus lecciones cuidadosamente.
Debe asegurarse de que lo que predica es verdaderamente la Palabra de Dios.

No es correcto que un predicador pase horas en entretenimiento y luego, a última hora, prepare apresuradamente el sermón que presentará delante de la iglesia.

El púlpito merece nuestra preparación. Las almas merecen nuestra preparación. La Palabra de Dios merece nuestra preparación. Y Dios merece nuestro mejor esfuerzo.

No se trata simplemente de trabajar más, sino de trabajar sabiamente

También debemos tener equilibrio. Un predicador puede estar ocupado todo el día y, sin embargo, no estar haciendo las cosas que realmente necesita hacer.

Por eso no se trata simplemente de decir: “Tengo que trabajar más horas”.

Se trata de preguntarnos:

¿Estoy utilizando sabiamente las horas que Dios me ha dado?

¿Estoy estudiando?
¿Estoy evangelizando?
¿Estoy visitando?
¿Estoy preparando sermones?
¿Estoy fortaleciendo a los miembros?
¿Estoy capacitando a otros?
¿Estoy buscando oportunidades para enseñar?
¿Estoy ayudando a la congregación a crecer espiritualmente?
¿Estoy cumpliendo responsablemente con aquello para lo cual fui contratado?

Estas son preguntas que todo predicador debería hacerse periódicamente.

El peligro de convertirse en un predicador perezoso

La pereza es condenada repetidamente en las Escrituras (Pr. 6:6-11; 13:4; 24:30-34). Aunque estos textos no hablan específicamente del predicador, los principios sobre diligencia y trabajo son aplicables.

El predicador debe tener cuidado de no desarrollar una mentalidad de comodidad.

Cuando la iglesia sostiene económicamente a un hombre para que dedique su tiempo al ministerio, no le está pagando simplemente por predicar dos o tres sermones cada semana. El ministerio incluye mucho más.

El predicador debe ser un obrero del Señor.

Debe recordar las palabras de Pablo:

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23).

Si predicamos, debemos predicar como para el Señor.
Si estudiamos, debemos estudiar como para el Señor.
Si evangelizamos, debemos evangelizar como para el Señor.
Si visitamos, debemos visitar como para el Señor.
Si enseñamos, debemos enseñar como para el Señor.

Hermanos predicadores, nuestro tiempo es un regalo de Dios y nuestra oportunidad de servirle no durará para siempre.

No sabemos cuántos años tendremos para predicar. No sabemos cuántas oportunidades más tendremos para enseñar a una persona el Evangelio. No sabemos cuántas almas más podremos alcanzar. Por esta razón, debemos aprovechar cada oportunidad que Dios pone delante de nosotros.

Pablo dijo:

“Porque si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Co. 9:16).

Ese debe ser el espíritu de todo predicador fiel.

No desperdiciemos el tiempo.

No desperdiciemos nuestras oportunidades.

No desperdiciemos el privilegio de predicar el Evangelio.

No permitamos que el entretenimiento, la comodidad, la pereza o los intereses personales ocupen el lugar que le pertenece a la obra del Señor.

Imitemos a Pablo, quien trabajó abundantemente (1 Co. 15:10), aprovechó el tiempo (Ef. 5:16), enseñó de noche y de día (Hch. 20:31), y consideró un privilegio terminar el ministerio que había recibido del Señor (Hch. 20:24).

Sobre todo, imitemos a nuestro Señor Jesucristo, quien dijo:

“Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura” (Jn. 9:4).

Que nunca lleguemos al final de nuestro ministerio lamentándonos por el tiempo que desperdiciamos, las oportunidades que dejamos pasar o las almas que pudimos haber alcanzado.

Más bien, que algún día podamos decir con Pablo:

“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7).

Dios y Su iglesia merecen nuestro mejor y mayor esfuerzo.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Obedecer el Evangelio de Cristo por Willie A. Alvarenga

Otro reto importante que enfrentan los jóvenes en la actualidad es el de obedecer el Evangelio de Cristo. Existen jóvenes dentro de las iglesias del Señor que todavía no han entregado sus vidas a Cristo. Sus padres ya son cristianos y posiblemente algunos de sus hermanos y amigos también lo son, pero ellos todavía no han tomado la decisión personal de obedecer el Evangelio.

Este es un reto muy serio porque estamos hablando de un asunto de vida eterna. Estamos hablando de nuestra relación con Dios, del perdón de nuestros pecados y de dónde pasaremos la eternidad.

La salvación debe ser una decisión personal

Joven, debes entender que el hecho de que tus padres sean cristianos no significa que automáticamente tú seas cristiano. Tampoco significa que porque creciste asistiendo a los servicios de la iglesia ya has obedecido el Evangelio. Cada persona debe tomar su propia decisión delante de Dios.

Ezequiel 18:20 enseña este principio:

“El alma que pecare, esa morirá…”

Dios considera a cada persona responsable de sus propias decisiones.

Josué también presentó esta responsabilidad personal cuando dijo:

“Escogeos hoy a quién sirváis…” (Jos. 24:15).

Tu padre no puede obedecer el Evangelio por ti.
Tu madre no puede obedecer el Evangelio por ti.
Tus hermanos no pueden obedecer el Evangelio por ti.
Tus amigos no pueden obedecer el Evangelio por ti.

Tú debes tomar esa decisión.

No debemos tomar la salvación a la ligera

Es triste observar que algunos jóvenes consideran que obedecer el Evangelio es algo que puede esperar. Algunos piensan:

“Todavía soy joven”

“Más adelante obedeceré”

“Primero quiero disfrutar mi juventud”

“Todavía tengo muchos años por delante”

Pero nadie tiene garantizado el mañana.

Santiago 4:14 nos recuerda:

“…porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”

Proverbios 27:1 dice:

“No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día”.

Joven, la vida física no la tienes comprada. No sabes cuánto tiempo Dios te permitirá vivir. Por esta razón, no debemos jugar con nuestra alma ni posponer una decisión tan importante.

La pregunta no debe ser:

“¿Cuándo quiero obedecer?”

La pregunta debe ser:

“¿Qué debo hacer para estar bien con Dios?”

El Evangelio es poder de Dios para salvar

Pablo escribió:

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…” (Ro. 1:16).

El Evangelio no es simplemente información religiosa. Es el mensaje que Dios ha escogido para llevarnos a la salvación por medio de Cristo.

Por eso Jesús mandó:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo…” (Mr. 16:15–16).

El Evangelio debe ser escuchado, creído y obedecido.

Pablo enseñó que Dios dará:

“…retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Ts. 1:8).

Esto demuestra la seriedad del asunto. No obedecer el Evangelio no es una decisión insignificante.

¿Qué significa obedecer el Evangelio?

El Evangelio es la buena nueva acerca de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo (1 Co. 15:1–4). La persona debe responder a este mensaje con fe y obediencia.

Jesús dijo:

“…si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24).

La persona debe escuchar la Palabra de Dios, porque:

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17).

Debe creer en Cristo (Jn. 8:24), arrepentirse de sus pecados (Hch. 2:38), confesar su fe en Cristo (Ro. 10:9–10),  ser bautizada para el perdón de sus pecados (Hch. 2:38; Hch. 22:16; Mr. 16:16) y vivir fielmente en Cristo (1 Cor. 15:58; Ap. 2:10).

El bautismo Bíblico no es simplemente un acto externo ni una tradición familiar. Es parte de la respuesta obediente al Evangelio.

Pedro dijo:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados…” (Hch. 2:38).

Ananías le dijo a Saulo:

“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hch. 22:16).

Obedecer el Evangelio produce grandes bendiciones

Cuando una persona obedece el Evangelio de Cristo, entra en una relación especial con Dios y disfruta de grandes bendiciones espirituales.

1. El perdón de los pecados — Efesios 1:7

“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”.

2. Reconciliación con Dios — Efesios 2:13–16

Por medio de Cristo podemos ser reconciliados con Dios y tener paz con Él.

3. Una nueva vida en Cristo — Romanos 6:4; 2 Corintios 5:17

El bautismo representa nuestra muerte al pecado y nuestra resurrección a una nueva vida.

4. Santificación — Romanos 6:22

Ahora podemos vivir una vida apartada para Dios, produciendo fruto que conduce a la santificación.

5. Justificación — Romanos 5:1–2

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

6. La esperanza de vida eterna — 1 Juan 5:11

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo”.

7. La oportunidad de demostrar nuestro amor a Cristo — Juan 14:15

Jesús dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

La verdadera obediencia nace de un corazón que ama a Cristo.

Joven, no pospongas tu decisión

Quizás todavía estás pensando:

“Algún día lo haré”.

Pero ¿quién te garantiza que tendrás ese “algún día”?

Quizás tus padres te han hablado muchas veces acerca de la salvación. Quizás has escuchado numerosos sermones sobre el plan de Dios para salvar al hombre.

Ahora la decisión está en tus manos.

Dios te ha dado la oportunidad de escuchar Su Palabra. Te ha dado la capacidad de entenderla. Te ha dado la libertad para decidir.

¿Qué harás con esa oportunidad?

Hebreos 2:3 pregunta:

“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”

La salvación no es algo que debemos tratar con indiferencia.

Joven, obedecer el Evangelio de Cristo es una de las decisiones más importantes que jamás tomarás. No lo hagas simplemente porque tus padres son cristianos. No lo hagas solamente porque tus amigos lo han hecho. Hazlo porque amas a Dios, reconoces tu necesidad de salvación y deseas obedecer a Cristo.

No permitas que la presión de tus amigos, el deseo de disfrutar del mundo, el temor o la indiferencia te impidan obedecer al Señor.

Recuerda las palabras de Jesús:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia…” (Mt. 6:33).

Y recuerda también:

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Co. 6:2).

Joven, no pospongas lo que necesitas hacer hoy.

Escucha el Evangelio.

Cree en Cristo.

Arrepiéntete de tus pecados.

Confiesa tu fe en Cristo.

Obedece al Señor en el bautismo.

Comienza una nueva vida de fidelidad a Dios.

Tu juventud es un hermoso regalo de Dios. Úsala para servirle y honrarle.

“Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud…” (Ec. 12:1).

La mejor decisión que un joven puede tomar es entregar su vida a Cristo y permanecer fiel a Él hasta el final.

RETOS QUE ENFRENTA EL JOVEN: Comenzar a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel por Willie A. Alvarenga

Uno de los retos más importantes que enfrentan los jóvenes cristianos hoy es comenzar, desde una temprana edad, a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel. Aunque muchos jóvenes invierten tiempo pensando en sus estudios, su carrera profesional y sus metas personales, también deben recordar que una de las decisiones más importantes de toda la vida será la elección de la persona con quien compartirán el resto de sus días.

El matrimonio es una institución divina establecida por Dios desde el principio de la creación. Génesis 2:24 dice: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Dios diseñó el matrimonio para ser una relación permanente, santa y bendecida.

Por esta razón, los jóvenes deben prepararse espiritualmente para este importante compromiso.

CÓMO PREPARARSE PARA EL MATRIMONIO

La preparación para el matrimonio no comienza el día del compromiso ni el día de la boda. Comienza durante la juventud.

1. Desarrolla una relación sólida con Dios

Antes de amar a otra persona, debes aprender a amar a Dios sobre todas las cosas.

Jesús enseñó:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37).

Un joven que ama a Dios estará mejor preparado para amar a su futuro esposo o esposa.

2. Aprende a orar constantemente

El joven cristiano debe pedirle a Dios sabiduría para tomar decisiones correctas.

Santiago escribió:

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5).

La oración debe incluir peticiones como:

  • Señor, ayúdame a ser una mejor persona
  • Dame sabiduría para escoger correctamente
  • Prepara mi corazón para el matrimonio
  • Ayúdame a encontrar una persona fiel
  • Guíame siempre por el camino correcto

3. Fortalece tu carácter cristiano

Pablo exhortó a Timoteo:

“Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

El matrimonio requiere:

  • Responsabilidad
  • Paciencia
  • Dominio propio
  • Humildad
  • Amor
  • Compromiso
  • Sacrificio

4. Aprende principios Bíblicos sobre el matrimonio

Muchos matrimonios fracasan porque las personas desconocen lo que Dios enseña acerca del hogar.

Los jóvenes deben estudiar pasajes como:

  • Génesis 2:24
  • Proverbios 31
  • Efesios 5:22-33
  • Colosenses 3:18-19
  • 1 Pedro 3:1-7

CÓMO ESCOGER CORRECTAMENTE

La sociedad moderna enseña que la apariencia física, el dinero y la popularidad son las características más importantes. La Biblia enseña algo completamente diferente.

1. Busca a una persona que ame a Dios

La prioridad debe ser encontrar a alguien que ponga a Dios en primer lugar.

Mateo 6:33 dice:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”.

2. Busca una persona fiel y obediente

La futura esposa o el futuro esposo debe ser una persona:

  • Fiel a Dios (Apocalipsis 2:10)
  • Obediente a Su Palabra (Juan 14:15)
  • Comprometida con la iglesia (Hebreos 10:24-25)
  • Humilde (Filipenses 2:3)
  • Paciente y bondadosa (Colosenses 3:12-14)

Proverbios 31:30 afirma:

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”.

3. Busca consejo sabio

Proverbios 11:14 dice:

“En la multitud de consejeros hay seguridad”.

Los padres, los ancianos y los cristianos maduros pueden brindar orientación importante.

4. Aprende de los ejemplos Bíblicos

Ejemplos positivos

Isaac y Rebeca (Génesis 24): una relación basada en la oración y la confianza en Dios.

Aquila y Priscila (Hechos 18:1-3): un matrimonio dedicado al servicio del Señor.

Ejemplos negativos

Sansón (Jueces 14:1-3): tomó decisiones impulsivas guiadas por la apariencia.

Salomón (1 Reyes 11:1-4): permitió que personas equivocadas apartaran su corazón de Dios.

CÓMO MANTENER UN MATRIMONIO FELIZ SEGÚN LA BIBLIA

Escoger correctamente es importante, pero mantener un matrimonio fuerte requiere trabajo constante.

1. Pongan a Dios en el centro del hogar

Eclesiastés 4:12 declara:

“Cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

Un matrimonio fuerte está formado por el esposo, la esposa y Dios.

2. Practiquen el amor Bíblico

Pablo escribió:

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Efesios 5:25).

El amor Bíblico implica:

  • Paciencia
  • Sacrificio
  • Perdón
  • Respeto
  • Servicio

1 Corintios 13:4-8 describe el verdadero amor.

3. Practiquen la comunicación

Proverbios 15:1 dice:

“La blanda respuesta quita la ira”.

Los esposos deben aprender a dialogar con respeto, honestidad y amor.

4. Oren juntos

La oración fortalece la relación matrimonial.

Filipenses 4:6 dice:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios”.

5. Sean fieles el uno al otro

Hebreos 13:4 enseña:

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla”.

La fidelidad es indispensable para la felicidad matrimonial.

6. Practiquen el perdón

Colosenses 3:13 dice:

“Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros”.

Ningún matrimonio es perfecto; por lo tanto, el perdón debe formar parte del hogar cristiano.

El joven cristiano debe comenzar desde temprano a pedirle a Dios por una esposa o un esposo fiel. Debe prepararse espiritualmente, escoger sabiamente y esforzarse por mantener un matrimonio centrado en Cristo.

Que cada joven recuerde las palabras del salmista:

“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Salmo 37:5).

Si ponemos a Dios en primer lugar, podremos disfrutar de matrimonios fuertes, hogares felices y familias que glorifiquen Su nombre.

PRÁCTICAS QUE LASTIMAN LA IGLESIA DEL SEÑOR: La predicación de la falsa doctrina por Willie A. Alvarenga

Otra práctica dañina que podemos añadir a la lista, y que ha afectado gravemente a la iglesia del Señor a través de los siglos, es la predicación de la falsa doctrina. Desde los días del Nuevo Testamento, las congregaciones han sufrido grandes consecuencias debido a hombres que no han mostrado respeto por la sana enseñanza revelada por Dios. El apóstol Pablo advirtió repetidamente acerca del peligro de aquellos que introducirían doctrinas extrañas y apartarían a los discípulos de la verdad (Hechos 20:28-30).

Cuando hablamos de la falsa doctrina, nos referimos a cualquier enseñanza que se encuentre en conflicto con la voluntad de Dios revelada en las Escrituras. Toda doctrina que contradiga el mensaje divino, altere el plan de salvación o menosprecie la autoridad de la Palabra de Dios debe ser considerada falsa doctrina (Gálatas 1:6-9).

La falsa doctrina siempre lastimará a la iglesia porque impide que los creyentes sean alimentados con el mensaje puro del evangelio. En lugar de edificar el alma y fortalecer la fe, produce confusión, división y alejamiento de Dios. Pablo enseñó que “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16-17). Cuando el hombre sustituye la verdad divina por opiniones humanas, la iglesia sufre graves consecuencias espirituales.

Existen personas que enseñan error porque no han estudiado correctamente las Escrituras. No han aprendido los principios fundamentales de la interpretación Bíblica y, por consiguiente, transmiten aquello que desconocen. Pablo exhortó a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

Lamentablemente, también existen quienes enseñan falsa doctrina aun sabiendo que contradice la Palabra de Dios. Algunos simplemente repiten las enseñanzas de predicadores favoritos, familiares o amigos, colocando la lealtad humana por encima de la autoridad divina. Jesús condenó esta actitud cuando dijo: “En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Mateo 15:9).

Por lo tanto, surge una pregunta importante: ¿De qué manera lastima la falsa doctrina a la iglesia del Señor? Consideremos algunas respuestas.

1. La falsa doctrina contradice el mandamiento de enseñar únicamente la sana doctrina

Pablo ordenó: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1). También exhortó a Timoteo a retener “la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Dios nunca autorizó la enseñanza del error.

2. La falsa doctrina desvía a las personas del camino correcto

Jesús declaró: “Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:14). Los falsos maestros conducen a las almas lejos del camino de la salvación.

3. La falsa doctrina engaña a las personas sinceras e ingenuas

Romanos 16:17-18 enseña que los falsos maestros engañan “con suaves palabras y lisonjas”. Pedro también advirtió que muchos seguirían sus enseñanzas destructoras (2 Pedro 2:1-2).

4. La falsa doctrina reemplaza la predicación de la verdad

Pedro escribió: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11). Cuando el error ocupa el púlpito, la iglesia deja de escuchar el mensaje que salva.

5. La falsa doctrina aparta a los creyentes de la fidelidad a Dios

Pablo reprendió a los gálatas porque estaban abandonando el verdadero evangelio (Gálatas 1:6-9). Asimismo, Himeneo y Fileto trastornaron la fe de algunos con sus falsas enseñanzas (2 Timoteo 2:16-18).

6. La falsa doctrina impide el crecimiento espiritual

Dios estableció hermanos espirituales para perfeccionar a los santos y llevarlos a la madurez (Efesios 4:11-16). La falsa doctrina produce inmadurez y hace que los cristianos sean “llevados por doquiera de todo viento de doctrina”.

7. La falsa doctrina produce confusión y división

“Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). Las enseñanzas equivocadas generan disputas, divisiones y conflictos dentro de la congregación (Romanos 16:17).

8. La falsa doctrina separa al hombre de Dios

Juan escribió: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios” (2 Juan 9). El error doctrinal rompe la comunión con el Padre y con el Hijo.

9. La falsa doctrina trae condenación sobre quienes la enseñan

Pedro afirmó que los falsos maestros introducirán herejías destructoras y atraerán sobre sí mismos perdición (2 Pedro 2:1-3). Santiago también advirtió que los maestros recibirán una condenación/juicio más severa (Santiago 3:1).

10. La falsa doctrina contamina toda la congregación

Pablo declaró: “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9). El error doctrinal rara vez permanece aislado; con el tiempo, afecta a toda la iglesia.

11. La falsa doctrina fomenta la apostasía

El Espíritu Santo anunció que “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe” (1 Timoteo 4:1). La apostasía siempre comienza cuando las personas abandonan la verdad revelada.

12. La falsa doctrina endurece el corazón y produce resistencia a la verdad

Pablo habló de aquellos que “no sufrirán la sana doctrina” y preferirán maestros conforme a sus propios deseos (2 Timoteo 4:3-4). El error lleva al hombre a rechazar la voluntad de Dios.

13. La falsa doctrina destruye la unidad espiritual de la iglesia

Cristo oró para que sus discípulos fueran uno (Juan 17:20-21). La unidad verdadera solo puede existir cuando todos permanecen en la misma doctrina (Efesios 4:4-6).

14. La falsa doctrina deshonra el nombre de Cristo

Pedro enseñó que, por causa de los falsos maestros, “el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pedro 2:2). El mundo observa las divisiones y los errores religiosos y llega a despreciar el evangelio.

Las iglesias que toleran la falsa doctrina se encuentran en un grave peligro espiritual. El crecimiento numérico, por sí solo, no constituye una evidencia de aprobación divina. Una congregación puede crecer en cantidad y, al mismo tiempo, alejarse de la verdad revelada. La fidelidad a Dios siempre debe tener prioridad sobre la popularidad y el éxito aparente.

La única manera de mantener una iglesia pura y obediente es mediante la exposición fiel y constante de la Palabra de Dios. Los cristianos deben desarrollar un profundo respeto por la autoridad de las Escrituras y examinar cuidadosamente toda enseñanza a la luz de la Biblia (Hechos 17:11).

Los ancianos tienen la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual del rebaño y de protegerlo de los falsos maestros (Hechos 20:28-31; Tito 1:9). Asimismo, la congregación debe exigir que desde el púlpito se predique únicamente el consejo de Dios (Hch. 20:27).

Que cada uno de nosotros imite la actitud del salmista cuando declaró: “La suma de tu palabra es verdad” (Salmo 119:160). Que nuestro Padre celestial nos ayude a amar, respetar y defender siempre la sana doctrina revelada en Su santa Palabra.